Edición Familiar: Comunidades y muchedumbres (Vayajel-Pekude 5780)

EDICION FAMILIAR: COMUNIDADES Y MUCHEDUMBRES (VAYAJEL-PEKUDE 5780)

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IDEA CLAVE DE LA SEMANA

Hay pocas cosas en la vida que valen más que una comunidad.

Después del pecado del Becerro de Oro, Moshé reúne al pueblo y les enseña dos mitzvot. Primero les habla acerca de Shabat, y luego sobre la construcción del Mishkán.

Hace algunas semanas, en la parashá Terumá, leímos las instrucciones para la construcción del Mishkán, y ahora en la parashá Vayajel el pueblo sigue las instrucciones y el Mishkán se construye. El pueblo da generosas donaciones para su construcción, y leemos sobre Betzalel y Oholiab, los arquitectos y artesanos principales, que crearon las diferentes partes, haciéndolas muy hermosas. 

En nuestra segunda parashá de esta semana, Pekude, completamos la lectura del Libro de  Shemot, pero la historia no termina aquí. Moshé dice que todas las donaciones entregadas deben ser contadas, y que debe registrarse, en detalle, cómo fueron usadas cada una de esas contribuciones. Las ropas de los Sacerdotes están hechas y Moshé finalmente monta el Mishkán. Una vez que es completado, el Mishkán se llena de la gloria de Hashem

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Por qué piensas que la Torá cuenta con tantos detalles las contribuciones del pueblo para el Mishkán?

Vayajel es una receta de la Torá de cómo construir una comunidad. Está planteado en forma sutil. Usa un solo verbo, k-h-l, para describir dos actividades diferentes. La primera aparece en la parashá de la semana pasada al comienzo de la historia del Becerro de Oro. “Cuando el pueblo vio que Moshé había demorado largamente en bajar de la montaña, se juntó (vaykahel) alrededor de Aarón y le dijo: levántate, constrúyenos dioses que vayan delante de nosotros. Este hombre Moshé que nos sacó de Egipto – no tenemos idea que ha sido de él.” (Shemot 32:1) El segundo es el versículo con el que se inicia la parashá de esta semana: “Moshé reunió (vayajel) a toda la comunidad de Israel y le dijo: estas son las cosas que el Señor ha ordenado que hagan” (Shemot 35:1).

Suenan parecidos. Ambos verbos pueden traducirse como “se juntaron” o “se reunieron”. Pero hay una diferencia fundamental entre ambos. La primera reunión no tenía un líder; la segunda si: Moshé. El primero era una muchedumbre, el segundo, una comunidad. En una muchedumbre los individuos pierden su individualidad. Domina una especie de mentalidad colectiva y la gente se encuentra haciendo cosas que jamás hubiera hecho por su propia cuenta. 

Charles Mackay fue un poeta, periodista, autor, escritor de antologías, novelista y autor de canciones escocés del 1800. Él habló acerca de la locura de las muchedumbres. La gente, dijo, “se enloquece en la horda, y solo vuelven a sus sentidos lentamente, uno a uno.” Juntos, actúan frenéticamente. Los procesos racionales normales se suspenden. Algunas veces resultan en violencia, otras en un comportamiento económico impulsivo, dando origen a booms financieros no sustentables y subsecuentes caídas. Las multitudes carecen de la inhibición y la represión que constituye nuestro autocontrol como individuos.

Fue una muchedumbre la que demandó un Becerro de Oro para servir a Dios, pero fue una comunidad la que se unió para construir el Mishkán y servir a Dios allí.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Por qué los humanos necesitan líderes?
  2. ¿Has experimentado alguna vez una “muchedumbre” o una “comunidad” como se describen aquí?

Melanie Reid es una periodista que escribe regularmente una columna para The Times, un diario de Londres. El 4 de enero de 2020, escribió la historia de cómo ella, su esposo y la mayoría de su pueblo escocés se unieron para comprar una antigua posada, y convertirla en un pub.

Ella describe que se creó un extraordinario ambiente de espíritu comunitario. Un gran número de lugareños comenzaron a ofrecer sus servicios como voluntarios para ayudar a abrirlo y atenderlo. “Tenemos a conocidos músicos clásicos limpiando los baños y lijando mesas. Detrás del bar hay escultores, trabajadores de la construcción, ministros humanistas, oficiales de la Marina Mercante, abuelas, ejecutivos de RRHH y agentes inmobiliarios… CEOs jubilados cortan leña para el fuego; septuagenarios sirven las mesas; los topógrafos miran hacia las paredes internas que deban ser derribadas y gente que puede hacer cosas arreglan cañerías tapadas”.

Se ha convertido en algo más que un centro comunitario; ha energizado dramáticamente la comunidad local. Personas de todas las edades vienen regularmente para jugar juegos, beber, comer y asistir a eventos especiales juntos. Una gran variedad de servicios comunitarios y actividades se están armando. 

Ella describe lo que sucedió como “la alquimia de lo que se puede lograr en un pueblo cuando todos se unen en torno a un objetivo común”. Esta es la magia de que el “yo” se convierta en “nosotros”. Cuando construyes un hogar junto a otros, creas algo mucho más grande que cualquier otra cosa que alguien pueda hacer por sí solo.

Es “una de las empresas más locas, del campo izquierdo y conmovedoras desde el corazón en las que he estado involucrada”, escribió Melanie, y parece que es algo en que todos los miembros de la comunidad, y los visitantes, están de acuerdo.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Hay alguno similar a esto en tu comunidad judía?
  2. ¿Cómo está conectada esta historia con la parashá?

Elías Canetti, cuya obra Crowds and Power (Masa y poder) es un clásico sobre el tema, escribe que “La masa es la misma en todas partes, en todos los tiempos y culturas; permanece esencialmente igual entre gente del más diverso origen, educación y lenguaje. Una vez iniciado, se expande con la máxima violencia. Pocos pueden resistir el contagio; siempre trata de continuar creciendo y no hay un límite inherente a su crecimiento. Puede iniciarse en cualquier situación en la que se juntan  personas y suele ser insólitamente espontáneo y repentino.”

La muchedumbre que rodeó a Aarón estaba en pánico. Moshé era su único contacto con Dios, y por lo tanto el único que les enseñaba, los guiaba, y les permitía ver los milagros y el poder de Dios. Ahora no estaba allí y no sabían qué le había ocurrido. El pedido de “dioses que vayan delante de nosotros” fue poco feliz y regresivo. Su conducta, una vez fabricado el Becerro – “el pueblo se sentó a comer y beber y después se puso de pie para dedicarse a los placeres” – era manifiestamente indisciplinado y depravado. Cuando Moshé bajó de la montaña por orden de Dios, “vio que el pueblo estaba desbocado pues Aarón había permitido que se descontrolaran, siendo ellos objeto de burla de sus enemigos.” Lo que vio Moshé fue un ejemplo de la descripción de Carl Jung: “La psicología de un grupo grande de personas inevitablemente desciende al nivel de la psicología de masas.” Lo que Moshé vio fue una masa.

El Vayajel de la parashá de esta semana es bastante distinto. Moshé buscó crear una comunidad haciendo que el pueblo diera contribuciones voluntarias para un proyecto en común, el Mishkán, el Santuario. En una comunidad, los individuos siguen siendo individuos. Su participación era esencialmente voluntaria: “Que todos a los que les mueve el corazón hagan una ofrenda.” Sus diferencias son valoradas porque significa que cada uno tiene algo especial que contribuir. Algunos donaron oro, otros plata o bronce. Otros llevaron lanas o cueros, piedras preciosas. Otros incluso dieron su trabajo y sus habilidades.

Lo que los unió no fue la dinámica de la masa atacada por un frenesí colectivo sino el sentido de un propósito común, de contribuir a crear algo más grande que lo que pudiera lograr uno solo. Las comunidades contribuyen, no destruyen.  Sacan lo mejor de nosotros, no lo peor. Nos hablan no a nuestras emociones más bajas como el miedo sino a aspiraciones más elevadas como crear un hogar simbólico para que la Divina Presencia esté en su seno.

Mediante el sutil uso del verbo k-h-l la Torá enfoca nuestra atención no solo sobre el producto sino sobre el proceso: no solo lo que hizo el pueblo sino en lo que se convirtió al hacerlo. Lo describí en The Home We Build Together (El hogar que construimos juntos)así: 

“Una nación – o por lo menos la nación que los israelitas fueron llamados a ser – está creada a través del acto de creación en sí. No la combinación de todos los milagros de Éxodo ni las plagas, ni la división del mar, el maná del cielo o el agua de la roca, ni la revelación misma del Sinaí convirtieron a los israelitas en nación. Al ordenar a Moshé que el pueblo construya el Tabernáculo, Dios en realidad estaba diciendo: “Para transformar un grupo de individuos en una nación de pacto, deben construir algo juntos.”

La libertad no puede ser conferida por una fuerza externa, ni aún la de Dios mismo. Se puede lograr solamente mediante un esfuerzo colectivo, colaborativo, por parte del pueblo mismo. De ahí la construcción del Tabernáculo. Un pueblo se hace haciendo. Una nación se construye construyendo.” (p. 137)

La distinción entre masa y comunidad se ha hecho aún más significativa en el siglo XXI. El ejemplo clásico es el de la Primavera Árabe de 2011. Se produjeron protestas masivas en gran parte del mundo árabe, en Túnez, Argelia, Jordania, Omán, Egipto, Yemen, Sudan, Iraq, Bahréin, Libia, Kuwait, Siria y otros. Pero rápidamente se transformó en el llamado Invierno Árabe. Las protestas aún continúan en muchos de estos países y solo en Túnez han derivado en una democracia constitucional. Las protestas en sí no son suficientes para generar sociedades libres. Pertenecen a la lógica de las masas, no la de las comunidades.

Lo mismo es cierto para las redes sociales, aún en las sociedades libres. Son una gran amplificación de las comunidades existentes, pero en sí, no son creadores de comunidades. Eso requiere una interacción cara a cara y el convencimiento de hacer sacrificios por el bien del grupo. Sin esto, sin embargo, como dijo Mark Zuckerberg en 2017 “las redes sociales pueden contribuir a producir divisiones y aislamiento.” En efecto, cuando son usados para señalar virtudes, situaciones vergonzantes o confrontación agresiva, pueden crear una nueva forma de comportamiento de masas, la horda electrónica.

En su nuevo libro Time to Build (Tiempo de construir) Yuval Levin plantea que las redes sociales han socavado nuestra vida social. “Claramente alimentan los vicios más peligrosos para una sociedad libre. Nos inducen a hablar sin escuchar, a dirigirnos a otros de manera confrontativa más que amable, de difundir conspiraciones y rumores, de descartar e ignorar lo que preferimos no oír, de hacer público lo privado, de simplificar excesivamente un mundo complejo, de reaccionar uno contra otro con excesiva rapidez y brusquedad. Nos quitan la capacidad de tolerancia, de decoro, paciencia y control.” Ese es un comportamiento de masa, no de comunidad.

Los aspectos negativos de las muchedumbres aún están con nosotros. También, los valores de las comunidades, como lo demuestra claramente el pub escocés de Melanie Reid.

Yo creo que crear una comunidad lleva mucho trabajo, y que pocas cosas en la vida valen más la pena. Al construir algo con otros, descubrimos la alegría de ser parte de algo más grande de lo que pudiéramos lograr solos.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. Qué comunidades has experimentado al ser parte de un equipo que construye algo en conjunto?

 “Una sociedad basada en un pacto es una comunidad moral, orientada hacia el futuro, dirigida hacia un objetivo, cuyos ciudadanos están en un viaje hacia un destino. Eso no significa que las personas deban estar de acuerdo siempre. Por el contrario… lo que comparten, sin embargo, es su énfasis en la responsabilidad, personal, mutua, recíproca y colectiva. Es esta combinación de responsabilidad personal y colectiva lo que da a las sociedades basadas en un pacto su energía. Enlistan ciudadanos. Generan ideales. Nos ve a cada uno de nosotros como constructores… el pacto democratiza la responsabilidad. Crea ciudadanos activos. Es una política de empoderamiento. Ve a la sociedad como el hogar que construimos juntos.”

The Home We Build Together, p.125

  1. ¿En qué lugar los judíos “construyen juntos” y se convierten en una comunidad? ¿Qué construyen?
  2. ¿Son las muchedumbres siempre negativas y las comunidades siempre positivas?
  3. ¿Por qué crees que estos dos fenómenos tienen la misma raíz en hebreo (k-h-l)? ¿Hay un mensaje en esto?

¿Quieres ganar un Sidur con los rezos diarios semanales de Koren Aviv? Este Sidur ha sido diseñado para ayudar a los jóvenes a explorar su relación con Dios así como los valores, historia y religión de su pueblo. Envía un correo electrónico a: CCFamilyEdition@rabbisacks.org con tu nombre, edad, ciudad y una pregunta u observación sobre la parashá de Convenio y Conversación Edición Familiar. Los participantes deben ser menores de 18 años. Cada mes seleccionaremos dos de las mejores, y ambos recibirán un Sidur dedicado por el Rab Sacks! Gracias a Koren Publishers por la amabilidad de donar estos maravillosos Sidurim.

en pocas palabras

  1. A la Torá le importan nuestras contribuciones. Se enfoca en los detalles para dar una buena imagen del pueblo, al observar cuán generosamente dieron  y cuán comprometidos estaban con este proyecto nacional – para ellos era importante ayudar activamente en la construcción del Santuario para el servicio a Dios. Esto estaba en claro contraste con su comportamiento en el incidente del Becerro de Oro. Sin embargo, una razón más profunda está conectada a la idea que se estudia en el mensaje de esta semana  de Convenio y Conversación. Las contribuciones del pueblo representan su crecimiento como nación, cómo pasaron de ser un grupo nacional (o muchedumbre)  a una comunidad de pacto, conducida con liderazgo hacia un objetivo ideológico.

LA IDEA CENTRAL

  1. Sin liderazgo, los humanos son propensos a un comportamiento gregario. En una gran multitud podrían suspender su propio pensamiento independiente. Por lo tanto, si las multitudes no son guiadas por líderes verdaderos y virtuosos, su comportamiento puede llevar a  resultados negativos (como la violencia o el comportamiento mafioso).
  2. Las multitudes pueden experimentarse en la vida cotidiana, por ejemplo, en conciertos, en el deporte o en otros eventos culturales. Por definición, no necesariamente son negativas, pero pueden llevar a resultados negativos si no son controladas (por ejemplo las muchedumbres de fútbol en Inglaterra en los 80 tuvieron una reputación perturbadora de violencia). El mismo grupo de personas que se une para una iniciativa basada en valores (por ejemplo una reunión para el culto o activismo social) puede ser considerada una comunidad. El mejor ejemplo de comunidad que la mayoría de personas ha experimentado, es una comunidad para el culto como la sinagoga, donde  las personas se unen a través de un ideal o valor compartido.

UNA VEZ SUCEDIÓ…

  1. Toda comunidad judía (e igual que otras comunidades de fe) opera de una forma similar (incluso si no se están renovando y administrando un pub o un centro comunitario). Una comunidad judía tiene  un ejército entero de voluntarios que hace que las cosas sucedan semana tras semana. Dan de su tiempo libre (aunque a menudo tienen vidas familiares y profesionales muy demandantes) para asegurarse que todos los aspectos de sus sinagogas y de la vida comunitaria funcionan sin problema (al final, una comunidad judía es más que solo un servicio de oración).
  2. En la parashá vemos la lista de todas las contribuciones del pueblo para la construcción del Tabernáculo. El Rabino Sacks indica “Moshé busco crear una comunidad al hacer que el pueblo haga contribuciones personales en un proyecto colectivo, el Mishkán”. Cada persona llevó algo diferente y cada contribución fue valorada individualmente. A través de estos esfuerzos se unieron de una manera positiva, para un propósito común.

PENSANDO MÁS PROFUNDAMENTE

  1. Una comunidad basada en un proyecto de construcción de algún tipo para los jóvenes podría incluir el de ser un madrij (consejero) en un movimiento juvenil o campamento, ser parte de un equipo deportivo, un club escolar, un servicio juvenil, una obra o una presentación grupal, una banda, o incluso un proyecto escolar.  

ALREDEDOR DE LA MESA DE SHABAT

  1. El ejemplo más común de esto podría ser una comunidad de la sinagoga. Se “construyen” varias cosas en una comunidad de la sinagoga, como proyectos educativos, programas sociales, iniciativas de bienestar y activismo social. Una comunidad escolar es otro ejemplo de un grupo de personas (líderes/padres tanto laicos como profesionales), que se unen para construir algo (una escuela) y la comunidad es un subproducto.
  2. Las multitudes no son necesariamente grupos negativos, aunque es más probables que caigan en un comportamiento negativo que las comunidades. Una multitud que se encuentra en un evento musical o deportivo, no siempre se convierte en algo negativo y destructivo (aunque puede serlo) pero normalmente no trasciende a ser una comunidad con liderazgo. Una comunidad que se une para construir algo basado en valores e ideales también puede volverse destructiva su visión  (los humanos son una especie tribal y esto puede resultar en comunidades que no trabajan para el mejoramiento de la humanidad).  Sin duda, ayuda tener a los líderes correctos que nos guían hacia acciones positivas. 
  3. La raíz similar de estas palabras nos dice que son dos caras del mismo fenómeno. Cuando las personas se unen, puede convertirse en una fuerza para el bien (con el liderazgo y los valores correctos) o en una fuerza para el mal (sin liderazgo, o el liderazgo incorrecto, y los valores  erróneos). Como todo en este mundo, puede usarse para el bien o para el mal y solo nosotros podemos determinar el resultado final.

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Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación que puedes leer aquí.

Traducción y edición

  • Iair Salem
  • Carlos Gómez
  • Inés Jawetz
  • Michelle Lahan
  • Abraham Maravankin