Asumir la responsabilidad (Bereshit 5781)

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Si el liderazgo es la solución, ¿cuál es el problema? Sobre este tema, la Torá no puede ser más específica. El problema es el fracaso de la responsabilidad.

Los primeros capítulos de Génesis se concentran en dos historias: la primera, de Adán y Eva, y la segunda de Caín y Abel. Ambas describen una forma específica de fracaso.

Primero, Adán y Eva. Como sabemos, pecaron. Avergonzados y con culpa, se esconden, solo para descubrir que no es posible esconderse de Dios.

El Señor Dios llamó al hombre, “¿Dónde estás?”  Él contestó: “Oí que estabas en el jardín, tuve temor porque estaba desnudo y me escondí.” Entonces Él dijo: “¿Quién te dijo que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del que Yo te ordené no comer?” El hombre dijo: “La mujer que pusiste conmigo – me dio el fruto del árbol y yo lo comí.” Entonces Dios le dijo a la mujer: “¿Qué es esto que has hecho?” La mujer respondió “La serpiente me engañó y yo comí.”

Génesis 3:9-12

Ambos insisten en que no tuvieron la culpa. Adán acusaa la mujer. La mujer, a la serpiente. El resultado fue la pérdida del paraíso: ambos fueron castigados y exiliados del Jardín del Edén. ¿Por qué? Porque Adán y Eva negaron su responsabilidad personal. En efecto, dijeron: “Yo no fui.”

La segunda historia es trágica. La primera instancia de rivalidad entre hermanos en la Torá conduce al primer asesinato:

Cuando estaban en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y lo mató. Entonces el Señor dijo a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?” “No sé», contestó. “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” El Señor dijo, “¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano Me clama desde la tierra.”

Génesis 4:8-10

Caín no niega su responsabilidad personal. No dice, “Yo no fui” ni “No fue culpa mía.” Lo que niega es su responsabilidad moral. De hecho pregunta por qué debiera preocuparse por el bien de cualquier otra persona que no  fuera de él mismo. ¿Por qué no hacer lo que queremos si tenemos la posibilidad de hacerlo? En La República de Platón, Glauco argumenta que la justicia es lo que el más poderoso juzga que es lo correcto. El poder dicta lo correcto. Si la vida es una lucha darwiniana para sobrevivir, ¿por qué deberíamos restringirnos por el bien de otro si somos más poderosos que ellos? Si no hay moralidad en la naturaleza entonces yo soy responsable solo por mí mismo. Esa es la voz de Caín a través de los tiempos.

Estas dos historias no son solo historias. Es, al comienzo de la narrativa de la historia de la humanidad de la Torá, el registro de fracasos, primero personal y luego moral, de asumir la responsabilidad – y es a esto a lo que responde el liderazgo.

Hay una frase fascinante en la historia de los primeros años de Moshé. Crece, se conecta con su pueblo, el israelita, lo ve sufriendo por la labor de la esclavitud. Ve como un oficial egipcio castiga a uno de los suyos. El texto dice: “Miró para un lado y para el otro y no vio a nadie” (vayar ki ein ish Éxodo 2: 12, o más literalmente ‘vio que no había ningún hombre’).

Es difícil hacer aquí una lectura literal. Un sitio de construcción no es un lugar cerrado. Seguramente habría mucha gente presente. Apenas dos versículos más tarde vemos que había israelitas que sabían exactamente lo que había ocurrido. Por lo tanto la frase debe significar “Miró hacia un lado y al otro y vio que no había ninguna persona dispuesta a intervenir.”

Si esto fuera así, estaríamos en presencia de la primera instancia de lo que se conoce como el “Síndrome Genovese” o “el efecto del espectador”[1]  así denominado por el caso de la mujer atacada en Nueva York ante la presencia de un gran número de personas que sabían que estaba siendo asaltada pero que no hicieron nada para impedirlo.

Los sociólogos han realizado muchos experimentos para determinar qué pasa en situaciones semejantes. Algunos argumentan que la presencia de otros espectadores afecta la interpretación de lo que está ocurriendo. Como nadie interviene, llegan a la conclusión de que lo que están viendo no es una emergencia.

Sin embargo, otros estudiosos opinan que el factor clave es la dilución de la responsabilidad. La gente supone que como hay muchas personas presentes, alguno se hará cargo y actuará. Esa  parece ser la interpretación correcta de lo que ocurrió en el caso de Moshé. Nadie estuvo dispuesto a intervenir. ¿Quién, en todo caso, estaría dispuesto a hacerlo? Los egipcios eran los amos de los esclavos. ¿Por qué habrían de correr el riesgo de salvar a un israelita? Y los israelitas eran esclavos. ¿Cómo acudir en ayuda de uno de sus semejantes si al hacerlo podrían  poner en riesgo su propia vida?

Tuvo que aparecer Moshé para actuar. Pero eso es lo que hace ser líder. Un líder es el que asume la responsabilidad. El liderazgo nace cuando somos activos, no pasivos, cuando no esperamos que otra persona actúe porque quizás no haya nadie más – o por lo menos no aquí y ahora.  Cuando las cosas malas ocurren, algunos miran para otro lado. Algunos esperan que actúen otros. Algunos acusan a otros por no hacer nada. Otros, simplemente se quejan. Pero existen los que dicen “Si hay algo que está mal, déjenme  intentar resolverlo.” Esos son los líderes. Son los que hacen la diferencia. Son los que construyen un mundo mejor.

Muchas de las grandes religiones y civilizaciones están basadas en la aceptación. Si hay violencia, sufrimiento, pobreza y dolor en el mundo, lo aceptan por ser simplemente lo propio del mundo. O el deseo de Dios. O porque la naturaleza es así. Se encogen de hombros porque todo estará bien en el Mundo por Venir.

El judaísmo fue y es la gran religión de protesta del mundo. Los héroes de la fe no aceptaron, protestaron. Estuvieron dispuestos a confrontar a Dios mismo. Abraham dijo, “¿Será que el Dios de toda la tierra no imparta justicia?”(Génesis 18:25). Moshé dijo, “¿Por qué Haz hecho el mal con este pueblo?”(Éxodo 5:22). Jeremías dijo, “¿Por qué están cómodos los malvados?”(Jeremías 12:1) Es así como quiere Dios que respondamos. El judaísmo es el llamado de Dios a asumir la responsabilidad humana. El logro más elevado es ser el socio de Dios en el trabajo de la creación.

Cuando Adán y Eva pecaron, Dios exclamó “¿Dónde están?” Como señaló el Rabino Shneur Zalman de Liadi, el primer Luvavitcher Rebe, este llamado no iba dirigido a la primera pareja humana.[2] (2) Se repite en cada generación. Dios nos dio libertad, pero la libertad viene con responsabilidad. Dios nos enseña lo que se debe hacer, pero Él no lo hace por nosotros. Con raras excepciones, Dios no interviene en la historia. Él actúa a través de nosotros, no hacia nosotros. Él es la voz que nos dice, como Él le dijo a Caín, que podemos resistir al mal que está en nosotros tanto como al que nos rodea.

 La vida responsable es la vida que responde. Responsabilidad en hebreo se dice ajrayut, y viene de la palabra ajer, que significa “otro.” Nuestro gran Otro es Dios mismo, que nos llama a usar la libertad que Él nos dio para hacer el mundo más parecido a lo que el mundo debería ser. La gran pregunta, la pregunta que se responde por la vida que llevamos, es: ¿qué voz escucharemos?  ¿La voz del deseo, como el caso de Adán y Eva? ¿La voz de la ira, como en el caso de Caín? ¿O seguiremos la voz de Dios que nos llama a hacer que nuestro mundo sea más justo y misericordioso?

[1] Para una discusión más detallada ver https://es.wikipedia.org/wiki/Kitty_Genovese

[2] Según lo nota en Nissan Mindel, Rabbi Schneur Zalman of Liadi, A Biography (New York, Kehot Publication Society, 1969).


  1. ¿Qué historias de la Torá te inspiran a actuar como líder e impulsar un cambio?
  2. ¿Crees que solo las personas que asumen una responsabilidad personal deben ser líderes?
  3. Como socio de Dios para crear un mundo mejor, ¿por qué cosa protestarías?

Traductores

Carlos Betesh