¿Me ama mi padre? (Vaigash 5779)

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Es una de las grandes preguntas que nos hacemos cada vez que leemos la historia de Iosef. ¿Por qué Iosef, en algún momento de sus veintidós años de separación, no le mandó un mensaje a su padre diciendo que estaba vivo? Durante un tiempo – cuando era esclavo en la casa de Potifar, o cuando estaba preso, no hubiera sido posible. Pero, con certeza lo podría haber hecho cuando se convirtió en la segunda persona más poderosa de Egipto. Como mínimo, lo podría haber hecho cuando sus hermanos estuvieron frente a él en el primer viaje que hicieron con el fin de comprar alimentos.

Iosef sabía cuánto lo amaba su padre. Debía saber cuánto lo apenaba la separación. No sabía, no tenía cómo saber, lo que Yaakov pensaba que le había ocurrido a él, pero seguramente sabía que era su deber comunicarse con él cuando surgiera la ocasión, decirle a su padre que estaba vivo y que estaba bien. Entonces, ¿Por qué no lo hizo? La siguiente explicación (1) es una posibilidad tentadora.
La historia del descenso de Iosef a la esclavitud y al exilio comenzó cuando su padre lo envió, solo, a ver cómo se desempeñaban sus hermanos.

Sus hermanos habían ido a pastorear el ganado de su padre cerca de Shejem, e Israel le dijo a Iosef, “Como sabes, tus hermanos están pastoreando el ganado cerca de Shejem. Ven, voy a enviarte a ellos.”
“Muy bien,” contestó.
Entonces le dijo a Iosef: “Anda y ve si todo está bien con tus hermanos y el ganado, y tráeme tu relato a mí.” Luego, lo despidió desde el valle de Hebron.

Génesis 37:12-14

¿Qué es lo que nos dice la narrativa justo antes de este episodio? Nos cuenta sobre el segundo de los sueños de Iosef. En el primero, soñó que él y sus hermanos estaban en el campo atando gavillas. Él permanecía erguido, mientras las espigas de sus hermanos se inclinaban ante él. Naturalmente, cuando les contó su sueño, los hermanos se enojaron mucho con él. “¿Tú intentas reinar sobre nosotros? ¿Es que gobernarás sobre nosotros?” No hay ninguna referencia a Yaakov en este primer sueño.
El segundo sueño era diferente:

Luego tuvo otro sueño y se lo contó a sus hermanos: “Escuchen,” dijo, “Tuve otro sueño, y esta vez el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.”
Cuando se lo dijo al padre además de sus hermanos, su padre lo retó y dijo: “¿Qué es este sueño que has tenido? ¿Tu madre, tus hermanos y yo nos inclinaremos hasta el suelo ante ti?” Sus hermanos estaban celosos de él, pero su padre retuvo el tema en la mente.

Génesis 37:9-11

Inmediatamente después, leemos que Yaakov envía a Iosef, solo, a sus hermanos. Fue allí, en ese encuentro lejos del hogar, que planearon matarlo, tirarlo a un pozo y eventualmente venderlo como esclavo.

Iosef tuvo muchos años para reflexionar sobre ese episodio. Que sus hermanos eran hostiles hacia él, lo sabía. Y seguramente también lo sabía Yaakov. En cuyo caso, ¿Por qué mandó a Iosef? ¿No contempló Yaakov la posibilidad de que podrían hacerle daño? ¿No conocía los peligros de la rivalidad entre hermanos? ¿No contempló, como mínimo, la posibilidad de qué al mandar a Iosef a sus hermanos podría estar arriesgando su vida?

Nadie conocía esto mejor que él por experiencia propia. Recordemos que el mismo Yaakov estuvo obligado a abandonar el hogar porque su hermano Esav amenazó con matarlo cuando descubrió que Yaakov había tomado su bendición. Recordemos también que cuando Yaakov estaba por encontrarse nuevamente con Esav, después de un intervalo de veintidós años, “sentía gran temor y angustia,” creyendo que su hermano lo quería matar. Ese temor le causó una de las grandes crisis de su vida. Así que Yaakov conocía, más que cualquier otro en el Génesis, que el odio puede llevar a la muerte, y que la rivalidad entre hermanos trae consigo el riesgo de fratricidio.

Sin embargo, Yaakov envió a Iosef a sus otros hijos sabiendo que estaban celosos de él y que lo odiaban. Presumimos que Iosef conocía estos hechos. ¿Qué otra cosa podía concluir, al reflexionar sobre estos episodios que condujeron a su venta como esclavo, sino que Yaakov lo colocó deliberadamente en una situación de peligro? ¿Por qué? Por el evento inmediatamente anterior, cuando Iosef le dijo al padre que el sol y la luna – su padre y su madre – se inclinarían ante él.

Esto le provocó enojo a Yaakov, y él lo sabía. Su padre lo “retó”. Era disparatado sugerir que los padres se postrarían ante él. Estaba mal imaginarlo, y aún más, decirlo. Además, ¿Quién era la “luna”? La madre de Iosef, Rajel, el gran amor de la vida de Yaakov, había muerto. Presumiblemente entonces, se refería a Lea. Pero la mera mención de “el sol, la luna y once estrellas” le debe haber vuelto a causar a Yaakov el dolor por la muerte de Rajel. Iosef sabía que había provocado la ira de Yaakov. ¿Qué otra conclusión había sino que Yaakov había puesto su vida en riesgo en forma deliberada?

Iosef no se comunicó con su padre porque creyó que él no quería verlo ni oír hablar de él. Su padre había concluido la relación. Era una inferencia razonable con los datos que tenía Iosef. No podía saber que Yaakov aún lo amaba, que sus hermanos habían engañado a su padre mostrándole el manto ensangrentado y que su padre había hecho el duelo por él “rehusando ser consolado.” Conocemos estos hechos porque nos lo dice la Torá. Pero Iosef, lejos, en otra tierra, siendo esclavo, no podía saberlo. Esto coloca la historia en una luz completamente nueva y trágica.
¿Hay alguna evidencia que respalde esta interpretación? La hay. Iosef debía saber que su padre era capaz de enojarse con sus hijos. Lo había visto dos veces antes.
La primera fue cuando Shimón y Leví mataron a los habitantes de Shejem luego de que su príncipe había raptado y violado a su hermana Dina. Yaakov les reprendió amargamente diciendo:

Ustedes me han traído problemas transformándome en pestilencia ante los canaanitas y perizitas, los pueblos que habitan esta tierra. Nosotros somos pocos en número y si unen sus fuerzas contra mí y me atacan, tanto yo como mi gente seremos destruidos.

Génesis 34:30

La segunda tuvo lugar después de la muerte de Rajel. “Mientras Israel vivía en esa región, Rubén entró y se acostó con la concubina de su padre, Bilah – e Israel se enteró” (Gen.35:22) En realidad, según los sabios, Rubén solo movió la cama de su padre (2) pero, Yaakov creyó que se había acostado con su sirvienta, un acto de usurpación.

Como consecuencia de estos dos episodios, Yaakov virtualmente cortó todo contacto con sus tres hijos mayores. Aún estaba enojado con ellos al final de su vida, maldiciéndolos en lugar de bendecirlos. De Rubén, dijo:
Inestable como el agua, ya no te destacarás, ya que subiste a la cama de tu padre, a mi lecho, y lo profanaste. (Gen. 49:4)

De su segundo y tercer hijo, dijo:

Shimón y Leví son hermanos –
sus espadas son armas de violencia.
Que yo no entre en su consejo, que no me una a su asamblea,
pues han asesinado por su ira y mutilado a bueyes por gusto.
Maldita sea su ira, tan feroz,
y su furia, ¡tan cruel!
Los desparramaré en Yaakov
y dispersaré en Israel.

Génesis 49:5-7

Por lo tanto, Iosef sabía que Yaakov era capaz de enojarse con sus hijos y de cortar la relación con ellos (por lo cual, en ausencia de Iosef, Iehudá se transformó en figura principal. Era el cuarto hijo de Yaakov quien ya no les tenía confianza a los tres mayores).

También existe evidencia de otro tipo. Cuando Iosef fue proclamado segundo comandante en Egipto, asignado el nombre de Tzafenat Pa’neah y casado con una mujer egipcia, Asenat, tuvo su primer hijo. Ahí leemos:
Iosef nombró a su primer hijo Menashe, diciendo “Es porque Dios me hizo olvidar todos mis problemas y toda la casa de mi padre.” (Gen. 41: 51)

En la mente de Iosef era preponderante el deseo de olvidar el pasado, no solo la conducta de sus hermanos hacia él sino “toda la casa de mi padre.” ¿Por qué sería entonces, si no porque asoció “todos mis problemas” no solo con sus hermanos sino también con su padre, Yaakov? Iosef creyó que su padre lo había puesto deliberadamente a merced de sus hermanos porque, enojado por su segundo sueño, ya no quería tener contacto con el hijo que alguna vez amó. Fue por eso que Iosef nunca le mandó el mensaje a Yaakov comunicándole que aún estaba vivo.

Si esto es así, arroja una nueva luz sobre la escena inicial de Vaigash. ¿Qué fue lo que hizo que Iosef estallara en llanto ante el discurso de Iehudá y qué hizo que finalmente revelara su identidad ante sus hermanos? Una primera respuesta es que Iehudá, al ofrecerse como esclavo para permitir la liberación de Biniamín, mostró que había hecho teshuvá; que se había arrepentido, que ya no era la misma persona que alguna vez vendió a Iosef a la esclavitud. Ese, como he argumentado anteriormente, es el tema central de toda la narrativa. Esta es una historia de arrepentimiento y perdón.

Pero ahora podemos ofrecer una segunda interpretación. Iehudá expresa palabras que, por primera vez, le permiten a Iosef comprender lo que había pasado veintidós años antes. Iehudá está relatando lo que ocurrió después de que los hermanos retornaron de su primer viaje para comprar alimentos en Egipto:
Entonces nuestro padre dijo: “Vayan nuevamente y compren un poco más de comida.” Pero nosotros dijimos, “No podemos bajar. Solo iremos si nuestro hermano menor nos acompaña. No podemos enfrentar al hombre si nuestro hermano menor no está con nosotros.”

Vuestro servidor, nuestro padre nos dijo, “Ustedes saben que mi esposa me dio dos hijos. Uno de ellos se fue de mi lado y yo dije, ‘seguramente ha sido despedazado.’ Y no lo he visto desde entonces. Si se llevan a éste también y le ocurre algún daño, harán descender en miseria a mi cabellera gris hasta la tumba.” (Gen. 44: 27-31)
En ese momento Iosef se dio cuenta de que su temor de haber sido rechazado por su padre era injustificado. Al contrario, él estaba dolido por el no retorno de Iosef. Creyó que había sido “despedazado,” descuartizado por una bestia salvaje. Su padre aún lo amaba, todavía estaba de duelo por él. Con estos antecedentes, podemos comprender mejor la reacción de Iosef en este episodio:

Entonces Iosef ya no se pudo contener ante todos sus ayudantes, y exclamó “¡Que todos salgan de mi presencia!” Por lo tanto no había nadie con Iosef cuando se reveló ante sus hermanos. Y lloró tan intensamente que los egipcios lo oyeron, así como los sirvientes del Faraón. “¡Yo soy Iosef! ¿Vive aún mi padre?”

Génesis 45:1-3

El primer pensamiento de Iosef no es acerca de Iehudá o de Biniamín, sino que es acerca de Yaakov. Una duda que había albergado durante veintidós años resultó ser injustificada. De ahí, su primera pregunta: “¿Seguirá con vida mi padre?”
¿Es esta la única interpretación posible? Claramente, no. Pero, es una posibilidad. En cuyo caso podemos colocar la narrativa de Iosef en otros dos contextos temáticos distintos que juegan un papel preponderante en todo el Génesis.

El primero es un trágico malentendido. Pensamos aquí en por lo menos otros dos episodios. El primero tiene que ver con Ytzjak y Rebeca. Ytzjak, recordemos, amaba a Esav. Rebeca, a Yaakov. Una explicación ofrecida por Abarbanel, (3) es que Rebeca había sido informada “por Dios” antes del nacimiento de los mellizos, que “el mayor servirá al menor.” De ahí el especial vínculo con Yaakov, el menor, y su determinación de que él, y no Esav, recibiera la bendición de Ytzjak.

La otra trata de Yaakov con Rajel. Rajel había robado los terafim de su padre, “íconos” o “dioses domésticos,” cuando dejaron a Laban y partieron hacia la tierra de Canaán. Ella no le dijo a Yaakov lo que había hecho. El texto dice explícitamente, “Yaakov no sabía que Rajel había robado los dioses.” (Gen.31: 32) Cuando Laban los persiguió y alcanzó, acusó al grupo de Yaakov de haberlos robado. Yaakov, indignado, lo negó y dijo: “Si encuentras a alguno que tenga tus dioses, no vivirá.” Varios capítulos más adelante leemos que Rajel murió prematuramente en el camino. La posibilidad insinuada en el texto y articulada por un midrash y por Rashi (4) es que Yaakov, sin querer, la condenó a muerte. En ambos casos, el malentendido surge de un error de comunicación. Si Rebeca le hubiera contado a Ytzjak lo del oráculo y Rajel a Yaakov lo de los terafim, se habría podido evitar la tragedia´. El judaísmo es una religión de palabras sagradas, y como tal, uno de los temas del Génesis es el poder del lenguaje para crear, engañar, dañar o cicatrizar. Desde Caín y Abel hasta Iosef y sus hermanos (“Lo odiaban y no podían hablarle pacíficamente”) se nos muestra cómo, cuando fallan las palabras, comienza la violencia.

El otro tema, aún más punzante, tiene que ver con padres e hijos. ¿Cómo se sintió Ytzjak frente a Abraham, sabiendo que éste había alzado un cuchillo para sacrificarlo? ¿Cómo se sintió Yaakov con Ytzjak, sabiendo que lo amaba más a Esav que a él? ¿Cómo se sintieron los hijos de Lea con Yaakov, sabiendo que amaba más a Rajel y a sus hijos que a ellos? ¿Me ama realmente mi padre? – esa es la pregunta que creemos que debe haber surgido en esos casos. Ahora vemos que hay una fuerte sospecha en suponer que Iosef también debe haberse hecho la misma pregunta.

“Aunque me engañen mi padre y mi madre, el Señor me recibirá” dice el Salmo 27. Esa es una frase que resuena en todo el Génesis. Nadie superó a Sigmund Freud en colocar este tema en el centro de la psicología humana. Para Freud, el complejo de Edipo – la tensión entre padres e hijos – es el determinante singular más poderoso de la psicología del individuo, y de la religión en su totalidad.

Freud, sin embargo, tomó como texto clave un mito griego y no las narrativas del Génesis. Si hubiera tomado la Torá, habría visto que esta relación tensa puede tener una resolución no trágica. Abraham amaba a Ytzjak. Ytzjak bendijo a Yaakov por segunda vez, esta vez sabiendo que era Yaakov. Yaakov amaba a Iosef. Y trascendiendo todos estos amores humanos está el amor Divino, que nos rescata del sentimiento de rechazo, y redime a la condición humana de la tragedia.

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Fuentes

  1. Estoy en deuda por toda esta línea de pensamiento, con el Sr. Joshua Rowe de Manchester.
  2. Rashi a Bereshit 35: 22 ; Shabbat 55b
  3. Abravanel a Bereshit 25: 28. Ytzjak amaba a Esav, argumenta Abraham porque era el primogénito. Ytzjak creyó, por lo tanto, que heredaría la bendición divina y el pacto. De su oráculo, Rebeca sabía que no era así. En esta lectura, el drama se desarrolló por la comunicación fallida entre marido y mujer.
  4. Rashi a Bereshit 31: 32; Bereshit Raba y Zohar ad loc.

Traductores

  • Carlos Betesh

Editores

  • Myriam Rozengurt