Jukat – Miriam, la amiga de Moisés

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

Jukat – Miriam, la amiga de Moisés

Es uno de los grandes misterios de la Torá. Al llegar al Kadesh el pueblo se encuentra a sí mismo sin agua. Ellos se quejan con Moisés y Aarón. Los dos viejos van a la Tienda de Reuniones y ahí Dios les dice que tomen el báculo y le hablen a la roca, y el agua surgirá.

El comportamiento subsecuente de Moisés es extraordinario. Él toma el báculo. Él y Aarón reúnen al pueblo. Entonces Moisés dice: “Escuchen ahora, ustedes rebeldes, ¿Debemos darles agua de esta roca? Entonces Moisés levanta su brazo y golpea la roca dos veces con el báculo” (Num. 20: 10-11).

Este fue el comportamiento que les costó a Moisés y a Aarón su oportunidad de liderar al pueblo a través del Jordán y hacia la Tierra Prometida. “Porque tú no tuviste fe suficiente en Mí para santificarme en los ojos de los israelitas, tú no llevarás a esta comunidad hacia la tierra que yo les he dado” (ibid., v. 12).

Los comentarios están en desacuerdo en qué aspecto del comportamiento de Moisés estuvo mal: ¿Su ira? ¿Su acto de golpear la roca en lugar de hablarle? ¿La implicación que fueron él y Aarón, y no Dios, los que sacaron el agua de la roca? Yo he tenido argumentos en un comentario anterior que Moisés no pecó ni fue castigado. Moisés meramente actuó como lo hubiera hecho cuarenta años antes cuando Dios le dijo que golpeara la roca. (Ex. 17:6), y ahí demostró que aunque él era el líder correcto para el pueblo que había sido esclavo en Egipto, él no era el líder de los hijos que nacieran en libertad y conquistarían la tierra.

En esta ocasión, pienso, quiero plantear una pregunta diferente. ¿Por qué entonces? ¿Por qué Moisés fracasó en esta prueba particular? Después de todo, él había estado en una situación similar dos veces antes. Después de salir del Mar Rojo el pueblo había viajado por tres días sin encontrar agua. Entonces ellos encontraron un poco, pero era amarga, y el pueblo se quejó. Dios demostró a Moisés cómo hacer que el agua fuera dulce (Ex. 15: 22-26).

Llegando a Refidim, otra vez ellos no encontraron agua y se quejaron. Desesperado, Moisés le dijo a Dios, “¿Qué soy yo para este pueblo? Están casi preparados para apedrearme”. Dios pacientemente instruye a Moisés qué es lo que tiene que hacer, y agua fluye de la roca. ( Ex. 17: 1-7).

Entonces Moisés había pasado exitosamente dos retos similares en el pasado. ¿Por qué en esta tercera ocasión el perdió el control emocional? ¿Qué fue diferente?

La respuesta está dada explícitamente en el texto, pero en una manera tan discreta que nosotros podemos dejar de captar su significado. Aquí está:

En el primer mes la comunidad israelita al completo llegó al Desierto de Zin, y ellos se quedaron en Kadesh. Ahí falleció Miriam y fue enterrada. (Num. 20:1)

Inmediatamente después de esto leemos: “Ahora no había agua para la comunidad, y el pueblo se reunieron en contra de Moisés y Aarón.” Un famoso pasaje talmúdico (1) explica que fue por el mérito de Miriam que los israelitas hubieran tenido un pozo de agua que milagrosamente los acompañaba a través de sus viajes por el desierto. Cuando Miriam muere, el agua cesó. Esta interpretación lee la secuencia de eventos simple y sobrenaturalmente. Miriam murió. Entonces no había más agua. De esto, tú puedes inferir que hubo agua hasta entonces porque Miriam estaba viva. Fue un milagro en mérito de Miriam. Sin embargo hay otra forma de leer el pasaje, natural y psicológicamente. La conexión entre la muerte de Miriam y los eventos que siguieron tuvieron menos que ver con un pozo milagroso y más que ver con la respuesta de Moisés a las quejas de los israelitas.

Este fue el primer juicio que Moisés tuvo que enfrentar como líder del pueblo sin la presencia de su hermana. Recordemos quién fue Miriam para Moisés. Era su hermana mayor, su hermana más grande. Ella había cuidado su destino mientras flotaba bajo la corriente del Nilo en una cesta. Ella tuvo presente, y la audacia, de hablar con la hija del faraón y arreglar que el niño fuera criado por una mujer israelí, eso es, por la propia madre de Moisés, Yocheved. Sin Miriam, Moisés hubiera crecido sin saber quién era y a qué pueblo pertenecía.

Miriam es una presencia de fondo a través de mucha de la narrativa. La vemos liderando a las mujeres en la canción del Mar Rojo, por lo es claro que ella, como Aarón, tenían roles de liderazgo. Ganamos un sentido de cuánto ella significaba para Moisés cuando, en un oscuro pasaje, ella y Aarón “empiezan a hablar contra Moisés por su esposa cusita, porque él se había casado con una cusita” (Num. 12:1). Nostros no sabemos exactamente cuál fue el asunto, pero sabemos que Miriam estaba herida con lepra. Aarón le pide impotente a Moisés que haga algo, que intervenga por ella, lo que Moisés hace con una simple elocuencia en la oración más corta de la que se tenga registro – cinco palabras en hebreo – “Por favor Dios, sánala ahora”. Moisés aún tiene sentimientos profundos por ella, a pesar de la mala charla de Miriam.

Es apenas en la parsha de esta semana que empezamos a tener un sentido completo de su influencia, y esto es sólo por implicación. Por primera vez Moisés se enfrenta a un reto sin ella, y por primera vez Moisés pierde el control emocional en la presencia del pueblo. Este es uno de los efectos de duelo, y aquellos quienes lo sufrieron muy a menudo dicen que perder un hermano es más difícil de llevar que perder un padre. La pérdida de un padre es parte del orden natural. La pérdida de un hermano puede ser menos esperado y más profundamente desorientador. Y Miriam no era una hermana ordinaria. Moisés le debía completamente su relación con su familia natural, así como su identidad como uno de los hijos de Israel.

Es un cliché decir que el liderazgo es una tarea solitaria. Pero al mismo tiempo ningún líder puede verdaderamente sobrevivir solo o sola. Yitro le dijo esto a Moisés muchos años atrás. Ver a Moisés liderar solo al pueblo, Yitro dijo: “Tú y este pueblo que viene a ti solo los gastará. El trabajo es demasiado pesado para ti; tú no puedes manejarlo solo” (Ex 18:18). Un líder necesita tres clases de apoyo: 1. aliados quienes peleen a su lado; 2. tropas o un equipo a quien puede delegar; y 3. un alma gemela o almas gemelas a quienes pueda confiar sus dudas, miedos, quienes lo escuchen sin una agenda más que siendo una presencia de apoyo, y quienes le darán el coraje, confianza y resiliencia protectora para seguir adelante.

A través de amistades personales, he conocido a muchos líderes en muchos campos, puedo decir con certeza que es falso suponer que las personas en posiciones de alto liderazgo tienen una piel gruesa. Casi todos los que he conocido no la tienen. Ellos son muy seguido intensamente vulnerables. Ellos pueden sufrir profundamente de dudas e incertidumbre. Ellos saben que el líder debe tomar decisiones sobres dos males muy seguido y no saben con avance cómo la decisión afectará. Los líderes pueden ser lastimados por críticas y traiciones de personas que ellos alguna vez consideraron amigos. Porque ellos son líderes, ellos raramente demuestran signos de vulnerabilidad en público. Ellos tienen que proyectar certeza y confianza que no sienten. Pero Ronald Heifetz y Marty Linsky, los expertos en liderazgo de Harvard, están en lo correcto cuando dicen: “La verdad es que no es posible experimentar las recompensas y alegrías del liderazgo sin experimentar dolor también”. (2)

Los líderes necesitan confidentes, personas quienes “les digan lo que no quieres escuchar y no puedes escuchar de alguien más, personas en quienes puedas confiar sin tener que derramar tus revelaciones en la arena de trabajo.” Un confidente se preocupa por ti más que en los asuntos. El o ella te levanta cuando estás cayendo, y gentilmente te regresa a la realidad cuando estas en peligro de autocomplacencia o complacencia. Heifetz y Linsky escriben: “Casi todas las personas que conocemos con experiencias de liderazgo complicadas se apoyan en un confidente para ayudarles a seguir adelante.” (3)

Maimónides en su comentario de la Mishnah (4) cuenta esto en uno de los cuatro tipos de amistad. El lo llama la “amistad de la confianza (javer habitajon) y la describe como tener a alguien en quien “tu tienes absoluta confianza y con quien tu eres completamente abierto y sin guardia” sin esconder las buenas o las malas noticias, sabiendo que esa otra persona no tomará ventaja de la confidencia que le compartas ni la compartirá con otros.

Una lectura cuidadosa de este famoso episodio en el contexto de los primeros años de vida de Moisés sugiere que Miriam era “la amiga de confianza” de Moisés, su confidente, la fuente de su estabilidad emocional, y es cuando ella no está más ahí, que Moisés no puede más hacer frente con la crisis como lo había hecho hasta entonces.

Aquellos quienes son una fuente de fortaleza para otros, necesitan su propia fuente de fortaleza. La Torá es explícita en decirnos qué tan seguido para Moisés esa fuente fue Dios mismo. Pero incluso Moisés necesitaba un amigo humano, y parece, por implicación, que esa era Miriam. Una líder en su propio derecho ella también fue una de las fuentes de fuerza de su hermano.

Incluso los más grandes no pueden liderar solos.

 

(1) Taanit 9a.

(2) Ronald Heifetz and Marty Linsky, Leadership on the Line, Boston, Harvard Business School Press, 2002, 227.

(3) Ibid., 200.

(4) Maimonides, Comentario a la Mishnah Avot 1: 6.

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