Edición Familiar: La visión profética de los sacrificios (Vaikrá 5780)

EDICION FAMILIAR: LA VISIÓN PROFÉTICA DE LOS SACRIFICIOS (VAIKRÁ 5780)

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IDEA CLAVE DE LA SEMANA

Amar y honrar a Dios es amar y honrar a nuestro prójimo.

Vaikrá es el tercer libro de la Torá. Pero este es muy diferente a los demás. A diferencia de los otros libros, Vaikrá no cuenta una historia o describe un viaje como los otros libros de la Torá. Tiene lugar sólo en el Monte Sinaí. ¡Todo el libro se desarrolla sobre solo un mes! No hay casi historias relatadas en él, pero sí hay muchas mitzvot.

Vaikrá se sitúa en el centro del Jumash, y contiene la clave para el entender la misión de Israel en el mundo – “ser un reino de Sacerdotes y una nación sagrada”. Esta es la primera vez en la historia que a un grupo de gente se le ha dado una misión colectiva, y cada vez que leemos el Libro de Vaikrá, se nos recuerda esta misión.  La parashá de Vaikrá describe los varios tipos de sacrificios que los israelitas llevaban al Mishkán. Hay cinco: la ofrenda quemada (olá), la ofrenda de granos (minjá), la ofrenda de paz (shelamim), la ofrenda de pecado (jatat) y la ofrenda de culpa (asham).

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Por qué piensas que dábamos sacrificios a Dios en el Mishkán y luego en el Bet Hamikdash? ¿Dios los necesita?

Los sacrificios fueron centrales en  la vida religiosa del Israel bíblico. Esto lo vemos en cuanto espacio ocupa Torá hablando sobre ellos. Pero los Profetas tardíos, en la época del Primer Templo, parecían ser muy críticos de los sacrificios. Por ejemplo, el profeta Shmuel: “¿Le produce placer al Señor las ofrendas quemadas y los sacrificios tanto como el obedecer sus preceptos? Con certeza, la obediencia es mejor que los sacrificios, su cumplimiento, mejor que la grasa de los carneros.” (Shmuel I 15:22).

Amos dijo en nombre de Dios: “Si Me ofreces una ofrenda quemada – o una ofrenda de harina – no las aceptaré; Yo no haré caso de tus obsequios de grasa… Pero deja que la justicia se eleve como el agua, la honestidad como un arroyo infinito” (Amos 5:21-24). Hoshea tenía un mensaje similar: “Porque yo deseo bondad, no sacrificios; obediencia a Dios, más que ofrendas quemadas. (Hoshea 6:6)

Jeremías parece sugerir que el orden de los sacrificios no fue la intención inicial de Dios: “Pues cuando Yo liberé a vuestros padres de la tierra de Egipto, no hablé con ellos ni les ordené lo concerniente a las ofrendas quemadas o los sacrificios. Pero esto sí es lo que les ordené: Tomen Mi propuesta, que Yo pueda ser vuestro Dios y ustedes Mi pueblo; caminen solo por la vía que les propongo, para que todo vaya bien con ustedes” (Jeremías 7:22-23).

El pasaje más contundente de todos es el del comienzo del libro de Isaías que leemos en Shabat Jazón (antes de Tishá Be’Av): “‘¿Qué necesidad tengo Yo de todos vuestros sacrificios?’ dice el Señor. ‘Tengo más que suficientes ofrendas quemadas, de corderos y de la grasa de los animales engordados; no Me da placer la sangre de los toros, de las ovejas y las cabras. Cuando te presentas ante mí, ¿quién te ha pedido esto, pisotear mis cortes? ¡Deja de traer ofrendas sin sentido! Vuestro incienso me resulta detestable’” (Isaías 1:11-13).

Este versículo es extraordinario. El pueblo estaba siendo criticado, no por desobedecer la ley de Dios sino por cumplirla. Los sacrificios fueron ordenados. Sus ofrendas eran actos sagrados realizados en un lugar sagrado. ¿Qué fue lo que causó el enojo de los Profetas?

No es que se oponían al sacrificio como tal. Jeremías anticipó el día en que “La gente descenderá de los pueblos de Judá y de los alrededores de Jerusalem… trayendo ofrendas quemadas, sacrificios, ofrendas de harina e incienso, y llevando ofrendas de agradecimiento a la Casa del Señor.” (Jeremías 17:26)

Isaías también veía los sacrificios como parte del servicio a Hashem en el tiempo mesiánico futuro: “Yo los traeré a Mi monte sagrado y permitiré que se regocijen en Mi casa de oración. Sus ofrendas quemadas y sacrificios serán bienvenidos en Mi altar, pues Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.” (Isaías 56:7)

No criticaban la institución del sacrificio. Estaban cuestionando algo más, algo que aún existe hoy.

Lo que les angustiaba hasta lo más profundo de su ser era la idea de servir a Dios y al mismo tiempo actuar con desprecio, con crueldad, en forma injusta, insensible y despiadada hacia el otro. “Mientras yo tenga la gracia de Dios, lo demás no importa.” Esa era la idea que causó la mayor indignación a los Profetas. Si es eso lo que piensas, parecen decirnos, entonces no has comprendido a Dios ni a la Torá.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Cómo crees que justifican su comportamiento las personas que cuidan las leyes meticulosamente pero no son amables con otros?
  2. ¿Has experimentado este tipo de comportamiento?

Aarón Feuerstein era dueño de una fábrica textil en un pequeño pueblo llamado Lawrence en Massachusetts, en un momento en que la mayoría de las fábricas textiles habían cerrado porque era más barato traer telas importadas de otros países como India y México. Luego la fábrica sufrió un incendio devastador, y la mayoría de la gente asumió que Aarón, por entonces de 70 años de edad, aprovecharía esta oportunidad para tomar el dinero del seguro y cerrar la fábrica. Pero el negocio era el principal empleador en su ciudad, proporcionando empleo a 1.800 personas. Todas estas personas perderían su trabajo y sus familias sufrirían si la fábrica se cerraba. Aarón sintió responsabilidad hacia ellos y se negó a cerrar la fábrica. No solamente reconstruyó la fábrica, asegurando que sus trabajos estuvieran a salvo, sino que también les pagó los salarios completos durante el tiempo en que la fábrica estaba siendo reconstruida y no podían trabajar.

Cuando se le preguntó por qué tomó esta decisión, respondió que como judío religioso, seguía la regla de que: “No se te permite oprimir al obrero porque es pobre y necesitado entre tus hermanos y entre los no judíos de tu comunidad”.  Sin embargo, él fue allá de lo que la halajá le ordenaba (y de hecho esta decisión le produjo dificultades en el negocio a esta fábrica textil) y al hacerlo hizo un tremendo Kidush Hashem (santificar el nombre de Dios). A partir de entontes, a Aarón se lo conoció como “el mensch de Malden Mills”.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Cómo hizo un Kidush Hashem Aarón Feuerstein?
  2. ¿Esta historia muestra que entendió el mensaje de los Profetas durante la época del Primer Templo?

Lo primero que nos dice la Torá acerca de la humanidad es que cada uno de nosotros fue hecho a la imagen y semejanza de Dios. Por lo tanto, si le haces mal a un ser humano, estás dañando la única creación que hizo Dios a Su imagen. Un pecado contra una persona es un pecado contra Dios.

En la primera declaración de la misión del pueblo judío, Dios dijo acerca de Abraham: “Pues Yo lo he elegido para que enseñe a sus hijos y a su descendencia a seguir la senda del Señor haciendo lo que está bien y lo que es justo.” (Bereshit 18:19). El camino del Señor consiste en actuar con justicia y bondad hacia sus semejantes. En ese contexto, significa que Dios estaba invitando a Abraham a rezar por el pueblo de Sodoma, aun sabiendo que eran malvados y pecadores.

Es específicamente en el libro de los sacrificios, Vaikrá, donde encontramos los preceptos mellizos de amar al prójimo como a ti mismo, y amar al extranjero (Vaikrá 19:18, 33-34). Los sacrificios que expresan nuestro amor y sobrecogimiento ante Dios deberían conducirnos a amar al prójimo y al extranjero. Debería haber una transición sin interrupción, de los preceptos entre nosotros y Dios, y los preceptos entre nosotros y nuestros semejantes.

Amós, Hoshea, Isaías, Mica y Jeremías todos fueron testigos de sociedades en las cuales las personas  eran puntillosas en llevar sus ofrendas al Templo; pero entre ellas  había soborno, corrupción, perversión de la justicia, abuso de poder y explotación de los desposeídos por parte de los poderosos. Los Profetas vieron en esto una profunda y peligrosa contradicción.

El mismo acto de traer un sacrificio estaba lleno de ambigüedades. El pueblo judío no fue el único de la antigüedad en tener templos, sacerdotes y sacrificios. Casi todos los tenían. Era en esto precisamente que la religión del Israel antiguo se asemejaba, superficialmente, a las prácticas de sus vecinos paganos. Pero los sistemas sacrificiales de las otras culturas estaban basados en creencias totalmente distintas. En muchas religiones los sacrificios eran vistos como una forma de aplacar o satisfacer a los dioses. Los Aztecas creían que las ofrendas sacrificiales alimentaban a los dioses que sostenían el universo. Walter Burkhart especuló que los antiguos griegos sentían culpa cuando mataban animales para comer, por lo cual ofrecían sacrificios para tranquilizar sus conciencias.

Todas estas ideas son ajenas al judaísmo. Dios no puede ser sobornado o tranquilizado. Tampoco podemos traerle algo que no es Suyo. Dios sostiene el universo: el universo no lo sostiene a Él. Y lo malo corregido mediante sacrificios no exime de otros males. Por lo que la intención y la actitud eran esenciales en el sistema sacrificial. El pensamiento de que “si yo llevo un sacrificio a Dios, Él pasará por alto mis otras fallas” – de hecho, la idea de que puedo sobornar al Juez de toda la tierra – transforma un acto sagrado en uno pagano, y genera un resultado precisamente contrario al deseado por la Torá. Transforma una práctica religiosa de un camino al bien y a lo correcto, en una manera de tranquilizar la conciencia de aquellos que practican el mal.

Servir a Dios es servir a la humanidad. Ese es el punto memorable señalado por Mica: “Él te ha dicho, Oh hombre, lo que es bueno, y lo que el Señor quiere de ti: hacer justicia, amar la bondad y caminar humildemente con tu Dios.” (Mica 6:6-8). Jeremías dijo del rey Josías: “Él abrazó la causa de los pobres y necesitados; entonces todo le fue bien: ¿no consiste en esto conocerme? dice el Señor” (Jeremías 22:16). Conocer a Dios, dice Jeremías, significa hacerse cargo de los necesitados.

Rambam dijo esencialmente lo mismo al final de la Guía para los perplejos (III, 54). Él cita a Jeremías: “Sólo en esto tendrán gloria los humanos: ‘que puedan tener la comprensión para conocerme, que Yo soy el Señor que ejerce la bondad, justicia y rectitud en la tierra, puesto que eso Me place,’ dice el Señor” (Jeremías 9:23). Conocer a Dios es saber actuar con bondad, justicia y rectitud.

El peligro del sistema sacrificial, dicen los Profetas, es que puede conducir al pueblo a pensar que hay dos dominios separados, el Templo y el mundo, servir a Dios y cuidar a nuestros semejantes, y que éstos están desconectados. El judaísmo rechaza el concepto de dos dominios separados. Halájicamente son distintos, pero psicológica, ética y espiritualmente son parte de un único sistema indivisible.

Yo creo que amar a Dios es amar a nuestros semejantes. Honrar a Dios es honrar al otro. No podemos pedirle a Dios que nos escuche si no estamos dispuestos a escuchar a los demás. No podemos pedir a Dios que nos perdone si nosotros no estamos dispuestos a perdonar a los otros. Conocer a Dios es intentar imitarlo, lo cual significa, dijeron Jeremías y Rambam, practicar la bondad, la justicia y la rectitud sobre la tierra.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1.  Según estas ideas, ¿qué leyes son más importantes, aquellas entre nosotros y Dios o entre las personas?

“Es precisamente en nuestras relaciones del día a día, en el trabajo o entre amigos, en nuestras transacciones con otras personas y la integridad, sensibilidad y generosidad con las que los tratamos, que más agregamos o quitamos al respeto que los que nos rodean tienen por los valores según los cuales vivimos. Es aquí donde el más importante de los mandamientos bíblicos – santificar y no profanar el nombre de Dios – tiene su espacio, su impacto y su influencia. No hay un logro religioso más grande que haber santificado el nombre de Dios, y un pecado más grande que haber disminuido el respeto que se le tiene… ‘Santificar el nombre’ no es un simple agregado marginal al guión de la vida judía sino su objetivo: traer la presencia de Dios al mundo al hacer que otros sean conscientes de que la palabra de Dios santifica la vida.”

To Heal a Fractured World, p.68

  1. ¿Cuál es la base lógica detrás del servicio con sacrificios a Dios?
  2. ¿Cuáles son los peligros de esta forma de servicio (como lo resaltaron los Profetas)?
  3. ¿Cuál debería ser el foco de nuestro servicio a Dios (según Convenio y Conversación de esta semana)?

¿Quieres ganar un Sidur con los rezos diarios semanales de Koren Aviv? Este Sidur ha sido diseñado para ayudar a los jóvenes a explorar su relación con Dios así como los valores, historia y religión de su pueblo. Envía un correo electrónico a: CCFamilyEdition@rabbisacks.org con tu nombre, edad, ciudad y una pregunta u observación sobre la parashá de Convenio y Conversación Edición Familiar. Los participantes deben ser menores de 18 años. Cada mes seleccionaremos dos de las mejores, y ambos recibirán un Sidur dedicado por el Rab Sacks! Gracias a Koren Publishers por la amabilidad de donar estos maravillosos Sidurim.

en pocas palabras

  1. Dios no necesita nuestros sacrificios. No necesita nada. Los sacrificios son para nosotros, no para Él. Son una manera de demostrar que estamos dispuestos a darle a Él todo lo que tenemos. Los sacrificios son una manera para que nosotros nos sintamos cerca de Él (la raíz de la palabra en hebreo para sacrificios es k-r-v, que significa cerca). Cuando le damos un regalo a un amigo, nos acerca a esa persona, lo mismo ocurre con los sacrificios.

LA IDEA CENTRAL

  1. Existe la ley (la halajá) y existe el espíritu de la ley. Uno puede estar comprometido al 100% en cuidar todos los detalles de la Torá, pero olvidarse del espíritu de la ley– los valores fundamentales que las leyes tratan y sostienen. A veces, uno puede perder de vista  la imagen completa cuando se vuelve apasionado y entusiasta en el servicio a Dios. Los profetas nos advierten contra este fenómeno.
  2. Tristemente, a menudo,  hay ejemplos destacados de personas muy religiosas que caen en este camino y no ven la devoción en todos los seres humanos y los maltratan. Los ejemplos también existen en nuestras vidas cotidianas.  Todos los humanos son imperfectos y falibles, y es nuestro desafío escuchar el mensaje de los Profetas y de la Torá y de no cometer los mismos errores…

UNA VEZ SUCEDIÓ…

  1. Existe la ley (la halajá) y existe el espíritu de la ley. Uno puede estar comprometido al 100% en cuidar todos los detalles de la Torá, pero olvidarse del espíritu de la ley– los valores fundamentales que las leyes tratan y sostienen. A veces, uno puede perder de vista  la imagen completa cuando se vuelve apasionado y entusiasta en el servicio a Dios. Los profetas nos advierten contra este fenómeno.
  2. Tristemente, a menudo,  hay ejemplos destacados de personas muy religiosas que caen en este camino y no ven la devoción en todos los seres humanos y los maltratan. Los ejemplos también existen en nuestras vidas cotidianas.  Todos los humanos son imperfectos y falibles, y es nuestro desafío escuchar el mensaje de los Profetas y de la Torá y de no cometer los mismos errores.

PENSANDO MÁS PROFUNDAMENTE

  1. Nos resistimos a responder esta pregunta y a elevar algún tipo de mitzvá por sobre otra. Sin embargo, el mensaje de esta semana de Convenio y Conversación, es que amar y honrar al prójimo, es de hecho amar y honrar a Dios. Las mitzvot con el prójimo tienen una dimensión agregada de ser también un servicio de Dios.  

ALREDEDOR DE LA MESA DE SHABAT

  1. Los sacrificios eran el lenguaje del culto religioso en los tiempos bíblicos. Los humanos en ese entonces hubieran encontrado difícil acercarse y conectarse con Dios de otra manera. Los sacrificios son una forma en que los humanos podemos de conectarnos y acercarnos a Dios. La raíz de la palabra en hebreo para sacrificio es k-r-v, que significa cerca. Al igual que cuando le damos un regalo a un amigo, esto nos acerca a esa persona, darle a Dios algo que nos pertenece, nos acerca a Él.
  2. De lo que hay que tener cuidado es que podemos solamente llegar a enfocarnos en nuestra relación con Dios, y, accidentalmente, abandonar nuestra conducta moral hacia otros seres humanos. Dios no puede ser sobornado o apaciguado con sacrificios, y los errores que se corrigen por los sacrificios no justifican otros errores. El culto religioso no debe ser una forma de tranquilizar la conciencia de aquellos que se comportan inmoralmente en sus actividades cotidianas. Los Profetas dijeron que el peligro del sistema sacrificial es que puede llevar a que las personas piensen que “hay dos dominios, el Templo y el mundo, servir a Dios y preocuparnos por el prójimo, y que no están conectados. El Judaísmo rechaza el concepto de que son dos dominios  desconectados. Halájicamente son distintos, pero psicológicamente, éticamente y espiritualmente, son parte de un sistema único indivisible”
  3. “Servir a Dios es servir a la humanidad”. Ese fue el punto memorable señalado por Mica: “Él te ha dicho, Oh hombre, lo que es bueno y lo que el Señor quiere de ti: hacer justicia, amar la bondad y caminar humildemente con tu Dios”. (Mica 6:6-8). Jeremías dijo del rey Josías: “él consideró la causa del pobre y del necesitado; y todo fue bien con el: ¿no consiste en esto conocerme? Dice el Señor” (Jeremías 22:16). Conocer a Dios, dice Jeremías, significa preocuparse por los necesitados.

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Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación que puedes leer aquí.

Traducción y edición

  • Iair Salem
  • Carlos Gómez
  • Inés Jawetz
  • Michelle Lahan
  • Abraham Maravankin