Metsorah 5774 – Cómo elogiar

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias 

Metsorah 5774 – Cómo elogiar 

Los sabios fueron elocuentes en el asunto de lashon hara, discurso malvado, el pecado que tomaron como la causa de tsara’at, el tema de la parsha de esta semana. Pero hay un principio meta-halájico: “Desde lo negativo tu puedes inferir lo positivo” (1). Entonces, por ejemplo, de la seriedad de la prohibición contra Jilul Hashem, profanar el nombre de Dios, puedes inferir la importancia de lo opuesto, Kiddush Hashem, santificar el nombre de Dios.

Entonces debe haber en principio un concepto de lashon hatov, el buen discurso, y debe ser más que una mera negación de lo opuesto. La forma de evitar lashon hara es practicar el silencio, y de hecho los sabios fueron elocuentes en la importancia del silencio (2). El silencio nos salva del discurso malvado pero sobre y en sí mismo no alcanza nada positivo. ¿Qué es entonces lashon hatov?

Lashon hatov – una de las más importantes tareas de un líder, un padre o un amigo – es elogios focalizados. El texto clásico sobre esto es un Mishnah en el tratado de Avot. “La Ética de nuestros padres”:

Rabban Yojanan ben Zakkai tuvo cinco (prominentes) discípulos, a saber Rabbi Eliezer ben Hyrcanus, Rabbi Yoshua ben Jananya, Rabbi Yose el Kohen, Rabbi Shimon ben Netanel, and Rabbi Elazar ben Arakh.

Él solía recontar sus elogios: Eliezer ben Hyrcanus: un yeso bueno que nunca pierde una gota. Yoshua ben Jananya: feliz aquella que le dio a luz. Yose el Kohen: un hombre piadoso. Shimon ben Netanel: un hombre que teme al pecado. Elazar ben Arakh: un arroyo siempre fluyente. (Avot 2:10-11)

La Mishnah está haciendo más que decirnos lo que Rabban Yojanan ben Zakkai tenía discípulos. Cada rabino tiene discípulos. La imperativa “Cría muchos discípulos” (3) es una de las enseñanzas rabínicas más antiguamente registradas. Lo que la Mishnah nos está diciendo es cómo crear discípulos. Es sencillo tener estudiantes que son devotos no críticos pero nunca se convierten en intelectos creativos en su propio derecho. No es difícil crear seguidores. Es mucho más difícil crear líderes. Rabban Yojanan ben Zakkai era un gran maestro porque cinco de sus estudiantes se convirtieron en gigantes sobre su propio derecho. La Mishnah nos está diciendo cómo lo hizo.

Lo hizo enfocándose en elogios. Le enseñó a cada uno de sus alumnos dónde estaba su fortaleza particular. Eliezer ben Hyrcaus, “yeso bueno que nunca pierde una gota” estaba dotado con una memoria espléndida – un importante talento en una era en la que los manuscritos eran una cosa rara y las Leyes Orales aún no estaban escritas. Shimon ben Netanel, “el hombre que teme al pecado” podría no tener la brillantez intelectual de los otros pero su naturaleza reverencial era un recordatorio a los otros de que ellos no eran meros escolares sino hombres santos comprometidos en una tarea sagrada. Elazar ben Arakh, el “arroyo siempre fluyente”, tenía una mente creativa constantemente levantando nuevas interpretaciones a textos antiguos.

Descubrí el poder transformativo de los elogios focalizados de una de las personas más notables que he conocido, la difunta Lena Rustin. Lena era una terapeuta del lenguaje, especializada en ayudar a niños tartamudos. La conocí a través de un documental televisivo que estaba haciendo para la BBC sobre el estado de la familia en Gran Bretaña. Lena creía que los jóvenes tartamudos que estaba tratando – tenían, en promedio, alrededor de 5 años – tenían que ser comprendidos en el contexto de sus familias. Las familias tienen a desarrollar un equilibrio. De ahí que si el niño pierde su tartamudeo, todas las relaciones dentro de la familia deberán ser renegociadas. No sólo debe cambiar el niño. Lo deben hacer todos los demás.

Por mucho, tendemos a resistirnos al cambio. No establecemos en patrones de comportamiento hasta que se convierten en algo cómodo como a un sillón viejo o a un par de zapatos cómodos. ¿Cómo creas una atmósfera dentro de la familia que aliente el cambio y no lo haga ver como una amenaza? La respuesta que Lena descubrió fue elogiar. Ella les dijo a las familias con las que ella trabajaba que cada día ellos deben encontrar a cada miembro de la familia haciendo algo bien, y decirlo, específicamente, positivamente y agradecidamente.

Ella no fue hacia explicaciones profundas, pero al verla en su trabajo empecé a darme cuenta lo que ella estaba haciendo. Estaba creando, en cada hogar, una atmósfera de mutuo reconocimiento y continuo reforzamiento positivo. Ella quería que los padres formaran un ambiente de respeto a sí mismos y auto-confianza, no sólo para el niño tartamudo sino para cada miembro de la familia, para que toda la atmósfera del hogar fuera una en la que las personas se sintieran seguras de cambiar y ayudar a otros a hacerlo.

De pronto me di cuenta que ella había encontrado la solución no solo para el tartamudeo sino para la dinámica de grupos como un todo. Mi intuición fue prontamente confirmada de una forma sorprendente. Había habido tensiones entre el equipo de la televisión con quien había estado trabajando. Varias cosas habían salido mal y había una atmósfera de recriminación mutua. Después de la sesión en la que filmaron a Lena Rustin enseñando a los padres cómo dar y recibir elogios, los miembros del equipo empezaron a elogiarse entre ellos. Instantáneamente la atmósfera fue transformada. La tensión se disolvió, y la filmación fue divertida otra vez. Los elogios dan a las personas la confianza a dejar ir los aspectos negativos de su carácter y alcanzar su completo potencial.

Hay en el elogio un mensaje espiritual profundo. Pensamos que la religión es sobre la fe en Dios. Lo que no había comprendido completamente antes era que la fe en Dios debería de llevarnos a tener fe en las personas, ya que la imagen de Dios está en cada uno de nosotros, y tenemos que aprender cómo discernirla.  Entonces yo comprendí que la frase repetida en Génesis 1 “Y Dios vio que era bueno”, está ahí para enseñarnos a ver el bien en las personas y eventos, y al hacerlo, ayudarnos a fortalecerlo. También comprendí que Dios castigó brevemente a Moisés al hacer que su mano tuviera lepra – como se mencionó en el pasado capítulo de Pacto y Conversación – porque él había dicho sobre los israelitas “Ellos no creerán en mi”. Moisés había recibido una lección fundamental del liderazgo: No importa si ellos creen en ti. Lo que importa es que tú creas en ellos.

Fue de otra inteligente mujer que aprendí otra importante lección sobre elogios. La psicóloga de Stanford Carol Dweck, en su libro Mindset (4) argumenta que lo que hace una decisiva diferencia entre que creamos que nuestras habilidades sean innatas y determinadas de una vez y para siempre (la mentalidad “fija”), o creer que el talento es algo que alcanzamos a través de tiempo y esfuerzo, práctica y persistencia (la mentalidad “de crecimiento”). La primera tiende a ser adversa a los riesgos, se asusta que si se fracasa se demostrará que no se es tan bueno como se pensaba. La segunda abraza el riesgo porque se toma el fracaso como una experiencia de aprendizaje de la cuál crecemos. Sigue que hay bueno y malos elogios. Los padres y maestros no deberían elogiar niños en términos absolutos: “Eres dotado, brillante, una estrella”. Deberían elogiar el esfuerzo: “Te esforzaste mucho, tu diste lo mejor”. Deberían alentar a una mentalidad de crecimiento, no a una fija.

Quizá esto explique las tristes secuelas en la vida de los dos alumnos más talentosos de Rabban Yojanan ben Zakkai. La Mishnah inmediatamente siguiendo una cita mencionada arriba establece:

Él (Rabban Yojanan ben Zakkai) solía decir: Si todos los sabios de Israel estuvieran en una escala de una balanza y Eliezer ben Hyrcanus estuviera en la otra, el los superaría en peso a todos. Sin embargo, Abba Saul dijo en su nombre: Si todos los sabios de Israel, incluyendo a Eliezer ben Hyrcanus, estuvieran en una escala de una balanza, y Elazar ben Arakh estuviera en la otra, el los superaría en peso a todos. (Avot 2:12)

Trágicamente Rabbi Eliezer ben Hyrcanus fue eventualmente ex comunicado por sus colegas por no aceptar la opinión de la mayoría sobre un asunto de la ley judía (5). Rabbi Elazar ben Arakh, se había separado de sus colegas. Cuando fueron a la academia en Yavneh, fue a Emmaus, un lugar agradable para vivir pero carente de otros escolares de la Torah. Eventualmente el olvidó sus enseñanzas y se convirtió en una pálida sombra de su ser anterior (6). Puede ser que elogiar a sus estudiantes por sus habilidades innatas más que por su esfuerzo, Rabban Yojanan ben Zakkai inadvertidamente alentó a los dos más talentosos a desarrollar una mentalidad fija más que a comprometerse con sus colegas y mantenerse abiertos al crecimiento intelectual.

Los elogios y cómo los administramos son un elemento fundamental en cualquier tipo de liderazgo. Reconocer el bien en las personas y decirlo, nosotros ayudamos a que el potencial de las personas de frutos. Elogiar sus esfuerzos más que sus talentos innatos ayuda a animar el crecimiento, sobre el cual Hillel solía decir: “Aquel que no aumenta su conocimiento, lo pierde”. (Avot 1:13). El correcto tipo de elogios cambia vidas. Ese es el poder de lashon hatov. El mal discurso nos disminuye; el buen discurso puede levantarnos a grandes alturas. O como W.H. Auden dijo en uno de sus hermosos poemas: “En la prisión de sus días. Enseña al hombre libre cómo elogiar”.

 

 

SacksSignature

(1) Nedarim 11a.

(2) Ver por ejemplo Mishnah Avot 1:17; 3:13.

(3) Avot 1:1.

(4) Carol Dweck, Mindset, Ballantine Books, 2007.

(5) Baba Metsia 59b.

(6) Shabbat 147b.

 

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