Mattot 5774 – Resolución de Conflictos

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

Mattot 5774 – Resolución de Conflictos

Una de las tareas más difíciles de un líder – desde el primer ministro hasta los padres –es la solución de conflictos. Aún eso es también lo más vital. Donde hay liderazgo, hay cohesión con el grupo, cualesquiera que sean los problemas del corto plazo. Donde hay falta de liderazgo – donde los líderes carecen de autoridad, gracia, generosidad de espíritu y la habilidad de respetar posiciones diferentes a las suyas – entonces hay divisiones, rencor, murmuraciones, resentimiento, políticas internas y falta de confianza. Los líderes son personas que ponen los intereses del grupo sobre aquellos de cualquier sub-sección del grupo. Ellos se preocupan por, e inspiran a otros a preocuparse por, el bien común.

Esa es la razón por la que en el episodio de la parsha de esta semana es de las más altas consecuencias. Surgió así. Los israelitas estaban en la última etapa de su viaje hacia la tierra prometida. Ellos estaban situados ahora sobre la orilla este del Jordán, con vista a su destino. Dos de las tribus, Rubén y Gad, quienes tenían grandes rebaños y ganado, sintieron que la tierra donde ellos estaban era ideal para sus propósitos. Era buen terreno para el pastoreo. Entonces ellos se acercaron a Moisés y le pidieron permiso para quedarse ahí en lugar de tomar su pedazo de tierra en Israel. Ellos dijeron “Si hemos encontrado favor en tus ojos, permite que esta tierra sea dada a tus sirvientes como nuestra posesión. No nos hagas cruzar el Jordán” (Num. 32-5).

Moisés estuvo alerta instantáneamente hacia el peligro. Las dos tribus estaban poniendo sus propios intereses sobre aquellos de la nación como un todo. Ellos serían vistos abandonando la nación al mismo tiempo que ellos eran más necesitados. Había una guerra – de hecho una serie de guerras – a ser peleadas si los israelitas heredarían la tierra prometida. Como lo puso Moisés a las tribus: “¿Deben sus compatriotas israelitas ir a la guerra mientras ustedes se sientan aquí? ¿Por qué desalientan a los israelitas a cruzar hacia la tierra que el Señor les ha dado?” (32: 6-7).

La propuesta era potencialmente desastrosa. Moisés recordó a los hombres de Rubén y Gad qué había pasado en el incidente de los espías. Los espías desmoralizaron al pueblo, diez de ellos diciendo que ellos no podrían conquistar la tierra. Los habitantes eran demasiado fuertes. Las ciudades eran impenetrables. El resultado de que en un momento se condenara a una generación completa de morir en el desierto y retrasar la eventual conquista por cuarenta años. “Y helos aquí, una hermandad de pecadores, parados en el lugar de sus padres y haciendo al Señor incluso más enojado con Israel. Si ustedes se dan la vuelta de seguirlo, él otra vez dejará a todo el pueblo en el desierto y ustedes serán la causa de su destrucción” (Num. 32:14-15). Moisés era directo y frontal.

Lo que siguió después es un rol modelo en negociación y solución de conflictos. Los rubenitas y los gaditas reconocieron el reclamo del pueblo como un todo y de la justicia de las preocupaciones de Moisés. Ellos propusieron un compromiso. Hagamos provisiones para nuestro ganado y nuestras familias, dijeron, y los hombres entonces acompañarán a las otras tribus a cruzar el Jordán. Ellos pelearán a su lado. Ellos incluso irán al frente de ellos. Ellos no regresarán a su ganado y familias hasta que todas las batallas se hayan peleado, y la tierra haya sido conquistada, y las otras tribus hayan recibido su herencia. Esencialmente ellos invocaron lo que después se convertiría en el principio de la ley judía: zeh neheneh ve-zeh lo chaser, significando, un acto es permitido si “una de las partes gana y la otra no pierde.” [1] Nosotros ganaremos, dicen las dos tribus, dejando una tierra buena para nuestro ganado, pero la nación como un todo no perderá porque nosotros no estemos en el ejército, nosotros estaremos en la línea del frente, y nos quedaremos ahí hasta que la guerra sea ganada.

Moisés reconoce el hecho que ellos han contestado sus objeciones. Él re-establece su posición para asegurar que ellos han entendido la propuesta y ellos están preparados para defenderla. Él extrae del acuerdo a un tenai kaful, una doble condición, ambas positiva y negativa: si nosotros hacemos esto, estas serán las consecuencias, pero si nosotros fallamos en hacerlo, aquellas serán las consecuencias. Moisés no les deja escape de su compromiso. Las dos tribus están de acuerdo. El conflicto ha sido advertido. Los rubenitas y los gaditas logran lo que ellos quieren pero en el interés de las otras tribus y de la nación como un todo ha sido asegurada. Fue un modelo de negociación.

Cómo eran bien justificadas las preocupaciones de Moisés se hicieron aparentes muchos años después. Los rubenitas y los gaditas cumplieron su promesa en los días de Josué. El resto de las tribus conquistó y se fundó Israel mientras ellos (junto con la mitad de la tribu de Menashé) establecieron sus presencias tras el Jordán. A pesar de esto, en un periodo corto de tiempo casi hay guerra civil.

Josué 22 describe cómo, regresando a sus familias y estableciéndose en su tierra, los rubenitas y gaditas construyeron “un altar al Señor” en el lado Este del Jordán. Viendo esto como un acto de secesión, el resto de los israelitas se prepararon para hacer una batalla contra ellos. Josué, en sorprendente acto de diplomacia, envía a Pinjas, el antiguo zelote, ahora un hombre de paz, a negociar. Josué les advirtió de las terribles consecuencias de lo que ellos habían hecho, en efecto, creando un centro religioso fuera de la tierra de Israel. Eso dividiría la nación en dos.

Los rubenitas y los gaditas aclararon que esa no era su intención del todo. Al contrario, ellos mismos estaban preocupados que el futuro, el resto de los israelitas pudieran verlos viviendo al otro lado del Jordán y concluir que ellos ya no querían ser parte de la nación. Por eso es que ellos construyeron un altar, no para ofrecer sacrificios, no como un rival al santuario de la nación, pero meramente como un símbolo y signo para las futuras generaciones de que ellos también eran israelitas. Pinjas y el resto de la delegación estaban satisfechos con su respuesta, y una vez más la guerra civil fue evitada.

La negociación entre Moisés y las dos tribus en nuestra parsha sigue de cerca los principios alcanzados por el Proyecto de Negociación de Harvard, hecho por Roger Fisher y William Ury en el texto clásico “Obtenga el Sí” [2]. Esencialmente ellos llegaron a la conclusión que una negociación exitosa debe involucrar cuatro procesos:

  1. Separar a las personas del problema. Hay todas clases de tensiones personales en cualquier negociación. Es esencial que estas sean aclaradas desde el principio para que el problema pueda ser dirigido objetivamente.
  1. Enfocarse en los intereses, no en las posiciones. Es más sencillo para cualquier conflicto que se convierta en un juego de suma cero: si tú pierdes, yo pierdo. Eso es lo que pasa cuando te enfocas en posiciones y la cuestión se convierte en, “¿Quién gana?” Enfocándose en los intereses, la cuestión se convierte en, “¿Hay alguna manera de alcanzar lo que cada uno de nosotros quiere?”
  1. Inventa opciones de beneficio mutuo. Esta es la idea expresada halajicamente como zeh neheneh ve-zeh neheneh, “Ambos lados se benefician”. Esto viene de que los dos lados tienen usualmente diferentes objetivos, ninguno de los cuáles excluye al otro.
  1. Insistir en criterios objetivos. Asegurarse que ambos lados están de acuerdo en avanzar hacia el uso objetivo, imparcial de criterios para juzgar ya sea lo que se ha acordado o se ha alcanzado. De otra manera, a pesar de todos los acuerdos aparentes la disputa continuará, ambos lados insistiendo qué es lo que el otro no ha hecho de lo que se prometió.

Moisés hace las cuatro. Primero separa al pueblo del problema haciendo claro a los rubenitas y gaditas que el problema no tiene nada que ver con quiénes son, y que todo tiene que ver con la experiencia israelita en el pasado, específicamente en el episodio de los espías. Independientemente de quienes fueron los diez espías y de qué tribu venían, todos sufrieron. Nadie ganó. El problema no está sobre si esta tribu o la otra pero sobre la nación como un todo.

Segundo, Moisés se enfocó en el interés no en las posiciones. Las dos tribus tenían un interés en el destino de la nación como un todo. Si ellos ponían sus intereses personales primero, Dios estaría enojado y el pueblo entero sería castigado, los rubenitas y los gaditas incluidos. Es sorprendente la diferencia de esta negociación fue de la negociación con Koraj y sus seguidores. Ahí, todo el argumento era sobre posiciones, no interesas – sobre quién tenía derecho a ser líder. El resultado fue una tragedia colectiva.

Tercero, los rubenitas y gaditas entonces inventaron una opción de beneficio mutuo. Si nos dejas hacer provisiones temporales para nuestro ganado e hijos, ellos dijeron, nosotros no sólo lucharemos en el ejército. Nosotros estaremos en la vanguardia. Nosotros nos beneficiaremos, sabiendo que nuestra petición ha sido garantizada. La nación se beneficiaría de nuestra voluntad de tomar la tarea militar más demandante.

Cuarto, había un acuerdo sobre criterios objetivos. Los rubenitas y gaditas no regresarían a la orilla Este del Jordán hasta que todas las otras tribus estuvieran satisfechamente asentadas en sus territorios. Y entonces así pasó, como está narrado en el libro de Josué:

Entonces Josué llamó a los rubenitas, los gaditas y a la mitad de la tribu de Menashé y les dijo: “Ustedes han hecho todo lo que Moisés el siervo del Señor mandó, y ustedes me han obedecido en todo lo que yo ordené. Por un largo tiempo ahora – incluso en este mismo día – ustedes no han desertado a sus compatriotas israelitas sino que han realizado la misión que el Señor su Dios les dio. Ahora que el Señor su Dios les ha dado descanso como prometió, regresen a sus hogares en la tierra que Moisés el siervo del Señor les dio en el otro lado del Jordán. (Josué 22: 1-4)

Este fue, en definitiva, un modelo de negociación, un signo de esperanza después de los muchos conflictos destructivos en el libro de Bamidbar así como también una alternativa permanente a los muchos conflictos que vinieron después en la historia judía que ha tenido tales resultados terribles.

Notar que Moisés tiene éxito, no porque él sea débil, no porque él tiene la voluntad de comprometerse con la integridad de la nación como un todo, no porque el use palabras dulces y evasiones diplomáticas, pero porque él es honesto, con principios, y enfocado sobre el bien común. Todos afrontamos conflictos en nuestras vidas. Así es cómo los resolvemos.

SacksSignature

[1] Baba Kama 20b.

[2] Roger Fisher and William Ury, Getting to Yes: Negotiating Agreement Without Giving In, Random House Business, 2011.

 

 

Leave a Reply