El futuro del pasado (Vaigash 5780)

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En  nuestra parashá. Iosef hace algo inusual. Al revelarse frente a sus hermanos, plenamente consciente que les producirá conmoción, seguida de un sentimiento de culpa cuando recuerden cómo es que su hermano está en Egipto, reinterpreta el pasado:

¡Yo soy vuestro hermano Iosef, el que habían vendido a Egipto! Y ahora, no estén angustiados ni enojados con vosotros mismos por haberme vendido aquí pues fue para salvar vidas que Dios me envió aquí antes que ustedes. Durante dos años ha habido una hambruna en esta tierra y por los próximos cinco años no habrá arado ni cosecha. Pero Dios me envió antes que ustedes para preservar un remanente de tierra para salvar vuestras vidas por medio de una gran liberación. Por eso, no fueron ustedes los que me enviaron a mí acá, sino Dios. Él me hizo como un padre para el Faraón, señor de toda su casa y gobernante de todo Egipto.

Génesis 45:4-8

Esta versión es totalmente diferente de los eventos que Iosef le relató al jefe de los mayordomos cuando estaba en prisión. “Fui obligado a salir de la tierra de los hebreos, y aun aquí no he hecho nada para merecer estar en una celda” (Génesis 40:15). En esa instancia, era una historia de secuestro e injusticia.

Ahora se ha transformado en una historia de Divina providencia y redención. No fueron ustedes, les dice a los hermanos, fue Dios. Ustedes no se dieron cuenta de que fueron parte de un plan mayor. Y aunque comenzó mal, terminó bien. Así que no se sientan culpables, y no teman por un deseo de venganza de mi parte. No hay tal deseo. Me doy cuenta de que todos hemos sido impulsados por una fuerza más grande que nosotros, más grande de lo que somos capaces de comprender.

Iosef hace lo mismo en la próxima parashá donde los hermanos temen que se vengue después de la muerte de su padre:

No teman. ¿Estoy yo en el lugar de Dios? Ustedes quisieron dañarme pero Dios quiso que fuera para bien, para lograr lo que está ocurriendo ahora, la salvación de muchas vidas.

Génesis 50:19-20

Iosef está ayudando a sus hermanos a revisar su memoria del pasado. Al hacerlo, está desafiando una de nuestras suposiciones más fundamentales acerca del tiempo: su asimetría. Podemos cambiar el futuro. No podemos cambiar el pasado. Pero ¿es eso realmente cierto? Lo que está haciendo Iosef para sus hermanos es lo que evidentemente ha hecho para sí mismo: los eventos han cambiado su entendimiento del pasado, tanto el suya como el de sus hermanos.

Lo cual significa: no podemos comprender lo que nos está pasando ahora hasta poder mirar hacia atrás y ver cómo resultó todo. Es decir que no somos cautivos del pasado. Hay cosas que nos pueden ocurrir, quizá no tan dramáticamente como las que le sucedieron a Iosef pero igualmente buenas, que pueden cambiar por completo nuestra forma de mirar hacia atrás y recordar. Actuando en el futuro podemos redimir el pasado.

Un ejemplo clásico de esto es el discurso de Steve Jobs en 2005 enlauniversidad de Stanford, que ha sidovisto por 40 millones de personas en YouTube. En él, describe tres golpes demoledores que sufrió a lo largo de su vida: el abandono de la universidad, haber sido echado de la compañía que él fundó – Apple, y su diagnóstico de cáncer. Cada uno, dijo, lo llevó a algo importante y positivo.

Al haber abandonado la universidad, Jobs podía asistir al curso que quisiera. Eligió uno de caligrafía, y eso lo inspiró para crear en sus primeras computadoras una selección de tipos de letra espaciados proporcionalmente, con una elegancia que hasta entonces sólo era posible lograr en imprentas profesionales. El haber sido despedido de Apple le permitió crear una nueva compañía, NeXT, que desarrolló sistemas que eventualmente él llevaría nuevamente a Apple, y a adquirir Pixar Animation, el estudio de animación digital más creativo. El diagnóstico de cáncer hizo que tuviera un nuevo enfoque en su vida, haciéndole comprender que  “el tiempo es limitado así que no lo malgastes viviendo la vida de otro.”

La capacidad de Jobs de construir estas historias – lo que él llamó “unir los puntos” – ciertamente tuvo que ver con su capacidad para superar los golpes que sufrió en vida. (1) Pocos podrían haber superado el haber sido expulsado de su propia compañía, y menos aún lograr la transformación de Apple cuando retornó, creando el iPod, iPhone e iPad. Él no creyó en lo inevitable de la tragedia. Aunque no lo expresara en estos términos, sabía que mediante una acción en el futuro es posible redimir el pasado.

El profesor Mordejai Rotenberg de la Universidad Hebrea argumentó que esta técnica, la reinterpretación del pasado, puede utilizarse como herramienta terapéutica en pacientes que sufren un sentimiento de culpa invalidante. (2) Si no podemos cambiar el pasado entonces estará siempre allí como un grillete sujetando nuestras piernas. No podemos cambiar el pasado, pero lo podemos reinterpretar integrándolo a una narrativa nueva y más amplia. Eso es lo que hizo Iosef, utilizando esta técnica para ayudarlo a sobrevivir una vida de tremendos altibajos, y que ahora emplea para ayudar a sus hermanos a superar un sentimiento de culpa devastador.

Encontramos esto en el judaísmo a través de toda su historia. Los Profetas reinterpretaban la narrativa Bíblica de acuerdo a su época. Después vino el Midrash, que la reinterpretó aún más radicalmente, ya que la situación de los judíos había cambiado también radicalmente. Después vinieron los grandes estudiosos de la Biblia, místicos y filósofos. No hubo prácticamente generación en la que los judíos no reinterpretaran los textos a la luz de la experiencia del tiempo presente. Somos un pueblo que cuenta historias y después las repite, cada vez con un énfasis sutilmente diferente, estableciendo la conexión entre el entonces y el ahora, releyendo el pasado a la luz del presente de la mejor manera posible.

Es contando estas historias que logramos que tengan sentido nuestras vidas y la de nuestro pueblo. Y es permitir que el presente modele nuestra comprensión del pasado para que podamos redimir la historia y que viva como fuerza positiva en nuestras vidas.

Un ejemplo de lo anterior lo expuse en el Kinus Shlujim de Jabad, la gran congregación de unos 5000 emisarios de Jabad de todo el mundo. Les conté que en 1976, visité al Lubavitcher Rebe para pedirle consejo sobre qué carrera elegir. Lo hice de la manera habitual, presentando tres opciones, A, B y C, esperando que él eligiera la más adecuada. Las opciones eran  ser abogado, economista o filósofo académico, ya sea como profesor en Cambridge o en algún otro lugar.

El Rebe leyó la lista y dijo que no a las tres. Mi misión, dijo, era enseñar a los rabinos en el Jews’ College (ahora Escuela de Estudios Judíos de Londres) y ser yo mismo rabino de congregación. Así que de un momento a otro, me encontré diciendo adiós a todo lo que había preparado.

Lo raro del caso es que pude cumplir con mis objetivos aun sintiendo que estaba yendo en dirección opuesta. Fui nombrado abogado honorario (Bencher) del Inner Temple y di conferencias sobre la ley ante 600 abogados y el Lord Chief Justice (Ministro de Justicia).  Di las dos conferencias principales sobre temas económicos, la Mais Lecture y la Hayek Lecture del Institute of Economic Affairs (Instituto de Temas Económicos). Fui nombrado miembro de mi facultad, Cambridge, y profesor de filosofía de varias universidades. Me identifiqué con el Iosef bíblico porque muchas veces lo que había soñado se hizo realidad en un momento en que había perdido las esperanzas. Solo retrospectivamente descubrí que el Rebe no me estaba diciendo que dejara esas carreras. Simplemente estaba trazando una ruta diferente y más beneficiosa.

Yo creo que la manera en que escribimos el próximo capítulo de nuestra vida afecta a todos los anteriores. Por la acción en el futuro, podemos redimir muchas de las penas del pasado.

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Fuentes

  1. Sin embargo, retrasó su cirugía para el cáncer, creyendo que podría lograr una cura alternativa. En esto, estaba equivocado.
  2. Mordejai Rotenberg, Re-biographing and Deviance (Rebiografía y desviación), Praeger, 1987.

Traductores

Carlos Betesh