El amor de un padre (Toldot 5783)

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En la sidra de esta semana, vemos a Itzjak, padre de dos hijos muy diferentes.

“Crecieron los jóvenes y se convirtió Esav en un hábil cazador, un hombre  de campo; pero Yaacov era un hombre íntegro que habitaba las tiendas. E Itzjak,  que gustaba de presas de caza, amaba a Esav, pero Rebeca amaba a Yaacov. “  (Gen. 25: 27,28)

No tenemos dificultad alguna en comprender por qué Rebeca amaba a  Yaacov. Ella había recibido un oráculo de Dios que le dijo “Dos naciones hay en  tu vientre; dos pueblos de tus entrañas se separarán; de un pueblo al otro el  poder pasará, el mayor servirá al menor.” (Gen. 25: 23) 

Yaacov era el menor y Rebeca parece haber inferido, como en efecto resultó, correctamente, que sería él el que continuaría con el pacto, que honraría  la herencia de Abraham, y que lo enseñaría a sus hijos, transmitiendo el relato hacia el futuro.  

La verdadera pregunta es: ¿por qué amaba Itzjak a Esav? ¿No veía que era  un hombre de campo, un cazador, y no un contemplativo hombre de Dios? ¿Es  posible que lo amara meramente por su gusto por la carne de caza? ¿Su  apetito dominaba su mente y su corazón? ¿No sabía Itzjak que Esav había vendido su primogenitura por un plato de sopa, y que luego “despreció” a la  primogenitura en sí? (Gen. 25: 29-34). ¿Era esta la persona a la que se le podía  confiar el patrimonio espiritual de Abraham? 

Seguramente Itzjak sabía que su hijo mayor era de temperamento volátil y que vivía las emociones del momento. Incluso si esto no le  molestaba, pero el episodio siguiente claramente, sí: “Cuando Esav cumplió  cuarenta años desposó a Judit, hija de Beeri el Hitita, y también a Basemat hija  de Elon el Hitita. Y fueron fuente de dolor para Itzjak y Rebeca.” (Gen. 26: 34- 35). Esav construyó su hogar entre los hititas, se casó con dos de sus mujeres.  No era éste el encargado de llevar adelante el pacto abrahámico, que requería  estar a cierta distancia de los hititas y canaanitas con todo lo que representaban  en términos de religión, cultura y moralidad. 

Sin embargo Itzjak claramente amaba a Esav. Y no solo lo afirma la frase inicial. En Génesis 27, con la historia moralmente discutible de cómo Yaacov se  disfrazó de Esav para tomar la bendición destinada a él, lo que es admirable es  la imagen   clara del profundo afecto que había entre Itzjak y Esav. Se percibe al comienzo, cuando Izjak le dice a Esav, “Prepárame esa comida  deliciosa que me gusta y tráemela para que la coma, así te doy mi bendición  antes de morir”. No es el apetito físico de Itzjak el que habla. Es el deseo de estar  envuelto por el aroma y el gusto que asocia con su hijo mayor, para poder  bendecirlo en un clima de amor dirigido hacia él. 

Sin embargo,  es el final de la historia el que transmite la profundidad del  sentimiento entre ellos. Esav entra lentamente con la comida que ha preparado.  Gradualmente Itzjak, y luego Esav, se dan cuenta del engaño del que han sido  víctimas. Itzjak “tembló violentamente” y Esav “estalló en un fuerte y amargo  grito”. Es difícil transmitir en cualquier idioma la fuerza de estas descripciones.  La Torá en general dice poco acerca de las emociones de la gente. Durante todo  el episodio de las ligaduras de Itzjak, uno de los eventos más densos del libro de  Génesis, no nos proporciona el más mínimo indicio sobre los sentimientos de  Abraham o de Itzjak. El texto es, como lo dijo Erich Auerbach, “de intenso trasfondo,” sugiriendo que es más lo que calla que lo que dice[1]. La profundidad  de los sentimientos descriptos por la Torá hablando de Itzjak y de Esav en ese  momento es inusual y casi sobrecogedora. Padre e hijo comparten la sensación  de traición, Esav buscando apasionadamente alguna bendición de su padre e  Itzjak tratando de ver cómo hacerlo. El sentimiento de amor entre ambos es  intenso, por lo cual repetimos la pregunta con la misma fuerza: ¿por qué amaba  Itzjak a Esav pese a todo, a su salvajismo, a su inestabilidad y a su exogamia? 

Los sabios ofrecen la siguiente explicación: Interpretan que la frase «hábil  cazador» significa que Esav atrapó y engañó a Itzjak. Pretendió ser más religioso  de lo que era[2]. Hay, sin embargo una explicación distinta, más cercana al  sentido del texto, y muy movilizante. Izjak amaba a Esav porque era su hijo, y  eso es lo que hacen los padres. Aman a sus hijos en forma incondicional. Eso no  significa que Itzjak no percibiera las fallas de carácter de Esav. Tampoco que  pensara que Esav era la persona apropiada para continuar con el pacto, ni que  no estuviera apenado por el casamiento de Esav con mujeres hititas. El texto  dice explícitamente que sí lo estaba. Pero indudablemente significa que Itzjak  sabía que un padre debe amar a su hijo porque es su hijo. Lo cual no es  incompatible con ser crítico de lo que hace. Un padre no niega a su hijo, aun con  la desilusión por el hecho de que no se cumplan sus expectativas. Itzjak nos  estaba dando una lección fundamental de paternidad. 

¿Por qué Itzjak? Porque sabía que Abraham había echado a su hijo Ismael.  Quizás supiera cuánto le apenó el hecho a Abraham y cuánto hirió a Ismael.  Hay una maravillosa serie de midrashim que sugiere que Abraham visitó a  Ismael aún después de su partida, y otros que afirman que fue Itzjak el que  facilitó la reconciliación[3]. Estaba decidido  que Esav no tuviera el mismo  destino. 

Asimismo sabía, hasta lo más profundo de su ser, cuál fue el costo  psicológico para su padre y para él, causado por el episodio de las ligaduras. En  el comienzo del capítulo de Yaacov, Esav y la bendición, la Torá nos informa que  Itzjak era ciego. Hay un midrash que sugiere que fueron las lágrimas de los ángeles al ver que Abraham ligaba a Itzjak y levantaba el cuchillo, las que  cayeron dentro de los ojos de Itzjak provocándole la ceguera en su madurez.[4]

El episodio de las ligaduras era sin duda necesario, si no Dios no lo hubiera  ordenado, pero dejó heridas, cicatrices psicológicas, y lo dejó a Itzjak con la  determinación de no sacrificar a Esav, su propio hijo. De alguna forma, el amor  incondicional de Itzjak por Esav es un tikkun (Reparación) por la ruptura de la  relación padre-hijo producida por las ligaduras. 

De esta forma, aunque el camino de Esav no fuera el del pacto, el don de  Itzjak de amor de padre preparó el camino para la generación siguiente, en la  que los hijos de Yaakov permanecieron dentro del regazo paterno.  Hay una discusión fascinante entre dos sabios de la Mishná que tiene  relación con todo esto. Hay una frase en Deuteronomio (14: 1) que afirma, sobre  el pueblo judío: «Ustedes son hijos del Señor, vuestro Dios» El Rab Juda  afirmaba que esto era sólo válido para los hijos que se comportaban de una  manera acorde a la de ser los hijos de Dios. En cambio,  el Rab Meir decía que era  incondicional: se comporten como los hijos de Dios o no, igual todos deben ser  llamados hijos de Dios.[5]

El Rab Meir, que creía en el amor incondicional, actuaba de acuerdo con su postura. Su propio maestro, Elisha ben Abuya, perdió eventualmente su fe y  se convirtió en hereje; pero el Rab Meir siguió respetándolo y estudiando con él, y afirmó que el maestro, en el último momento de su vida, se arrepintió y volvió  a Dios.[6]

Tomar seriamente la idea central del judaísmo de Avinu Malkenu, que  Dios es ante todo y principalmente un padre, es investir nuestra relación con  Dios de profundas emociones. Dios lucha con nosotros como lo hace un padre  con su hijo. Nosotros peleamos con él como lo hace un hijo con su padre. La  relación es a veces tensa, conflictiva, hasta penosa, pero lo que le da  profundidad es el hecho de saber que es irrompible. Pase lo que pase, un padre es un padre, y un niño es un niño. La unión puede dañarse profundamente, pero  nunca fracturarse de manera irreparable. 

Quizás fuera eso lo que Itzjak estaba transmitiendo a todas las  generaciones con su continuo amor a Esav, tan distinto a él, tan diferente de  carácter y destino, pero nunca rechazado por él – tal como dice el midrash que  Abraham nunca lo rechazó a Ismael y encontró las maneras de comunicarle su  amor. 

El amor incondicional no es acrítico pero es irrompible. Es así como  debemos amar a nuestros hijos – porque es así como nos ama Dios.


  1. ¿ Cuál crees que es la fuente del amor tan profundo que los padres tienen por sus hijos?
  2. ¿Crees que Esav era merecedor del amor de su padre?
  3. ¿ Por qué la Torá necesita enseñar la lección del amor incondicional? ¿No es  una emoción natural?

Notas

  1. Erich Auerbach, Mimesis: The Representation of Reality in Western Literature, translated by Willard R. Trask (Princeton: Princeton UP, 1953).
  2. Le hacía preguntas tales como, “Padre, cómo se hace el diezmo de la sal y la paja?”  sabiendo que de hecho éstos estaban exentos del diezmo. Itzjak pensó que eso indicaba  que era especialmente escrupuloso en la observancia de los mandamientos.(Rashi a  Gen.25: 27; Tanjuma, Toldot,8) 
  3. Ver Jonathan Sacks, Not in God´s Name, 107-124. 
  4. Genesis Rabbah 65: 10 
  5. Kiddushin 36a 
  6. Yerushalmi Hagiga 2: 1

Traductores

Carlos Betesh

Editores

Michele Lahan