Rabino Sacks Lej Lejá 5775 – ¿Qué tan perfectos eran los patriarcas y las matriarcas?

Traductor: Ana Barrera

Editor: Marcello Farias

¿Qué tan perfectos eran los patriarcas y las matriarcas?

Lej Lejá – 1 de noviembre, 2014 / 8 Jeshvan 5775

Rabino Sacks Lej Leja 5775 [PDF] 

En una extraordinaria serie de observaciones en la parsha de esta semana, Nahmanides (Ramban, Rabino Moisés ben Nahman Girondi, 1194 – 1270), entrega una dura crítica a Abraham y Sara. La primera tiene que ver con la decisión de Abraham, después de haber llegado a la tierra de Canáan, de dejarla e ir a Egipto porque “había hambruna en la tierra”. Sobre esto, Nahmanides dice:

Sepan que Abraham nuestro padre involuntariamente cometió un gran pecado al llevar a su virtuosa esposa, tropezando con una piedra, a un pecado a cuenta de su miedo por su vida. El debió haber confiado que Dios lo salvaría a él y a su esposa y todas sus pertenencias, porque Dios ciertamente tiene el poder de ayudar y salvar. Salir de la Tierra en la que él había sido comandado desde el principio, a cuento de la hambruna, fue también un pecado que él cometió, porque en la hambruna Dios lo hubiera redimido de la muerte. Fue por este hecho que el exilio en la tierra de Egipto a manos del Faraón fue decretado para sus hijos.(1)

De acuerdo con Ramban, Abraham debió haberse quedado en Canaán y tener fe en que Dios lo sostendría a pesar de la hambruna. No solo estuvo Abraham mal en irse. También puso a Sara en una posición de peligro porque, como resultado de ir a Egipto, ella fue forzada a decir una mentira, que ella era la hermana de Abraham no su esposa, y porque ella fue llevada al harem del faraón donde ella pudo haber sido obligada a cometer un acto de adulterio. Este es un juicio muy duro, hecho aún más por la afirmación adicional de Ramban de que fue por esta falta de fe que los hijos de Abraham fueron condenados al exilio en Egipto siglos después.

Después en la parsha, Ramban critica a Sara. Desesperada por tener un hijo, ella pidió que Abraham durmiera con su sirvienta Hagar en la esperanza que ella pudiera darle un hijo. Abraham lo hizo, y Hagar quedó embarazada. El texto entonces dice que Hagar “empezó a despreciar a su señora”. Sara se quejó con Abraham, y entonces ella “afligió a Hagar” que se escapó de ella hacia el desierto. Sobre esto, Ramban escribe:

Nuestra madre (Sara) transgredió por esta aflicción, como lo hizo Abraham. Entonces Dios escuchó la aflicción de Hagar y le dio a ella un hijo quien sería un hombre indómito como un asno salvaje  para afligir la semilla de Abraham y Sara con todo tipo de aflicciones. (2)

Aquí el juicio moral es más sencillo de entender. La conducta de Sara parece volátil y dura. La Torá misma dice que Sara “afligía” a Hagar. Entonces Ramban parecería estar diciendo que ese era el episodio en el pasado antiguo que explica el sufrimiento judío en manos de musulmanes (descendientes de Ishmael) en una era muy posterior.

No es difícil defender a Abraham y Sara en estos incidentes y otros comentaristas lo hicieron. Abraham no sabía que Dios haría un milagro y lo salvaría a él y a Sara de la hambruna si se hubieran quedado en Canaán. Tampoco podía saber que los egipcios pondrían en riesgo su vida y pondrían a Sara en un dilema moral. Ninguno de ellos había estado en Egipto antes. Ellos no sabían en avance qué esperar.

Mientras que para Sara y Hagar, aunque un ángel mandó a Hagar de regreso, después cuando Ishmael e Isaac nacieron, Sara una vez más destierra a Hagar. En esta ocasión, aunque Abraham protestó, Dios le dijo que hiciera lo que Sara dijera. Entonces la crítica de Ramban era fácilmente respondida. ¿Por qué entonces las hizo?

Seguramente Ramban no hizo estos comentarios ligeramente. El fue, creo, llevado por otra consideración en conjunto, a saber la justicia de la historia. ¿Por qué los israelitas sufren exilio y esclavitud en Egipto? Por qué la propia era de Ramban donde los judíos fueron sujetos a ataques por islamistas radicales, los almóadas, quienes trajeron el fin a la Época Dorada de España que habían gozado bajo el gobierno más tolerante de los omeyas.

Ramban creía, como decimos en nuestras oraciones, que “porque nuestros pecados fueron exiliados de nuestra tierra”, pero ¿qué pecados habían cometido los israelitas en los días de Jacob que ameritaron exilio? El también creía que “los actos de los padres son una señal para los hijos”, y que eso sucedía en las vidas de los patriarcas prefiguró lo que pasaría a sus descendientes. ¿Qué habían hecho a Ishmael para ganar el desdén de los musulmanes? Una lectura más cercana a la lectura del texto bíblico apuntó a Ramban en la dirección de la forma en que Sara trató a Hagar.

Entonces los comentarios de Ramban tienen sentido con su lectura de la historia judía, pero esto tampoco está exento de dificultades. La Torá establece explícitamente que Dios puede castigar “a los hijos de sus hijos por el pecado de sus padres en la tercera y cuarta generación” pero no más allá. Los rabinos después restringieron estos casos donde “los hijos continúan con los pecados de sus padres”. Jeremías y Ezequiel ambos dijeron que nadie diría más “Los padres han comido uvas agrias y los dientes de sus hijos están irritados”. La transferencia de pecados entre generaciones es problemática, judía y éticamente.

Lo que es profundamente interesante sobre el enfoque de Ramban a Abraham y Sara es su voluntad de apuntar fallas en su comportamiento. Esto responde una cuestión fundamental en cuanto a nuestra comprensión de la narrativa del Génesis. ¿Cómo es que nosotros juzgamos a los patriarcas cuando su comportamiento resulta problemático: Jacob disfrazado tomando la bendición de Esaú, por ejemplo, o la brutalidad de Shimon y Leví en el curso de rescatar a su hermana Dina?

Las historias del Génesis son a menudo moralmente perplejas. Raramente la Torá pasa un veredicto explícito e inequívoco sobre la conducta de las personas. Esto significa que algunas veces es difícil de enseñar estas narrativas como una guía de cómo comportarse. Esto lleva a su reinterpretación sistemática por el midrash rabínico para que lo negro y lo blanco tomen el lugar de sutiles sombras de gris.

Entonces, por ejemplo, las palabras “Sara vio al hijo de Hagar la egipcia…burlándose”, donde entendido por los sabios quería decir que su hijo de trece años Ishmael era culpable de idolatría, sexo ilícito o asesinato. Esto claramente no es el pleno sentido del verso. Es, en lugar, una interpretación que podría justificar la insistencia de Sara en que Ishmael fuera enviado lejos.

Rabbi Zvi Hirsh Chajes explicó que la tendencia completa de la midrash es hacer que los héroes parezcan perfectos y los villanos completamente malos  por razones educativas. La palabra Torá significa “enseñando” o “instrucción”, y es difícil enseñar ética a través de historias cuyos personajes están llenos de complejidad y ambigüedad.

De todas formas, la Torá pinta sus personajes en sombras de gris. ¿Por qué? Por tres razones:

La primera es que la vida moral no es algo que entendamos a profundidad de una sola vez. Como niños escuchamos historias de héroes y villanos. Aprendemos distinciones básicas: bien y mal, bueno y malo, permitido y prohibido. Conforme crecemos, empezamos a darnos cuenta qué tan difícil son algunas decisiones. ¿Voy a Egipto? ¿Me quedo en Canaán? ¿Demuestro compasión al hijo de mi sirvienta con el riesgo de que él sea una mala influencia sobre mi hijo que ha sido elegido por Dios para una misión sagrada? Cualquiera que piense que esas decisiones son fáciles aún no es moralmente maduro. Entonces la mejor manera de enseñar ética es hacerlo a través de historias que puedan ser leídas en diferentes niveles en diferentes momentos de nuestra vida.

Segundo, no solo los decisiones son difíciles. Las personas también son complejas. Nadie en la Torá está perfilado como perfecto. Noé, la única persona en el Tanaj en ser llamado justo, termina ebrio y desaliñado. Moisés, Aarón y Miriam son todos castigados por sus pecados. Lo mismo el Rey David. Salomón, el hombre más sabio, termina su vida como un líder profundamente comprometido. Muchos de los profetas sufrieron noches oscuras y desesperación. “No hay nadie tan justo sobre la tierra”, dice Kohelet, “como hacer sólo el bien y nunca pecar”. Ninguna literatura religiosa estaba más lejos de la hagiografía, la idealización y el culto a los héroes.

En la dirección opuesta, incluso los no-héroes tienen sus gracias que los salvan. Esaú es un hijo amoroso, y cuando el encuentra a su hermano Jacob después de un largo alejamiento, ellos se besan, se abrazan y siguen por caminos separados. Levi, condenado por Jacob por su violencia, cuenta a Moisés, Aaron y Miriam entre sus nietos. Incluso el faraón, el hombre que esclavizó a los israelitas, tiene una heroína moral por hija. Los descendientes de Koraj cantan salmos en el Templo de Salomón. Esto es madurez moral, años luz removidos del dualismo adoptado por muchas religiones, incluyendo algunas sectas judías (como la secta de Qumran de los Rollos del Mar Muerto), que divide a la humanidad en hijos de la luz e hijos de la oscuridad.

Por último y más importante, más que cualquier otra literatura religiosa, la Torá hace una distinción absoluta entre tierra y cielo, Dios y seres humanos. Porque Dios es Dios, ahí hay espacio para que los humanos sean humanos. En el judaísmo la línea que los divide nunca es borrada. Cuán raro es esto que fue señalado por Walter Kaufmann:

En la India, el Jina y el Buda, fundadores de dos nuevas religiones en el sexto siglo AC, fueron alabados después por muchos de sus seguidores. En China, Confucio y Lao-tze fueron deificados. Para los no cristianos, Jesús parece representar un caso paralelo. En Grecia, los héroes del pasado se consideraban que habían sido engendrados por un dios o habían nacido de diosas, y la línea divisoria entre dioses y hombres se hizo fluida. En Egipto, el faraón era considerado divino.

En Israel, dice Kaufmann, “ningún hombre fue adorado o concedido incluso un status semi-divino. Este es uno de los más extraordinarios hechos sobre la religión del Viejo Testamento. Nunca hubo un culto para Moisés o cualquier otra figura bíblica. Por esto “hasta este día, ningún hombre conoce el sitio de la tumba de Moisés”, para que nunca se convirtiera en un lugar de peregrinaje.

Ninguna religión ha tenido una visión tan alta de la humanidad que el libro que nos dice que cada uno somos la imagen y semejanza de Dios. Aunque tampoco ha sido tan honesta sobre las fallas de incluso los más grandes. Dios no nos pide ser perfectos. Nos pide, tomar riesgos en la búsqueda de lo correcto y lo bueno, y reconocer los errores que inevitablemente cometeremos.

En el judaísmo la vida moral es sobre aprender y crecer, reconocer que incluso los más grandes tienen fallas e incluso los peores tienen gracias que los salvan. Esto es un llamado a la humildad sobre nosotros mismos y la generosidad hacia los otros. Esta mezcla única de idealismo y realismo es la moralidad más madura y exigente.

 

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[1] Ramban, Comentario al Genesis 12: 10, basado en Zohar, Tazria, 52a.

[2] Comentario al génesis 16: 6.

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