Sabios y Santos (Nasó 5779)

Descarga aquí el ensayo en PDF.

La parashá Nasó contiene la ley del nazirita – el individuo que decidió observar reglas especiales de santidad y abstinencia: no beber vino ni sustancias intoxicantes (inclusive cualquier alimento elaborado con uvas), no cortarse el cabello, y no impurificarse por el contacto con muertos (Números 6:1-21). Ese estado se prolongaba generalmente por tiempo limitado, normalmente, treinta días. Había excepciones, los ejemplos más notorios, los de Sansón y Samuel que dadas las circunstancias milagrosas de sus nacimientos fueron consagrados antes de nacer como naziritas de por vida. (1)

Lo que la Torá sin embargo no aclara es: primero, por qué habría una persona de llevar a cabo esa forma de abstinencia, y segundo, si considera que esta decisión es encomiable, o simplemente aceptable. Por un lado la Torá llama al nazirita “consagrado a Dios” (Números 6:8). Por el otro le requiere, al llegar al final de su voto, que lleve una ofrenda de pecado. (Números 6:13-14)

Esto llevó a una discusión, aún en curso, entre los rabinos en los tiempos mishnaicos, talmúdicos y medievales. Según R. Eleazar y luego Najmánides, el nazirita era digno de elogio. Ha decidido voluntariamente pasar a un nivel más elevado de santidad. El profeta Amós (2:11) dijo: “Yo crié a algunos de sus hijos para ser profetas, y sus hombres jóvenes para naziritas,” sugiriendo que el nazirita, como el profeta, sería una persona cercana a Dios. El motivo de la ofrenda de pecado era que ahora volvía a la vida ordinaria. Su pecado era dejar de ser nazirita.

R. Eliezer HaKappar y Shmuel tenían una visión opuesta. Para ellos el pecado en primer lugar era convertirse en nazirita y por ende, negarse algunos de los placeres del mundo que Dios creó y declaró buenos. R. Eliezer agregó: “De aquí podemos inferir que una persona que se niega el placer del vino es llamado pecador, más aún si se niega a gozar de otros placeres de la vida.” (2)

Claramente, este argumento no es meramente textual. Es sustancial, acerca del ascetismo, la vida de auto-negación. Casi todas las religiones conocen el fenómeno de personas que en busca de un estado de pureza espiritual, se abstienen de los placeres y tentaciones del mundo. Viven en cuevas, retiros, eremitorios, monasterios. La secta de Qumrán que conocemos a través de los rollos del Mar Muerto, puede haber sido de un movimiento de estos.

En la Edad Media hubo judíos que adoptaron conductas similares de auto-negación – entre ellos los Jasidei Ashkenaz, los pietistas del norte de Europa, y así también muchos judíos de tierras islámicas. Retrospectivamente, es difícil no reconocer en esos patrones de conducta al menos alguna influencia del entorno no judío. Los Jasidei Ashkenaz que florecieron en la época de los Cruzados vivieron junto a cristianos auto-mortificantes. Su contrapartida austral puede haber estado en contacto con el sufismo, movimiento místico islámico.

La ambivalencia de los judíos hacia la vida de auto-negación podría deberse a la sospecha de que puede haber ingresado al judaísmo desde el exterior. Había muchos movimientos ascéticos en los primeros siglos de la era común tanto en occidente (Grecia), como en el este (Irán), que vieron al mundo físico como lugar de corrupción y conflicto. Ellos eran en realidad dualistas, y sostenían que el verdadero Dios no era el creador del universo. El mundo físico era el resultado de la labor de una deidad menor, malvada. Por lo tanto Dios – el verdadero Dios – no es hallable en el mundo físico y en sus placeres, sino más bien en el desprendimiento de ellos.

Los dos movimientos más conocidos que sostienen esta postura son los gnósticos en el Occidente y los maniqueos en el Oriente. Por eso, por lo menos alguna de las evaluaciones negativas acerca del nazirita pueden deberse al deseo de alejar a los judíos de la iniciación en prácticas no judías. El judaísmo cree fervientemente que Dios puede ser hallado en medio del mundo físico que Él creó, que es llamado “bueno” siete veces en el primer capítulo de Génesis. Cree que no debe renunciar al placer, sino santificarlo.

Lo que es mucho más desconcertante es la postura de Maimónides, que acepta ambas visiones, la positiva y la negativa, en un mismo libro, su código legal Mishné Torá. En Hiljot Deot adopta la postura negativa de R. Eliezer HaKappar:

Una persona puede decir: “Deseo, honor y demás, son malos caminos para seguir y aparta a la persona del mundo; por eso yo me separo de ellos y me voy al otro extremo.” Como resultado de esto, él no come carne ni toma vino, no toma una esposa, no vive en una casa decente ni viste ropa digna…Esto también está mal, y no está permitido elegir este camino.

Maimónides, Mishné Torá, Hiljot Deot 3:1 (3)

Pero en Hiljot Nezirut dictamina coincidiendo con la evaluación positiva de R. Eleazar: “El que hace un voto a Dios (de ser nazirita) por el camino de la santidad, hace bien y es digno de elogio… Ciertamente, las Escrituras lo consideran equivalente a un profeta.”(4) ¿Cómo puede cualquier escritor adoptar posturas contradictorias en un mismo libro, aún uno tan lógico como Maimónides?

La respuesta está dada mediante una notable introspección de Maimónides en nombre de la vida moral como la entiende el judaísmo. Lo que vio Maimónides es que no hay un solo modelo de vida virtuosa. Él identifica a dos, llamándolos respectivamente el camino del santo (jasid) y el camino del sabio (jajam).

El santo es una persona de extremos. Maimónides define jesed como un comportamiento extremo – bueno, ciertamente, pero con una conducta que excede a lo requerido estrictamente por la justicia. (5) Así, por ejemplo, “Si uno evita al máximo la altanería se vuelve excesivamente humilde, y es llamado santo (jasid)” (6)

El sabio es una clase de persona totalmente diferente. Él o ella sigue el “camino dorado”, el “justo medio,” el camino de la moderación y el equilibrio. Evita los extremos de cobardía por un lado, y temeridad por el otro, adquiriendo de esa forma la virtud del coraje. Evita la avaricia en un sentido y la prodigalidad en el otro, y en vez, elige el camino medio de la generosidad. El sabio conoce los dos peligros: demasiado y escaso, exceso y deficiencia. Toma en cuenta las presiones conflictivas y evita los extremos.

No hay solo dos tipos de personas pero sí dos formas de entender la vida moral en sí. ¿Es la finalidad de la vida moral llegar a la perfección personal? ¿O es la de crear relaciones gratas y una sociedad decente, justa y compasiva? La respuesta intuitiva de la mayoría de las personas sería: ambas. Lo que hace que Maimónides sea un pensador tan agudo es que percibe que no es posible tener ambas – que en realidad, son emprendimientos distintos.

Un santo puede regalar todo su dinero a los pobres. Pero, ¿qué ocurre con los miembros de su propia familia? Puede ser que sufran por su extrema auto-negación. Un santo puede negarse a combatir en una batalla. Pero, ¿qué pasa con el país del santo y su defensa? Un santo puede perdonar todos los crímenes cometidos contra él. Pero, ¿y el acatamiento a la ley y la justicia? Considerados como individuos, los santos son personas sumamente virtuosas. Pero no se puede construir una sociedad solo con santos. Ellos han elegido un camino diferente, solitario, auto-segregado. No conozco ningún filósofo moral que lo plantee con más claridad que Maimónides – más que Platón, Aristóteles, Descartes o Kant. (7)

Fue su profunda introspección la que le llevó a Maimónides a manifestar su aparentemente contradictoria evaluación de los naziritas. El nazirita elige, al menos por un período, asumir una vida de extrema auto-negación. Es un santo, un jasid. Ha elegido un camino de perfeccionamiento personal. Eso es noble, elogiable y ejemplar. Por eso Maimónides lo denomina “digno de elogio” e “igual que un profeta.”

Pero no es el camino del sabio – y se necesitan sabios si se pretende tener una sociedad perfecta. El sabio no es un extremista – porque se da cuenta de que hay otras personas en juego. Hay miembros de la propia familia además de otros dentro de la comunidad. Hay colegas de trabajo. Existe un país a defender y una sociedad que ayudar a construir. El sabio sabe que él o ella no puede dejar de lado todos esos compromisos para asumir una vida de virtud solitaria. (8) De alguna forma extraña, la santidad es una forma de auto-indulgencia. Hemos sido llamados por Dios a vivir en el mundo, no huir de él; en sociedad, no en exclusión; a esforzarnos en crear un equilibrio entre las presiones conflictivas que nos afectan, a no enfocarnos sólo en algunas y negar otras.

Por lo tanto, así como desde una perspectiva personal el nazirita es un santo, desde el punto de vista social es, figurativamente, “un pecador” que debe llevar la ofrenda expiatoria.

Maimónides vivió la vida tal como lo predicó. Sabemos por sus escritos que anhelaba una reclusión. Hubo años en los que trabajó día y noche para escribir sus Comentarios a la Mishná y más adelante, Mishné Torá. Pero también tuvo en cuenta sus responsabilidades para con su familia y su comunidad. En una famosa carta a su potencial traductor Ibn Tibon (9), le relata un día y una semana de trabajo típica – en la que debía soportar la doble carga de médico de fama mundial y sabio y halajista internacionalmente reconocido y requerido. Trabajaba hasta el agotamiento. Hubo períodos en los estaba tan cansado que no podía estudiar de una semana a la otra.

Maimónides era un sabio que aspiraba ser santo, pero sabía que no podía serlo sin asumir sus responsabilidades con su pueblo. Esa fue una decisión profunda y movilizante, con el poder de inspirarnos aún hoy.

Descarga aquí el ensayo en PDF.

Fuentes

  1. Jueces 13:1–7; Samuel I 1:11. El Talmud distingue estos tipos de casos del voto normal por un periodo fijo. El nazirita más famoso de los tiempos modernos fue Rabino David Cohen (1887-1972), discípulo de Rab Kook y padre del Rabino Jefe de Jaifa, Rabino She’ar-Yashuv Cohen (1927-2016).
  2. Taanit 11a; Nedarim 10a.
  3. Maimónides, Mishné Torá, Hiljot Deot 3:1
  4. Maimónides, Mishné Torá, Hiljot Nezirut 10:14.
  5. Maimónides, Guía de los Perplejos, III:52
  6. Maimónides, Mishné Torá, Hiljot Deot 1:5.
  7. Sin embargo, ver el famoso artículo de J. O. Urmson, “Saints and Heroes” (Santos y Hérores), en Essays in Moral Philosophy (Ensayos de Filosofía Moral), ed. A. Melden (Seattle: University of Washington Press, 1958). Ver también P. F. Strawson, “Social Morality and Individual Ideal” (Moral Social y el Ideal Individual), Philosophy 36, no. 136 (Jan. 1961): 1–17.
  8. Hay sabios que creían que en un mundo ideal, tareas como ganarse la vida o criar a sus hijos serían “realizadas por otros” (ver Berajot 35a para la visión de Rabi Shimon bar Yojai, Yevamot 63b para la de Ben Azai). Estas son visiones elitistas que han surgido en el judaísmo de tiempo en tiempo pero que son criticadas por el Talmud.
  9. Ver Rabi Itjak Sheilat, Letters of Maimonides (Cartas de Maimónides) [hebreo] (Jerusalem: Miskal, 1987–88), 2:530–554.

Traductores

Carlos Betesh