El llamado oculto de Dios

Jazal, nuestros Sabios, hacen una pregunta extraña en la Guemará Julín (139b): Ester min haTorá minain? “¿Dónde encontramos una insinuación en la Torá sobre el Libro de Ester?”, el último libro del Tanaj en ser canonizado. La Guemará responde con las palabras v’anoji haster astir panai, “Esconderé mi rostro en ese día.” La más temible advertencia de Hashem siempre ha sido en que llegará un tiempo en que será hester panim, el rostro oculto de Dios, en el que parecerá, Dios no lo permita, que Hashem ha dejado de comunicarse con nosotros.

Fue así como Jazal encontró una insinuación de Ester. Sabemos que Ester es uno de los únicos dos libros que no contienen el nombre de Hashem, siendo el otro Shir HaShirim. Pero mientras Shir HaShirim es un libro sobre el amor que Hashem siente hacia nosotros, Ester es un libro que provoca temor porque nos recuerda el momento en que se resolvió lehashmid lahares ule’abaid et kol hayehudim mina’ar v’ad zaken taf ve-nashim be-iom ejad, “destruir, aniquilar, exterminar a todos los judíos, el viejo y el joven, los niños y las mujeres, en un solo día,” cuando la primer orden de exterminio de los judíos fue emitida. Purim es el único festival del años judío que se desarrolla completamente en galut, en el exilio. Cada uno de los otros festivales está basado ya sea en un evento que ocurrió en Israel o en el camino hacia Israel. Purim es el único que está en hester panim, cuando estamos fuera de Israel y donde es más difícil sentir la presencia de Dios.

Ese es el libro de Ester. Proviene de un mundo casi completamente secular, donde buscamos la presencia de Dios en la historia y no podemos encontrarla. Sin embargo, hay una línea en la Meguilá que me atraviesa como un cuchillo y representa la declaración más poderosa que conozco del judaísmo de que Hashem no nos ha abandonado.

Hacia el final del cuarto capítulo, encontramos a Ester contandoles a su tío Mordejai sobre todos los problemas que podrían surgir al interceder con el Rey Ajashverosh sobre el destino del pueblo judío. Mordejai escucha y luego responde con las famosas palabras im haharesh tajrishi, ba’et revaj ve-hatzalah ya’amod layehudim mimakom ajer, “si permaneces en silencio y no haces nada en este momento alguien más salvará al pueblo judío.” ¿U mi yodea im l’et kazot, higa’at lamaljut? “Pero, ¿quién sabe, si no fue solo para este momento que te convertiste en Reina, con acceso al Rey Ajashverosh en el palacio real?”

Esto, para mí, es la declaración definitiva de hashgajá pratit, que donde sea que estemos, a veces Hashem nos pide que nos demos cuenta por qué Él nos puso aquí, con estos dones, en este tiempo, con estos peligros, en este lugar. Hashgajá pratit es nuestra creencia fundamental que Dios nunca nos abandona, que Él nos coloca aquí con una misión que cumplir. Incluso cuando Dios está muy escondido, si escuchas con suficiente atención, puedes escuchar Su llamado a cada uno como individuo diciendo ¿U mi yodea im l’et kazot, higa’at lamaljut? “¿No es para este desafío particular que estás en este lugar en este momento?”

Esa es la esencia de la primera palabra del tercer libro de la Torá [cuya lectura comenzamos el último Shabat] – Vaikrá. Cuando miras un sefer Torá notarás que esta palabra está escrita con una alef pequeña al final. Rashi comenta sobre esto, haciendo una distinción entre las frases Vaikrá el Moshé “Y Él [Hashem] llamó a Moshé” y Vaikar el Bilam “Y Él [Hashem] se apareció a Bilam.” El idioma hebreo, dice Rashi, tiene dos palabras que suenan igual, pero que son de hecho muy diferentes, incluso opuestos, mikrá y mikré. Mikré es usado para describir algo que pasa por accidente, que no tiene que ver con la Divina Providencia. Mikrá, por otro lado, se usa para describir un llamado de Hashem, específicamente para ti con una tarea particular.

¿Por qué, entonces, la alef – una letra que no tiene sonido – está escrita en forma más pequeña? Para enseñarnos que a veces puede ser muy difícil escuchar el llamado de Hashem. Puede ser incluso un llamado silencioso. En hebreo, esto se conoce como kol demama daka, una voz que sólo puedes oir si estás escuchando. Incluso en el peor hester panim, Hashem siempre nos llama para que hagamos algo.

Uno de mis más grandes héroes fue un hombre llamado Victor Frankl, escribo a menudo sobre él.Victor Frankl fue un psicoterapeuta que trabajaba con estudiantes universitarios en Viena y fue llevado a Auschwitz durante la segunda guerra mundial. No ha habido otro momento en la historia con más hester panim que durante el Holocausto. Sin embargo, Victor Frakl era un de fe, y sabía que Hashem lo estaba llamando a hacer algo incluso allí, incluso en las puertas del Infierno mismo. Se preguntó ¿qué quiere Hashem de mí, un psicoterapeuta, en el medio de Auschwitz? Y llegó a una respuesta: Hashem quiere que de a mis compañeros prisioneros, mis compañeros judíos, un deseo de vivir, porque sólo si tienen ese deseo tendrán la fuerza para sobrevivir. Entonces habló con cada prisionero que él creía que estaba por caer en la desesperación, y le dio un rol en la vida, uno que aun debía cumplir. Este sentido de propósito renovado ayudó a estos hombres, mujeres y niños a esforzarse por mantenerse con vida, a sobrevivir a Auschwitz, a ser liberados, a continuar y cumplir con su propósito. Esto es lo que Victor Frankl escuchó, incluso en Auschwitz, un vaikrá con una alef pequeña.

Hay otra historia de un hombre llamado Eddie Jacobson. Eddie era un muchacho judío normal del Lower East Side de Nueva York. Cuando Eddie era un niño, sus padres se mudaron a Kansas City y allí conoció a un niño de su edad. Pronto se volvieron amigos muy cercanos en el colegio, hicieron el servicio militar juntos durante la Primera Guerra Mundial, y decidieron que cuando la guerra finalizara haría un negocio juntos. Fundaron una tienda de ropa en Kansas City, pero el negocio no fue muy exitoso y pronto se separaron. Eddie Jacobson se convirtió en viajante, vendiendo ropa. Su amigo, Harry S. Truman, tomó un camino un tanto diferente y se convirtió en Presidente de los Estados Unidos.

En 19847-48, los judíos del mundo necesitaban el soporte de los Estados Unidos para que el estado de Israel fuera proclamado y reconocido. El Departamento de Estado estaba en contra y aconsejó al presidente que no apoye la creación del estado de Israel. Los judíos y las organizaciones judías hicieron lo imposible para reunirse con el Presidente en la Casa Rosada, y cada intento fue rechazado. Incluso fue rechazado el líder del movimiento sionista, Jaim Weizmann, el hombre que se convertiría en el primer Presidente del Estado de Israel.

A medida que el tiempo se volvía más desesperante, alguien recordó que Harry S. Truman tenía un amigo de la niñez llamado Eddie Jacobson. Entonces llegaron a Eddie y le preguntaron si podría lograr que el Presidente de los Estados Unidos se reúna con Jaim Weizmann. Entonces Eddie llamó al Presidente Truman y le dijo que tenía que ir a verlo. Los asesores de Truman intentaron evitar la reunión, pero Truman dijo: “¡Este es mi viejo amigo Eddie, de la escuela, Eddie, del ejército, Eddie, de nuestro emprendimiento juntos! ¿Cómo no voy a reunirme con este hombre?”

Cuando Eddie llegó a la Casa Blanca, Truman le dijo “Eddie, puedes hablarme de cualquier cosa, excepto de Israel”. “Está bien”, dijo Eddie y se paró en el Salón Oval, frente al Presidente de los Estados Unidos, y comenzó a llorar. “Eddie, ¿por qué lloras?”, preguntó el Presidente. Eddie señaló una estatua de mármol en la sala y dijo “¿Quién es ese, Harry?” “Es mi héroe, Andrew Jackson” respondió Truman. “¿Realmente admiras a este hombre?”, preguntó Eddie. “Si”. “¿Y tenía influencia sobre ti?” “Sí”, dijo Truman. Entonces Eddie dijo “Yo tengo un héroe. Su nombre es Jaim Weizmann. Harry, por mi bien, reúnete con este hombre.” Harry miró a Eddie y supo que no podía decirle que no a su viejo amigo. Así es como Jaim Weizmann pudo reunirse con Harry S. Truman, y es así como Estados Unidos votó a favor de la creación del Estado de Israel. Si no hubieran votado, Israel no habría sido creado. Es más, Harry S. Truman hizo que Estados Unidos sea el primer país del mundo en reconocer al Estado de Israel cuando David Ben Gurión lo proclamó.

No sé exactamente como Hashem escribe el libreto de la historia, pero si puede sucederle a Eddie Jacobson puede sucederle a cualquiera de nosotros. ¿U mi yodea im l’et kazot, higa’at lamaljut? Hashem nos llama, a cada uno de nosotros, diciéndonos que hay una razón por la cual estamos aquí, por Él tiene algo para nosotros hagamos, algo que sólo nosotros podemos hacer. Podemos escuchar la voz de Hashem incluso cuando hay hester panim, cuando Él aparenta estar escondido, incluso cuando el llamado, vaikrá, está escrito con una alef muy pequeña que apenas puedes ver y oír.

En el tercer capítulo de Hiljot Teshuvá, Las Leyes del Arrepentimiento, Rambam nos enseña que a lo largo de todo el año debemos vernos a nosotros mismos como si nosotros como individuos y el mundo entero en forma colectiva estamos equilibrados entre mérito y pécado. Nuestro próximo acto puede ser el que incline la balanza de nuestra vida, puede inclinar la balanza de alguien más, incluso puede inclinar la balanza del mundo. Nunca sabemos cuando uno de nuestros actos tendrá consecuencias. ¿Sabía Ester, habiendo crecido con Mordejai, que un día el futuro del pueblo judío dependería de ella? Nunca sabes qué significado tendrá una amistad o un pequeño momento para tí o alguien más, que podría simplemente cambiar el mundo.

No necesitas cambiar el mundo para cambiar el mundo. Dejame explicar. Si realmente creemos, como dice la Mishná en Sanedrín nefesh ajat ke-olam malei, que “una vida es como un universo” entonces si cambias una vida, puedes comenzar a cambiar el universo de la única forma en que cualquiera puede, una vida a la vez, un día a la vez, un acto a la vez.

Siempre debemos preguntarnos, ¿qué quiere Hashem de mí en este lugar, en este tiempo? Porque siempre hay algo que Hashem quiere de nosotros, y no es necesario ser alguien especial para tener una tarea sagrada. Sólo puedes ser una mujer judía llamada Ester, o un hombre judío llamado Eddie, y a pesar de ello, de una forma o de otra, nuestros actos pueden tener consecuencias que no podemos siquiera empezar a imaginar. Aunque a veces pienses que este es un mundo y una época en que hay hester panim, que donde busques a Hashem no lo puedes encontrar, Él está todavía diciendo ¿U mi yodea im l’et kazot, higa’at lamaljut?, “¿No fue por este momento en que te puse aquí en la Tierra?”

Cuando Hashem llama, que cada uno de nosotros tenga el coraje de decir “Hineni, aquí estoy, Hashem, dime que tengo que hacer y lo haré.” Que podamos salir al mundo, caminando con orgullo como judíos, caminando sin miedo, como judíos, y que podamos ser fieles a nuestra religión y una bendición para otros sin importar su fe. Que podamos escuchar el llamado de Hashem y responderlo. Que podamos traer bendición al mundo.

Traductor

Abraham Maravankin

Leave a Reply