El coraje de la persistencia (Toldot 5779)

El coraje de la persistencia (Toldot 5779)

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Existe un pasaje extraño en la vida de Ytzjak, un presagio ominoso de lo que ocurriría en la historia del judaísmo. Igual que Abraham, Ytzjak se ve forzado a trasladarse a Gerar, territorio de los filisteos, debido a la hambruna. Allí, al igual que Abraham, percibe que su vida puede peligrar porque está casado con una mujer hermosa. Ytzjak teme ser asesinado para que luego Rivka sea raptada y destinada al harén del rey Avimelej. La pareja simula que son hermanos, pero son descubiertos y Avimelej queda indignado por el engaño. Se dan explicaciones y el momento pasa. Génesis 26 es casi una réplica de Génesis 20, una generación posterior.
En ambos casos Avimelej promete seguridad a los patriarcas: a Abraham le dijo “Mi tierra está frente a ti; habita donde desees.”(20:15). Con respecto a Ytzjak, indica: “Cualquiera que moleste a este hombre o a su mujer será ejecutado.” (26: 11) Pero, en ambos casos, los problemas se sucedieron después. En Génesis 21 leemos acerca de una discusión generada por un pozo de agua que había cavado Abraham: “Entonces Abraham se quejó ante Avimelej por un pozo de agua del que los sirvientes de Avimelej se habían apropiado.” (21: 25). Los dos hombres sellan un pacto. Sin embargo, como descubriremos, éste no fue suficiente para prevenir más dificultades en el tiempo de Ytzjak.

Ytzjak sembró cultivos en esa tierra y durante ese mismo año la cosecha se multiplicó por cien, porque el Señor lo bendijo. El hombre se volvió rico y su riqueza siguió creciendo hasta ser muy adinerado. Tenía tanto ganado, rebaños y sirvientes que los filisteos lo envidiaron, y todos los pozos de agua que había hecho su padre Abraham fueron tapados por los filisteos.
Entonces Avimelej le dijo a Ytzjak: “Vete de aquí, pues te has transformado en un ser demasiado poderoso para nosotros.”
Por lo tanto, Ytzjak partió de allí y acampó en el valle de Gerar y se afincó en ese lugar. Ytzjak reabrió los pozos que habían sido cavados en la época de su padre Abraham y que los filisteos habían tapado cuando éste murió, y los designó con los mismos nombres que su padre.
Los sirvientes de Ytzjak cavaron en el valle y descubrieron ahí un pozo de agua fresca. Pero los pastores de Gerar riñeron con los de Ytzjak diciendo “¡El agua es nuestra!”, por lo que llamó a ese pozo Esek, porque ellos disputaron con él. Luego, cavaron otro pozo y pelearon también por él; por ello lo llamó Sitnah. Se fue de allí y cavó aún otro pozo, y nadie peleó por él… Lo llamó Rejovot, diciendo, ahora el Señor nos ha dado espacio y floreceremos en la tierra.” (26:12-22).

Hay tres aspectos de este pasaje que merecen especial atención. El primero es el presagio de lo que luego será el punto de inflexión del destino de los israelitas en Egipto. Avimelej dice: “Te has vuelto demasiado poderoso para nosotros.” Siglos más tarde, el Faraón dice, al comienzo del libro de Éxodo, “Mira, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y de mayor poder que nosotros. Vamos, actuemos sabiamente con ellos, no vaya a ser que se multipliquen y en caso de guerra, hagan alianza con nuestros enemigos, así que sáquenlos de la tierra (1: 9-10).” La misma palabra atzum, “poder, poderoso”, aparece en ambos casos. Nuestro pasaje señala el nacimiento de uno de los más mortíferos fenómenos humanos: el antisemitismo.
El antisemitismo es en algunos aspectos único. Es, según la frase de Robert Wistrich, el odio más extenso del mundo. (1) Ningún otro prejuicio ha durado tanto, mutado en forma tan persistente, atraído mitos tan demoníacos ni tenido efectos tan devastadores. Pero en otros aspectos no es único y debemos tratar de comprenderlo lo mejor posible.
Uno de los mejores libros sobre antisemitismo en realidad no trata en absoluto sobre él, sino sobre otros fenómenos similares en contextos distintos: se trata de World on Fire (El mundo en llamas) de Amy Chua. (2) Su tesis es que cualquier minoría conspicuamente exitosa provocará envidia, que puede degenerar en odio y eventualmente en violencia. Las tres condiciones mencionadas son esenciales. El grupo odiado debe ser conspicuo, caso contrario no será percibido. Debe ser exitoso, caso contrario no generará envidia. Y debe ser minoría, de lo contrario no sería atacado.
Los tres factores estaban presentes en el caso de Ytzjak. Era conspicuo: no era filisteo, era distinto a la población local, un foráneo, un extranjero, una persona de fe diferente. Era exitoso: sus cultivos se multiplicaron por cien, su ganado y su rebaño eran cuantiosos y la gente lo envidiaba. Y, pertenecía a una minoría: era una sola familia en medio de la población local. Todos los ingredientes estaban presentes para que pudiera provocar odio y hostilidad.
Y hay más, otra profunda introspección en las condiciones que dan lugar al antisemitismo fue descrita por Hannah Arendt en su libro Los orígenes del totalitarismo (Dicha sección ha sido publicada en forma separada como Anti-semitismo). (3) La hostilidad hacia los judíos se torna peligrosa, argumenta, no cuando los judíos son fuertes sino cuando no lo son.
Esto es profundamente paradójico porque, digámoslo, lo opuesto es cierto. Un mismo hilo conductor liga la reacción de los filisteos con Ytzjak, y del Faraón con los israelitas, con el mito pergeñado al final del siglo XIX conocido como Los protocolos de los sabios de Zion. (4) Dice que los judíos son poderosos, demasiado poderosos. Controlan todos los recursos. Son una amenaza. Deben ser eliminados.
Sin embargo, dice Arendt, el antisemitismo solo se volvió peligroso en el momento en que los judíos perdieron el poder que alguna vez tuvieron.
Cuando Hitler llegó al poder, los bancos ya casi estaban Judenrein (y era aquí donde los judíos detentaron posiciones clave durante más de cien años) y los judíos alemanes en su totalidad, después de un largo y sostenido crecimiento en status social y en número, entraron en una declinación tan pronunciada que los estudiosos predijeron su desaparición en pocas décadas (5).
Lo mismo ocurrió en Francia.
El caso Dreyfus explotó, no bajo el Segundo Imperio -cuando la comunidad judía estaba en su apogeo de prosperidad e influencia-, sino en la Tercera República cuando habían prácticamente desaparecido de las posiciones importantes. (6)
El antisemitismo es un fenómeno complejo, cambiante, porque los antisemitas deben juntar dos creencias que parecieran contradecirse: los judíos son tan poderosos que deben ser temidos y al mismo tiempo lo suficientemente débiles como para ser atacados sin temor.
Parecería que nadie puede ser tan irracional como para creer ambas cosas simultáneamente. Pero las emociones no son racionales, y a pesar del hecho de que son frecuentemente racionalizadas, hay un mar de diferencia entre racionalidad y racionalización (la intención de dar justificación racional a creencias irracionales).
Por ejemplo, en el siglo XXI podemos ver que a) los medios occidentales son universalmente hostiles hacia Israel, y por otra parte b) personas consideradas inteligentes afirman que los medios son controlados por judíos que sostienen a Israel: la misma contradicción interna de falta de poder y poder atribuido.
Arendt sintetizó su tesis en una sola y reveladora frase que vincula su análisis con el de Amy Chua: lo que da nacimiento al antisemitismo, dice, es el fenómeno de “riqueza sin poder.” Esa fue precisamente la situación de Ytzjak con los filisteos.
Hay un segundo aspecto de nuestro pasaje que ha tenido repercusiones a través de los siglos: la naturaleza autodestructiva del odio. Los filisteos no le pidieron a Ytzjak que compartiera el agua con ellos. No le pidieron que les enseñe cómo él (y su padre antes que él) hizo para descubrir las fuentes de agua que ellos – residentes del lugar – no pudieron encontrar. Tampoco le pidieron que se fuera de ahí. “Obturaron” los pozos “llenándolos de tierra.” Esto los dañó más a ellos que a Ytzjak. Los dejó sin un recurso que en cualquier caso hubiera terminado siendo de ellos una vez acabada la hambruna y vuelto Ytzjak a su casa.
Más que destruir al odiado, el odio destruye al que odia. También en este caso, el episodio de Ytzjak y los filisteos fue un presagio de lo que eventualmente ocurriría a los israelitas en Egipto. En el tiempo de la plaga de las langostas, leemos:
Los funcionarios del Faraón le dijeron: “¿Hasta cuándo será este hombre una trampa para nosotros? Deja ir a su pueblo así pueden adorar al Señor su Dios. ¿No te das cuenta de que Egipto está en ruinas? (Ex.10: 7)
En realidad, le dijeron al Faraón: piensas que estás dañando a los israelitas. De hecho, nos estás dañando a nosotros.
Tanto el amor como el odio, dijo el Rabi Shimon bar Yohai, “alteran el orden natural” (mekalkelet et hashurah). (7) Son irracionales. Nos hacen hacer cosas que en otras circunstancias no haríamos. En el Medio Oriente de hoy, tan frecuentemente como otrora, los que están dedicados a destruir al enemigo terminan causando un gran perjuicio a sus propios intereses, a su propio pueblo.
Tercero, la respuesta de Ytzjak sigue siendo hoy en día la correcta. Derrotado una vez, intenta nuevamente. Cava un nuevo pozo que genera una nueva oposición. Se traslada y prueba otra vez, encontrando eventualmente la paz.
Qué adecuado es que en la ciudad que lleva el nombre que Ytzjak asignó a este último pozo esté la sede del Instituto de Ciencias Weizmann, la Facultad de Agricultura de la Universidad Hebrea y el Hospital Kaplan, afiliado a la Escuela de Medicina de la Universidad Hebrea. Israel Belkind, uno de los fundadores del asentamiento en 1890, lo llamó precisamente Rejovot debido al versículo de nuestra parashá: “Lo llamó Rejovot, diciendo, ahora el Señor nos ha dado espacio y floreceremos en la tierra.”
Ytzjak es el menos original de los patriarcas. Su vida carece del drama de Abraham o de las luchas de Yaakov. Vemos en este pasaje que Ytzjak no se esforzó por intentar ser original. El texto es inusualmente enfático en ese punto: Ytzjak “reabrió los pozos que habían sido cavados en la época de Abraham, y que los filisteos taparon luego de su muerte, y les dio los mismos nombres que les había asignado su padre.” Generalmente, nos esforzamos en individualizarnos para diferenciarnos de nuestros padres. Hacemos las cosas en forma distinta, y aun si no lo logramos, las llamamos de otra forma. Ytzjak no era así. Estaba feliz de ser un eslabón en la cadena de las generaciones, fiel a lo que su padre había iniciado. Ytzjak representa la fe de la persistencia, el coraje de la continuidad. Fue el primer niño judío y representa el mayor desafío de un niño judío: continuar el camino iniciado por sus antecesores, no desviarse de él, y de este modo, evitar concluir la travesía antes de llegar a destino. E Ytzjak, debido a esa fe, pudo lograr el más esquivo de los objetivos, principalmente la paz – porque nunca se dio por vencido. Cuando falló en un intento, comenzó nuevamente. Y resulta así con todos los grandes logros: una dosis de originalidad, nueve de persistencia.
Encuentro movilizador que Ytzjak, que pasó por tantas pruebas, desde la akedá cuando era joven a la rivalidad de sus hijos cuando era anciano y ciego, lleve el nombre que significa “Y reirá.” Quizás porque el nombre – dado por Dios mismo antes de su nacimiento – significa lo que dice el Salmo cuando menciona “Los que siembran con lágrimas cosecharán con alegría” (126: 5). La fe implica el coraje para persistir a través de todas las dificultades, de toda aflicción, nunca dándose por vencido, jamás aceptando la derrota. Porque al final, a pesar de la oposición, de la envidia y del odio, están los espacios abiertos, Rejovot, y la risa, Ytzjak: la serenidad de la destinación habiendo superado las tormentas del camino.

SacksSignature

  1. Robert Wistrich, Anti-Semitism: The Longest Hatred (New York: Schocken, 1991).
  2. Amy Chua, World on Fire: How Exporting Free Market Democracy Breeds Ethnic Hatred and Global Instability (New York: Anchor Books, 2004).
  3. Hannah Arendt, Anti-Semitism (part one of The Origins of Totalitarianism), (Harcourt Brace and Company, 1979).
  4. The Protocols of the Elders of Zion era apócrifo, producido por un periodista ruso al final del siglo XIX planteando una conspiración judía para lograr el dominio mundial. El trabajo clásico sobre el tema es Norman Cohn, Warrant for Genocide: The Myth of the Jewish World-Conspiracy and the Protocols of the Elders of Zion (London, Vallentine Mitchell, 2005)
  5. Ibid., 4.
  6. Ibid., 4–5.
  7. Bereishit Rabbah 55:8.

Traductores

  • Carlos Betesh

Editores

  • Myriam Rozengurt

 

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