Rabino Sacks Mikketz 5778 – Los judíos y la economía

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

Los judíos y la economía

Mikketz 5778

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Es sabido que a los judíos les han otorgado un número desproporcionado de premios Nobel: más del veinte por ciento para un grupo humano que representa el 0.2 por ciento de la población mundial, que equivale a una relación de 100 a 1. Pero  aún más llamativa es la desproporción que se refleja en el campo de la economía. El primer premio Nobel de economía fue otorgado en 1969. En total han sido 78 los receptores del premio, de los cuales 28 son judíos, o sea más del 35 por ciento.

Entre los economistas judíos más famosos figura el primero de todos, David Ricardo, autor de la teoría de ventaja comparativa, que según Paul Samuelson, fue la única no obvia y verdadera teoría de las ciencias sociales. Después citemos a John von Neumann el inventor de la teoría de los juegos (creativamente aumentada por el ganador del Nobel Robert Aumann). Milton Friedman desarrolló la economía monetaria, Kenneth Arrow la economía del bienestar y Joe Stiglitz y Jeffrey Sachs la economía del desarrollo. Daniel Kahneman y el extinto Amos Tversky crearon el campo de la economía del comportamiento. Garry Becker utilizó el análisis económico en la toma de decisiones y Richard Posner, el entrecruzamiento entre la economía y la ley. A estos debemos sumar otras personalidades sobresalientes de la economía y la política financiera: Larry Summers, Alan Greenspan, Sir James Wolfensohn, Janet Yellen, Stanley Fischer y muchos otros.

Todo comenzó con Yosef, que según la parashá de esta semana fue el primer economista del mundo. Al interpretar los sueños del Faraón, desarrolló la teoría de los ciclos comerciales – siete años de abundancia seguidos por otros siete de escasez – un ciclo que aún ahora parece mantenerse. Yosef también intuyó que cuando un jefe de estado sueña con vacas y cereales, probablemente está en su inconsciente un tema macroeconómico. La naturaleza inquietante de los sueños le sugirió que Dios estaba mandando una advertencia anticipada de que iba a ocurrir un “cisne negro” (1) un fenómeno inusual para el cual la economía no estaba preparada.

Por lo tanto, habiendo diagnosticado el problema, inmediatamente procedió a su solución: aprovechar los siete años de abundancia para acumular recursos para los años de escasez, una instancia apropiada para la planificación económica a largo plazo:

“Que el Faraón nombre agentes en toda la tierra para que se  apropien de un quinto de la cosecha de Egipto durante los siete años de abundancia. Que junten todos los alimentos durante los años buenos que están por venir y que guarden los cereales bajo la autoridad del Faraón, para ser almacenados en las ciudades como alimento. Este debe quedar como reserva para el país, para ser utilizado durante los siete años de escasez que azotará a Egipto, para que el país no quede en ruinas debido al hambre.” (Gen. 41: 34-36)

            Este fue el consejo que les salvó la vida. Sus medidas económicas posteriores, narradas en Vaigash (Gen. 47: 11-26), son más cuestionables. Cuando el pueblo se quedó sin dinero durante los años difíciles, Yosef indicó que vendiera su ganado. Cuando este también se acabó, avisó que vendiera las tierras, exceptuando las que pertenecían a los sacerdotes. Los egipcios entonces se convirtieron de hecho en los siervos del Faraón, al que le pagaban el veinte por ciento de lo producido cada año.

Esta nacionalización de la ganadería, el trabajo y la tierra, hizo que todo el poder se concentre en el Faraón, y el pueblo quedó reducido a la servidumbre. Ambas situaciones eventualmente se volverían en contra de Yosef y de su propio pueblo, cuando surgió un nuevo Faraón y esclavizó a los israelitas. No es por error que la Torá utiliza dos veces la misma frase, primero para los egipcios y más adelante para los israelitas: avadim leFaró: se han vuelto “esclavos del Faraón.” (Gen. 47: 19, 25) Ya aparece aquí un indicio de que el excesivo poder económico en manos del estado conduce a lo que Friedrich Hayek llamó “el camino a la servidumbre”(2) y el eclipse de la libertad.

Por lo tanto, se puede argumentar con alguna razón que Yosef fue el primer economista. Pero cómo se explica la predominancia de los judíos en la economía en la era moderna? No es mi intención afirmar que fueron los judíos los que crearon el capitalismo. No fue así. Max Weber señaló que fue la ética protestante (principalmente la calvinista) la que moldeó “el espíritu del capitalismo.” (3) Rodney Stark planteó que fue la Iglesia católica la responsable, antes de la Reforma. (4) Adam Smith, el autor del primer gran texto de la economía de mercado, The Wealth of Nations (1776) (La riqueza de las naciones) era un líder importante del Iluminismo escocés, cuyas posturas religiosas oscilaban entre el cristianismo convencional y el deísmo. A aquellos que postulaban una cercanía especial entre los  judíos y el capitalismo – más precisamente Karl Marx y Werner Sombart – no les gustaban ni los judíos ni el capitalismo.

Sin embargo, claramente, hay una gran afinidad entre la economía de mercado y lo que se ha dado en llamar la ética judeo-cristiana, porque solo fue en estas culturas que emergió. China, por ejemplo, aventajó a Occidente en casi todos los aspectos de la tecnología hasta el siglo XVII, pero no pudo generar el desarrollo científico, una economía libre o una revolución industrial, y quedó muy relegada hasta hace pocos años. Qué fue lo que tuvieron los valores bíblicos que resultaron tan fructíferos para el pensamiento económico, las instituciones y el crecimiento?

El historiador y economista de Harvard, David Landes trazó una aproximación al tema en su magistral obra The Wealth and Poverty of Nations (5) (La riqueza y la pobreza de las naciones). Primero aparecen en la Biblia los derechos de propiedad en forma reiterada. Cita las palabras de Moshé durante la revuelta de Koraj: “No me he quedado con uno solo de sus asnos, ni he engañado a nadie” (Num.16 :15). De igual forma, el profeta Samuel le pregunta retóricamente al pueblo que ha venido a pedir por un rey: “De qué buey me he apropiado, o qué asno ajeno me he llevado? (1 Sam.12: 3). Landas afirma que estas declaraciones distinguen a los israelitas de todas las demás culturas de la época. En otros pueblos se daba por sobreentendido el derecho de los reyes de apropiarse de los bienes de sus súbditos. John Locke declaró que el derecho a la propiedad privada es un concepto esencial para la sociedad libre.

Un segundo factor fue el respeto del judaísmo a la dignidad del trabajo. Dios salvó a Noaj del diluvio, pero Noaj tuvo que construir el arca. En tercer término está el sentido judaico del tiempo lineal: el tiempo, no como una serie de ciclos donde todo vuelve a la larga a su punto inicial, sino como un espacio de cambio, de desarrollo y progreso. Estamos tan familiarizados con estos conceptos – que forman la base de la cultura occidental – que no percibimos que no son universalmente humanos. Jonathan Haidt lo llama WEIRD (que significa raro), siglas en inglés para indicar que pertenecen a sociedades que son occidentales (Western), educadas (Educated), industrializadas (Industrialized), ricas, (Rich) y democráticas (Democratic) (6).

A mi juicio, el factor decisivo más importante – el gran quiebre del judaísmo con el mundo antiguo de la magia, el misterio y el mito – fue la des consagración de la naturaleza, seguido por el hecho de que Dios creó al mundo como un acto de voluntad, y al crearnos a Su imagen, nos dio también el poder de la voluntad de crear. Eso significa que para los judíos lo sagrado no consiste en el mundo como es, sino en como debiera ser. La pobreza, las enfermedades, el hambre, la injusticia y la explotación de los desposeídos por parte de los poderosos, no son la voluntad de Dios. Puede que sean parte de la naturaleza humana, pero tenemos el poder de superarla. Dios no quiere que lo aceptemos, sino que procedamos a curar, a cicatrizar, a prevenir. Por eso los judíos han tendido a ser, fuera de toda proporción, los abogados que luchan contra la injusticia, los médicos que combaten las enfermedades, los maestros que luchan contra la ignorancia, economistas contra la pobreza y (especialmente en el Israel actual) los técnicos agropecuarios que buscan nuevas maneras de producir alimentos en lugares donde nunca antes había sido posible.

Todo esto está expuesto brillantemente en la parashá de esta semana. Primero Yosef diagnostica el problema. Habrá un ciclo de hambre que durará siete años. Es lo que él decide hacer a continuación, lo que cambia al mundo. El lo ve, no como el destino que se debe padecer, sino como un problema a resolver. Y de inmediato, sin más trámite, lo resuelve, salvando a toda la región de la muerte por inanición.

Lo que puede ser cambiado no necesita ser padecido. El sufrimiento humano no es un destino que debe ser soportado sino un desafío a resolver. Esta es la idea de cambio de vida de Yosef. Lo que puede ser resuelto, no es sagrado. Dios no quiere que aceptemos la pobreza y el dolor sino que los superemos.

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  1. Nissim Nicholas Taleb, The Black Swan, the impact of the highly improbable, London, Allen Lane, 2011
  2. Friedrich Hayek, The Road to Serfdom, Chicago, 1946
  3. Max Weber, , The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism, London, 1930
  4. Rodney Stark, The Victory of Reason: how Christianity led to freedom, capitalism and Western success, Random House, 2007.
  5. David Landes, The Wealth and Poverty of Nations, Little, Brown,1998 45-59.
  6. Jonathan Haidt, The Righteous Mind: why good people are divided by politics and religion, London, Penguin 2013.

 

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