Rabino Sacks Behar 5778 – Somos lo que no poseemos

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

Somos lo que no poseemos 

Behar 5778

Rabino Sacks Behar 5778 [PDF]

Maurice y Vivienne Wohl, ya fallecidos, fueron alguna de las personas más notables que he conocido, y un ejemplo de contrastes: Maurice era callado, introspectivo, reflexivo y reservado. Vivienne en cambio, era bulliciosa y vivaz, verdaderamente popular. Se complementaban perfectamente, eran dos mitades de un todo.

Lo que resultaba muy especial en primera instancia, es que fueron aportantes a escala monumental. En Israel, por ejemplo, donaron un jardín de rosas de casi 7 hectáreas próximo a la Knesset, además del impactante Centro Cultural de la Universidad de Bar Ilan, concepción del arquitecto Daniel Libeskind. Donaron centros médicos en Tel Aviv y Jerusalem, además de los de King’s College y University College en Londres. Sostuvieron escuelas judías en Gran Bretaña y yeshivot en Israel –  apenas una muestra de su acción filantrópica.

Lo especialmente impactante fue como se conocieron como pareja, ya que Vivienne era treinta años menor que Maurice. Cuando se encontraron, Maurice había pasado los cuarenta, un hombre de negocios muy dedicado a lo suyo que parecía tener destino de soltero. Vivienne, qué aún no había cumplido veinte años, era la hija de unos amigos de Maurice, que la habían propuesto para un empleo durante las vacaciones.

Un día Maurice la invitó a almorzar, y en el camino al restaurante había un mendigo. Maurice le dio una moneda, y siguió caminando. Vivienne se detuvo y le pidió si podría adelantarle una suma grande — parte de su sueldo semanal. Maurice le dió el dinero. Ella se volvió hacia el mendigo y le dio todo lo que había recibido. “Por qué hiciste eso?” le preguntó Maurice. “Porque lo que le diste no era suficiente para un cambio en su vida. Necesitaba algo más.”

Cuando terminó la semana Maurice le dijo: “No voy a pagarte todo tu sueldo esta semana, porque diste parte de la plata para una mitzvá y no quiero robarte la mitzvá”. Ahí mismo decidió casarse con ella, porque según dijo poco antes de morir, “Su corazón era más grande que el mío.”

Cuento esta historia porque ilustra una dimensión de la parashá Behar que frecuentemente pasamos por alto. Levítico 25 plantea un problema que es tan agudo en nuestros días como hace 33 siglos. Trata de las inevitables desigualdades que surgen en la economía de mercado, que es buena para la creación de riqueza pero mala para su distribución. Independientemente del punto de partida que elijamos, las desigualdades que aparecen entre los más y los menos exitosos se van incrementando con el transcurso del tiempo. (1)

La desigualdad económica conduce a la desigualdad de poder, y el resultado habitual es un abuso de poder de los más fuertes en detrimento de los más débiles. Este fue un reclamo constante de los profetas. Amós habla de los que “venden a los inocentes por plata, y a los necesitados por un par de zapatos; que pisotean las cabezas de los pobres como el polvo de la tierra, y que niegan la justicia a los oprimidos (Amós 2: 6-7). Isaías exclama: “Ay de los que dictan leyes injustas y decretos opresivos!..toman como botín a las viudas y roban a los huérfanos” (Is. 10: 1-2). Micah vitupera a las personas que “codician los campos y los usurpan, las casas, y las ocupan; oprimen al dueño y a la casa, a las personas y a su herencia” (Micah 2: 1-2).

Es un problema que aparece casi en cada época y cada sociedad. Lo que hace distintiva a la Torá es que niega una respuesta unidimensional a lo que es un problema auténticamente complejo. La igualdad es un valor, pero también lo es la libertad. El comunismo y el socialismo han intentado resolver el problema y fracasado; pero la economía de mercado también genera descontento. Un principio que se puede inferir del Tanaj es que el mercado se hizo para servir a los seres humanos; los seres humanos no fueron hechos para servir al mercado. La pregunta fundamental es entonces: qué es lo que sirve a la humanidad bajo la soberanía de Dios?

Una lectura minuciosa de Behar revela que el enfoque de la Torá en esta cuestión opera en tres niveles diferentes. Uno es el político, otro el psicológico, y el tercero es el teológico.

El primero es simple. Behar propone dos ciclos de redistribución: Shemitá y Yovel, al séptimo y al quincuagésimo año. La intención es la de restablecer la igualdad de condiciones a través de una combinación de cancelación de deuda, liberación de esclavos y restitución de la tierra ancestral a los dueños originales. Es una forma de enfrentar las desigualdades acumuladas sin la intervención constante de la economía. Esa es la dimensión política.

La dimensión psicológica es lo que los revolucionarios franceses llamaron fraternidad. En Behar se menciona la palabra “hermano” diez veces. “ No hagas el mal a tu hermano.” “Si tu hermano empobrece…””El que rescata vendrá y redimirá lo que su hermano vendió.” Esta es una clara lógica evolutiva. Sabemos por el trabajo de W.D.Hamilton y otros sobre la selección de parentesco que el motor más básico del altruísmo es la familia. Hacemos sacrificios más fácilmente por las personas con las que tenemos una relación más cercana, motivo por el cual desde el comienzo de la historia judía hasta la actualidad los judíos se han considerado a sí mismos como una única familia, descendientes de Abraham, Itzjak, Yaakov, Sara, Rebeca, Rajel y Lea. Una cosa es legislar el altruísmo a través de instituciones como lo del séptimo y quincuagésimo año. Otra, es encuadrar a la sociedad de tal manera que la gente se sienta ligada por un vínculo inquebrantable de responsabilidad compartida. De ahí la narrativa de Génesis, enfocada sustancialmente en el pueblo de Israel no como nación sino como familia. La ley y la narrativa van de la mano. Debido a que la totalidad del pueblo judío es una única y vasta familia extendida, debemos entonces colaborar cuando uno de nuestros hermanos o hermanas cae en la indigencia. Esta es la identidad étnica al servicio de la moralidad.

Finalmente, pero más a un nivel más profundo, tenemos la dimensión teológica. Porque es aquí, en Levítico 25, que con una lucidez sin par oímos lo que considero el principio particularmente fundamental de la ley bíblica. Escuchen atentamente estos dos pasajes, el primero sobre la tierra y el segundo sobre los esclavos hebreos:

La tierra no será vendida a perpetuidad, pues la tierra es Mía; ustedes son extranjeros y residentes temporarios conmigo. (v.23)

Si tu hermano se empobrece y se vende a ti, no lo harás trabajar como esclavo…Pues ellos son Mis servidores a quienes saqué de la tierra de Egipto; no serán vendidos como esclavos. No gobernarás a ellos despiadadamente sino que temerás a tu Dios. (vs 39-40)

La Torá plantea un tema radical. No existe tal cosa como la posesión absoluta. No habrá libertad de venta en la tierra de Israel porque la tierra pertenece en última instancia a Dios. Tampoco un israelita puede poseer a otro israelita ya que todos pertenecemos a Dios, y ha sido así desde que Él sacó a nuestros antepasados de la esclavitud de Egipto.

Este solo principio hace que tenga sentido la narrativa de la Torá de la creación del universo. La Torá no es un texto científico. Es un texto legal. Ese es el significado de la palabra “Torá”. El capítulo inicial de la Torá no es una descripción científica sino legal. No contesta la pregunta “cómo se formó el universo” sino una pregunta completamente diferente: “Con qué derecho ordena Dios a los seres humanos?” La respuesta es simple: porque Él creó el universo. Por lo tanto, es el dueño del universo, y está autorizado a poner las condiciones en las cuales nos permite habitarlo. Esta es la base de la ley bíblica. Dios gobierna no solo por poderío sino por derecho – el derecho del creador respecto a su creación.

En ningún lugar está esto más claro que en parashá Behar, que constituye la base de la legislación respecto a la tierra y la esclavitud. La ley judía se basa en que sólo Dios es dueño de algo. Lo que poseemos no es nuestro sino que está en resguardo. Conceptualmente el término tzedek/tzedaká es intraducible, porque significa tanto justicia como caridad. En inglés (y en español) justicia y caridad son sustancialmente distintos. Hacemos justicia porque debemos; caridad, en cambio, porque podemos. Si yo te devuelvo 1000 pesos porque te los debo, es justicia. Si te doy la misma cifra porque aunque no te deba nada, creo que los necesitas, es caridad. El hecho puede ser uno u otro pero no las dos a la vez.

En el judaísmo, como contraste, lo que poseemos no es nuestro. Pertenece a Dios. Él simplemente nos lo ha dado en custodia. Lo estamos cuidando en nombre de Dios. Una de las condiciones de esa confianza es que si tenemos más de lo que necesitamos, debemos compartirlo con quienes tienen menos de lo que necesitan. Eso es tzedaká: justicia y caridad combinadas.

Así fue como vivieron sus vidas Maurice y Vivienne. Dios le había otorgado a Maurice el éxito y él sabía que la riqueza acumulada en realidad no le pertenecía. Dios se la había dado para que la cuide, confiando que la emplearía sabiamente para fortalecer la vida de los demás. Maurice, sin embargo, tuvo la honestidad suficiente como para (1) darse cuenta de que era probablemente más hábil para generar dinero que para donarlo, y (2) si no lo destinaba a las personas que lo necesitaban estaría incumpliendo su deber con Dios y con sus semejantes. Fue por eso que cuando se encontró con Vivienne, y vio con qué sensibilidad comprendió las necesidades de los demás y cuán dispuesta estaba a sacrificarse por ellos, supo que debía casarse con ella.Y a través de los casi 40 años juntos, emplearon las bendiciones recibidas de Dios para bendecir la vida de otras personas. Fue un privilegio conocerlos.

La verdad más trascendente de la parashá Behar es que no se puede crear una sociedad justa sólo mediante medidas políticas (condonar deudas, restituir la propiedad ancestral, etc.). Hay dimensiones psicológicas y teológicas que también son vitales.

Pero a nivel meramente personal, contiene una idea que cambia la vida. Pensemos en algo que posees, no como algo propio sino que tienes como resguardo no solo para ti y para tu familia, sino también para otros. En la vida no preguntes cuánto puedes ganar, sino cuánto puedes dar. Viajarás más livianamente y con mayor placer. Mejorarás la vida de otros. Sentirás que tu vida ha valido la pena. Muy pocos de nosotros podrá donar en la misma escala que Maurice o Vivienne Wohl, pero cuando se trata de dar, la escala no importa. Sé una bendición para otros y verás que la vida ha sido una bendición para ti.

Shabat Shalom

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  1. Está es la postura de Thomas Piketty, Capital in the XXI Century, Harvard University Press, 2014.

 

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