Shoftim 5774 – Aprendizaje y Liderazgo

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

 

Shoftim 5774 – Aprendizaje y Liderazgo

La parsha de Shoftim es la fuente clásica de tres tipos de liderazgo en el judaísmo, llamados por los sabios las “tres coronas”: de sacerdocio, reinado y Torah[1]. Este es la primera declaración en la historia del principio, llevado a cabo en el siglo XVIII por Montesquieu en L’Espirit, y después se hizo fundamental para la constitución de los Estados Unidos de América de la “separación de poderes”.[2]

El poder, en la arena humana, debe ser dividido y distribuido, no concentrado en una sola persona u oficina. Entonces, en el Israel bíblico, había reyes, sacerdotes y profetas. Los reyes tenían el poder secular del gobierno. Los sacerdotes eran los líderes en el dominio religioso, presidiendo sobre los servicios en el Templo y otros ritos, dando leyes sobre asuntos que tenían que ver con santidad y pureza. Los profetas eran mandados por Dios para ser críticos de las corrupciones de poder y para llamar al pueblo a su vocación religiosa cuando se desviaban de ella.

Nuestra parsha lidia con los tres roles. Sin duda, el que más atención capta es la sección de los reyes, por muchas razones. Primero, que es el único mandamiento en la Torah para llevar a cabo con la explicación que es lo que hacen otros pueblos: “Cuando tu entres a la tierra que el Señor tu Dios te está dando debes tomar posesión de ella y asentarte en ella, y dirás, ‘Déjanos poner un rey sobre nosotros como las naciones a nuestro alrededor….’” (Deut. 17:14). Normalmente, en la Torah, los israelitas son comandados a ser diferentes. El hecho que este mandamiento sea una excepción fue señal suficiente para los comentaristas a lo largo de los años que hay una cierta ambivalencia sobre la idea de la monarquía por completo.

Segundo, el pasaje es sorprendentemente negativo. Nos dice lo que un rey no debe hacer, en lugar de decirnos lo que tiene que hacer. El no debe “adquirir grandes cantidades de caballos”, o “tomar muchas esposas”, o “acumular grandes cantidades de oro y plata” (17:16-17). Estas son las tentaciones del poder que sabemos por el resto del Tanaj, incluso el más grandioso – Rey Salomón mismo – fue vulnerable a ellas.

Tercero, consistente con la idea fundamental judaica que el liderazgo es servicio, no dominio o poder o status o superioridad, el rey tiene la orden de ser humilde: el debe leer constantemente la Torah “para que el pueda aprender a venerar al Señor su Dios…y no considerarse a sí mismo mejor que sus compañeros israelitas” (17:19-20). No es sencillo ser humilde cuando todos están reverenciando ante ti y cuando tú tienes el poder de vida y muerte sobre tus súbditos.

De ahí la extrema variación entre los comentaristas sobre si la monarquía es una buena institución o una institución peligrosa. Maimónides sostiene que el nombramiento de un rey es una obligación, Ibn Ezra que es una venia, Abarbanel que es una concesión, y Rabenu Bachya que es un castigo – una interpretación conocida, como sucede, a John Milton durante una de las más volátiles (y anti-monárquicos) periodos de la historia inglesa.[3]

Hay una positiva y excepcionalmente importante dimensión de la realeza. El rey es ordenado a estudiar constantemente:

Cuando el toma el trono de su reino, el debe escribir para sí mismo sobre un rollo una copia de su ley, tomada de los sacerdotes levitas. Esto debe estar con él y él deberá leerla todos los días de su vida para que él pueda aprender a venerar al Señor su Dios y seguir cuidadosamente todas las palabras de su ley y estos decretos y no considerarse a sí mismo mejor que sus compañeros israelitas y no deberá cambiar la ley hacia la derecha o hacia la izquierda. Entonces él y sus descendientes reinarán un largo tiempo sobre su reino en Israel. (Deut. 17:18-20)

Después en el libro que lleva su nombre, Josué el sucesor de Moisés es ordenado en términos muy similares:

Mantén este Libro de la Ley siempre sobre tus labios; medita sobre él día y noche, para que tú puedas cuidadosamente hacer todo lo que está escrito en él. Entonces tú serás próspero y exitoso. (Josh. 1:8)

Los líderes aprenden. Ese es un principio que está aquí en juego. Si, ellos tienen asesores, sabios, consejeros, una corte interna de sabios y letrados. Y si, los reyes bíblicos tenían profetas – Samuel a Saúl, Nathan a David, Isaías a Ezequías y así sucesivamente – para llevarlos la palabra del Señor. Pero aquellos sobre quienes el destino de los giros de la nación yacen, no pueden delegar la tarea de pensar, leer, estudiar y recordar. Ellos no pueden decir: Tengo cosas de estado de las cuáles preocuparme. No tengo tiempo para los libros. Los líderes deben ser escolares, bnei Torah, “hijos del Libro”, si es que ellos quieren dirigir y liderar al pueblo del Libro.

Los grandes estadistas de los tiempos modernos comprenden esto, al menos en términos seculares. Gladstone, cuatro veces Primer Ministro de Gran Bretaña, tenía una biblioteca de 32,000 libros. Nosotros sabemos – porque él hizo una nota sobre esto en su diario cada vez que el terminaba de leer un libro – y el había leído 22,000 de ellos. Asumiendo que él lo hizo en el curso de 80 años (el vivió hasta los 88 años), esto significa que el leía en promedio 275 libros al año, o más de cinco cada semana de su vida. El también escribió muchos libros sobre una gran variedad de temas desde política hasta religión y literatura griega, y su erudición era muy a menudo impresionante. Por ejemplo, el era, de acuerdo a Guy Deutscher en A Través del Cristal de las Lenguas (Through the Language Glass), la primera persona en darse cuenta que los griegos antiguos no tenían un sentido del color y que la famosa frase de Homero “el mar color vino” se refería a la textura más que al color.

Visita la casa de David Ben Gurion en Tel Aviv y verás qué, mientras el piso de la planta baja es espartano al punto de la austeridad, el primer piso es una sola y vasta librería de papeles, periódicos y 20,000 libros. El tenía otros 4,000 o tantos en Sde Boker. Como Gladstone, Ben Gurion era un lector voraz así como un prolífico autor. Disraeli era un novelista best-seller antes que entrara a la política. Winston Churchill escribió casi 50 libros y ganó el premio Nobel de Literatura. Leer y escribir son lo que separa a los estadistas de los meros políticos.

Los dos más grandes reyes de Israel, David y Salomón, ambos fueron autores, David de los Salmos, Salomón (de acuerdo a la tradición) del Cantar de Cantares, Proverbios y Kohelet/Eclesiástico. La clave bíblica asociada con los reyes es chokhmah, “sabiduría”. Salomón en particular era conocido por su sabiduría:

Cuando todo Israel escuche el veredicto que el rey ha dado, ellos tomarán al rey en temor, porque ellos vieron que el tenía la sabiduría de Dios para administrar justicia. (1 Reyes 3:12)

La sabiduría de Salmón era más grande que la sabiduría de los pueblos del Este, y más grande que toda la sabiduría de Egipto….De todas las personas de las naciones venían a escuchar la sabiduría de Salomón, enviados por todos los reyes del mundo, quienes habían escuchado de su sabiduría. (1 Reyes 5:10-14)

Cuando la reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón….ella se abrumó. Ella dijo al rey, ‘El informe que yo escuché en mi país sobre tus logros y sabiduría son reales. Pero yo no creí estas cosas hasta que vine y las vi con mis propios ojos. Sin duda, ni siquiera la mitad me fue contada; en sabiduría y riqueza lo que tienes excede el informe que yo escuché’…Todo el mundo buscaba una audiencia con Salomón para escuchar la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. (1 Reyes 10:4-24).

Nosotros debemos notar que chokhmah, sabiduría, significa algo ligeramente diferente de la Torah, que es más común asociar con sacerdotes y profetas que con reyes. Chokhmah incluye sabiduría terrenal, que es un universal humano más que herencia especial de los judíos o del judaísmo. Un midrash dice “Si alguien te dice ‘Hay sabiduría entre las naciones del mundo’ créelo. Si te dicen ‘Hay Torah entre las naciones del mundo’, no lo creas”.[4] Hablando en general, en términos contemporáneos chokmah se refiere a las ciencias y a las humanidades – si es que nos permite ver el universo como el trabajo de Dios y de las personas humanas como la imagen de Dios. La Torah es la moral específica y herencia espiritual de Israel.

El caso de Salomón es particularmente conmovedor porque, de toda su sabiduría, el no era capaz de evadir las tres tentaciones que están en nuestra parsha: el si adquirió grandes cantidades de caballos, el tuvo muchas esposas y el acumuló grandes riquezas. Sabiduría sin Torah no es suficiente para salvar a un líder de las corrupciones del poder.

Aunque pocos de nosotros estemos destinados a ser reyes, presidentes o primeros ministros, hay un principio general en riesgo. Los líderes aprenden. Ellos leen. Ellos estudian. Ellos se toman tiempo para familiarizarse con el mundo de ideas. Solo así que ganan la perspectiva de ser capaces de ver más allá y más claramente que otros. Ser un líder judío significa pasar tiempo estudiando tanto la Torah y chokhmah: chokhmah para entender el mundo como es, Torah para entender el mundo como debería ser.

Los líderes no deberían de dejar de aprender. Así es como ellos crecen y le enseñan a otros a crecer con ellos.

SacksSignature

[1] Mishnah Avot 4: 13. Maimónides, Talmud Torah, 3: 1.

[2] La division de Montesquiey, se dio en casi todas las democracias del Oeste, es entre legislatura, ejecutivo y judicial. En el judaísmo, la legislación primaria viene de Dios. Los reyes y los sabios tenían el poder de introducir una segunda legislación, para asegurar orden y “hacer un muro alrededor de la let”. Entonces en el judaísmo el rey tenía la ejecución; el sacerdocio en los tiempos bíblicos era el judicial. La “corona de la Torah” que llevaban los profetas era un institución única: una sanción formada Divinamente de crítica social – una tarea asumida en los tiempos modernos, no siempre exitosamente, por los intelectuales públicos. Hay el día de hoy escasez de profetas. Quizá siempre lo hubo.

[3] Ver Eric Nelson, The Hebrew Republic, Harvard University Press, 2010, 41-42.

[4] Eichah Rabbati 2: 13.

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