Rabino Sacks Vaigash 5775 – El Nacimiento del Perdón

Traductor: Ana Barrera

Editor: Marcello Farias

El Nacimiento del Perdón

Vaigash – 2014 / 5775

Rabino Sacks Vaigash 5775 [PDF] 

Hay momentos que cambian el mundo: en 1439 cuando Johannes Gutenberg inventó la imprenta (aunque los chinos la habían desarrollado cuatro siglos antes) o en 1821 cuando Faraday inventó el motor eléctrico, o en 1990 cuando Tim Berners-Lee creó la Internet (World-Wide-Web). Hay un momento así en la parsha de esta semana, y a su manera puede ser no menos transformadora que cualquier evento que mencioné. Sucedió cuando José finalmente revela su identidad a sus hermanos. Mientras ellos guardaban silencio en estado de shock, él dijo estas palabras:

Soy su hermano José, ¡a quien ustedes vendieron a Egipto! Y ahora, no se angustien ni se enojen con ustedes mismos por venderme a Egipto, porque fue para salvar vidas que Dios me envió delante de ustedes. Durante ya dos años ha habido una hambruna en la tierra, y para los siguientes cinco años no habrá arado ni cosecha. Pero Dios me envió delante de ustedes para preservarles un remanente en la tierra y para salvar sus vidas por una gran liberación. Entonces, no fueron ustedes los que me enviaron aquí, sino Dios” (Gen. 45: 4-8).

Este es el primer momento en la historia en la que un ser humano perdona a otro. De acuerdo al Midrash, Dios ha perdonado antes de esto (1), pero no de acuerdo al sentido liso del texto. El perdón es un elemento conspicuamente carente de las historias del Diluvio, la Torre de Babel y Sodoma y las ciudades de la planicie. Cuando Abraham oró su oración audaz para el pueblo de Sodoma, no le pidió a Dios que los perdonara. Su argumento era sobre la justicia no el perdón. Quizá había personas inocentes, cincuenta o incluso diez. Sería injusto para ellas morir. Su mérito debería entonces salvar a otros, dice Abraham. Eso es muy diferente de pedir a Dios perdón.

José perdonó. Esa fue la primera vez en la historia. Aún así la Torah insinúa que los hermanos no apreciaron completamente el significado de las palabras de José. Después de todo, él no usó la palabra ‘perdón’ explícitamente. El les dijo que no se angustiaran. Él dijo ‘No fueron ustedes sino Dios’. Él les dijo que su acto resultó en un final positivo. Pero todo esto era teóricamente compatible con tomarlos como culpables y merecedores de castigo. Por eso es que la Torah recuenta un segundo evento, años después, después que Jacob ha muerto. Los hermanos buscaron una reunión con José temiendo que él ahora tomaría venganza. Ellos tramaron una historia:

Enviaron un mensaje a José diciendo, “Tu padre ha dejado estas instrucciones antes de morir: ‘Esto es lo que dirán a José: Te pido que perdones a tus hermanos por el pecado y el mal que cometieron en tratarte tan mal’. Ahora por favor perdona los pecados de los siervos del Dios de tu padre”. Cuando su mensaje llegó a José, José lloró. (Gen. 50: 16:18).

Lo que dijeron era una mentira blanca, pero José entendió por qué la dijeron. Los hermanos usaron la palabra “perdón” – esta es la primera vez que aparece explícitamente en la Torah – porque ellos estaban todavía inseguros sobre lo que José quiso decir. ¿Acaso alguien verdaderamente perdona a aquellos que lo vendieron a la esclavitud? José lloró porque sus hermanos no habían entendido completamente que él los había perdonado mucho antes. Él no sentía ya mala voluntad hacia ellos. Él no tenía rabia, ni resentimiento persistente, ni deseos de venganza. El había conquistado sus emociones y reafirmado su comprensión de los eventos.

El perdón no aparece en todas las culturas. No es un tema humano universal, ni un imperativo biológico. Sabemos esto por el fascinante estudio realizado por el clasicista David Konstan, Antes del Perdón: los orígenes de una idea moral (2010) (2). En él argumenta que no hay concepto del perdón en la literatura de los antiguos griegos. Había otra cosa, a menudo confundida con el perdón. Estaba el apaciguamiento de la ira.

Cuando alguien hace daño a alguien, la víctima está enojada y busca venganza. Esto es claramente peligroso para el perpetrador y él o ella pueden tratar de hacer que la víctima se calme o siga adelante. Ellos pueden dar excusas: no fui yo, fue alguien más. O, si fui yo pero no lo pude evitar. O, fui yo pero fue un pequeño error, y yo he hecho mucho bien en el pasado, por el balance lo debes dejar pasar.

Alternativamente, o en conjunto con estas y otras estrategias, el perpetrador puede rogar, implorar y hacer algún ritual de abatimiento o humillación. Esta es una forma de decirle a la víctima, “No soy realmente una amenaza”. La palabra griega sugnome, algunas veces traducida como perdón, realmente quiere decir, dice Konstan, exculpación o absolución. No es que yo te perdone por lo que hiciste, sino que entiendo por qué lo hiciste – realmente no podías evitarlo, si tú estuvieras atrapado en circunstancias más allá de tu control – o, alternativamente, no necesito vengarme porque ahora me has demostrado una deferencia de respeto apropiado hacia mí. Mi dignidad ha sido restaurada.

Está el clásico ejemplo de apaciguamiento en la Torah: el comportamiento de Jacob hacia Esaú cuando ellos se encontraron nuevamente después de una larga separación. Jacob ha huido de su hogar después de que Rebekah escuchó a Esaú decir que había resuelto matar a Jacob después de la muerte de Isaac (Gen. 27:41). Antes de la reunión, Jacob envía a Esaú un gran regalo de ganado diciendo “Yo lo apaciguaré con este presente que va antes de mi, y después veré su rostro; quizá él me acepte” (Gen. 32:21). Cuando los hermanos se encuentran, Jacob reverencia a Esaú siete veces, un ritual de abatimiento. Los hermanos se encuentran, se besan, se abrazan y van por caminos separados, pero no porque Esaú haya perdonado a Jacob sino porque o ha olvidado o se ha aplacado.

El apaciguamiento es una forma de manejo del conflicto que existe entre los no-humanos. Frans de Waal, primatólogo, ha descrito los rituales de apaciguamiento  entre chimpancés, bonobos y gorilas de la montaña (3). Hay concursos de dominio entre los animales sociales, pero debe también haber formas de devolver la harmonía al grupo si es que sobrevivirá. Entonces hay formas de apaciguamiento y de hacer la paz que son pre-morales y que han existido desde el nacimiento de la humanidad.

No así el perdón. Konstan argumenta que la primera vez que aparece el perdón es en la Biblia hebrea y el cita el caso de José. Lo que no hace claro es por qué José perdona, y por qué la idea y la institución nacen específicamente en el judaísmo.

La respuesta es que dentro del judaísmo nació una nueva forma de moralidad. El judaísmo es (primeramente) una ética de la culpa, opuesto a la mayoría de los otros sistemas, en donde está la ética de la vergüenza. Una de las diferencias fundamentales entre los sistemas es que la vergüenza ata a la persona. La culpa ata el acto. En las culturas de la vergüenza cuando una persona hace mal, él o ella es, como si estuviera marcado, manchado, contaminado. En las culturas de la culpa cuando hay un mal no es el hacedor sino el hecho, no el pecador sino el pecado. La persona retiene su valor fundamental (“el alma que me diste es pura”, decimos en nuestras oraciones). Es el acto que de alguna manera se debe corregir. Por eso que en las culturas de la culpa hay un proceso de arrepentimiento, expiación y perdón.

Esa es la explicación de la conducta de José desde el momento en que los hermanos aparecen ante él en Egipto por primera vez hasta el punto en que, en la parasha de esta semana, anuncia su identidad y perdona a sus hermanos. Es un caso de libro de texto de poner a los hermanos a cruzar a través del proceso de la expiación, la primera en la literatura. José sin embargo está enseñándoles, y la Torah nos enseña a nosotros, lo que es ganar el perdón.

Recuerda lo que pasa. Primero el acusa a los hermanos de un crimen que ellos no cometieron. Él dice que son espías. Los tiene como prisioneros por tres días. Entonces, reteniendo a Shimon como rehén, le dice a los demás que deben volver a su hogar y traerle a su hermano menor Benjamín. En otras palabras, los está forzando a re-hacer lo que hicieron antes en la ocasión cuando ellos fueron de regreso a su padre con uno de sus hermanos, José, perdido. Nota lo que pasa después:

Se dijeron los unos a los otros, “Seguramente merecemos ser castigados (ashemim) a causa de nuestro hermano. Vemos que tan angustiado estaba cuando él imploró con nosotros por su vida, pero no lo escuchamos; por eso esa angustia ha venido a nosotros”…No se dieron cuenta que José los entendía, ya que él estaba usando un intérprete. (Gen. 42:21-23)

Esta es la primera etapa del arrepentimiento. Ellos admitieron que habían hecho mal.

Después, en la segunda reunión, José hace que planten su especial copa de plata en el saco de Benjamín. Es encontrada y los hermanos son traídos de vuelta. Les dicen que Benjamín debe quedarse como esclavo.

“¿Qué podemos decir a mi señor? Respondió Judah. “¿Qué podemos decir? ¿Cómo podemos probar nuestra inocencia? Dios ha descubierto la culpa de tus siervos. Ahora nosotros somos los esclavos de mi señor – nosotros mismos y aquel a quien le han encontrado tener la copa” (Gen. 44:16).

Finalmente, en el clímax de la historia Judah mismo dice “Entonces deja que me quede como tu esclavo en lugar del muchacho. ¡Deja que el muchacho regrese con sus hermanos!” (42:33). Judah, quien vendió a José como esclavo, está ahora con la voluntad de convertirse en esclavo para que su hermano Benjamín puede irse libre. Esto es lo que los sabios y Maimónides definen como arrepentimiento completo, a saber cuando las circunstancias se repiten y tienes una oportunidad de cometer el mismo crimen otra vez, pero te abstienes de hacerlo porque tú has cambiado.

Ahora José puede perdonar, porque sus hermanos, liderados por Judah, han pasado por las tres etapas del arrepentimiento: (1) admitir la culpa, (2) confesión y (3) cambio de comportamiento.

El perdón sólo existe en una cultura en la cual el arrepentimiento existe. El arrepentimiento presupone que somos agentes libres y moralmente responsables con capacidad de cambiar, específicamente el cambio que ocurre cuando reconocemos que algo que hemos hecho está mal y somos responsables de ello y nunca debemos hacerlo de nuevo. La posibilidad de ese tipo de transformación moral simplemente no existía en la antigua Grecia ni en ninguna otra cultura pagana. Grecia era una cultura de vergüenza-y-honor que se basó en los conceptos gemelos de carácter y destino (4). El judaísmo fue una cultura de arrepentimiento-y-perdón donde los conceptos centrales son la voluntad y la elección. La idea del perdón fue entonces adoptada por el cristianismo, haciendo la ética judeo-cristiana el primer vehículo de perdón de la historia.

El arrepentimiento y el perdón no son solo dos ideas entre muchas. Han transformado la situación humana. Por primera vez, el arrepentimiento estableció la posibilidad de que no estamos condenados a repetir sin fin el pasado. Cuando yo me arrepiento demuestro que puedo cambiar. El futuro no está predestinado. Puedo hacerlo diferente de lo que podría haber sido. El perdón nos libera del pasado. El perdón rompe la irreversibilidad de la reacción y venganza. Es el deshacer de lo que ha sido hecho (5).

La humanidad cambió el día que José perdonó a sus hermanos. Cuando perdonamos y somos dignos de ser perdonados, no somos más prisioneros de nuestro pasado.

 

SacksSignature

(1) Hay sugerencias midráshicas de que Dios perdonó parcialmente, o al menos mitigó los castigos de Adán y Eva y Abel. Se dice que Ishmael se convirtió en penitente, y hay interpretaciones midráshicas que identifican a Keturah, la mujer con la que Abraham se casó después de la muerte de Sarah, con Hagar, implicando que Abraham e Isaac estuvieron reunidos y reconciliados con la sierva de Sarah y con su hijo.

(2) David Konstan, Antes del Perdón: los orígenes de la idea moral – Before Forgiveness: the origins of a moral idea. Cambridge: Cambridge University Press, 2010.

(3) Frans de Waal, Haciendo la paz entre Primates – Peacemaking among Primates, Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1989.

(4) Ver Bernard Williams, Vergüenza y Necesidad – Shame and Necessity, Berkeley: University of California Press, 1993.

(5) Hannah Arendt hace este punto en La Condición Humana – The Human Condition, Chicago: University of Chicago Press, 1958, 241.

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