Shemini 5774 – Reticencia vs. Impetuosidad

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias 

Shemini 5774 – Reticencia vs. Impetuosidad

Debió de haber sido un día de alegría. Los israelitas han completado el mishkan, el santuario. Por siete días Moisés ha hecho preparaciones para su consagración (1). Ahora sobre el octavo día – el primero de Nisan (2), a un año del día desde que los israelitas recibieron el primer mandamiento y dos semanas previas al éxodo – el servicio del santuario estaba por empezar. Los sabios dicen que fue en el cielo el día más alegre desde la creación (3).

Pero la tragedia golpeó. Los dos hijos mayores de Aarón “ofrecieron un extraño fuego, que no había sido ordenado” (Lev. 10:1) y el fuego del cielo que debió de haber consumado los sacrificios los consumió a ellos también. Murieron. La alegría de Aarón se convirtió en luto. Vayidom Aharon, “Y Aarón estuvo callado (10:3). El hombre quien había sido el vocero de Moisés no podía hablar más. Las palabras se convirtieron en ceniza en su boca.

Hay mucho en este episodio que es duro de entender, tanto que tiene que ver con el concepto de santidad y las poderosas energías que libera, como un poder nuclear hoy en día, podría ser un peligro mortal si no se utiliza correctamente. Pero también hay más historia humana sobre dos enfoques al liderazgo que aún resuenan en nosotros el día de hoy.

Primero está la historia sobre Aarón. Leemos sobre cómo Moisés le dijo que empezara su rol como sacerdote. “Moisés [entonces] dijo a Aarón, ‘Acércate al altar, y prepara tu sacrificio expiatorio y el sacrificio quemado, por tanto este expiará tus pecados y los del pueblo. Entonces prepara el sacrificio quemado del pueblo como sacrificio expiatorio para ellos, como Dios lo ha ordenado” (Lev. 9:7).

Los sabios sintieron un matiz en las palabras, “Acércate al altar”, como si Aaron estaba de pie a una distancia de ella, reacia a cerca. Ellos dijeron: “Inicialmente Aarón estaba avergonzado de acercarse. Moisés le dijo, ‘No te avergüences. Para esto has sido elegido” (4).

¿Por qué está avergonzado Aarón? La tradición da dos explicaciones, ambas traídas por Nahmanides en su comentario a la Torah. La primera es que Aarón estaba simplemente abrumado por el miedo al acercarse a la Divina presencia. Los rabinos lo relacionan con la novia de un rey, nerviosa al entrar a la recámara marital por primera vez.

La segunda es que Aarón viendo los “cuernos” del altar,  recuerda al Becerro de Oro, su gran pecado. ¿Cómo él, que ha jugado un rol clave en el terrible evento, ahora toma el rol de hacer los sacrificios de expiación de los pecados del pueblo? Eso seguramente demanda una inocencia que el ya no tenía. Moisés tenía que recordarle que era precisamente para la expiación de los pecados que el altar había sido construido, y el hecho que él había sido elegido por Dios para ser el sumo sacerdote era un signo inequívoco de que él había sido perdonado.

Hay quizá una tercera explicación, aunque es menos espiritual. Hasta ahora Aarón ha estado en todos aspectos segundo a Moisés. Si, él había estado a su lado, ayudándolo a hablar y liderar. Pero hay una vasta diferencia psicológica entre ser el segundo al mando, y empezar a ser un líder por derecho propio. Nosotros probablemente todos conocemos ejemplos de personas quienes muy fácilmente sirven con una capacidad de asistencias pero quienes están terriblemente asustados en el prospecto de liderar por sí mismos.

Cualquiera explicación es verdadera – y quizá todas lo sean – Aarón estaba reticente de tomar su nuevo rol, y Moisés tiene que darle confianza. “Para esto has sido elegido”.

La otra historia es la trágica, de los dos hijos de Aarón, Nadav y Avihu, quienes “ofrecieron un extraño fuego, que no había sido ordenado”. Los sabios ofrecieron muchas lecturas de este episodio, todas basadas sobre una lectura cercana a los muchos lugares de la Torah donde refieren su muerte. Algunos dicen que ellos habían bebido alcohol (5). Otros dicen que ellos fueron arrogantes, sosteniéndose a sí mismos por encima de la comunidad. Esta fue la razón por la que ellos nunca se casaron. (6).

Algunos dicen que ellos eran culpables de dar la regla halájica sobre el uso del fuego hecho por hombres, en lugar de preguntarle a su maestro Moisés si era permitido (7). Otros dicen que ellos estaban inquietos en la presencia de Moisés y Aarón. Dijeron, ¿cuándo morirán estos viejos y podremos liderar a la congregación? (8)

Sin embargo leemos el episodio, parece claro que ellos estaban demasiado ansiosos para ejercitar el liderazgo. Llevados por su entusiasmo de jugar una parte en la inauguración, hicieron algo que no habían sido mandados a hacer. Después de todo, ¿acaso Moisés no había hecho algo enteramente por iniciativa propia, a saber romper las tablas cuando bajó de la montaña y vio el becerro de oro? ¿Si él podía actuar de manera espontánea, por qué ellos no podrían?

Ellos olvidaron la diferencia entre un sacerdote y un profeta. Un profeta vive y actúa en tiempo – en este momento que no es como cualquier otro. Un sacerdote actúa y vive en la eternidad, siguiendo un set de reglas que nunca cambian. Todo sobre “lo sagrado”, el reino del sacerdote, está precisamente guionado de antemano. Lo sagrado es el lugar donde Dios, no el hombre, decide.

Nadav y Avihu fallaron completamente en entender que hay diferentes tipos de liderazgo y que no son intercambiables. Lo que es apropiado para uno puede ser radicalmente inapropiado para otro. Un juez no es un político. Un rey no es un primer ministro. Un líder religioso no es una celebridad buscando popularidad. Confundir estos roles y no solo fracasarás. También dañarás el propio oficio para el que fuiste elegido.

El real contraste aquí, es la diferencia entre Aarón y sus dos hijos. Ellos son, pareciera, opuestos. Aarón era prudente sobremanera y tenía que ser persuadido por Moisés incluso para empezar. Nadav y Avihu no eran suficientemente prudentes. Tan entusiasmados estaban que ellos pusieron su propia estampa sobre el rol del sacerdocio que su impetuosidad fue su propia caída.

Estas son, perenemente, los dos retos que un líder debe sobrepasar. El primero es la reluctancia a liderar. ¿Por qué yo? ¿Por qué debo yo involucrarme? ¿Por qué debo yo tomar la responsabilidad y todo lo que viene con ella – el estrés, el trabajo duro, y las críticas que los líderes deben siempre de enfrentar? Además de que, hay otras personas más cualificadas y más adecuadas que yo.

Incluso los más grandes fueron reluctantes a liderar. Moisés en la zarza ardiente encontró razón tras razón para demostrar que él no era el hombre para el trabajo. Isaías y Jeremías ambos se sintieron inadecuados. Llamado a liderar, Jonás huyó. El reto es realmente intimidante. Pero cuando sientes que eres llamado a una tarea, si tú sabes que la misión es necesaria e importante, entonces no hay nada que puedas hacer sino decir, Hineni, “Aquí estoy”. En las palabras del título de un libro famoso, tienes que “sentir el miedo y hacerlo de todas maneras” (9)

El otro reto es lo opuesto. Hay algunas personas que simplemente se ven como líderes. Están convencidos que pueden hacerlo mejor. Recordamos el famoso dicho del primer presidente de Israel, Jaim Weizmann, que él era la cabeza de una nación con un millón de presidentes.

Desde una distancia eso parece sencillo. ¿Acaso no es obvio que el líder debe hacer X y no Y? El Homo Sapiens contiene muchos choferes en el asiento de atrás que saben más que aquellos cuyas manos están sobre el volante. Ponerlos en una posición de liderazgo y pueden hacer un gran daño. Al nunca haberse sentado en el asiento del chofer, no tienen idea de cuántas muchas consideraciones tienen que tomar en cuenta, cuántas muchas voces de oposición tienen que sobrepasar, qué tan difícil es de una y al mismo tiempo hacer frente con las presiones de los eventos sin perder de vista los ideales y objetivos a largo plazo. John F. Kennedy dijo que el peor shock sobre haber sido elegido presidente fue que “cuando llegamos a la Casa Blanca descubrimos que las cosas estaban tan mal como dijimos que estaban.” Nada te prepara para las presiones del liderazgo cuando las apuestas son altas.

Los líderes con exceso de entusiasmo y con exceso de confianza pueden hacer un gran daño. Antes de convertirse en líderes entendieron eventos a través de su propia perspectiva. Lo que ellos no entendieron es que el liderazgo involucra relacionarse con muchas perspectivas, muchos grupos de interés y puntos de vista. Eso no quiere decir que trates de satisfacer a todos. Aquellos que lo hacen terminan por no satisfacer a nadie. Pero si tienes que consultar y persuadir. Algunas veces necesitas honrar al precedente y las tradiciones de una institución en particular. Tienes que saber exactamente cuándo comportarte como tus antepasados lo hicieron, y cuando no hacerlo. Este el llamado a un juicio considerado, no a un entusiasmo salvaje en el calor del momento.

Nadav y Avihu fueron seguramente grandes personas. El problema fue que ellos creyeron que eran grandes personas. Ellos no fueron como su padre Aarón quien tenía que ser persuadido para que se acercara al altar por su sentimiento de poco apropiado. De lo que carecían Nadav y Avihu era un sentido de su propio estado de inadecuados (10).

Para hacer cualquier cosa grande tenemos que estar alerta de estas dos tentaciones. Una es el miedo a la grandeza: ¿quién soy? La otra es estar convencido de nuestra grandeza: ¿quiénes son ellos? Yo lo puedo hacer mejor. Podemos hacer grandes cosas sí; a) la tarea importa más que la persona, b) estamos dispuestos a hacer lo mejor sin  creernos superiores a otros y c) estamos dispuestos a tomar consejo, la cosa que Nadav y Avihu fracasaron en hacer.

Las personas no se convierten en líderes solo porque sean grandiosos. Se convierten en líderes porque están dispuestos a servir como líderes. No importa que nos creamos a nosotros mismos como inadecuados. Así lo hizo Moisés. Así lo hizo Aarón. Lo que importa es la voluntad, cuando el reto llame, decir Hineni, “Aquí estoy”.

SacksSignature

(1) Como se describe en el Éxodo 40.

(2) Ver Ex. 40:2

(3) Megillah 10b.

(4) Rashi a Lev. 9: 7, citando Sifra.

(5) Vayikra Rabbah 12: 1; Ramban a Lev. 10:9.

(6) Vayikra Rabbah 20: 10.

(7) Eruvin 63a.

(8) Sanhedrin 52a.

(9) Susan Jeffers, Feel the Fear and Do it Anyway, Ballantine Books, 2006.

(10) El compositor Berlioz alguna vez dijo a un joven músico: “El sabe todo. Lo único que le falta es inexperiencia.”

 

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