Tazria 5774 – El precio de la libertad de expresión

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias 

 

Tazria 5774 – El precio de la libertad de expresión

Hannah Smith era una chica de 14 años viviendo en Lutterworth, Leicestershire. Brillante y extrovertida, disfrutaba una activa vida social y parecía tener un excitante futuro delante de ella. En la mañana del 2 de agosto de 2013 Hannah fue encontrada colgada en su habitación. Ella se había suicidado.

Buscando revelar qué había pasado, su familia pronto descubrió que ella había sido el blanco de abusivos posts anónimos en el sitio web de una red social. Hannah fue víctima de la más reciente variante de la historia más antigua de la humanidad: el uso de palabras como armas por aquellos que buscan infligir dolor. La nueva versión se llama cyber-bullying.

La frase judía para este tipo de comportamiento es lashon hara, discurso malvado, discurso sobre personas que es negativo y degradante. Significa, muy simplemente, hablar mal sobre las personas, y es un subconjunto de la prohibición bíblica contra el esparcimiento de rumores (1).

A pesar del hecho que en la Torah no se señala una prohibición en su propio derecho, los sabios lo consideraron como uno de los peores de todos los pecados. Dijeron, sorprendentemente, que es tan malo como si los tres pecados cardinales – idolatría, asesinato e incesto – combinados. Más significativamente en el contexto de Hannah Smith, dicen que mata a tres personas, a quien lo dice, de quien se habla, y a quien lo escucha (2).

La conexión con la parsha de esta semana es sencilla. Tazria y Metsora, son sobre una condición llamada tsara’at, algunas veces traducida como lepra. Los comentadores estuvieron confundidos en tanto a lo que es esta condición y por qué se le debería de dar prominencia en la Torah. Ellos concluyeron que era precisamente porque es un castigo para lashon hara, discurso despectivo.

Evidencia para esto es la historia de Miriam (Números 12:1) quien habló despectivamente sobre su hermano Moisés “por la esposa etíope que había tomado”. Dios mismo se sintió ligado a defender el honor de Moisés y como castigo, tornó a Miriam en leprosa. Moisés oró para que Dios la sanara. Dios mitigó el castigo a siete días, pero no lo anuló completamente.

Claramente este no fue un asunto menor, porque Moisés lo señala entre las enseñanzas que el da para la siguiente generación: “Recuerden lo que el Señor tu Dios hizo a Miriam a lo largo del camino después que saliste de Egipto” (Deut. 24:9, y ver Ibn Ezra ad loc).

Suficientemente extraño Moisés mismo, de acuerdo a los sabios, había sido brevemente culpable de la misma ofensa. En la zarza ardiente cuando Dios lo retó a liderar al pueblo Moisés respondió, “Ellos no creerán en mi” (Ex. 4:1). Dios entonces le dio a Moisés tres señales: agua que se tornó en sangre, un báculo que se convirtió en serpiente y su mano brevemente tornándose leprosa. Encontramos referencia después en la narrativa de la sangre tornándose en sangre y el báculo en serpiente, pero ninguna a una mano que se torna leprosa.

Los sabios, siempre alerta a los matices del texto bíblico, dicen que esa mano que se tornó leprosa no es una señal sino un castigo. Moisés estaba siendo reprendido por “infundir dudas contra el inocente” diciendo que los israelitas no creerían en él. “Ellos son creyentes los hijos de creyentes”, dijo Dios de acuerdo al Talmud, “pero al final tú no creerás”. (3)

Qué tan peligroso lashon hara puede ser está ilustrado por la historia de José y sus hermanos. La Torah dice que él “trajo un informe malvado” a su padre sobre alguno de sus hermanos (Gen. 37:2). Esta no fue la única provocación que llevó a sus hermanos a complotar para matarlo y eventualmente venderlo como esclavo. Hubo muchos otros factores. Pero por ese rumor despectivo no se hizo querer por sus hermanos.

No es menos desastroso el “reporte malvado” (dibah: la Torah usa la misma palabra como lo hace en el caso de José) que trajeron de regreso los espías sobre la tierra de Canaán y sus habitantes (Num. 13:32). Incluso después que las oraciones de Moisés a Dios por perdón, el informe retrasó la entrada a la tierra por casi cuarenta años y condenó a toda un generación a morir en el desierto.

¿Por qué es la Torah tan severa sobre lashon hara, marcándolo como uno de los peores pecados? Parcialmente tiene unas raíces profundas en el entendimiento judío de Dios y la condición humana. El judaísmo es menos una religión de gente santa y lugares sagrados de lo que es una religión de palabras sagradas.

Dios creó al universo con palabras: “Y Dios dijo, Que sea….y así fue.” Dios se revela a sí mismo en palabras. El habló a los patriarcas y a los profetas y en el Monte Sinaí a la nación completa. Nuestra propia humanidad tiene que ver con nuestra habilidad de usar el lenguaje. La creación del Homo Sapiens está descrita en la Torah así: “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló dentro de sus fosas nasales el aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser vivo” (Gen. 2:7). El Targum entrega la última frase como “y el hombre se convirtió en un ser hablante”. El lenguaje es vida. Las palabras son creativas pero también destructivas. Si las buenas palabras son sagradas entonces las palabras malvadas son una profanación.

Una señal de que tan seriamente el judaísmo toma esto está en la oración que decimos al final de cada Amidah, al menos tres veces al día: “Dios mío, preserva mi lengua del mal y mis labios de hablar engaño. Que mi alma se inmute para quienes me maldigan, y que mi alma sea como el polvo para todos.”  Habiendo rezado a Dios al inicio a que “Abre mis labios para que mi boca relate Tu alabanza”, rezamos a Él al final a que nos ayude a cerrar nuestros labios para que no hablemos mal de otros, no reaccionemos cuando otros hablan mal de nosotros.

A pesar de todo, sin embargo – a pesar de la prohibición en la Torah  sobre los rumores, a pesar de sus historias sobre José, Moisés, Miriam y los espías, a pesar de las censuras sin precedentes contra el discurso maligno por los sabios – lashon hara sigue siendo un problema a través de la historia judía y lo sigue siendo el día de hoy. Cada líder está sujeto a esto. Los sabios dicen que cuando Moisés levantó su tienda temprano en la mañana, la gente diría, “Ya ves, él ha tenido una bronca con su mujer”. Si la levantaba tarde dirían, “Él está haciendo un complot contra nosotros” (4).

Cualquiera desde un CEO a un padre a un amigo que busca ser un líder tiene que confrontar el tema de leshon hara. Primeramente él o ella quizá tengan que verlo como el precio de cualquier tipo de logro. Algunas personas son envidiosas. Corren rumores. Se construyen a sí mismos al poner a otras personas abajo. Si estás en algún tipo de posición de liderazgo, puede ser que tengas que vivir con el hecho de que detrás de tu espalda – o incluso en tu cara – la gente te criticará, será maliciosa, desdeñosa, vilipendia y a veces francamente deshonesta. Esto puede ser difícil de soportar. Habiendo conocido a muchos líderes en muchos campos puedo testificar que no todas las personas en el ojo público tienen una piel gruesa. Muchos de ellos son muy sensibles y pueden encontrar las críticas injustas y constantes profundamente agotadoras.

Si alguna vez sufriste esto, el mejor consejo está dado por Maimonides: “Si una persona es escrupulosa en su conducta, gentil en su conversación, agradable hacia sus criaturas compañeras, afable en la manera en que los recibe, incluso aquellas que lo tratan con desdén….tal persona ha santificado a Dios y sobre ella la Escritura dice, “Tú eres mi siervo, Israel, en quien Yo seré glorificado (Isaías 49:3)” (5).

Esa es la relación al lashon hara dirigido contra ti mismo. Así como para el grupo como un todo, sin embargo, tú debes practicar tolerancia cero hacia el leshon hara. Permitir a la gente hablar mal sobre otros eventualmente destruirá la integridad del grupo. El discurso malvado genera malas energías. Dentro del grupo siempre las semillas de la desconfianza y envidia. Dirigido hacia afuera del grupo puede llevar a la arrogancia, auto justificación, racismo y prejuicio, todas las cuales son fatales para la credibilidad moral de cualquier equipo. Seas o no seas el líder de tal grupo debes educadamente dejar claro que no tendrás nada que ver con este tipo de discurso y que no tiene lugar en tus conversaciones.

El Cyber-bullying es la última manifestación de leshon hara. En general el Internet es el distribuidor más efectivo del discurso de odio que jamás se haya inventado. No solo hace que la comunicación dirigida sea tan sencilla, sino que también deriva los encuentros cara a cara que muchas veces pueden inducir vergüenza, sensibilidad y auto control. El mito griego contaba la historia del anillo de Gyges que tenía la propiedad mágica de hacer invisible a quien lo usara, para que él o ella pudiera escapar de cualquier cosa (6). Los medios sociales que habilitan a las personas a postear comentarios anónimos o adoptar identidades falsas están más cerca que nadie ha estado jamás de inventar el anillo de Gyges. Eso es lo que es tan peligroso de la Internet.

La historia de Hannah Smith y los otros suicidios adolescentes es un trágico recordatorio de que tan correctos estuvieron los sabios de rechazar la idea “las palabras nunca pueden lastimarme”, e insistieron en lo contrario en que el discurso malvado mata. La libertad de expresión no es un discurso que no cueste. Es el discurso que respeta la libertad y la dignidad de los otros. Olvidar esto y la libertad de expresión se convierte ciertamente en algo muy caro.

Todo esto nos ayuda a entender la idea bíblica de tsara’at. La peculiar propiedad de tsara’at – sea una enfermedad de la piel, una decoloración de las telas o moho en las paredes de una casa – es lo que fue inmediatamente y conspicuamente visible. Las personas se comprometen en leshon hata porque, como portadores del anillo de Gyges, piensan que pueden salirse con la suya. “No fui yo. Nunca lo dije. No lo quise decir. Fue un malentendido.” La Torah está aquí para decirnos que el discurso malicioso proferido en privado será estigmatizado en público y que aquellos que participen en él serán abiertamente avergonzados.

Para ponerlo simple: como nosotros nos portemos con otros, Dios se portara con nosotros. No esperes que Dios sea generoso a aquellos que son crueles a sus compañeros humanos.

SacksSignature

(1) Leviticus 19: 16.

(2) Ver Maimonides, Hilkhot Deot 7: 3.

(3) Shabbat 97a.

(4) Ver Rashi a Deut. 1: 12.

(5) Maimonides, Hilkhot Yesodei ha-Torah 5: 11.

(6) Ver Platón, La República, libro 2, 359a–360d.

 

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