Rabino Sacks Emor 5776 – Tiempos sagrados

Traductor: Carlos Betesh, Comunidad Chalom, Buenos Aires

Editor: Ben-Tzion Spitz, Gran Rabino, Uruguay

 

Tiempos sagrados

Emor – 21 de mayo, 2016 / 13 Iyar 5776

Rabino Sacks Emor 5776 [PDF] 

La parashá de Emor tiene un capítulo dedicado a las festividades del año judío.  Existen cinco de estas menciones en la Torá: dos de ellos, ambos en el libro de Éxodo (Ex. 23: 14-17; 34: 18, 22-23), son muy breves. Se refieren sólo a las festividades de peregrinación: Pesaj, Shavuot y Sucot. No se especifican fechas, simplemente la época aproximada  del calendario agrícola. Tampoco indican mandamientos específicos vinculados a las festividades.

Quedan entonces otras tres menciones, la de esta parashá, una segunda en Números 28-29 y la tercera en Deuteronomio 16. Lo llamativo es cuán diferentes son. Esto no se debe, como sugieren algunos críticos, a un supuesto carácter compendiado del texto, sino que se trata de una misma temática vista desde perspectivas diferentes – una característica de toda la Torá.

La extensa sección de las festividades en Números está dedicada a los sacrificios adicionales (musaf) correspondientes a las festividades, incluyendo a Shabat y Rosh Hodesh. Un resabio de esto queda preservado en los rezos de musaf para esos días. Son días sagrados desde la perspectiva del Tabernáculo, el Templo y más adelante la sinagoga.

El fragmento en Deuteronomio se refiere a la sociedad. Moshé, hacia el fin de su vida, detalla a la generación siguiente de dónde vinieron, adónde van, y qué tipo de sociedad debían construir. Debía ser lo opuesto de Egipto. Lucharía por la justicia, la libertad y la dignidad humana.

Uno de los temas más importantes de Deuteronomio es la insistencia de que los rezos se centralicen “en el lugar que Dios eligirá”, que resultó ser Jerusalem. La unicidad de Dios sería especular a la unicidad de la nación, algo que no sería factible si cada tribu tuviera su propio templo o santuario. Es por eso que cuando vienen las festividades, Deuteronomio refiere solo a Pesaj, Shavuot y Sucot, y no a Rosh Hashaná o Iom Kipur, ya que solo en esos tres momentos estaba la obligación de hacer Aliá leregel, la peregrinación al Templo.

Igualmente significativo es el enfoque- no registrado en otro lugar – puesto en la inclusión social: “tú, tus hijos e hijas, tus sirvientes y sirvientas, los Leví que están en tu seno, el extranjero, el huérfano y la viuda viviendo contigo”. Deuteronomio tiene menos que ver con la espiritualidad individual que con el tipo de sociedad que honra la presencia de Dios mediante la honra al prójimo, especialmente a los seres marginales de la sociedad. El concepto de que podemos servir a Dios y ser indiferentes o desinteresarnos de los sentimientos del prójimo es totalmente ajeno a la visión de Deuteronomio.

Esto nos conduce a Emor, el relato de la parashá de esta semana. También es especial. A diferencia de los pasajes de Éxodo y Deuteronomio, Emor incluye a Rosh Hashaná y Iom Kipur. También nos habla de las mitzvot específicas de estas festividades, especialmente las de Sucot: es el único lugar en la Torá donde se mencionan los arba minim, las “cuatro especies”, y el mandamiento de morar en la sucá. Sin embargo presenta varias rarezas estructurales. La más saliente es el hecho de que incluye a Shabat en la lista de festividades. Esto en sí no sería extraño ya que después de todo el Shabat es uno de los días festivos. Lo que es raro es la forma en que se expresa sobre el Shabat:

El Señor le dijo a Moshé: “Habla a los israelitas y diles: Los tiempos indicados (moadei) del Señor, que estás por proclamar (tikre’u) como asambleas sagradas (mikra’ei kodesh). Estas son mis festividades indicadas (mo’adai). Seis días trabajarás pero el séptimo día es el Shabat de Shabats, día de asamblea sagrada (mikra kodesh). No harás ningún tipo de labor, cualquiera sea el lugar donde vivas, es un Shabat al Señor.”

A continuación sobreviene una interrupción en el párrafo, después de la cual todo el pasaje parece comenzar nuevamente:

Estos son los tiempos indicados del Señor (mo’adei) de las festividades, las asambleas sagradas (mikra’ei kodesh) que has de proclamar (tikre’u) a sus tiempos indicados (be-mo’adam).

Esta estructura con sus dos comienzos, dejó perplejos a los comentaristas.  Más aun por el hecho de que la Torá parecía estar denominando al Shabat un mo’ed, un tiempo indicado y  una mikra kodesh, una asamblea sagrada, que no aparece en ningún otro lado. Como lo plantea Rashi: “qué tiene que ver el Shabat con las festividades?” Las festividades son celebraciones anuales, el Shabat es semanal. Las festividades dependen del calendario fijado por el Bet Din.  Ese es el significado de la frase “las asambleas sagradas que proclamarás en los tiempos indicados.” El Shabat, en cambio, no depende de ningún acto del Bet Din y es independiente del calendario tanto lunar como solar. Su santidad proviene directamente de Dios, desde el amanecer de la creación. Juntar a ambos bajo un mismo título no parece tener sentido. El Shabat es una cosa, moadim y mikra’e kodesh, otra. Entonces, qué es lo que conecta a ambas?

Rashi nos dice que es para resaltar la santidad de las festividades. “El que profana las festividades es como si profanara el Shabat, y a la vez, el que observa las festividades es como si observara el Shabat.” Lo que Rashi quiere enfatizar es que podemos imaginar a alguien que diga que observa el Shabat porque es algo dado por Dios, pero las festividades son de una santidad menor, principalmente porque ciertos tipos de trabajo están permitidos y segundo, porque dependen del acto humano de fijarlos en el calendario. La inclusión del Shabat junto con las festividades es para negar este tipo de razonamiento.

Ramban propone una explicación muy diferente. El Shabat es mencionado antes de las festividades, de la misma forma que se menciona antes de las instrucciones de Moshé dadas al pueblo para comenzar los trabajos de construcción del Santuario, para decirnos que así como la construcción no supera al Shabat, de la misma manera el mandamiento de celebrar las festividades no supera al Shabat. De modo que, aunque podemos cargar y cocinar en las festividades, no lo podemos hacer si cae en Shabat.

Sin duda, la explicación más radical fue dada por el Gaon de Vilna. Según él, las palabras “Seis días trabajarás, pero el séptimo día es Shabat de Shabats” no corresponde a los días de la semana, sino a los días del año. Hay siete días sagrados especificados en nuestra parashá: el primero y séptimo de Pesaj, un día de Shavuot, Rosh Hashaná,  Iom Kipur, el primer día de Sucot y Shemini Atseret. En seis de ellos está permitido algún tipo de labor como cocinar o cargar, pero no en el séptimo, Iom Kipur, porque es el “Shabat de Shabats” (ver el versículo 32). La Torá utiliza dos expresiones distintas para la prohibición del trabajo en las festividades en general y para el “séptimo día.” En las festividades lo que está prohibido es  melejet avodá  (trabajo servil o pesado), mientras que en el séptimo día está prohibido melajá, “cualquier labor” aunque no sea pesada. Por lo cual Iom Kipur es al año lo que el Shabat es a la semana.

La lectura del Gaon de Vilna nos permite ver algo más: que el tiempo sagrado está construido sobre lo que he llamado (en la Introducción al Sidur) fractales: la misma construcción pero en distintos órdenes de magnitud. Así, la estructura de la semana – seis días de trabajo seguidos por el séptimo día, que es santo – es especular a la estructura del año – seis días de festividades menores seguidas por la séptima, Iom Kipur, de santidad suprema. Como veremos dentro de dos capítulos (Lev. 25) la misma construcción aparece en escala aún mayor: seis años comunes seguidos por el año de Shemitá, “absolución”.

Donde quiera que la Torá desee enfatizar la dimensión de santidad (la palabra kodesh aparece no menos de doce veces en Lev. 23), utiliza sistemáticamente el número y el concepto de siete. Por lo cual no sólo hay siete días sagrados en el calendario anual, también hay siete párrafos en el capítulo. La palabra siete o séptimo se repite dieciocho veces, así como la palabra del séptimo día, Shabat, en una u otra de sus formas, que lo hace quince veces. La palabra “cosecha” aparece siete veces.

Sin embargo, a mí me parece que Levítico 23 también relata otra historia – una profundamente espiritual. Recordemos nuestra propuesta (hecha por Yehuda Halevi e Ibn Ezra) de que casi la totalidad de los cuarenta capítulos entre Éxodo 24 y Levítico 25, son una digresión provocada por la postura de Moshé de que el pueblo necesitaba que Dios estuviera cerca. Querían hallarlo no sólo en la cima de la montaña sino en medio del campamento; no solo como un poder terrorífico que derrota imperios y divide el mar sino como una presencia constante en sus vidas. Fue por eso que Dios les dio el Santuario a los israelitas (Ex.25-40) y su servicio (todo el libro de Levítico).

Es por eso que la lista de festividades de Levítico enfatiza, no la dimensión social que encontramos en Deuteronomio, o la dimensión sacrificial de Números, sino la dimensión espiritual del encuentro, de la cercanía, de la conexión de lo humano con lo divino. Eso explica por qué vemos, en este capítulo más que en cualquier otro, dos palabras clave. Una es mo’ed, la otra mikra kodesh, y ambas son más profundas de lo que aparentan.

La palabra mo’ed no significa solamente el “tiempo indicado”. Encontramos la misma palabra en la frase ohel mo’ed que significa “tienda de reunión”. Si el ohel mo’ed era el lugar donde se encontraron Dios y el hombre, entonces mo’adim, en nuestro capítulo, son las veces que nos encontramos con Dios. Esta idea está dada en la hermosa expresión que aparece en la última línea de la canción mística que cantamos en Shabat, Yedid nefesh, “Apúrate, amada porque el tiempo indicado (mo’ed) ha llegado.” Significa en este caso una cita – un encuentro propuesto entre amantes para reunirse a determinada hora y lugar.

En cuanto a la palabra mikra kodesh, proviene de la misma raíz que la palabra que le da el nombre a todo el libro: Vayikrá, que significa “estar convocado con amor.” Un mikra kodesh no es solamente un día sagrado. Es un encuentro al cual hemos sido convocados por El que está cerca de nosotros.

Gran parte del libro de Vayikra trata de la santidad del lugar, el Santuario. Una parte trata de la santidad de la gente, los Cohanim, los sacerdotes, y de Israel en su totalidad, como “un reinado de sacerdotes.” En el capítulo 23, la Torá se refiere a la santidad del tiempo y los tiempos de santidad.

Somos seres espirituales pero también seres físicos. No podemos ser espirituales, estar cerca de Dios todo el tiempo. Es por eso que hay un tiempo secular además del sagrado. Pero un día de los siete de la semana, dejamos de trabajar y entramos en presencia del Dios de la creación. En ciertos días del año, en las festividades, celebramos el Dios de la historia. La santidad del Shabat está determinada solo por Dios, porque solo Él creó al universo. La santidad de las festividades está parcialmente determinada por nosotros (al precisar las fechas en el calendario) porque la historia es una sociedad entre Dios y nosotros. Pero en dos aspectos son iguales. Ambos son tiempos indicados (mo’ed) y en ambos nos sentimos llamados, invitados, convocados como huéspedes de Dios (mikra kodesh).

No podemos ser siempre espirituales. Dios nos ha dado un mundo material para ocupar. Pero en el séptimo día de la semana, y (originariamente) en siete días del año, Dios nos dedica un tiempo durante el cual sentimos la cercanía de la Shejiná y estamos inmersos en el esplendor del amor de Dios.

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