Como no discutir (Koraj 5780)

Descarga aquí el ensayo en PDF.


Haz clic aquí para descargar la Edición Familiar de esta semana.


Koraj fue tragado por la tierra pero su espíritu sigue bien vivo y en los lugares más improbables: las universidades de Estados Unidos e Inglaterra.

Koraj fue la personificación de lo que los Sabios denominaron no discutir por el bien del cielo. Lo contrastaron con las escuelas de Hillel y Shamai, que discutían por el bien del cielo.[1] La diferencia entre ellos, según Bartenura, es que la discusión por el bien del cielo es una discusión por la verdad. La que no es por el bien del cielo es una discusión por la victoria y el poder, que son cosas completamente distintas.

Koraj y sus seguidores venían de tres grupos diferentes. Koraj era de la tribu de Leví. Datán y Aviram de la tribu de Rubén. Y había 250 líderes de distintas tribus. Cada uno tenía un reclamo específico.[2] Los 250 dirigentes estaban resentidos por el hecho de que les habían retirado sus roles de liderazgo luego del pecado del Becerro de Oro y fueron otorgados a la tribu de Leví. Datan y Aviram se sentían agraviados porque su tribu – descendientes del primogénito de Yaakov – no recibió ningún status especial.  La respuesta de Moshé a Koraj – “Ahora tú también quieres obtener el sacerdocio… ¿Quién es Aarón que vas a quejarte contra él?” – deja en claro que Koraj quería ser Cohen, y probablemente Cohen Gadol, en lugar de Aarón.

Los tres grupos no tenían nada en común salvo eso, que querían ser líderes. Cada uno de ellos aspiraba a una posición de mayor envergadura o de prestigio que la que tenían en ese momento. Era una discusión que no era por el bien del cielo.

El texto nos brinda una imagen clara de lo que entendían los rebeldes por liderazgo. La protesta ante Moshé y Aarón era “¿Por qué se colocan ustedes por encima del resto de la Asamblea del Señor?” Más adelante Datan y Aviram expresaron a Moshé: “¡Ahora también a nosotros nos quieres dominar!”

Como regla general, si quieres comprender los motivos del resentimiento, escucha las acusaciones que plantean a otra gente y comprenderás lo que quieren. Por ejemplo, por muchos siglos varios imperios acusaron a los judíos de querer dominar el mundo. Los judíos nunca quisieron hacerlo. A diferencia de casi cualquier otra civilización extendida a lo largo del tiempo, los judíos nunca crearon ni quisieron crear un imperio. Pero los que acusaron a los judíos de hacerlo pertenecían a imperios que estaban comenzando a decaer. Querían dominar el mundo pero sabían que no les sería posible, y entonces atribuyeron su deseo a los judíos (proceso psicológico conocido como división-y- proyección, el fenómeno singular más importante para comprender el antisemitismo).[3] Fue ahí que crearon mitos antisemitas, cuyo ejemplo más clásico es el de los Protocolos de los Sabios de Sión, inventado por escritores o propagandistas de la Rusia zarista durante la última etapa de su derrumbe.

Los rebeldes aspiraban a lo que ellos atribuyeron a Moshé y Aarón: ejercer una forma de liderazgo desconocida en la Torá y radicalmente incompatible con el valor que Moshé representaba: la humildad. Ellos querían colocarse “por sobre la asamblea” del Señor  y “dominar” al pueblo. Querían el poder.

¿Qué se hace entonces cuando lo que se desea es el poder y no la verdad? Se ataca no el mensaje sino al mensajero. Se intenta destruir el prestigio y la credibilidad de los oponentes. Se intenta acallarlos. Eso es lo que intentaron Koraj y sus acólitos rebeldes.

Lo que hicieron explícitamente fue acusar a Moshé de colocarse por encima de la congregación y de transformar el liderazgo en dominación.

Presentaron otras demandas, como inferimos por la respuesta de Moshé. Dijo: “No he tomado ni siquiera un asno de ellos ni los he perjudicado de forma alguna,” dando a entender que lo acusaban de aprovechar su posición en beneficio propio, tomando propiedad ajena. Él dijo: “De esta manera sabrán que el Señor me ha enviado para hacer todas estas cosas y que esta no es idea mía,” implicando que lo acusaban de atribuir a Dios ciertas instrucciones y órdenes cuando en realidad eran sus propios deseos.

Lo más indignante es la acusación hecha por Datan y Aviram: “¿No alcanza con que nos hayas traído de una tierra en la que manaba leche y miel para matarnos en el desierto?” Este es un adelanto de los conceptos de nuestro tiempo: noticias falsas (fake news), hechos alternativos, post verdad. Estas eran mentiras obvias, pero sabían que si se repiten innumerables veces y en los tiempos apropiados, alguien lo creerá.

No tuvieron el más mínimo interés en plantear los temas de fondo: la estructura de liderazgo que ocasionó gran descontento entre las tribus de Leví, Rubén  y otros jefes tribales; que una generación había perdido toda posibilidad de llegar a la tierra prometida; y cualquier otra cosa que estaba preocupando al pueblo. Esos eran problemas verdaderos, pero a los rebeldes no les interesaba la verdad. Querían el poder.

Su objetivo, a juzgar por el texto, era   desacreditar a Moshé, dañar su credibilidad, crear dudas en el pueblo acerca de si realmente recibía instrucciones de Dios y de tal forma insinuar que no tendría el temple necesario para conducirlos en el futuro, o por lo menos estar forzado a capitular ante las demandas rebeldes. Cuando la discusión es por el poder, la verdad no juega ningún papel.

La discusión que no es por el bien del cielo ha reaparecido en nuestros tiempos bajo la forma de la cultura de “cancelación” o “denuncia” en las redes sociales para transformar a las personas en no-personas cuando se considera que han cometido alguna transgresión – a veces genuinamente (como en casos de acoso sexual por ejemplo), otras veces simplemente por ir en contra de la tendencia moral del momento. Es especialmente preocupante la práctica creciente de negar o retirar de una plataforma universitaria a alguna persona cuyas ideas son consideradas ofensivas para algunos grupos (frecuentemente minoritarios).

Así ocurrió en marzo de 2020, poco antes del cierre de las universidades debido a la crisis del coronavirus, con la profesora Selina Todd de la universidad de Oxford, que fue “sacada de plataforma” del Festival Internacional de Mujeres de Oxford en la que estaba programada su participación. Siendo una personalidad destacada en temas de la mujer, fue acusada de ser “transfóbica”, cargo que ella niega. Alrededor de la misma época, la Sociedad de Mujeres de Oxford de las Naciones Unidas canceló la charla del ex Ministro del Interior, Amber Rudd, una hora antes del inicio.

En 2019 la Divinity School  de Cambridge rescindió la invitación al profesor  de psicología canadiense Jordan Peterson. La Unión de Estudiantes de esa universidad comentó que “sus trabajos y su punto de vista no representan al cuerpo estudiantil por lo que no consideramos que sea una contribución de valor para la Universidad, ya que está en contra de los principios de la misma.” En otras palabras, no nos gusta lo que tiene para decirnos. Estos tres casos, y muchos otros en épocas recientes avergüenzan y traicionan los principios de la Universidad.

Son las instancias contemporáneas de la discusión que no es por el bien del cielo. Son ejemplos del abandono de la búsqueda de la verdad a favor de la de la victoria y el poder. Se trata de desacreditar y acallar – “bloquear” – al individuo. La universidad es, o debería ser, el hogar de la discusión por el bien del cielo. Es el lugar al que vamos para participar en la búsqueda colaborativa de la verdad. Escuchamos posturas opuestas a la nuestra. Aprendemos a defender nuestras creencias. Profundizamos nuestra comprensión y crecemos intelectualmente. Aprendemos lo que significa interesarnos por la verdad. La búsqueda del poder tiene su lugar, pero no en el hogar de la verdad.

Es por eso que los Sabios confrontaron a Koraj y sus socios rebeldes con las escuelas de Hillel y Shamai:

Durante tres años hubo una disputa entre las escuelas de Hillel y Shamai. El primero planteó: ‘La ley concuerda con nuestros puntos de vista,’ y el segundo insistió ‘La ley concuerda con los nuestros.’ Entonces una Voz de los cielos (bat kol) proclamó: ‘Esas y estas son las palabras del Dios viviente, pero la ley acuerda con la escuela de Hillel.’

Siendo que en ambos ‘esas y estas son las palabras del Dios viviente’, ¿por qué  fue acordada la determinación de las decisiones de la ley a la escuela de Hillel? Porque sus integrantes eran amables y modestos, y porque estudiaban la ley de tanto según sus decisiones como las de la escuela de Shamai, y porque tuvieron la humildad de mencionar las enseñanzas de Shamai antes que las propias.

Eruvin 13b[4]

Este es un hermoso retrato del ideal rabínico: aprendemos escuchando la opinión de nuestros oponentes, a veces antes que las propias. Yo creo que lo que está ocurriendo en las universidades, cambiando la búsqueda de la verdad por la del poder, demonizando y sacando de plataforma a los que no están de acuerdo, es el fenómeno de Koraj de nuestro tiempo, y es ciertamente muy peligroso. Un antiguo dicho del latín dice que para asegurar justicia, audi alteram partem, “escucha a la otra parte.” Es escuchando a la otra parte que transitamos por el camino de la verdad.

Descarga aquí el ensayo en PDF.


[1] Mishná Avot 5:17

[2] Esto es una combinación de las visiones de Ibn Ezra y Ramban.

[3] Ver The Need to have Enemies and Allies (1988) de Vamik Volkan

[4] Talmud de Babilonia: Eruvin 13b


Traductores

Carlos Betesh