Rabino Sacks Bejukotai 5776 – El sentido de la dirección

Traductor: Carlos Betesh, Comunidad Chalom, Buenos Aires

Editor: Ben-Tzion Spitz, Gran Rabino, Uruguay

El sentido de la dirección

Bejukotai – 4 de junio, 2016 / 27 Iyar 5776

Rabino Sacks Bejukotai 5776 [PDF] 

Los teléfonos celulares modernos hacen cosas sorprendentes – pero pocas son más impactantes que Waze, el sistema de navegación por satélite diseñado por israelíes y adquirido por Google en 2013. Pero hay una cosa que ni Waze puede lograr. Puede decirte cómo llegar, pero no dónde ir. Eso es algo que debe decidir uno mismo.

La determinación más importante que podemos tomar en la vida es elegir dónde queremos estar. Sin un sentido de dirección y destino, nuestras vidas irán sin rumbo. Si no sabemos adónde queremos ir, nunca llegaremos, por más que viajemos a alta velocidad. Pese a esto, hay personas que se pasan meses planeando las vacaciones pero no disponen de un solo día para planear una vida. Simplemente dejan que las cosas ocurran.

De esto trata nuestra parashá, aplicado a la nación, no a nivel individual. Dios, a través de Moshé plantea una disyuntiva difícil. «Si sigues mis estatutos y obedeces cuidadosamente mis mandamientos, te enviaré la lluvia en su estación y la tierra brindará cosechas y frutos a los árboles…te daré paz en la tierra, te acostarás y nadie te atemorizará.»

Por otra parte, «si no me escuchas, y si no cumples con todos estos mandamientos…» ocurrirá el desastre. Las maldiciones descriptas en detalle a continuación son las más atemorizantes de todos los textos bíblicos – una imagen de catástrofe nacional, lúgubre y devastadora.

El pasaje entero, tanto las bendiciones como las maldiciones, puede leerse en forma sobrenatural o natural. Leído de la primera manera, el destino de Israel, por lo menos en los tiempos bíblicos, era consecuencia directa de su lealtad o no a la Torá. Dios intervenía constantemente en la historia en forma milagrosa para premiar lo bueno y castigar lo malo. Cada sequía y hambruna, cada mala cosecha o derrota militar era la resultante del pecado. Cada año productivo y pacífico era el resultado de la obediencia a Dios. Es así como los profetas entendieron la historia.

Pero hay una lectura más natural que señala que la providencia Divina trabaja a través de nosotros, internamente más que desde el exterior. Si eres un israelita viviendo en la tierra de Israel, estarás rodeado siempre de enemigos e imperios más grandes y más fuertes. Siempre serás vulnerable por los riesgos de la sequía y la lluvia porque Israel, a diferencia del delta del Nilo o del valle del Tigris-Éufrates, carece de  una fuente natural, confiable y predecible de agua. Siempre estarás, por lo tanto, mirando hacia el cielo. Aun judíos bastante seculares entienden esto – el más famoso, David Ben Gurion  dijo: «En Israel, para ser realista, hay que creer en milagros.»

En esta lectura, el modo de vida propuesto en la Torá es único en un sentido más natural que sobrenatural. Se trata efectivamente de la palabra de Dios pero no como interventor estratégico permanente en la historia, sino Dios en tanto guía de cómo vivir de manera de ser bendecido. La Torá es un compendio de instrucciones para la vida emitido por el Diseñador de la vida misma. Eso es lo quisieron significar los sabios en los comienzos de los tiempos cuando dijeron “Dios miró la Torá y creó el mundo.” Vivir según la Torá significa, según esta visión, alinearse con las fuerzas que hacen que el ser humano florezca, especialmente si es un pequeño pueblo rodeado de enemigos.

Lo que hizo que esta sociedad vislumbrada por la Torá fuera especialmente única y particular, era que cada individuo valía. La justicia era fundamental. Los ricos no podían comprar un tratamiento preferencial y los pobres no quedarían desprotegidos. En los momentos de celebración comunitaria, todos – especialmente los huérfanos, viudas y extranjeros – eran incluidos.

A todos les tocaba por lo menos alguna parte de la cosecha de frutos y granos. Los empleadores debían tratar a sus empleados con equidad y sensibilidad. Aunque todavía había esclavos, un día de la semana gozaban de la misma libertad que sus amos. Eso significaba que cada uno tenía una parte en la sociedad, y por lo tanto la defenderían a muerte. Los israelitas no tenían un ejército armado por un soberano destinado a resaltar su propio engrandecimiento. Es por eso que pudieron derrotar a naciones de tamaño muchas veces mayor.

Sobre todas las cosas, tenían un sentido de dirección y destino  Ese es el significado de la palabra clave que aparece como un refrán a través de las maldiciones: keri – entonces caminaré contigo con keri.

Hay muchas interpretaciones de esta palabra. Targum Onkelos lo lee como “con dureza de corazón”, Saadia “con rebeldía,” Rashi, como “tratando con preocupación ocasional”. Otros lo entienden como “duramente” o “con hostilidad”. Sin embargo Maimónides (con el que coinciden parcialmente Rashi, Rashbam, Ibn Ezra, Hizkuni y otros)  entiende que está relacionada con la palabra mikré, azar. Entonces el  significado del pasaje según Maimónides sería “Si crees que lo que te pasa es simplemente una cuestión de azar, entonces, dice Dios, te dejaré con el azar.”

En esta lectura el libro de Vayikrá termina como comienza, con la fatídica elección  entre mikrá (con alef) y mikré (con héi): entre ver la vida como un llamado, una convocatoria, una vocación, un destino, y verlo como un accidente, una casualidad, algo que ocurre sin ningún significado.

Es igual en la vida de las naciones y de los individuos. Si ves que lo que te pasa es puro azar, tu destino estará determinado por el mero azar. Eso es lo que quisieron significar los sabios cuando dijeron: “El lugar de la Torá que comienza diciendo ‘y ocurrió que’, es siempre un preludio a una tragedia.” Si simplemente dejas que las cosas ocurran, te encontrarás expuesto a los antojos de la fortuna y a los caprichos de otros. En cambio, si crees que estás aquí por un propósito, tu vida se encaminará hacia ese propósito. Tus energías estarán enfocadas. El sentido de misión te dará fortaleza. Harás cosas  notables.

Fue esa la especial perspicacia que los judíos trajeron al mundo. Ellos no creían – a diferencia de otros pueblos de la antigüedad y de los ateos actuales – que el universo está gobernado por mero azar. Acaso por mero azar fue que una fluctuación aleatoria del campo cuántico creó el Big Bang que condujo a la creación del universo? O que el mismo universo casualmente esté regulado por exactamente seis constantes matemáticas que son las necesarias para generar las estrellas, los planetas, y los elementos químicos indispensables para la creación de la vida? Fue por azar que la vida fue generada por material inerte? O que entre las centenares de millones de especies que existen en la tierra, solo una, el Homo Sapiens es capaz de hacer la pregunta: por qué?

No hay nada que entre en contradicción con esta visión. Es compatible con la ciencia de la actualidad y quizás con una ciencia que nunca conoceremos. Ese es el universo keri. Mucha gente piensa así. Siempre lo hicieron. En esta visión no hay ningún «por qué». No la hay para las naciones ni para los individuos. La vida ocurre. Estamos aquí por accidente.

Los judíos pensaron de otra manera. Nadie lo expresó mejor que el historiador católico Paul Johnson:

Ningún pueblo ha insistido más firmemente en que la historia tiene un propósito y la humanidad un destino, que el judío. En una etapa muy primaria de su existencia colectiva creyeron haber detectado un esquema divino para la raza humana, que sería piloteado por su propia sociedad. Trabajaron en ese rol con inmenso detalle. Se aferraron a él con una persistencia heroica pese a un sufrimiento salvaje. Muchos aún lo creen. Otros lo transmutaron en emprendimientos Prometeicos para elevar nuestra condición mediante esfuerzos puramente humanos. La visión judía se transformó en el prototipo de muchos grandes diseños para la humanidad, tanto divinos como hechos por el hombre. Por lo tanto, los judíos se posicionan en el epicentro de la intención perenne de dar a la vida humana la dignidad de un propósito.

Las personas que cambian el mundo son aquellas que creen que la vida tiene un propósito, una dirección, un destino. Saben dónde quieren ir y qué es lo que quieren lograr. En el caso del judaísmo el propósito está claro: mostrar lo que significa crear para la humanidad un pequeño claro en el desierto donde la libertad y el orden coexisten, donde prevalece la justicia, donde se cuida a los débiles y necesitados de ayuda, donde tenemos la humildad de atribuir nuestros éxitos a Dios y nuestros fracasos a nosotros mismos, en los que apreciamos la vida como don de Dios y hacer todo lo que podemos para santificarlo. En otras palabras, lo opuesto a la violencia y brutalidad perpetradas en la actualidad por algunos extremistas religiosos en nombre de Dios.

Para lograrlo, sin embargo, debemos tener colectivamente un sentido de propósito. Esa es la elección de Moshé, hablando en nombre de Dios ante los israelitas. Mikrá o Mikré? La vida sólo ocurre? O es el llamado de Dios para crear momentos de belleza moral y espiritual que redimen a nuestra humanidad de la persecución despiadada de poder? «Dar a la vida humana la dignidad de un propósito.»  Los judíos fueron llamados  para mostrar eso al mundo.

 

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