Rabino Sacks Vaieshev 5778 – Finales improbables y la derrota de la desesperación

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

Finales improbables y la derrota de la desesperación

Vaieshev 5778

Rabino Sacks Vaieshev 5778 [PDF]

Vivimos la vida mirando hacia adelante pero sólo la comprendemos viendo hacia atrás.

Nuestra vida día a día parecería una secuencia de eventos aleatorios sin sentido, una serie de hechos accidentales y casuales que no tienen forma ni lógica interna. Un embotellamiento nos hace llegar tarde a una reunión importante. Un comentario al pasar puede ofender a una persona de manera que nunca hubiéramos deseado. Por muy poco no pudimos conseguir un puesto laboral muy ansiado. La vida como la experimentamos parece coincidir con la definición de Joseph Heller de la historia: “una bolsa de residuos de coincidencias aleatorias lanzadas al viento.”

Pero mirando hacia atrás, todo empieza a tener sentido. La oportunidad perdida llevó a otra aún mejor. La vergüenza que sentimos por el comentario ofensivo involuntario nos enseñó a ser más cautelosos en el futuro con lo que decimos. Nuestras fallas, vistas retrospectivamente años después resultan ser nuestras experiencias educativas más profundas. Nuestra visión retrospectiva es siempre más perceptiva que la proyectada. Vivimos de cara al futuro, pero comprendemos la vida sólo cuando se transforma en nuestro pasado.

En ningún lugar se presenta esto más claramente que en la historia de Yosef, en la parashá de esta semana. Comienza con una fuerte afirmación: “E Israel amaba a Yosef más que a todos sus hermanos, porque era el hijo de la vejez, y le hizo una hermosa túnica bordada.” Con rapidez dramática, ese amor y ese obsequio terminaron siendo su debacle. Sus hermanos empezaron a odiarlo. Cuando les contó su sueño, lo odiaron aún más. Su segundo sueño ofendió hasta a su propio padre. Luego, cuando fue a controlar a sus hermanos que pastaban el ganado, primero se confabularon para asesinarlo y eventualmente lo vendieron como esclavo.

Al principio, en la casa de Potifar, parecía haber sido favorecido por la suerte. Pero la esposa de su amo intentó seducirlo y cuando él se negó a sus avances, ella lo acusó de intentar violarla y lo mandó a la cárcel sin que tuviera la posibilidad de probar su inocencia. Parecía haber llegado a su nadir. Ya no era posible caer más bajo.

Pero entonces apareció imprevistamente un rayo de esperanza. Al interpretar el sueño de un compañero de prisión que había sido el escanciador del faraón, predijo su liberación, y también que iba a volver a ocupar su antiguo puesto. Cuando ello ocurrió, Yosef le pidió una sola cosa: “Acuérdate de mí cuando todo vaya bien contigo, y te pido que tengas la bondad de mencionarme ante el Faraón, para que me pueda sacar de este lugar. Porque fui llevado por la fuerza de la tierra de los hebreos, y no he hecho nada para merecer estar en este pozo.”

La última línea de la parashá narra uno de los golpes más crueles del destino en toda la Torá: “El jefe de los escanciadores no recordó a Yosef; se olvidó de él.” Aparentemente, la única posibilidad de salir en libertad se había esfumado. Yosef, el hijo amado con su magnífica túnica, se transformó en el Yosef prisionero desprovisto de toda esperanza. Esto es lo más parecido posible de la Torá a la tragedia griega. Es el relato de la arrogancia de Yosef que condujo, paso a paso, a su caída. Todo lo bueno que le ocurre termina siendo un preludio a su nuevo e inesperado infortunio.

Pero apenas dos años más tarde descubrimos, al comienzo de la parashá de la semana entrante, que todos estos hechos han estado conduciendo a Yosef a la más suprema elevación. El Faraón lo nombra virrey de Egipto, el imperio más grande de la antigüedad. Le entrega su propio anillo con el sello real, lo viste con indumentarias majestuosas y una cadena de oro y lo pasea en carruajes ante la aclamación de las masas. Con tan solo treinta años, se ha convertido en el segundo personaje más poderoso del mundo. Del pozo más profundo se elevó a alturas de vértigo. Pasó de la nada a ser héroe, de la mañana a la noche.

Lo impactante de la manera en que esta historia es relatada en la Torá es que está estructurada para conducirnos a nosotros, los lectores, en una dirección contraria. Parashá Vayeshev tiene forma de tragedia griega. Después sigue Mikkets y nos muestra que la Torá tiene una visión totalmente distinta. El judaísmo no es Atenas. La Torá no es Sófocles. La condición humana no es inherentemente trágica. Los héroes no están destinados a caer.

La razón de todo esto es un tema fundamental. El antiguo Israel y la Grecia de la antigüedad – las dos grandes influencias de la civilización occidental – tuvieron una comprensión radicalmente distinta del tiempo y la circunstancia. Los griegos creían en Moira o Ananké, el destino ciego. Pensaban que los dioses eran hostiles o al menos indiferentes a la humanidad, por lo que no había forma de evitar la tragedia si el destino así lo había decretado. Los judíos creían, y aún creen, que Dios está con nosotros mientras transitamos a través del tiempo. Algunas veces sentimos que estamos perdidos pero luego descubrimos, como le ocurrió a Yosef, que Él había estado guiando nuestros pasos en todo momento.

Inicialmente Yosef tuvo falencias de carácter. Por su aspecto, era vanidoso; (1) le llevó a su padre informes maliciosos acerca de sus hermanos; (2) su narcisismo lo llevó a los avances de la mujer de Potifar.(3) Pero la historia de la cual formó parte no fue una tragedia griega. Hacia el final – la muerte de Yosef aparece en el último capítulo de Génesis – se había transformado en una persona completamente distinta, que perdonó a sus hermanos por el crimen que cometieron contra él, que salvó a toda la región del hambre y de la inanición, el que en la tradición judía se denomina “el tzadik”. (4)

No creas que puedas comprender la historia de tu vida en la mitad del tiempo transcurrido. Esa es la lección de Yosef. A los veintinueve años se podría pensar que su vida era un fracaso total: odiado por sus hermanos, criticado por su padre, vendido como esclavo, encarcelado por una acusación falsa y habiendo perdido la única posibilidad de ser liberado.

La segunda parte de la historia nos muestra una faceta totalmente distinta de la vida de Yosef. Se convirtió en un relato de éxito sin precedentes, no sólo político y material sino también moral y espiritual. Se transformó en la primera persona que registra la historia en perdonar. Al salvar al imperio del hambre, fue el primero que hizo realidad la promesa de Dios a Abraham: “A través de ti todas las familias de la tierra serán bendecidas” (Gen.12: 3). No había forma de predecir cómo iba a terminar la historia en base a los hechos narrados en la parashá Vayeshev. El punto de inflexión de su vida fue un evento altamente improbable que escapaba a toda predicción pero que cambió todo lo demás, no sólo a él mismo sino a un gran número de personas e incluso al curso eventual de la historia judía.

La mano de Dios estuvo presente aun cuando Yosef se sintió abandonado por todo ser humano que se cruzó en su camino. Vivimos la vida hacia adelante pero solo vemos el rol de la Providencia en nuestras vidas mirando hacia atrás. Ese es el significado de las palabras de Dios a Moshé. “Podrás ver Mi espalda” (Ex. 33: 23) o sea, “Tú podrás verme solo cuando mires hacia atrás.”

La historia de Yosef es exactamente lo contrario de la estructura narrativa del Edipo de Sófocles. Todo lo que Layo y su hijo Edipo hacen para impedir el destino trágico anunciado por el oráculo, en realidad los acerca más a su cumplimiento, mientras que en la historia de Yosef cada episodio que parece conducir a una tragedia, termina retrospectivamente siendo un paso necesario para salvar vidas y concretar los sueños de Yosef.

El judaísmo es lo opuesto a la tragedia. Nos dice que cada destino maligno puede ser evitado (de ahí los rezos en las Altas Fiestas que el “arrepentimiento, rezo y caridad impide ser condenado”) – mientras que cada promesa bondadosa hecha a Dios nunca podrá ser anulada. (5)

De ahí la idea que cambia la vida: La desesperación nunca está justificada. Aun si alguna vida ha quedado con cicatrices por el infortunio, lacerada por el dolor y las posibilidades de ser feliz parecieran estar eternamente alejadas, siempre hay esperanza. El próximo capítulo de tu vida puede estar lleno de bendiciones. Puedes ser, como expresa la hermosa frase de Wordsworth, “sorprendido por la alegría.”

Cada cosa negativa que te ha pasado es posible que sea el preludio necesario para las cosas positivas que te estarán por pasar, porque estás fortalecido por el sufrimiento que te ha dado el coraje para sobrevivir. Eso es lo que aprendemos de los héroes de la resistencia, desde Yosef hasta los sobrevivientes del Holocausto de hoy, que siguieron su camino, tuvieron fe, negaron la desesperación, y tuvieron el privilegio de escribir un capítulo nuevo y diferente en el libro de sus vidas.

Visto desde la fe, la maldición de hoy puede ser el comienzo de la bendición de mañana. Ese es el pensamiento que puede cambiar la vida.

 

SacksSignature

  1. Bereshit Rabá 84: 7 ver Rashi a Gen. 37:2
  2. Gen 37: 2 y ver Bereshit Rabá 84: 7
  3. Tanhuma, Vayeshev 8.
  4. Yoma 35b
  5. Shabat 55a

 

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