Koraj – Liderazgo de servicio

Comentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

Koraj – Liderazgo de servicio

¡Has ido demasiado lejos! La comunidad completa es santa, cada uno de ellos, y el Señoreá con ellos. ¿Por qué entonces se han puesto a ustedes mismos por encima de la congregación de Dios? (Num. 16:3).

¿Qué es exactamente lo que está mal en lo que Koraj y su abigarrada banda de seguidores agitadores dijo? Sabemos que Koraj era un demagógico, no un demócrata. Koraj quería el poder para él mismo, no para el pueblo. Sabemos también que los protestantes eran ingenuos. Cada uno tenía sus propias razones para sentir resentimiento hacia Moisés o Aarón, o el destino. Poniendo estas consideraciones a un lado por un momento y preguntemos: ¿Lo que dijeron fue cierto o falso?

Ellos estaban ciertamente en lo correcto al decir “Toda la comunidad es santa”. Eso, después de todo, es lo que Dios pidió a las personas que fueran: un reino de sacerdotes y una nación santa, queriendo decir, un reino en el que todos sus miembros son (en algún sentido) sacerdotes, y una nación donde todos sus ciudadanos son santos. (1)

Ellos estaban igualmente en lo correcto al decir, “Dios está con ellos”. Ese era el punto de hacer el Tabernáculo: “haz que ellos Me hagan un santuario, y Yo moraré entre ellos” (Ex. 25:8). El Éxodo termina con estas palabras: “Entonces la nube del Señor estaba sobre el Tabernáculo día tras día, y estaba el fuego en la nube por la noche, en vista de todos los israelitas durante sus viajes” (Ex. 40:38). La Divina presencia estaba visible con el pueblo a donde quiera que fuera.

¿Qué estaba mal con su último comentario: “¿Por qué entonces se han puesto a ustedes mismos por encima de la congregación de Dios?”? Este no era un error pequeño. Era uno fundamental. Moisés representa el nacimiento de una nueva especie de liderazgo. Eso es lo que Koraj y sus seguidores no entendían. Muchos de nosotros no lo entendemos todavía.

La más famosa construcción del mundo antiguo fueron los zigurats de Mesopotamia y las pirámides de Egipto. Estas fueron algo más que solo construcciones. Fueron declaraciones en piedra de una sociedad de orden jerárquico. Fueron anchas en la base y estrechas en lo alto.

En lo alto estaba el rey o el faraón – en ese punto, entonces se creía, era donde se encontraban los cielos y la tierra. Debajo estaban una serie de élites, y debajo de ellas las masas trabajadoras. Esta era la creencia no sólo una forma de organizar una sociedad, pero la única manera de hacerlo. El propio universo estaba organizado sobre este principio, así como se organizaba el resto de la vida. El sol gobernaba los cielos. El león gobernaba el reino animal. El rey gobernaba la nación. Así era cómo era en la naturaleza. Así era cómo debería de ser. Algunos nacen para gobernar, otros para ser gobernados. (2)

El judaísmo es una protesta contra esta clase de jerarquía. Cada ser humano, no sólo el rey, está dentro de la imagen y semejanza de Dios. De ahí que nadie tiene el derecho a gobernar sobre cualquier otro sin su consentimiento. Hay todavía una necesidad de liderazgo, porque sin un conductor una orquesta se caería en desacordes. Sin un capitán un equipo puede tener jugadores brillantes y aun así no ser un equipo. Sin generales, un ejército sería una turba. Sin gobierno, una nación puede caer en anarquía. “En aquellos días no había rey en Israel. Todos hacían lo que estaba bien ante sus propios ojos” (Jueces 17:6, 21:25).

El orden social en el que todos tienen igual dignidad ante los ojos del cielo, un líder no debe pararse por encima del pueblo. El líder sirve al pueblo y sirve a Dios. El gran símbolo del Israel bíblico, la menorah, es una pirámide invertida o un zigurat, ancho en lo alto, estrecha en la base. El más grande líder es entonces el más humilde. “Moisés era un hombre muy humilde, más humilde que cualquier otra persona en la fase de la tierra” (Num. 12:3).

El nombre para este es liderazgo de servicio, (3) y su origen está en la Torah. El más alto galardón dado a Moisés fue que él fue “el siervo del Señor” (Deut. 34:5). Moisés recibe este título dieciocho veces en el Tanaj como un conjunto. Sólo otro líder ha merecido la misma descripción: Josué, quien es descrito de esta manera dos veces.

No es menos fascinante el hecho que sólo una persona en la Torah sea ordenada ser humilde, a saber el rey:

Cuando el rey toma el trono de su reino, él debe escribir para sí mismo sobre un rollo una copia de esta ley, tomada de aquella de los sacerdotes levitas. Debe tenerla con él, y él deberá leerla todos los días de su vida para que él pueda aprender a reverenciar al Señor su Dios y seguir cuidadosamente todas las palabras de su ley y estos decretos y no considerarse a sí mismo mejor que sus compañeros israelitas…(Deut. 17: 18-20)

Así es como Maimónides describe la conducta apropiada de un rey:

Justo como la Torah le ha garantizado el gran honor y obliga a todos a reverenciarlo, también le ha ordenado ser humilde y vacío de corazón, como está dicho: ‘Mi corazón es un vacío en mi interior’ (Salmo 109:22) Tampoco debe tratar a Israel con soberbia autoritaria, como está dicho, ‘él no debe considerarse a sí mismo mejor que sus compañeros’ (Deut. 17:20).

Él deberá ser clemente y piadoso con los pequeños y los grandes, involucrándose a sí mismo en su bien y bienestar. El deberá proteger el honor e incluso la humildad del pueblo.

Cuando él hable al pueblo como a una comunidad, él deberá hablar dócilmente, como en ‘Escuchen mis hermanos mi pueblo…’(palabras del Rey David en I Crónicas 28:2). Similarmente, I Reyes 12:7 declara ‘Si hoy tú serás un sirviente para estas personas….’

Él deberá siempre conducirse a sí mismo con gran humildad. No hay ninguno más grande que Moisés, nuestro maestro. Aún, él dijo: ‘¿Qué somos nosotros? Sus quejas no están contra nosotros’ (Éxodo 16:8). Él deberá soportar las dificultades de la nación, sus cargas, quejas e ira como una enfermera lleva a un niño. (4)

Lo mismo aplica a todas las posiciones de liderazgo. Maimónides enumera entre ellos a quienes no tienen un lugar en el mundo venidero, alguien que “impone un gobierno de miedo sobre la comunidad, no por el bien de los Cielos”. Esa persona “gobierna sobre una comunidad por la fuerza, para que el pueblo esté grandemente asustado y aterrorizado de él”, lo hace “por su propia gloria e intereses personales”. Maimónides añade a esta última frase: “como reyes paganos” (5). El intento polémico es claro. No es que nadie se porte de esta manera. Es que ésta no es la manera judía de portarse.

Cuando Rabban Gamliel actuó en lo que sus colegas vieron como una manera arbitraria, fue depuesto como Nasi, cabeza de la comunidad, hasta que el reconoció su falta y pidió disculpas. (6) Rabbam Gamliel aprendió la lección. Después él dijo a dos personas quienes declinaron su oferta de aceptar posiciones de liderazgo: ‘¿Ustedes creen que les estoy dando una posición de honor (serarah)? Les estoy dando la oportunidad de servir (avdut)’ (7) Como alguna vez dijo Martin Luther King “Todos pueden ser grandiosos….porque cualquiera puede servir”.

C.S Lewis definió con razón la humildad no cómo pensar menos de ti mismo pero como pensar menos en ti mismo. Los grandes líderes respetan a otros. Los honran, los levantan, se inspiran en ellos para alcanzar alturas que posiblemente no habrían podido alcanzar de otra manera. Son motivados por ideales, no por ambición personal. Ellos no sucumben a la arrogancia del poder.

Algunas veces el peor de los errores que cometemos es cuando proyectamos nuestros sentimientos en otros. Koraj era un hombre ambicioso, también vio a Mosiés y a Aarón como dos personas impulsadas por la ambición, “poniéndose a ellos mismos por encima de la congregación de Dios”. Koraj no entendió que en el judaísmo, liderar es servir. Aquellos que sirven no se levantan sobre las alturas a ellos mismos. Ellos levantan sobre las alturas al pueblo.

 

(1) Algunos sugieren que el error que cometieron fue decir “toda la congregación son santos” (kulam kedoshim), en lugar de “toda la congregación es santa” (kula kedoshah). La santidad de la congregación es colectiva en lugar de individual. Otros dicen que ellos debieron haber dicho “está llamada a ser santa” en lugar de “es” santa. La Santidad es una vocación, no un estado.

(2) Aristóteles, Política, Libro 1, 1254a21-24.

(3) El bien conocido texto sobre este tema es Robert K Greenleaf, Servant leadership : a journey into the nature of legitimate power and greatness, New York, Paulist Press, 1977. Sin embargo, Greenleaf no localiza esta idea en la Torah. Ahí está la importancia de ver que nació ahí, con Moisés.

(4) Hilkhot Melakhim 2: 6.

(5) Hilkhot Teshuvah 3: 13.

(6) Berakhot 27b.

(7) Horayot 10a-b.

 

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