La lucha por enseñar valores morales se gana en la escuela

Cuando la Antigua Grecia e Israel colisionaron, fue un choque de civilizaciones fatal. Ganaron los judíos. Si no lo hubieran hecho, hoy no habría judaísmo, y obviamente tampoco habría cristianismo o Islam.

Conmemoramos estos eventos en Januca, la fiesta de las luminarias de ocho días que estamos celebrando hoy. Ocurrió hace 22 siglos, cuando Israel cayó bajo el dominio del Imperio alejandrino. Después de la muerte de Alejandro Magno, el imperio se dividió: los ptolomeos en Egipto y los seléucidas en Siria. Los dos gobernaron a Israel sucesivamente.

La Antigua Grecia e Israel eran profundamente distintas. Los griegos destacaban en todo lo visual. Los judíos rendían culto al Dios invisible. Para los griegos, los judíos eran extraños y supersticios. Para los judíos, los griegos eran paganos e idólatras.

Los ptolomeos permitieron a los judíos practicar su fe en paz, pero un líder seléucida, Antíoco IV, creía en la helenización activa de los judíos. Fue un acto de arrogancia que le iba a costar caro.

No todos los judíos se oponían al helenismo. Algunos lo consideraban el futuro: era cosmopolita y el judaísmo -sentían- era parroquial. Los logros rutilantes de los griegos parecían más atractivos que las devociones de su propio pueblo. Específicamente, dos sumos sacerdotes, Jasón y Menelao, vieron a Antíoco como un aliado: con su ayuda, podían acelerar el ritmo del cambio cultural.

Introdujeron un gimnasio en Jerusalén. Los jóvenes sacerdotes empezaron a dedicar más tiempo al cuerpo que al alma. Alentaron a Antíoco a prohibir la práctica pública del judaísmo. Incluso erigieron una estatua de Zeus en el recinto del Templo. Empezaron a ofrecer sacrificios paganos en los altares del Templo. Era sumamente provocativo. Los judíos lo denominaban la “abominación de la desolación”.

Una familia de sacerdotes, el anciano Matías y sus hijos, conocidos como los Macabeos, se levantaron en armas. Recuperaron la independencia judía, purificaron y reinauguraron el Templo, y volvieron a encender su candelabro, la Menorá. Por ese motivo encendemos velas durante ocho días. Januca significa “reinaguración”.

La victoria militar duró poco. En el transcurso de un siglo, Israel estaba otra vez bajo dominio extranjero, esta vez bajo los romanos. Lo que perduró fue la victoria espiritual. Como se dieron cuenta que la batalla real no era contra un imperio sino contra una cultura, los judíos se dedicaron a construir el primer sistema de educación universal en el mundo. El efecto fue sorprendente. Aunque iban a sufrir derrotas devastadoras contra los romanos en el futuro, habían creado una identidad tan fuerte que iba a ser capaz de sobrevivir 2000 años de exilio y dispersión.

Lo que les enseñó la historia fue que para defender un país se necesita un ejército, pero para defender una civilización se necesitan escuelas. A corto plazo, las batallas se ganan con armas; pero, en el largo plazo, se ganan con ideas y la forma en que se transmiten de generación en generación. De manera extraña pero más que apropiada, Januca viene de la misma raíz hebrea que “educación”.

Hoy en Gran Bretaña corremos el riesgo de infravalorar y malinterpretar nuestras escuelas. Pensamos en términos de tablas de resultados académicos. Pero las escuelas son más que eso: son la forma en la que una civilización transmite sus valores a través del tiempo. Cuando una cultura olvida sus propios valores, especialmente cuando piensa que son algo que cada uno inventa por sí mismo, está al borde de la muerte – no inmediatamente pero sí inevitablemente. Por eso las escuelas religiosas se están haciendo tan populares. Tienen un ethos fuerte y distintivo. Honran el pasado. Crean comunidad y continuidad. Enseñan a los niños quién son y por qué.

Januca nos enseña que hay dos batallas distintas por la libertad. Una se lucha con soldados, la otra con maestros, y es la segunda la que eventualmente determina el curso de la historia. Si las civilización chocan, fortalezcamos las escuelas. El mundo que construimos juntos nace de las lecciones que enseñamos hoy.

Publicado originalmente en The Times.

Traductor

Ezequiel Antebi Sacca