Aharei Mot 5774 – Carreras y Maratones

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias 

 

Aharei Mot 5774 – Carreras y Maratones

Fue único, irrepetible, un momento de liderazgo en su más alto nivel. Por cuarenta días Moisés había estado comunicándose con Dios, recibiendo la ley escrita sobre tablas de piedra. Entonces Dios le informa que el pueblo había hecho un becerro de oro. Él estaba por destruirlos. Fue la peor crisis en los años del desierto, y fue necesario llamar a cada uno de los talentos de Moisés como líder.

Primero, el oró a Dios para que no destruyera al pueblo. Dios aceptó. Entonces bajó de la montaña y vio al pueblo cabriolar alrededor del becerro. Inmediatamente, azotó las tablas. Quemó al becerro, mezcló sus cenizas con agua e hizo que el pueblo bebiera. Entonces llamó al pueblo que se uniera a él. Los levitas prestaron atención al llamado y llevaron a cabo un castigo sangriento en el que tres mil personas murieron. Entonces Moisés regresó a la montaña y oró por cuarenta días y cuarenta noches. Entonces  por cuarenta días más él se quedó con Dios mientras un nuevo set de tablas era gravado. Finalmente bajó de la montaña en el 10 de Tishrei trayendo las nuevas tablas con él como un signo visible de que el pacto de Dios con Israel prevalecía.

Esta fue un extraordinario show de liderazgo, a veces fuerte y decisivo, en otros lento y persistente. Moisés tenía que contender con ambos lados, induciendo a los israelitas a hacer teshuvah y Dios a ejercitar el perdón. En ese momento él era la más grande encarnación del nombre de Israel, queriendo decir uno quien pelea con Dios y con el pueblo y prevalece.

La buena noticia: alguna vez hubo un Moisés. Por él, el pueblo sobrevivió. La mala noticia es: ¿qué pasa cuando no hay Moisés? La misma Torah lo dice: “Ningún otro profeta se ha levantado en Israel como Moisés, quien el Señor conoció cara a cara” (Deut. 34:10). Ese es el problema encarado por cada nación, corporación, comunidad y familia. ¿Qué es lo que haces en la ausencia de liderazgo heroico? Es fácil decir “Piensa lo que Moisés hubiera hecho”. Pero Moisés hizo lo que hizo porque él era el que era. Nosotros no somos Moisés. Por eso cada grupo humano que alguna vez fue tocado por la grandeza enfrenta un problema de continuidad. ¿Cómo evita un declive lento?

La respuesta está dada en la parshá de esta semana. El día que Moisés descendió de la montaña con las segundas tablas era para ser inmortalizado convirtiendo su aniversario en un día santo, Yom Kippur. En este día, el drama de teshuvah y kapparah, arrepentimiento y expiación, serían repetidos anualmente. Este tiempo, la figura clave no sería Moisés sino Aarón, no el profeta sino el Sumo Sacerdote.

Así es como tú perpetúas un evento transformador: convirtiéndolo en un ritual. Max Webber llamaba esto la rutinización del carisma (1). Un momento de-una-sola-vez-y-nunca-mas se convierte en una ceremonia de una-vez-y-para-siempre. Como James MacGregor Burns lo pone en su trabajo clásico Liderazgo: “El más perdurable acto de liderazgo es la creación de una institución – una nación, un movimiento social, un partido político, una burocracia – eso continua para ejercer un liderazgo moral y adoptar necesidades de cambio social mucho después de que el líder creativo se haya ido” (2).

Hay un notable midrash en el que varios sabios ponen hacia adelanta la idea de klal gadol ba-Torah, “el gran principio de la Torah”. Ben Azzai dice este es el verso, “Este es el libro de las crónicas del hombre: En el día que Dios creó al hombre, Él lo hizo a la semejanza de Dios” (Gen. 5:1). Ben Zoma dice que hay un principio que abarca más, “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor es uno”. Ben Nanna dice que hay aún otro principio que abarca más: “Ama a tu vecino como a ti mismo”. Ben Pazzi dice que tenemos un principio que abarca aún más: “La primera oveja deberá ser ofrecida en la mañana, y la segunda por la tarde” (Ex. 29:39) – o como decimos ahora, Shajarit, Minjá y Maariv. En una palabra: “rutina”. El pasaje concluye: La Ley sigue Ben Pazzi. (3).

El significado de lo que Ben Pazzi dice es claro: todos los altos ideales del mundo – la persona humana como la imagen de Dios, creencia en la unidad de Dios, y el amor a los vecinos – cuentan por poco hasta que son convertidos en hábitos de acción que se convierten en hábitos del corazón. Todos podemos recordar momentos de iluminación o epifanía cuando de pronto entendemos de qué se trata la vida, lo que es la grandeza, y cómo nos gustaría vivir. Un día, una semana, o al menos un mes después la inspiración se decolora y se convierte en una memoria distante y nos quedamos como estábamos antes, sin cambios.

La grandeza del judaísmo es que da un espacio tanto al profeta como al sacerdote, figuras inspiracionales de un lado y del otro, rutinas diarias – la halajá – que toma exaltadas visiones y las convierte en patrones de comportamiento que reconfiguran el cerebro y cambian cómo sentimos y quienes somos.

Una de los más inusuales pasajes que he leído sobre judaísmo escrito por un no-judío ocurre en el libro de William Rees-Moggs sobre macroeconomía, The Reigning Error (4). Rees Mogg (1928-2012) fue un periodista financiero que se convirtió en editor de The Times, presidente del Consejo de las Artes y Vicepresidente de la BBC. Religiosamente él era un católico comprometido.

El inicia el libro con un completamente inesperado himno de elogio para el judaísmo halájico. Explica sus razones en hacerlo. La inflación, dice, es una enfermedad de excesos, un fracaso de disciplina, en este caso relacionado con el dinero. Lo que hace al judaísmo único, dice, es su sistema legal. Esto ha sido erróneamente criticado por cristianos como sequedad legalista. De hecho, la ley judía fue esencial para la supervivencia de los judíos porque “proveyó un estándar por el cual las acciones podían ser testeadas, una ley para la regulación de la conducta, un foco para la lealtad y una frontera para la energía de la naturaleza humana”.

Todas las fuentes de energía, más notablemente la energía nuclear, necesita de alguna forma de contención. Sin eso, se torna peligrosa. La ley judía ha actuado siempre como una contención para la energía espiritual e intelectual del pueblo judío. Esa energía “no ha meramente explotado o sido dispersada; ha sido aprovechada como un poder continuo”. Lo que los judíos tienen, argumenta, las economías modernas carecen: un sistema de auto-control que permite a las economías florecer sin auges y caídas, inflación y recesión.

Lo mismo aplica al liderazgo. En Good to Great, el teórico de la gestión Jim Collins argumenta que lo que las grandes compañías tienen en común es una cultura de disciplina.  En Great by Choice el usa la frase “la marcha de las 20 millas”, queriendo decir que las organizaciones excepcionales planean para el maratón, no para la carrera. La confianza, dice, “viene no de discursos motivacionales, inspiración carismática, manifestaciones salvajes de ánimo, optimismo infundado, o esperanza ciega” (5). Viene de hacer el acto, día tras día, año tras año. Las grandes compañías usan disciplinas que son específicas, metódicas y consistentes. Alientan a su personal a ser auto-disciplinadas y responsables. No sobre-reaccionan al cambio, sea para bien o para mal. Mantienen su ojo en el horizonte lejano. Sobre todo, no dependen de líderes heroicos, carismáticos que en lo mejor levantan la compañía por un momento pero no la proveen con la fortaleza en profundidad que necesitan para florecer en el largo plazo.

La clásica instancia de principios articulada por Burns, Rees-Mogg y Collins es la transformación que ocurre entre Ki Tisa y Aharei Mot, entre el primer Yom Kipur y el segundo, entre el liderazgo heroico de Moisés y la silenciosa, discreta disciplina sacerdotal de un día anual de arrepentimiento y expiación.

Convertir ideales en códigos de acción que formen hábitos del corazón es lo que tratan el judaísmo y el liderazgo. Nunca perder la inspiración de los profetas, pero nunca perder tampoco las rutinas que convierten los ideales en actos y sueños en una realidad lograda.

SacksSignature

(1) Ver Max Weber, Economy and Society, University of California Press, 1978, 246 ff.

(2) James MacGregor Burns, Leadership, 454.

(3) El pasaje es citado en la Introducción al comentario HaKotev a Ein Yaakov, la colección de pasages agadicos del Talmud. También es citado por Maharal en Netivot Olam, Ahavat Re’a 1.

(4) William Rees-Mogg, The reigning error: the crisis of world inflationLondon, Hamilton, 1974, 9-13.

(5) Jim Collins, Good to Great, London, Random House Business, 2001. Great By Choice, London, Random House Business Books, 2011.

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