Cicatrizando el corazón de la oscuridad (Mishpatim 5782)

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Jobbik, también conocido como el Movimiento para una mejor Hungría, es un partido político ultranacionalista húngaro que ha sido tildado de fascista, neonazi, racista y antisemita. Ha acusado a los judíos de ser parte de un “secta de intereses económicos occidentales” que intenta controlar el mundo: libelo también conocido como los Protocolos de los Sabios de Sion, una ficción creada por los servicios secretos del Zar en París a fines de 1890 y revelado como apócrifo por The Times en 1921.[1] En una ocasión el partido Jobbik pidió un listado de todos los judíos empleados por el estado húngaro. Causó preocupación que en las elecciones parlamentarias de abril de 2014 lograron el 20 por ciento de los votos, transformándose en el tercer partido político del país en número de simpatizantes.

Hasta 2012, uno de los líderes del partido fue un político joven de menos de 30 años, Csanad Szegedi. Él era la estrella en ascenso del movimiento, ampliamente considerado como el futuro líder de la organización. Hasta un día de 2012. El día en que Szegedi descubrió que era judío.

Algunos de los miembros de Jobbik habían intentado frenar su ascenso y se dedicaron a investigar sus antecedentes para ver si encontraban algo que lo incriminara. Lo que hallaron fue que su abuela era judía, sobreviviente de Auschwitz, igual que su abuelo materno. La mitad de la familia Szegedi fue asesinada en el Holocausto.

Los rivales de Szegedi comenzaron a hacer circular la información sobre sus antepasados judíos en las redes. Szegedi mismo descubrió lo que se estaba informando y decidió verificar si lo que decían era cierto. Así fue. Después de Auschwitz, sus abuelos, que eran judíos ortodoxos, decidierton ocultar su identidad completamente. Cuando la madre de Szegedi tenía 14 años el padre le contó el secreto ordenándole guardar silencio. Ahora Szegedi sabía la verdad sobre sí mismo. 

Szegedi decidió renunciar al partido y averiguar más sobre judaísmo. Fue a ver al rabino local de Jabad, Slomo Koves, que inicialmente pensó que era una broma. Sin embargo, lo incluyó en las clases sobre judaísmo y lo invitó a la sinagoga. Al principio, dice Szegedi, la gente estaba shockeada. Lo trataban como una especie de “leproso.” Pero persistió. Hoy asiste a la sinagoga, guarda Shabat, aprendió hebreo y se hace llamar David. En 2013 se circuncidó (con un mohel ultraortodoxo).

Cuando inicialmente reconoció la verdad de sus antepasados judíos, uno de sus amigos de Jobbik le dijo: “Lo mejor que podemos hacer es fusilarte, así puedes ser enterrado como un húngaro puro.” Otro le urgió que presente sus disculpas públicamente. Fue ese comentario, dijo, lo que lo movió a abandonar el partido. “Pensé, un momento, ¿debo pedir disculpas por el hecho de que mi familia fue asesinada en Auschwitz?”[2]

Así como descubrir que era judío le cambió la vida, así también le transformó su comprensión del mundo. Hoy, dice, su enfoque como político es defender los derechos humanos de todos. “Soy consciente de mi responsabilidad y sé que tendré que hacer lo justo en el futuro.”[3]

La historia de Szegedi no es solo una curiosidad. Nos lleva al corazón de la extraña, frágil, naturaleza de nuestra existencia como seres morales. Lo que nos hace humanos es el hecho de que somos racionales, reflexivos, capaces de pensar como son las cosas. Sentimos empatía y simpatía, y esto comienza a temprana edad. Hasta los recién nacidos lloran cuando oyen llorar a otro niño. Tenemos neuronas especulares en el cerebro que nos hacen reaccionar cuando detectamos que hay alguien sufriendo dolor. Homo sapiens es un animal moral.

Sin embargo en gran parte de la historia humana ha sido una sucesión de violencia, opresión, injusticia, corrupción, agresión y guerra. Tampoco históricamente ha habido diferencia significativa si los actores han sido bárbaros o ciudadanos de una civilización elevada. 

Los griegos de la antigüedad, maestros del arte, la arquitectura, el teatro, la poesía, la filosofía y la ciencia, se desgastaron en las guerras fratricidas del Peloponeso entre Atenas y Esparta en el último cuarto del siglo V a.e.c. Nunca pudieron recuperarse totalmente. Fue el fin de la era dorada de Grecia. Lo mismo pasó a finales de 1890 en París y Viena, los centros de la civilización europea. Y sin embargo, eran los líderes mundiales del antisemitismo, París con el affaire Dreyfus y Viena con su intendente antisemita, Karl Lueger, citado por Hitler como su inspirador.

Cuando somos buenos, somos poco menos que ángeles. Cuando somos malos, somos peores que bestias. ¿Qué es lo que nos hace ser morales? ¿Y qué, a pesar de todo, hace que la humanidad sea capaz de ser tan inhumana?

Platón pensó que la virtud era el conocimiento. Si sabemos que algo está mal no lo haremos. Todo vicio es producto de la ignorancia. Enseña a la gente la verdad, la bondad y la belleza, y se portará bien. Aristóteles decía que la virtud era un hábito, enseñado en la niñez hasta formar parte de nuestro carácter.

David Hume y Adam Smith, dos intelectuales gigantes del Iluminismo escosés, pensaron que la moralidad proviene de la emoción, el afecto por el prójimo. Hume dijo que la característica más saliente de la naturaleza humana es “la propensión a simpatizar con otros.”[4] Adam Smith comenzó su Theory of Moral Sentiments con estas palabras: “Aun frente a la suposición de lo egoísta que pueda ser el hombre, existen evidentemente algunos principios en su naturaleza por los cuales le interesa la fortuna del otro y hacen que su felicidad sea necesaria para él, aunque no derive beneficio alguno salvo el placer de contemplarlo.”[5]Emanuel Kant, el racionalista supremo, creía que la racionalidad era en sí fuente de moralidad. Un principio moral es el que estarías dispuesto a prescribir para todos. Por lo tanto, mentir no puede ser moral porque no quisieras que otros te mientan a ti.

Las cinco visiones expuestas tienen algo de verdad, y podemos encontrar aspectos semejantes en la literatura rabínica. En el espíritu de Platón, los sabios hablaron del tinok shenishbá la persona que hace el mal por no haber sido educada para saber lo correcto.[6]  Maimónides, como Aristóteles, pensó que la virtud proviene del ejercicio repetido. La Halajá crea los hábitos del corazón. Los rabinos decían que los ángeles de la caridad y la bondad discutieron a favor de la creación del hombre debido al sentimiento natural que tenemos por el otro, semejante a las posturas de Hume y Smith. Los principios de Kant se asemejan a lo que los rabinos llamaban sevará, “razón.”

Pero estas reflexiones solo sirven para profundizar la cuestión. Si el conocimiento, la razón y la emoción nos conducen a ser morales, ¿por qué los seres humanos odian, dañan y matan? Una respuesta completa llevaría más tiempo que la vida misma, pero la respuesta breve es simple. Somos animales tribales. Nos formamos en grupos. La moralidad es tanto causa como consecuencia de este hecho. Hacia las personas con las cuales nos sentimos relacionadas somos capaces de altruismo. Pero hacia los foráneos sentimos miedo, y ese miedo es capaz de transformarnos en monstruos.

La moralidad, según la frase de Jonathan Haidt, une y ciega.[7] Nos une a los demás en un vínculo de altruismo recíproco. Pero también nos ciega ante la humanidad de los que están fuera de ese vínculo. Une y divide. Y divide porque une. La moralidad torna el “Yo” de interés propio en “Nosotros” para el bien común. Pero el mismo acto de crear un “Nosotros” crea simultáneamente el “Ellos,” los que no son como nosotros. Aún las religiones más universales, creadas sobre los principios del amor y la compasión han visto a los que están fuera de esa fe como Satanás, infiel, anticristo, hijo de la oscuridad, el no redimido. Grandes grupos de sus seguidores han cometido actos de brutalidad atroz en nombre de Dios.

Ni el conocimiento de Platón,  el sentido moral de Adam Smith o la razón de Kant han curado la oscuridad del corazón de la condición humana. Es por eso que dos frases de nuestra parashá resplandecen como el sol que emerge de densas nubes:

De ninguna forma debes maltratar ni oprimir al extranjero. Recuerda que ustedes han sido una vez extranjeros en la tierra de Egipto (Éxodo 22:21) 

No debes oprimir al extranjero. Ustedes saben lo que se siente pues han sido extranjeros en la tierra de Egipto. (Éxodo 23:9)

Los grandes crímenes de la humanidad han sido cometidos contra el extranjero, el outsider, el-que-no-es-como-uno. Reconocer la humanidad del extranjero ha sido el punto débil de la mayoría de las culturas. Los griegos veían a los no-griegos como bárbaros. Los alemanes llamaban a los judíos gusanos, piojos, cáncer de las naciones. En Ruanda, los Hutus llamaban a los Tutsis inyenzi, cucarachas. Deshumaniza al otro y todas las fuerzas morales del mundo no nos salvarán del mal. El conocimiento se silencia, la emoción se anestesia y la razón se pervierte. Los Nazis se autoconvencieron (y también convencieron a otros) de que al exterminanar a los judíos estaban haciendo un servicio moral a la raza aria.[8] Los suicidas que hacen estallar sus bombas están convencidos de que lo hacen por la gloria de Dios.[9] No existe tal cosa como la maldad altruista. 

Eso es lo que hace que estos dos preceptos sean tan significativos. La Torá enfatiza este punto en reiteradas ocasiones: los rabinos señalaron que el precepto de amar al extranjero aparece treinta y seis veces en la Torá. La ley judía enfrenta el hecho de que no es algo en que podemos confiar a nuestros recursos morales normales, de conocimiento, empatía y racionalidad. Normalmente es posible, pero en situaciones de mucho estrés en las que sentimos que nuestro grupo está amenazado, no podemos. Las mismas inclinaciones que provienen de lo mejor de nosotros – nuestra inclinación genética a hacer sacrificios por nuestras amistades y familiarestambién pueden sacar lo peor de nosotros cuando tememos al extranjero. Somos animales tribales y podemos fácilmente sentirnos amenazados por los miembros de otra tribu. 

Observen que estos preceptos nos están siendo dados poco después del Éxodo. Está implícita una idea verdaderamente radical. Amar al extranjero es el motivo por el cual los israelitas debían experimentar el exilio y la esclavitud antes de entrar en la Tierra Prometida y construir su propia sociedad y estado.No podrán tener exito en cuidar al extranjero, implica Dios, hasta que ustedes sientan en sus propia carne y huesos lo que se siente como extranjero. Y por las dudas de que no lo recuerden, he ordenado que revivan ustedes y sus hijos, la aflicción y la amargura cada año en Pesaj. Los que olviden lo que se siente al ser extranjero, más tarde serán opresores y si los hijos de Abraham oprimen a los extranjeros, ¿por qué los hice Yo socios de Mi pacto?

Empatía, simpatía, conocimiento y racionalidad son generalmente suficientes para permitirnos vivir en paz con los demás. Pero no en tiempos difíciles. Los serbios, croatas y musulmanes vivieron pacíficamente en Bosnia durante años. También los Hutus y Tutsis en Ruanda. El problema aparece en tiempos de alteración y cambio cuando la gente está angustiada y temerosa. Es por eso que se necesitan defensas excepcionales, que es el motivo por el cual la Torá habla de memoria e historia – cosas que van en forma directa al corazón de nuestra identidad. Debemos recordar que una vez estuvimos del otro lado de la ecuación. Fuimos una vez extranjeros, oprimidos, víctimas. Recordar el pasado judío nos permite adoptar un rol universal. En medio de la libertad, debemos recordarnos  a nosotros mismos lo que significa ser esclavo.

Lo que le ocurrió a Csanad, ahora David Szegedi, fue exactamente eso: su rol invertido. Fue un odiador que descubrió que pertenecía al grupo de los odiados. Lo que lo curó del antisemitismo fue la inversión del rol, el descubrimiento de que él era judío. Para él fue un descubrimiento que le cambió la vida.La Torá nos dice que la experiencia de nuestros antepasados en Egipto estaba destinada a ser también un cambio de vida. Habiendo vivido y sufrido como extranjeros, nos ordenó  cuidarlos.

La mejor forma de curar el antisemitismo es lograr que la gente experimente lo que significa ser judío. La mejor forma de curar la hostilidad contra los extranjeros es recordar que también nosotros- desde la perspectiva del otro – somos extranjeros. La memoria y la inversión de roles son los recursos más poderosos que tenemos para curar la oscuridad que puede a veces ocluir el alma humana.


  1. ¿Crees que los seres humanos son inherentemente buenos, malos o ninguna de las dos cosas?
  2. Si ser parte de una comunidad cerrada (una “tribu”) muchas veces conduce a una falta de empatía para con los extranjeros, ¿no tendríamos que trabajar para terminar las asociaciones tribales?
  3. Si la Torá nos enseña a cuidar al “extranjero”, ¿por qué crees que ha habido tanta persecución a través de la historia?

  1.  Marcin Goettig and Christian Lowe, “Special Report: From Hungary, far-right party spreads ideology, tactics,” Reuters, http://www.reuters.com/article/us-europe-farright-special-report-idUSBREA380IU20140409#PUagU6ZvCiQtZgD8.99 (accessed December 22, 2015).
  2. Ofer Aderet, “Former Anti-Semitic Hungarian Leader Now Keeps Shabbat,” Haaretz, 21 de Octubre de 2013.
  3. Dale Hurd, “Crisis of Conscience: Anti-Semite Learns He’s a Jew,” Christian Broadcasting Network, 6 de Diciembre de 2013.
  4.   Of Pride and Humility, part I., section XI, T 2.1.11.2. 112
  5. Theory of Moral Sentiments (CreateSpace, 2013), 9.
  6. Ver Shabat 68b; Maimonides, Mishné Torá, Hiljot Mamrim 3:3. Esto se aplica ciertamente a las leyes rituales, si aplica o no las leyes morales puede ser irrelevante.
  7. Jonathan Haidt, The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion (New York: Pantheon, 2012).
  8. Ver Claudia Koonz, The Nazi Conscience. Cambridge, MA: Belknap, 2003.
  9. Ver Scott Atran, Talking to the Enemy: Faith, Brotherhood, and the (Un)Making of Terrorists (New York: Ecco, 2010). El texto clásico es Eric Hoffer, The True Believer: Thoughts on the Nature of Mass Movements (New York: Harper and Row, 1951).

Traductores

Carlos Betesh

Editores

Abraham Maravankin