Rabino Sacks Toldot 5775 – ¿Estuvo bien Jacob en tomar la bendición de Esaú?

Traductor: Ana Barrera

Editor: Marcello Farias

¿Estuvo bien Jacob en tomar la bendición de Esaú?

Toldot – 22 de noviembre, 2014 / 29 Jeshvan 5775

Rabino Sacks Toldot 5775 [PDF] 

¿Estuvo bien Jacob en tomar la bendición de Esaú disfrazado? ¿Estuvo bien en engañar a su padre y tomar de su hermano la bendición que Isaac buscaba darle? ¿Estuvo bien Rivka en concebir el plan en primer lugar y alentar a Jacob a llevarlo a cabo? Estas son preguntas fundamentales. Lo que está en juego no es solo la interpretación bíblica sino la vida moral en sí misma. Cómo leamos el texto forma el tipo de persona en que nos convertimos.

Aquí hay una manera de interpretar la narrativa. Rivka estuvo bien en proponer lo que ella consideraba correcto que Jacob hiciera. Rivka sabía que sería Jacob, no Esaú, quien continuaría el pacto y llevaría la misión de Abraham al futuro. Ella sabía esto por dos motivos diferentes. Primero, ella lo había escuchado de Dios mismo, en el oráculo ella lo recibió antes de que nacieran los gemelos:

‘Dos naciones están en tu vientre,

y dos pueblos de los que serás separada;

un pueblo será más fuerte que el otro,

y el mayor servirá al menor’ (Gen. 25:23)

Esaú era el mayor, Jacob el menor. De ahí que era Jacob quien emergería con gran fortaleza, Jacob había sido elegido por Dios.

Segundo, ella los vio crecer. Ella sabía que Esaú era cazador, un hombre de violencia. Ella había visto que él era impetuoso, mercurial, un hombre de impulso, no de reflexión calmada. Ella lo había visto vender su derecho de nacimiento por un plato de sopa. Ella había visto mientras él “comió, bebió, se paró y se fue. Entonces Esaú despreció su derecho de nacimiento” (Gen. 25:34). Nadie que desprecie su derecho de nacimiento puede ser el guardián confiable de un pacto pensado para la eternidad.

Tercero, justo antes del episodio de la bendición leemos: “Cuando Esaú tenía cuarenta años, el se casó con Judith hija de Beeri el hitita, y también Basemath hija de Elón el hitita. Ellas eran una fuente de dolor para Isaac y Rivka.” (Gen. 26:34). Esta también es una evidencia del fracaso de Esaú para entender lo que el pacto requiere. Casándose con mujeres hititas él se probó a sí mismo indiferente a los sentimientos de sus padres y al autocontrol en la elección de su pareja de matrimonio que era esencial para ser el heredero de Abraham.

La bendición tenía que ir a Jacob. Si tú tienes dos hijos, uno indiferente al arte, el otro amante del arte y esteta, ¿a quién le dejarías el Rembrandt que ha sido parte de la herencia familiar por generaciones? Y si Isaac no entendió la verdadera naturaleza de sus hijos, si él era “ciego” no sólo físicamente sino también psicológicamente, no sería necesario engañarlo? El estaba ahora ya viejo, y si Rivka falló en los primeros años en hacerlo ver la naturaleza de sus hijos, ¿era probable que lo hiciera ahora?

Esto, después de todo, no sólo era un asunto de relaciones dentro de la familia. Era sobre Dios y el destino y la vocación espiritual. Era sobre el futuro de un pueblo entero desde que Dios repetidamente le dijo a Abraham que él sería el ancestro de una gran nación que sería una bendición para la humanidad toda. Y si Rivka estaba en lo correcto, entonces Jacob debería seguir sus instrucciones.

Esta era la mujer a quien el sirviente de Abraham había elegido para ser la esposa del hijo de su amo, porque era bondadosa, porque en el pozo ella le había dado agua a un extraño y a sus camellos también. Rivka no era Lady Macbeth. Ella era la personificación de la bondad-amorosa. Ella no estaba actuando por favoritismo o ambición. Y si ella no tenía otra forma de asegurarse que la bendición fuera a quien la apreciaría y la viviría, entonces en este caso el fin justificaba los medios. Esta es una manera de leer la historia y es tomada por muchos comentaristas.

Sin embargo no es la única forma (1). Considera, por ejemplo, la escena que tiene lugar inmediatamente después que Jacob dejó a su padre. Esaú regresa de cazar y lleva a Isaac la comida que ha pedido. Entonces leemos así:

Isaac tembló violentamente y dijo, ‘¿Quién ha sido, entonces, que cazó un animal y me lo trajo? Yo comí justo antes de que llegaras y lo bendije – ¡y él ha sido sin duda bendecido! Entonces cuando Esaú escuchó las palabras de su padre, él estalló en un grito fuerte y amargo y dijo a su padre ‘¡Bendíceme – a mi también, padre!’

Pero él dijo, ‘Tu hermano vino engañosamente (be-mirma) y tomó tu bendición.’

Esaú dijo, ‘¿No es él correctamente llamado Jacob? Esta es la segunda vez que él toma ventaja sobre mí: ¡el tomó mi derecho de nacimiento, y ahora toma mi bendición!’ Entonces él preguntó, ‘¿No has reservado una bendición para mí? (Gen. 27:33-36)

Es imposible leer Génesis 27 – el texto tal como dice sin el comentario – y no sentir simpatía por Isaac y Esaú en lugar de sentirla por Rivka y Jacob. La Torah ahorra el uso de emoción. Es completamente silenciosa, por ejemplo, con los sentimientos de Abraham e Isaac mientras ellos viajan juntos hacia el juicio de la atadura. Quizá como “temblar violentamente” y “estalló en un grito fuerte y amargo” no pueden sino afectarnos profundamente. Aquí hay un hombre viejo que ha sido engañado por su hijo más pequeño, y un hombre joven, Esaú, que se siente engañado de lo que era legítimamente suyo. Las emociones provocadas por esta escena se quedan con nosotros por mucho tiempo en la memoria.

Entonces considera las consecuencias. Jacob tiene que dejar su hogar por más de veinte años temeroso por su vida. Entonces él sufre un engaño casi idéntico practicado en su contra por Labán cuando el sustituye a Rachel por Leah. Cuando Jacob clama “¿Por qué me engañaste (rimtaní)”, Labán responde: “No se hace en nuestro lugar poner al menor sobre el mayor” (Gen. 29: 25-26). No sólo el acto pero también las palabras implican un castigo, medida por medida. El “engaño”, del que Jacob acusa a Labán es la misma palabra que Isaac usa sobre Jacob. La respuesta de Labán suena cono una referencia virtualmente explícita a lo que Jacob ha hecho, por decirlo, “Nosotros no hacemos en nuestro lugar lo que tú acabas de hacer en el tuyo.”

El resultado del engaño de Labán trajo dolor durante el resto de la vida de Jacob. Había tensión entre Raquel y Leah. Había odio entre sus hijos. Jacob fue engañado una vez más, esta vez por sus hijos, cuando ellos le llevan la túnica ensangrentada de José: otro engaño de un padre a sus hijos que involucra el uso de ropas. El resultado fue que Jacob estuvo privado de la compañía de su más amado hijo por veintidós años como Isaac lo estuvo de Jacob.

Consultado por el Faraón por cuántos años tenía, Jacob respondió, “Algunos y malos han sido los años de mi vida” (Gen. 47:9). Él es la única figura de la Torah que hace un comentario como este. Es difícil no leer el texto como una declaración precisa del principio de medida por medida: como lo has hecho a los demás, también lo harán los demás contigo. El engaño trajo a todos un gran dolor, y esto persistió en la siguiente generación.

Mi lectura del texto es entonces esta (2). La frase el oráculo de Rivka, Ve-rav yaavod tsair (Gen. 25:23), es de hecho ambigua. Puede ser que quiera decir, “El mayor servirá al menor”, pero también puede significar, “El menor servirá al mayor”. Era lo que la Torah llama chidah (Números 12:8), esto es, una comunicación opaca, deliberadamente ambigua. Sugiere un conflicto continuo entre los dos hijos y sus descendientes, pero no quién ganaría.

Isaac comprendió completamente la naturaleza de sus dos hijos. El amaba a Esaú pero no estaba ciego al hecho de que sería Jacob el heredero del pacto. De ahí que Isaac preparó dos conjuntos de bendiciones, una para Esaú y otra para Jacob. El bendijo a Esaú (Gen. 27:28-29) con los regalos que él sintió serían apreciados: riqueza y poder: “Sea que Dios te de el rocío del cielo y la riqueza de la tierra – abundancia de grano y vino nuevo » – esto es riqueza. “Sea que las naciones te sirvan y los pueblos te reverencien. Se señor sobre tus hermanos, y sea que tus hijos de tu madre te reverencien” – esto es, poder. Estas no son las bendiciones del pacto.

Las bendiciones del pacto que Dios le ha dado a Abraham e Isaac son completamente diferentes. Son sobre hijos y tierra. Es esta bendición la que después Isaac le da a Jacob antes de que deje el hogar (Gen. 28:3-4): “Sea que Dios Todopoderoso te bendiga y haga de ti un hombre fructífero y aumente tus números hasta que te conviertas en una comunidad de pueblos” – esto es, hijos. “Sea que Él te dé a ti y a tus descendientes la bendición dada a Abraham, para que tu tomes posesión de la tierra donde ahora vives como forastero, la tierra que Dios le dio a Abraham” – esto es, tierra. Esa era la bendición que Isaac había pensando para Jacob desde siempre. No había necesidad de engaño y disfraz.

Jacob eventualmente llegó a entender todo esto, quizá durante su lucha con el ángel durante la noche antes de su encuentro con Esaú después de su largo alejamiento. Lo que sucedió durante el encuentro es incomprensible a menos que entendamos que Jacob estaba regresando las bendiciones de Esaú que él (Jacob) había tomado erradamente. El regalo masivo de ovejas, ganado y otros animales representaba “el rocío del cielo y las riquezas de la tierra”, eso es, riqueza. El hecho de que Jacob reverenció siete veces a Esaú era su forma de cumplir las palabras “Sea que los hijos de tu madre te reverencien”, esto es, poder.

Jacob regresó la bendición. De hecho lo dice explícitamente. Le dice a Esaú: “Por favor acepta la bendición (birkat) que fue traída para ti, pues Dios me ha dado gracia y tengo todo lo que necesito” (Gen. 33:11). Sobre esta lectura de la historia, Rivka y Jacob hicieron un error, uno perdonable, uno entendible, pero sin embargo un error. La bendición que Isaac estaba por darle a Esaú no era la bendición de Abraham. Tenía la intención de darle a Esaú una bendición apropiada para él. En hacerlo, él estaba actuando sobre la base de precedencia. Dios bendijo a Ishmael con las palabras, “Yo haré de ti una gran nación” (Gen. 21:18).

Esto era el cumplimiento de la promesa que Dios había dado a Abraham muchos años antes de que Él le dijera que sería Isaac, no Ishmael, quien continuaría el pacto:

Abraham dijo a Dios, “¡Si tan solo Ishmael pudiera vivir bajo tu bendición!” Entonces dijo Dios, “Si, pero tu esposa Sarah te dará un hijo, y lo llamarás Isaac. Y estableceré mi pacto con él como un pacto eterno con los descendientes de él. Mientras que para Ishmael, te he escuchado: seguramente lo bendeciré; lo haré fructífero e incrementaré grandemente sus números. Él (Ishmael) será el padre de doce gobernantes, y haré de él una gran nación.” (Gen. 17: 18-21)

Isaac seguramente sabía esto porque, de acuerdo a la tradición midráshica, él e Ishmael se reconcilian después en la vida. Los vemos parados junto a la tumba de Abraham (Gen. 25:9). Puede ser que eso sea un hecho que Rivka no conociera. Ella asoció bendición con pacto. Ella pudo haber no estado al tanto de que Abraham quería que Ishmael fuera bendecido incluso el no heredaría el pacto, y que Dios le había concedido la petición.

Entonces es posible que cuatro personas actuaran bien en tanto entendieran la situación, pero aún así la tragedia ocurrió. Isaac estaba en lo cierto en desear bendiciones a Esaú como Abraham buscó bendiciones para Ishmael. Esaú actuó honorablemente con su padre. Rivka buscó proteger el futuro del pacto. Jacob sintió remordimiento pero hizo lo que su madre dijo, sabiendo que ella no propondría un engaño sin una razón moral para hacerlo.

¿Tenemos aquí una historia con dos posibles interpretaciones? Quizá, pero eso no es el mejor camino para describirlo. Lo que tenemos aquí, y hay otros ejemplos en el Génesis, de una historia que nosotros entendemos de una manera la primera vez que la escuchamos, y de una forma diferente una vez que descubrimos y reflexionamos sobre todo lo que pasa después. Es solo después de que leemos sobre el destino de Jacob en la casa de Labán, la tensión entre Leah y Rachel, y la animosidad entre José y sus hermanos que podemos ir hacia atrás y leer Génesis 27, el capítulo de la bendición, con una nueva luz y con mucha más profundidad.

Hay una cosa tal como un error honesto, y eso es lo que marca la grandeza de Jacob, que él lo reconoció y compensó a Esaú. En el gran encuentro veintidós años después los alejados hermanos se encuentran, se abrazan, parten como amigos y van por caminos separados. Pero primero, Jacob tiene que luchar con un ángel.

Así es como la vida moral es. Nosotros aprendemos cometiendo errores. Vivimos la vida hacia adelante, pero la entendemos sólo mirando hacia atrás. Sólo entonces es cuando vemos los giros equivocados que inadvertidamente hicimos. Este descubrimiento algunas veces es nuestro más grande momento de verdad moral.

Para cada uno de nosotros hay una bendición que es nuestra. Eso fue verdad no sólo para Isaac, sino también para Ismael, no sólo para Jacob sino también para Esaú. La moral no podía ser más poderosa. Nunca busques la bendición de tu hermano. Se feliz con la tuya propia (3).

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(1) Lecturas críticas de la conducta de Rivka aparecen en muchos trabajos midráshicos: Bereshit Rabban, Tanhuma (Buber), Yalkut Reuveni, Midrash ha-Neelam and Midrash Socher Tov (del Salmo 80: 6). Entre los comentaristas críticos,  R. Eliezer Ashkenzi,Tzeda le-derekh, y R. Yaakov Zvi Mecklenberg, Ha-Ktav veha-Kabbalah. Todas estas interpretaciones se basan en las claves textuales en lo que sigue.

(2) Para una explicación más detallada, ver: Covenant and Conversation Genesis: The Book of Beginnings (Pacto y Conversaión Génesis: El Libro de los Inicios), Maggid Books, 2009, 153-158, 219-228.

(3) Esto después se convirtió en el décimo de los diez mandamientos.

 

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