Rabino Sacks Tazría 5776 – El octavo día

Traductor: Carlos Betesh, Comunidad Chalom, Buenos Aires

Editor: Ben-Tzion Spitz, Gran Rabino, Uruguay

 

El octavo día

Tazría – 9 de abril, 2016 / 1 Nissan 5776

Rabino Sacks Tazria 5776 [PDF] 

 

Nuestra parashá comienza con un parto, y en el caso de que sea un varón, «En el octavo día la piel del prepucio será circuncidada.» (Lev. 12: 3). Esto se conoció no sólo como milá «circuncisión» sino como algo significativamente más teológico, brit milá, «el pacto de la circuncisión». Se debe a que aún antes del episodio del Sinaí, casi en los albores de la historia del judaísmo, la circuncisión representó  la señal del pacto entre Dios y Abraham. (Gen. 17: 1-14).

Por qué la circuncisión? Por qué no fue desde el comienzo sólo una mitzvá, un precepto entre tantos otros, sino la verdadera señal del pacto de Dios con nosotros y de nosotros con Él? Y por qué en el octavo día? La parashá de la semana pasada se llamó Sheminí «el octavo día» (Lev. 9: 1) porque se refería a la inauguración del Mishkán, el Santuario, que también tuvo lugar en el octavo día. Habrá conexión alguna entre estos dos eventos tan distintos?

El lugar para comenzar este tema es en un extraño midrash que recuerda el encuentro entre el gobernador romano Tyranus Rufus (1) y Raví Akiva. Rufus comenzó con la pregunta: «Cuáles obras son mejores, las del hombre o las de Dios?» Sorprendentemente, el Rav le contestó:  «Las del hombre.» A lo cual el romano le replicó: «Pero mira a los cielos y la tierra. Puede un ser humano hacer algo semejante?» Ravi Akiva le contestó que la comparación era improcedente. «Crear el cielo y la tierra claramente va más allá de las posibilidades humanas. Deme un ejemplo de un tema que esté dentro de lo que puede hacer el hombre.» Rufus le preguntó «Por qué practican la circuncisión?» A lo cual Akiva le contestó: «Sabía que iba a hacer esa pregunta. Es por eso que dije que las obras del hombre eran mejores que las de Dios.»

El rabino le presentó al gobernador mazorcas de maíz y tortas. El maíz sin procesar es obra de Dios, las tortas, del hombre. No es más agradable comer las tortas que la mazorca cruda del maíz?  Entonces Rufus dijo «si Dios quiere que hagamos la circuncisión, por qué no hizo que los bebés nacieran circuncisos?» El Rav contestó, «Dios dio los preceptos a Israel para que perfeccione su carácter.» (2) Esta conversación es extraña, pero como veremos, profundamente significativa. Para comprenderla, debemos retroceder al comienzo de nuestro tiempo.

La Torá nos dice que durante seis días Dios creó el universo y el séptimo día descansó, declarándolo sagrado. Su última creación hecha el sexto día, fue la humanidad: el primer hombre y la primera mujer. Según los sabios, ya en ese día Adán y Eva pecaron por comer el fruto prohibido y fueron sentenciados al exilio del Jardín del Edén. Sin embargo, Dios retrasó la sentencia un día para que pudieran pasar Shabat en el lugar. Al terminar el día los humanos estaban por ser enviados al mundo en la oscuridad de la noche, por lo cual Dios se apiadó de ellos y les enseñó a hacer la luz. Es por eso que prendemos una vela especial en la Havdalá, no sólo para marcar la finalización del Shabat sino también para mostrar que comenzamos la semana de labor con la luz que Dios nos enseñó a hacer.

La vela de Havdalá por lo tanto representa la luz del octavo día – que marca el comienzo de la creatividad humana. Así como Dios comenzó el primer día de la creación con las palabras «Que se haga la luz», así al comienzo del octavo día Dios mostró a los seres humanos cómo también ellos podían hacer la luz. La creatividad humana es por lo tanto concebida en el judaísmo paralela a la creatividad de Dios (3) y su símbolo es el octavo día.

Es por eso que el Mishkán fue inaugurado el octavo día. Como han notado Nejama Leibowitz y otros, hay un indudable paralelismo entre el lenguaje que usa la Torá para describir la creación del universo, y la creación del Santuario por los israelitas. El Mishkán era un microcosmos – una miniatura del cosmos tal que Génesis comienza y Éxodo termina con historias de creación, el primero de la mano de Dios, el segundo por los israelitas. El octavo día es cuando celebramos la contribución humana a la creación.

            Es por eso que la circuncisión se lleva a cabo en el octavo día. Nosotros creemos que toda vida viene de Dios. Todo ser humano lleva su imagen y semejanza. Vemos a cada niño como un regalo de Dios: «Los niños son la provisión de Dios; el fruto del vientre, Su regalo» (Sal. 127: 3) Pero se requiere un acto humano – la circuncisión – para señalar que un varón judío ha entrado en el Pacto.  Por eso se hace el octavo día, para enfatizar que el acto simboliza que la entrada al pacto es un acto humano – así como fue el acto en que los israelitas al pie del Sinaí dijeron «Todo lo que ha dicho el Señor, haremos y obedeceremos» (Ex. 24: 7).

Reciprocidad y carácter mutuo caracterizan la particular naturaleza del pacto específico que hizo Dios, primero con Abraham, después con Moshé y los israelitas. Aquí se nota la diferencia con el pacto universal que hizo Dios con Noaj y a través de él, con toda la humanidad. Ese pacto, descripto en Génesis 9, no requería una respuesta humana. El contenido eran los siete mandamientos noájicos. Su símbolo era el arco iris. Pero Dios no le pidió nada a Noaj, ni siquiera su aprobación. El judaísmo comprende la dualidad especial de lo universal y lo particular. Estamos todos en este pacto con Dios por el mero hecho de nuestra humanidad. Estamos sujetos, todos nosotros, a las leyes básicas de la moralidad. Esto forma parte de lo que significa  ser humano.

Pero ser judío también es parte de un pacto particular de reciprocidad con Dios. Él nos llama. Nosotros respondemos. Dios comienza el trabajo y nos pide que lo completemos. Eso es lo que representa la circuncisión. Dios no hizo que los niños varones nacieran circuncisos, dijo el Raví Akiva, porque nos dejó intencionalmente este acto, esta señal del pacto, para nosotros.

Ahora comenzamos a entender en toda su profundidad la conversación entre Ravi Akiva y el gobernador romano Tyranus Rufus. Para los romanos, los griegos y todo el mundo antiguo en general, los dioses se encontraban en la naturaleza: en el sol, el mar, el cielo, la tierra y sus estaciones, los campos y su fertilidad. En el judaísmo, Dios está más allá de la naturaleza, y su pacto con nosotros también nos lleva más allá de la naturaleza. Por eso, para nosotros, no todo lo natural es bueno. La guerra es natural. El conflicto es natural. La violenta competencia para ser el macho alfa, es natural. Los judíos – y otros inspirados por el Dios de Abraham – creemos, como le dijo Katheryn Hepburn a Humphrey Bogart en The African Queen: «superar la naturaleza, Sr. Allnut, es para  lo que fuimos puestos en este mundo.»

A los romanos la circuncisión les pareció extraña porque era antinatural. Por qué no celebrar el cuerpo humano tal como fue creado por Dios? El Raví Akiva le explicó al gobernador romano que Dios valora la cultura, no sólo la naturaleza, el trabajo del hombre, no sólo el trabajo de Dios. Fue por este racimo de ideas – que Dios dejó la creación inconclusa para que pudiéramos ser socios en su terminación; que respondiendo a Sus preceptos nos volvemos más refinados; que Dios celebra nuestra creatividad y asiste sobre la marcha a los primeros humanos enseñándolos a hacer la luz – que hizo al judaísmo único en su fe en Dios, y en la fe de Dios en el hombre. Todo esto está implícito en la idea del octavo día en que Dios arrojó al hombre al mundo para ser Su socio en la tarea de la creación.

Por qué está esto simbolizado en el acto de la circuncisión? Porque si Darwin estuviera en lo cierto, el más primario de los instintos humanos es el de buscar transmitir sus genes a la generación siguiente. La circuncisión simboliza el concepto de que hay algo más elevado que la naturaleza. Pasar nuestros genes a la generación siguiente no debiera ser un instinto ciego, una pulsión darwiniana. El pacto abrahámico estuvo basado en la fidelidad sexual, la santidad del matrimonio y la consagración del amor que trae una nueva vida al mundo. (4) Es el rechazo de la ética del macho alfa.

Dios creó la naturaleza física: la naturaleza reglada por la ciencia. Pero Él nos pide que seamos co-creadores, junto con Él, de la naturaleza humana. Como dijo el R. Abraham Mordecai Alter de Ger  “Cuando Dios dijo ´hagamos al hombre a nuestra imagen, ´con quien estaba hablando? Con el hombre mismo. Dios le dijo al hombre: hagamos – tú y Yo – al hombre,  juntos.” (5) El símbolo de esa creación conjunta es el octavo día, el día en que Él nos ayuda a comenzar a crear un mundo pleno de luz y de amor.

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(1) Quintus Tyranus Rufus era el gobernador de Judea durante el levantamiento de Bar Kojba. Es conocido en la literatura rabínica como “malvado”. Su hostilidad hacia las prácticas judías fue uno de los factores que impulsó la revuelta.

(2) Tanhuma, Tazria 5.

(3) Esto está señalado en la lectura de la Havdalá donde menciona las cinco havdalot, “distinciones,” entre lo sagrado y lo profano, la luz y la oscuridad, Israel y las naciones, Shabat y los días de semana, y al final “el que distingue lo sagrado de lo profano.” Esto va en paralelo a Génesis 1 donde el verbo lehavdil – distinguir, separar, aparece cinco veces.

(4) Como he señalado en otras oportunidades, es el motivo por el cual en Génesis no se critica la idolatría, pero sí, implícitamente, en por lo menos seis instancias, la falta de ética sexual entre las personas que entraron en contacto con los profetas y sus familias.

(5) R. Avraham Mordecai Alter de Ger, Likkutei Yehuda.

 

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