Pesaj y la tarea judía (extraído del Majzor Koren-Sacks)


Pesaj es una historia de esperanza, la más antigua y más transformadora que se conoce. Cuenta cómo un grupo de esclavos sin especial particularidad consiguió la libertad en uno de los imperios antiguos más grandes y extensos de la época. En realidad, de todas las épocas. Cuenta la revolucionaria narrativa cómo el poder Supremo intervino en la historia para liberar a los supremamente desposeídos. Es la historia de la derrota de la probabilidad por la fuerza de la posibilidad. Define lo que es ser judío: un símbolo viviente de la esperanza.

Pesaj nos dice que la fortaleza de una nación no reside en sus caballos y carruajes, armas y ejércitos, estatuas colosales ni construcciones monumentales, todas ellas muestras de poder y riqueza. Depende de factores más elementales: humildad en presencia del Dios de la creación, fe en el Dios de la historia y de la redención, y un sentimiento no negociable de la santidad de la vida humana, creada por Dios a Su imagen: aún si se tratara de la vida de un esclavo o de la de un niño demasiado pequeño para hacer preguntas. Pesaj es la crítica eterna del poder usado por los hombres para presionar y disminuir a sus congéneres.

Es la historia de más de cien generaciones de nuestros antecesores, transmitida a nuestros hijos, y ellos a los suyos. Como de igual manera hacemos nosotros hoy, un milenio más tarde, sabiendo lo que significa ser el pueblo de la historia, los guardianes de una narrativa no inscripta mediante jeroglíficos en los muros de los monumentos, sino grabada en las mentes de los seres humanos que respiran, que viven, que ha mantenido la fe en el pasado y en el futuro por más tiempo que cualquier otra cultura, siendo testigos del poder del espíritu humano cuando se abre ante un Poder mayor, conducidos a un mundo de libertad, responsabilidad y dignidad.

Pesaj es más que simplemente una festividad más del calendario judío, es más aún que el aniversario del nacimiento de Israel como pueblo libre yendo hacia la Tierra Prometida. Intentaré demostrar cómo surgió, de cuatro maneras distintas, como el evento revolucionario alrededor del cual gira una buena parte del judaísmo.

Primero, un examen detallado de la narrativa de Génesis desde Abraham a Yaakov nos muestra una serie de anticipaciones del éxodo, concentrando nuestra atención e incrementando nuestra percepción de lo que eventualmente ocurrirá en tiempos de Moshé.

Segundo, el recordar que “una vez fuisteis esclavos en Egipto” es la singular y más frecuentemente mencionada “razón por los mandamientos”. El éxodo no fue solamente un evento en la historia. Forma parte esencial de la lógica de la ley judía.

Tercero, los elementos clave de la ley y del pensamiento judío pueden comprenderse mejor como protesta o alternativa al Egipto de los faraones, aun cuando la Torá no lo afirma explícitamente. El conocimiento de ese mundo antiguo nos dio nuevas pautas de por qué el judaísmo es como es. Cuarto, la sostenida reflexión sobre el contraste entre Egipto y la sociedad que los israelitas fueron llamados a crear, revela la elección fundamental que deben hacer las civilizaciones, en ese entonces, ahora, y quizás en los tiempos venideros. No hay nada antiguo en los temas que surgen en Pesaj: esclavitud, libertad, política, poder, estado, dignidad humana y responsabilidad. Estas son tan relevantes ahora como en los tiempos de Moshé. Pesaj nunca será obsoleta.

El corazón de la festividad es una experiencia histórica concreta. Los israelitas como fueron descriptos en la Torá, eran un grupo fraccionado de esclavos con ancestros en común, uno de los tantos grupos humanos atraídos por Egipto desde el norte, debido a su riqueza y a su poder, solo para terminar siendo sus víctimas. El Egipto de los faraones era el imperio más longevo que ha conocido el mundo, y ya sumaban dieciocho siglos de antigüedad en el tiempo del éxodo. Por más de mil años antes de Moshé, la gran pirámide de Giza ya dominaba el panorama, siendo la estructura de mayor altura hecha por el hombre hasta la construcción de la torre Eiffel en 1889. El descubrimiento por parte del arqueólogo inglés Howard Carter de la tumba de un faraón relativamente menor, Tutankamón, reveló la sorprendente riqueza y sofisticación de la corte real de aquel tiempo. Si los historiadores acertaron al identificar a Ramsés II como el faraón del éxodo, Egipto había llegado entonces en esa era al pináculo de su poderío, dominando el estrecho mundo como un coloso.

En cierto nivel es una historia de maravillas y milagros. Pero el mensaje de Pesaj que perdura es más profundo, ya que presenta una visión dramáticamente novedosa sobre cómo podría ser la sociedad si el único soberano fuera Dios y todos los ciudadanos fueran a Su imagen. Se trata del poder de los desposeídos y de la carencia de poder de los poderosos. Nunca la política ha sido más extrema, más ética y más humana.

Heinrich Heine dijo: “Desde el Éxodo, la libertad ha hablado con acento hebreo.” Pero es, como fue citado por Emmanuel Levinas, “una libertad difícil”, por estar fundamentada en un código individual exigente y en la responsabilidad colectiva. Pesaj nos induce a elegir, por un lado, el pan de la aflicción y hierbas amargas, y por el otro, las cuatro copas de vino en la que cada una marca una etapa en el largo camino a la libertad. Mientras los seres humanos quieran ejercer el poder unos sobre otros, la historia continuará y la elección seguirá siendo nuestra.

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Extraido de rabbisacks.org

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