Ha’azinu 5774 – El llamado del líder a la responsabilidad

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

Ha’azinu 5774 – El llamado del líder a la responsabilidad

Cuando las palabras toman vuelo, se modulan hacia una canción. Eso es lo que hacen aquí en Haazinu como Moisés, con el ángel de la muerte ya a la vista, se prepara para irse de esta vida. Nunca antes había el hablado con tal pasión. Su lenguaje es vívido, incluso violento. El quiere que sus palabras nunca sean olvidadas. En un sentido, el ha estado articulando esta verdad por cuarenta años pero nunca antes con tanta emoción. Esto es lo que él dice:

Escuchad, cielos, que yo pueda hablar,

Tierra, escucha lo que dice mi boca…

La Roca, Sus actos son perfectos,

por todos sus caminos son justos.

Un Dios leal sin maldad,

Justo y recto es Él.

Él no es corrupto; el defecto está en sus hijos,

Una generación combada y retorcida.

¿Este es el camino en el que resarces a Dios,

Pueblo ingrato, imprudente?

Acaso no es tu padre, tu Maestro.

El te creó y te estableció. (Deut. 32: 1-6)

No culpes a Dios cuando las cosas van mal. Eso es lo que Moisés siente tan apasionadamente. No creas, dice él, que Dios está ahí para servirnos. Nosotros estamos aquí para servirle a Él y a través de Él bendecir al Mundo. Dios no está ahí para relevarnos de nuestra responsabilidad. Es Dios quien nos llama a la responsabilidad.

Con estas palabras Moisés trae un cierre al drama que empezó al inicio con Adán y Eva en el Jardín del Edén. Cuando ellos pecaron, Adán culpó a la mujer, la mujer culpó a la serpiente. Así fue en el inicio y así sigue siendo en el siglo veintiuno del tiempo secular.

La historia de la humanidad ha sido la mayor parte un escape de la responsabilidad. Los culpables cambian. Sólo el sentido de victimismo permanece. No fuimos nosotros. Fueron los políticos. O los medios. O los banqueros. O nuestros genes. O nuestros padres. O el sistema, sea el capitalismo, el comunismo o algo en el medio. Más que todo, es la culpa de los otros, los que no son como nosotros, infieles, hijos de Satán, hijos de la oscuridad, los no redimidos. Los perpetradores de los más grandes crímenes contra la humanidad en toda la historia estaban convencidos que no eran ellos. Ellos estaban “sólo obedeciendo órdenes”. Cuando todo lo demás falla, culpa a Dios. Y si no crees en Dios, culpa al pueblo que sí cree. Ser humano es buscar el escape de la responsabilidad.

Eso es lo que hace que el judaísmo sea diferente. Es lo que hace que algunas personas admiren a los judíos y otros los odien. Para el judaísmo es la llamada de Dios a la responsabilidad humana. De este llamado tú no te puedes esconder, como Adán y Eva descubrieron cuando lo intentaron, y tú no puedes escapar, como Jonás lo aprendió en el estómago de un pez.

Lo que Moisés estaba diciendo en su gran canción de despedida puede parafrasearse así: “Amado pueblo, los he liderado por cuarenta años, y mi tiempo está llegando a su fin. Por el último mes, desde que empecé mis discursos, este Devarim, he tratado de decirles las cosas más importantes sobre su pasado y futuro. Les ruego no lo olviden.”

Sus padres fueron esclavos. Dios los trajo y te trajo a ti a la libertad. Pero esa fue libertad negativa, jofesh. Eso quiso decir que no había nadie que te ordenara. Esa clase de libertad no es inconsecuente, porque su ausencia sabe como a pan sin levadura y a hierbas amargas. Cómelas una vez al año para que nunca olvides de dónde vienes y quién te trajo fuera.”

Pero no pienses que jofesh solo puede sostener a una sociedad libre. Cuando todos son libres a hacer lo que quieren, el resultado es anarquía, no libertad. Una sociedad libre requiere jerut, la libertad positiva que sólo viene cuando el pueblo internaliza los hábitos de auto-control para que mi libertad no sea comprada a expensas de la tuya, o la tuya a costa de la mía.”

Eso es por qué yo te he enseñado todas estas leyes, juicios y estatutos. Ninguno de ellos es arbitrario. Ninguno de ellos existe porque a Dios le guste dar leyes. Dios da leyes a las mismas estructuras de materia – leyes que generan un vasto, maravilloso, casi insondable universo. Si Dios sólo estuviera interesado en dar leyes, Él se hubiera confinado a sí mismo a las cosas que obedecen esas leyes, a decir materia sin mente y formas de vida que no conocen la libertad.”

Las leyes que Dios me dio y yo te di existen no por el bien de Dios sino por el nuestro. Dios nos dio libertad – la más rara, preciosa, insondable cosa de todas las demás cosas excepto que la vida misma. Pero con la libertad viene la responsabilidad. Eso significa que nosotros debemos tomar el riesgo de la acción. Dios nos dio la tierra pero nosotros debemos conquistarla. Dios nos dio los campos pero nosotros debemos arar, sembrar y cosecharlos. Dios nos dio cuerpos pero nosotros debemos cuidarlos y sanarlos. Dios es nuestro padre; Él nos hizo y nos estableció. Pero los padres no pueden vivir las vidas de sus hijos. Ellos pueden sólo enseñarles por instrucción y amor el cómo vivir.”

Entonces cuando las cosas van mal, no culpes a Dios. Él no es corrupto; nosotros lo somos. Él es recto; somos nosotros los que algunas veces estamos combados y retorcidos.” Esa es la ética de la responsabilidad de la Torah. No se ha dado más alta estima a la condición humana. No hay vocación más grande que se haya confiado a criaturas mortales de carne y hueso.

El judaísmo no ve a seres humanos, como algunas religiones lo hacen, como irremediablemente corruptos, manchados por el pecado original, incapaces de bien sin la gracia de Dios. Esa es una forma de fe pero no es la nuestra. Tampoco vemos la religión como un asunto de sumisión ciega a la voluntad de Dios. Esa también es una forma de religión pero no la nuestra.

Nosotros no vemos a seres humanos, como los paganos hicieron, como los juguetes de dioses caprichosos. Tampoco vemos, como algunos científicos lo hacen, mera materia, una forma genética para producir mas genes, una colección de químicos manejados por impulsos en el cerebro, sin dignidad especial o santidad, residentes temporales en un universo desprovisto de significado que vino a la existencia sin razón y algún día, igualmente sin razón, dejará de ser.

Nosotros creemos que somos la imagen de Dios, libres como Él es libre, creativos como Él es creativo, pero sobre una infinidad de más pequeñas y limitadas escalas para estar seguros, pero aún somos el punto en toda la expansión del espacio que hace eco donde el universo se convierte consciente de él mismo, la forma de vida capaz de dar forma a su propio destino: eligiendo, por lo tanto ser libres, por lo tanto responsables. El judaísmo es el llamado de Dios a la responsabilidad.

Lo que significa: no has de verte a ti mismo como una víctima. No creas como lo hicieron los griegos que el destino es ciego e inexorable, que nuestro destino alguna vez descubierto por el oráculo de Delfos, ya ha sido sellado antes de que naciéramos, que como Laius y Edipo estamos destinados, sin importar qué tanto tratemos de escapar de los lazos de nuestro destino. Ese es un trágico punto de vista de la condición humana. Hasta cierto punto fue compartido en diferentes formas por Spinoza, Marx y Freud, el gran triunvirato de judíos-por-descendencia que rechazaron el judaísmo y todos sus trabajos.

En lugar como Viktor Frankl, sobreviviente de Auschwitz, y Aaron T. Beck, co-fundador de la terapia cognitiva conductual, nosotros creemos que no estamos destinados por lo que nos pasa sino por cómo respondemos a lo que nos pasa. Eso en sí mismo está determinado por cómo interpretamos lo que nos pasa. Si cambiáramos la manera en la que pensamos – cosa que podríamos, por la plasticidad del cerebro – entonces podemos cambiar la forma en la que sentimos y la forma en la que actuamos. El destino nunca es final. Puede haber tal cosa como un decreto malo, pero la penitencia, la oración y la caridad pueden prevenirlo. Y lo que no podemos hacer solos podemos hacerlo juntos, porque creemos “no es bueno para un hombre estar solo.”

Entonces los judíos desarrollaron una moralidad de culpa en lugar de lo que los griegos tenían, una moralidad de vergüenza. Una moralidad de culpa hace una puntual diferencia entre la persona y el acto, entre el pecador y el pecado. Porque no somos completamente definidos por lo que hacemos, hay un núcleo con nosotros que queda intacto – “Mi Dios, el alma que me has dado es pura” – entonces cualquier cosa que hayamos hecho mal, podemos arrepentirnos y ser perdonados. Eso crea un lenguaje de esperanza, la única fuerza suficiente para vencer una cultura de desesperación.

Es el poder de la esperanza, nacido donde sea que el amor de Dios y su perdón levantan la libertad humana y la responsabilidad, eso hace al judaísmo la fuerza moral que siempre ha sido para aquellos cuyas mentes y corazones están abiertos. Pero esa esperanza, dice Moisés con pasión que aún nos arde cuando nos pisan de nuevo, no solamente sucede. Tiene que ser trabajada y ganada. El único camino para alcanzarlo no es culpando a Dios. Él no es corrupto. El defecto está en nosotros, Sus hijos. Si buscamos un mundo mejor, debemos hacerlo. Dios nos enseña, nos inspira, nos perdona cuando fallamos y nos levanta cuando nos caemos, pero nosotros debemos hacerlo. No es lo que Dios hace por notros lo que nos transforma; es lo que nosotros hacemos por Dios.

Los primeros humanos perdieron el paraíso cuando ellos buscaron esconderse de la responsabilidad. Nosotros lo podremos recuperar si es que aceptamos la responsabilidad y nos convertimos en una nación de líderes, cada uno respetando y haciendo espacio para aquellos a los que no les gustamos. Las personas no gustan de personas que les recuerdan sobre su responsabilidad. Esa es una de las razones (no sólo la única, por cierto) de la judeofobia a través de las eras. Pero nosotros no somos definidos por aquellos a los que no les gustamos. Ser judío es estar definido por aquel que nos ama.

El más profundo misterio de todos no es nuestra fe en Dios sino en la fe de Dios en nosotros. Que esa fe pueda sostenernos mientras nosotros escuchamos el llamado a la responsabilidad y tomamos el riesgo de sanar algunas de las innecesarias heridas de un lastimado pero aún maravilloso mundo.

 

 

 

 

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