¿Cuando podemos mentir? (Vaiejí 5782)

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Después de la muerte de Yaakov, Iosef y sus hermanos tuvieron miedo. Años antes, cuando él les había revelado su verdadera identidad, parecía haberles perdonado por haberlo vendido como esclavo. Sin embargo, los hermanos no estuvieron totalmente convencidos. Quizás Iosef no quiso decir eso. Podía ser que aún guardara resentimiento. Quizás el único motivo por el cual no se había vengado era por respeto a Yaakov. Había una costumbre en esa época por la cual las disputas entre hermanos no se dirimían mientras el padre vivía. Esto lo sabemos por un episodio anterior. Después de que Yaakov tomara la bendición de su hermano, Esav dice “Los días de duelo por mi padre se acercan; después de eso asesinaré a mi hermano Yaakov” (Génesis 27: 41). Por lo tanto, los hermanos se presentaron ante Iosef diciendo:

“Vuestro padre dejó estas instrucciones antes de morir: ‘Esto es lo que deben decirle a Iosef: Pido que perdones a tus hermanos por los pecados y maldades que han cometido al tratarte tan mal’. Ahora por favor perdona los pecados de los servidores del Dios de vuestro padre”. Cuando Iosef recibió este mensaje, lloró. (Génesis 50: 16-17) 

El texto señala con toda claridad que el relato que le han contado a Iosef es mentira. Si en realidad Yaakov hubiera pronunciado esas palabras se las habría dirigido a Iosef, no a sus hermanos. El momento para ello habría sido en su lecho de muerte, en el capítulo anterior. Lo que dijeron los hermanos lo podemos tildar de “mentirilla». El objetivo principal no era el de engañar sino  evitar una situación potencialmente explosiva. Quizás fue por eso que lloró Iosef, al comprender que sus hermanos todavía lo creían capaz de vengarse.

Los sabios extrajeron un principio de este texto. Mutar le-shanot mipnei ha-shalom: “Está permitido no decir la verdad (literalmente “modificar” los hechos) en aras de la paz”. La mentirilla está permitida en la ley judía.

Este no es el único lugar en el que los sabios invocaron este principio. Lo atribuyeron incluso a Dios mismo. Cuando los ángeles visitaron a Abraham para comunicarle que él y Sarah iban a tener un hijo, “Sarah se rió al pensar ‘Estando yo envejecida y mi esposo anciano, ¿voy a tener ahora este placer?’” Dios entonces le preguntó a Abraham, “¿Por qué rió Sarah y dijo ‘¿Realmente tendré un hijo, ahora que soy anciana»’? (Génesis 18: 12-13)

Dios no mencionó que Sarah creía que no solo ella era demasiado grande  para concebir, también creía que Abraham lo era (cosa que terminó siendo inexacta ya que él tuvo seis hijos más después de la muerte de Sarah). Los sabios infirieron que Dios no lo mencionó para evitar que hubiera un malestar en la pareja. Aquí también los sabios dijeron que estaba permitido cambiar los hechos en aras de la paz.

Está claro que los sabios necesitaron estos dos episodios para establecer el principio. Si hubiera sido solamente el de Sarah no podríamos inferir que la mentirilla estaría permitida. Dios no pronunció una mentirilla sobre Sarah, simplemente no le dijo a Abraham toda la verdad.

Si hubiéramos conocido solamente el caso de Iosef y sus hermanos, no habríamos podido inferir que lo que hicieron estaba permitido. Quizás estaba prohibido, y por eso lloró Iosef. El hecho de que Dios mismo había hecho algo parecido fue lo que llevó a los sabios a concluir que lo que hicieron los hermanos de Iosef estaba justificado.

Lo que aquí está en juego es una importante característica de la vida moral, pese al hecho de que pareciéramos estar hablando de un atributo social: el tacto. El fallecido Sir Isaiah Berlin señalaba que no todos los valores coexisten en una armonía platónica. Su ejemplo favorito era el de la libertad y la igualdad. Puedes tener una economía libre, pero el resultado será la inequidad. Puedes tener una sociedad de equidad económica, el comunismo, pero como resultado, perderás la libertad. Así como está configurado el mundo actual, el conflicto moral es inevitable. 

Este es un hecho importante, aunque se trata sobre algo que el judaísmo nunca puso en duda. Está, por ejemplo, el momento crucial en el que el hijo del Rey David, Absalón, arma un golpe de estado contra su padre. David fue obligado a huir. Posteriormente, había una batalla entre las fuerzas de Absalón y las de David. Absalón, que era apuestoy tenía una larga cabellera, fue detenido al quedar enredado su pelo en las ramas de un árbol. En esa circunstancia, Joab, el capitán del ejército de David, lo mató. 

Cuando David se enteró de la noticia se sintió abrumado por el dolor: “El Rey quedó sacudido. Fue a la alcoba que está sobre el portal y lloró. Al salir, dijo: “ ¡Oh Absalón, mi hijo, mi hijo Absalón!” Si yo hubiera podido morir en lugar de ti – ¡Oh, Absalón, mi hijo, mi hijo!’”(Samuel 2 18:33). La respuesta de Joab al Rey fue brutal: “Hoy has humillado a todos tus hombres, que te han salvado la vida…amas a los que te odian y odias a los que te aman…Ahora ve e incentiva a tus hombres” (Samuel 219: 6-8). El dolor de David por la pérdida de su hijo entra en conflicto con sus responsabilidades de jefe de estado y con la lealtad a las tropas que le salvaron la vida. ¿Qué viene primero, el deber de padre o el de Rey?

La presencia de valores en conflicto significa que el tipo de moralidad que adoptamos y la sociedad que creamos depende no solo de los valores que elegimos sino cómo los priorizamos. Priorizar la igualdad por sobre la libertad genera un tipo de sociedad por ejemplo, el comunismo soviético. Priorizar la libertad por sobre la equidad nos lleva a la economía de mercado. Las personas en las dos sociedades pueden valorar las mismas cosas pero las ubican en su escala de valores en forma distinta, y así es la elección cuando las mismas entran en conflicto.

Eso es lo que está en juego en las historias de la risa de Sarah y de los hermanos de Iosef. La verdad y la paz son valores, pero ¿cuál elegimos cuando entran en conflicto? No todos los sabios rabínicos estuvieron de acuerdo.

Está, por ejemplo, la famosa discusión entre las escuelas de Hillel y Shammai sobre qué decir sobre la novia en un casamiento (Ver Ketubot 16b). La costumbre era decir que “La novia es hermosa y llena de gracia”. Pero los integrantes de la escuela de Shammai no estaban dispuestos a hacerlo si a sus ojos, la novia no era bella ni agraciada. Para ellos el valor supremo de la Torá era insistir sobre la verdad. “Manténganse alejados de la falsedad” (Éxodo 23:7). La escuela de Hillel no lo aceptó. ¿Quién está autorizado para decidir  si la novia es bella y agraciada? Con certeza, el novio. Por lo tanto alabar a la novia no es una afirmación objetiva que pueda medirse empíricamente. Es simplemente apoyar la elección del novio y una forma de celebrar la alegría de la pareja.

Las cortesías frecuentemente son así. Decirle a alguien cuánto te gusta el obsequio que te trajeron aunque en realidad no sea así, o expresar “Cuánto me alegra verte” cuando habías tratado de evitar a esa persona, es más una cuestión de buena educación que una falsedad. Esto es bien sabido, y por lo tanto no produce ningún daño, como podría ser en el caso de que hubiera un interés substancial en cuestión.

Más fundamental y filosófico es el importante Midrash sobre la conversación entre Dios y los ángeles acerca de si los seres humanos debían ser creados o no.

Dijo el Rabí Shimon: Cuando Dios estaba por crear a Adán los ángeles ministrantes se dividieron en dos grupos antagónicos. Unos dijeron ‘Que sea creado’. Otros, ‘Que no sea creado’. Es por eso que está escrito: ´La misericordia y la verdad entraron en colisión, la rectitud y la paz chocaron’ (Salmos 85: 11).

La misericordia dijo: ‘Que sea creado, porque hará acciones caritativas’.

La verdad dijo: ‘Que no sea creado porque estará lleno de falsedad’.

La rectitud dijo: ’Que sea creado porque realizará hechos virtuosos’.

La paz dijo: ‘Que no sea creado, porque no cesará de discutir’.

¿Qué hizo el Santo, Bendito sea? Tomó la verdad y la arrojó al piso.

Los ángeles dijeron, ‘Soberano del universo, ¿por qué haces esto a tu propio sello, la verdad? Que la verdad se levante de la tierra.

Así está escrito, ‘Que la verdad se levante de la tierra’ (Salmos 85: 12). 

Este texto es un desafío. ¿Qué es lo que están diciendo exactamente los ángeles? ¿Qué significa que “Dios tomó a la verdad y la arrojó al piso?” ¿Y qué ocurrió con la demanda hecha por el ángel de la paz de que “los humanos nunca dejarán de discutir?”

Yo interpreto que los humanos están destinados al conflicto siempre que los grupos contendientes afirmen tener el monopolio de la verdad. La única forma que tienen de vivir  en paz es comprender que los humanos, como seres finitos, nunca  llegarán a la verdad como la del Cielo. Para nosotros, la verdad es siempre parcial, fragmentada, la visión desde algún lugar y no como dicen algunas veces los filósofos, “la vista desde ninguna parte”. 

Según creo yo, esta percepción profunda es porque la Torá contiene múltiples perspectivas, el Tanaj tiene muchas voces distintas, y porque el Midrash y la Guemará están construidos sobre la premisa de que la Torá tiene “setenta caras”.  Que yo sepa, ninguna otra civilización posee una comprensión tan sutil y compleja de la naturaleza de la verdad.

Tampoco ninguna otra ha valorado tanto la paz. El judaísmo no es, ni ha sido nunca, pacifista. La defensa nacional a veces requiere guerra. Pero Isaías y Micah fueron los primeros visionarios de un mundo en el que “ninguna nación alzará su espada contra otra” (Isaías 2:4, Miqueas 4:3). Isaías es el poeta premiado de la paz.

Cuando se presenta una elección en la que se trata de relaciones interpersonales, los sabios valoraron la paz por sobre la verdad, principalmente porque la verdad puede florecer en la paz, mientras que la verdad suele ser la primera víctima en la guerra. Por lo tanto los hermanos no se equivocaron al mentirle a Iosef en aras de la paz familiar. Les hizo recordar a todos ellos la profunda verdad de que no solo su padre humano, ahora fallecido, sino también el Padre celestial, eternamente vivo, desean que el pueblo del Pacto esté en paz, pues ¿cómo podrán los judíos estar en paz con el mundo si no están en paz entre sí?


  1. ¿Por qué no puede haber paz y verdad en forma simultánea? ¿ Estos valores están siempre en oposición?
  2. ¿Estás de acuerdo con que la paz es más importante que la verdad?
  3. ¿Podemos llegar a la conclusión de que la paz es el valor principal del judaísmo?

  1. Este es el tema de Convenio y Conversación titulado “El nacimiento del perdón”.
  2. Ievamot 65b.
  3. Midrash Sejel tov, Toldot, 27:19.
  4. Isaiah Berlin, ‘Two Concepts of Liberty,’ en Isaiah Berlin, Henry Hardy and Ian Harris, Liberty: Incorporating Four Essays on Liberty. Oxford: Oxford UP, 2002. Ver también es importante trabajo por Stuart Hampshire, Morality and Conflict. Cambridge, MA: Harvard UP, 1983.
  5. Bereshit Rabbah 8:5.
  6. Thomas Nagel, The View From Nowhere, New York, Oxford University Press, 1986. La única persona que ha alcanzado una visión no antropocéntrica a los ojos de Dios fue Job en los caps. 38-41 del libro que lleva su nombre.

Traductores

Carlos Betesh

Editores

Michelle Lahan