Rabino Sacks Vaishlaj 5778 – La lucha de la fe

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

La lucha de la fe

Vaishlaj 5778

Rabino Sacks Vaishlaj 5778 [PDF]

Están los Mozart y están los Beethoven. Tú, cuál de los dos eres?

Yo solo soy un amateur de la música clásica, pero la impresión que uno tiene es que de Mozart, la música fluye. Hay algo natural y efervescente en sus composiciones. No están, como diría Shakespeare en Hamlet*  “ocultos por la pálida sombra del pensamiento.” Componía velozmente. Poco le preocupaban los avatares de la vida.

No así Beethoven, el que a veces empleaba años en cristalizar una idea hasta llegar a la versión final, con incontables borradores, revisiones y tachaduras. Era un hombre que podía estar enojado consigo mismo y con el mundo, para el que la creatividad era una lucha de la cual surgía triunfante, pero raras veces  sin esfuerzo y frecuentemente conflictuado, hasta arribar a la majestuosa resolución final. La cualidad etérea, mística, casi sobrenatural de su última etapa, las sublimes sonatas para piano y los cuartetos de cuerdas, son ejemplos de creación de quien ha arribado a la paz después de una vida de luchar contra sus propios ángeles y demonios.

Todo esto me sirve para tratar de comprender a Yaakov, el hombre que se transformó en Israel, el padre de nuestra fe. Yaakov no era la elección esperable para un héroe religioso. No aparece – por lo menos no en la superficie del texto bíblico – como un hombre con el coraje de Abraham o la bondad, la fidelidad y el auto control de Itzjak, el vigor y la pasión de Moshé, la poesía y habilidad política de David o el lirismo y la esperanza de Isaías.

Era un hombre cercado por conflictos: con su hermano Esav, su suegro Laban, sus esposas Lea y Rajel y sus hijos, cuya rivalidad eventualmente condujo a toda la familia al exilio en Egipto. Su vida parece haber sido un cúmulo de tensiones.

Además están las transacciones: la forma en que compró la primogenitura de Esav, la manera en que obtuvo la bendición del padre y cómo finalmente logró enredar a su astuto suegro Laban. En cada caso parecía haber triunfado, pero luego su situación se deteriora. El episodio en el que, a pedido de Rebeca, se disfraza de Esav y engaña a su padre ciego, lo forzó al abandono del hogar y – como vemos en la parashá de esta semana – quedó traumatizado por el temor de encontrarse nuevamente con Esav. Casi el mismo engaño que empleó con Itzjak, lo sufrió en carne propia de la mano de Laban. Incluso su huída de este último pudo haber terminado en tragedia de no haber intervenido Dios advirtiendo a Laban de no causarle daño (De ahí el pasaje de la Hagadá: “Ve y aprende lo que Laban el arameo quiso causarle a nuestro padre Yaakov”). El relato de su vida en la Torá se asemeja a una serie de huidas de un conflicto a otro.

Entonces, qué y quién era Yaakov?

Para esta pregunta hay dos respuestas radicalmente distintas. Está el Yaakov del midrash, que ya desde dentro del útero deseaba ir a la sinagoga, (1) que pasó sus años de joven estudiando en el bet midrash, (2) que se parecía a Abraham, (3) y que sus brazos eran como columnas de mármol. (4)  Sus intenciones eran siempre puras. Le compró la primogenitura a Esav porque no podía tolerar que este hiciera sacrificios (el privilegio de los primogénitos) a otros dioses.(5) En cuanto a la bendición, el motivo por el cual Itzjak perdió la visión en la vejez fue para que ésta fuera posible.(6) Esav era todo lo opuesto, de carácter violento y volátil, que había engañado a su padre simulando ser piadoso (7) pero que había cometido – el día que llegó extenuado del campo – una serie de crímenes, incluyendo un asesinato.(8)

Esta es una descripción extrema, pero sin fundamento escrito. A Yaakov se lo llama un ish tam que da una imagen de simplicidad, integridad y perseverancia. El claro mensaje que recibió Rebeca cuando nacieron los mellizos fue que “el mayor servirá al menor.” (9) Ella sabía que Yaakov era el destinado a prevalecer. Además de lo cual, como señala Maharatz Chajes en su introducción a la Literatura Agádica (10) el midrash pinta a los personajes bíblicos en blanco y negro por obvias razones morales y educativas. Es difícil enseñarles a los niños cómo comportarse si los únicos ejemplos son estudios de ambigüedad, complejidad y tonos de grises.

El otro Yaakov, sin embargo, es el que leemos en la versión original del texto. La pregunta obvia es la siguiente: Por qué eligió la Torá describir al tercero de los patriarcas de esta manera? La Torá es muy selectiva en cuanto a los detalles que elige relatar. Por qué no pintar a Yaakov con colores más atractivos?

A mí me parece que la Torá está transmitiendo, aquí y en otros pasajes, un mensaje extraordinario: si podemos relacionarnos con Dios como Dios, con toda Su trascendencia y majestuosidad, entonces podemos relacionarnos con los humanos como humanos con todas sus falencias. En toda la literatura de otras religiones que he leído, los héroes están tan idealizados que ya no parecen seres humanos. Son divinos o semidivinos, perfectos e infalibles. No existe ninguno parecido a éstos en toda la Torá. Hasta a Noaj (recto, perfecto) se lo muestra alcoholizado y deshilachado. Aún Job (intachable, justo) eventualmente maldice su destino. El hombre que ejemplifica la falibilidad más que cualquier otro, es Yaakov.

Y quizás aquí está el tema. Yaakov era un Beethoven, no un Mozart. Su vida fue una sucesión de contiendas. Nada le resultó fácil. Él fue el único de los patriarcas que eligió ser elegido. Abraham fue llamado por Dios. Itzjak fue convocado antes de nacer. Moshé, Joshua, Samuel, David, Isaías, Jeremías: todos ellos fueron elegidos por Dios para sus respectivas misiones. No así Yaakov. Fue él el que compró la primogenitura y recibió la bendición, el que eligió llevar a cabo el destino futuro de Abraham.

Solo cuando escapaba de su casa se le apareció Dios. Y años más tarde, solo, de noche, aterrado por la perspectiva de encontrarse con Esav, apareció Dios, o un ángel, para luchar con él. Sólo a él le fue dado, por Dios o por el ángel, un nombre completamente nuevo, no una modificación del anterior sino una identidad distinta: “Israel.” Lo más llamativo es que aunque le anunciaron que “tu nombre ya no será más Yaakov,” (11)  la Torá sigue llamándolo Yaakov, sugiriendo que su lucha es de por vida –  como es, frecuentemente, la nuestra.

Si tuviera que elegir una banda sonora para el Yaakov que he llegado a conocer, sería la sonata Nº 29 para piano de Beethoven llamada Hammerklavier, o su Gran Fuga, dotada de una tensión tan apabullante que parecería estar por sobrepasar toda forma y estructura. Pero fue a través de estas contiendas épicas que Beethoven eventualmente alcanzó su propia versión de la serenidad, y fue a través de la extendida lucha con el destino que Yaakov logró lo que no pudieron Abraham ni Itzjak: que “todos sus hijos permanecieron dentro de la fe.” Dicen los sabios que “según el dolor es la recompensa.” (12)  Ese es Yaakov.

Hay personas con santidad para las cuales la espiritualidad llega fácilmente, como a Mozart. Pero Dios no se acerca solo a los santos. Lo hace con todos nosotros. Es por eso que nos dio a Abraham para los que aman, a Itzjak para los que temen, y a Yaakov/Israel para los que luchan.

Esta es la idea de cambio de vida de esta semana: si te encuentras lidiando con la fe, estás junto a Yaakov-que-se-transformó-en-Israel, el padre de la fe de todos nosotros.

SacksSignature

  • del T.El origen de la frase fue omitida por el autor (sicklied o’er by the pale cast of thought)
  1. Bereshit Rabbá 63: 6
  2. Bereshit Rabbá 63: 10
  3. Midrash Lekaj Tov, Bereshit 47: 18
  4. Bereshit Rabbá 65: 17
  5. Bereshit Rabbá 63: 13
  6. Bereshit Rabbá 65: 8
  7. Ver Rashi a Gen. 25: 27
  8. Baba Batra 16b
  9. En otro texto he señalado que este pasaje está plagado de ambigëdades.
  10. R:Zvi Hirsch Chajes, Mavo ha-Aggadot (impreso al comienzo de las ediciones de Ein Yaakov.
  11. Fue comunicado dos veces primero por el ángel y luego por Dios mismo: Gen.32: 29; 35: 10
  12. Midrash, Avot 5: 23

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