Ser uno mismo (Vaishlaj 5781)

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He comentado muchas veces que el episodio por el cual el pueblo judío adquirió su nombre – cuando Yaakov luchó con un adversario desconocido, de noche, y recibió el nombre de Israel – es esencial para comprender lo que significa ser judío. Ahora planteo aquí, que este episodio es igualmente fundamental para comprender lo que significa liderar.

Existen varias teorías sobre la identidad del “hombre” que luchó con el patriarca esa noche. La Torá lo llama “un hombre.” El profeta Oseas lo llama «ángel» (Oseas 12:4-5) Los Sabios opinaron que era Samael, el ángel guardián de Esav y una fuerza del mal[1]. Yaakov mismo estaba convencido de que era Dios. “Yaakov llamó al lugar Peniel diciendo ‘Porque vi a Dios cara a cara y sin embargo mi vida fue perdonada.’” (Génesis 32:31)

Mi sugerencia al respecto es que solo podemos entender este pasaje al examinar toda la vida del patriarca. Yaakov nació tomado del talón de Esav. Le compró a él la primogenitura. Le robó la bendición. Cuando su padre, ciego, le preguntó quién era, le contestó: «Soy Esav, tu primogénito.” (Génesis 27:19) Yaakov era el niño que quería ser Esav.

¿Por qué? Porque Esav era el mayor. Porque Esav era fuerte, maduro físicamente, un cazador. Sobre todo, porque era el favorito del padre: “Ytzjak, a quien le gustaba la carne de animal salvaje, amaba a Esav, pero Rebeca amaba a Yaakov” (Génesis 25:28). Yaakov es el paradigma de lo que el teórico literario y antropólogo francés, Rene Girard, llamó deseo mimético, que significa que deseamos lo que otra persona quiere, porque queremos ser esa otra persona[2]. Lo que resulta en una tensión entre Yaakov y Esav. Esa tensión crece hasta llegar a una intensidad inaguantable cuando Esav descubre que la bendición que el padre tenía destinada para él fue tomada por Yaakov, y Esav jura matar a Yaakov, una vez que Ytzjak ya no esté vivo.

Yaakov huye a la casa de su tío Labán donde se encuentra con más conflictos; va camino a casa cuando se entera de que Esav se aproxima con una fuerza de cuatrocientos hombres. En una descripción fuerte e inusual de las emociones la Torá nos dice que Yaakov estaba «muy asustado y desesperado” (Génesis 32:7) – asustado, sin ninguna duda, ya que Esav venía dispuesto a matarlo, y quizás la desesperación podía deberse a que el enojo de su hermano no era sin causa.

Como hemos visto anteriormente, Yaakov, en efecto, había perjudicado a su hermano. Ytzjak le dice a Esav “Tu hermano vino con engaño y tomó tu bendición”. (Génesis 27:35) Siglos más tarde, el profeta Oseas dijo: “El Señor tiene una acusación contra Yehudá; castigará a Yaakov según sus actos y lo remunerará de acuerdo a sus hechos. En el vientre de la madre asió el talón de su hermano; siendo hombre, luchó con Dios.” (Oseas 12:3-4) Jeremías usa el nombre de Yaakov para nombrar a una persona que engaña: “Cuídense de sus amigos; no confíen en vuestro clan; pues cada uno de ellos es un embaucador (akov Yaakov), y cada amigo, un difamador” (Jeremías 9:3).

Todo el tiempo que Yaakov quiso ser Esav hubo tensión, conflicto, rivalidad. Esav se sintió engañado; Yaakov sintió miedo. Esa noche, cuando estaba por encontrarse con Esav después de veintidós años de ausencia, Yaakov lucha consigo mismo, termina expulsando la imagen de Esav, la persona que él quiso ser, y que había cargado consigo durante todos esos años. Ese es el momento crítico de la vida de Yaakov. De ahí en más, está satisfecho consigo mismo. Y solo cuando dejamos de querer ser otra persona, (en palabras de Shakespeare “envidio el arte de este hombre y la pujanza de este otro. Hastiado incluso de aquello que me daba alegrías”[3]) es que podemos estar en paz con nosotros mismos y con el mundo.

Este es uno de los grandes desafíos del liderazgo. Es sumamente fácil para un líder buscar la popularidad al ser lo que las personas quieren que sea – liberal  para los liberales, conservador para los conservadores, tomando decisiones que logran un reconocimiento temporario , en lugar de actuar según sus principios y convicciones. El asesor de Bill Clinton, David Gergen, una vez escribió sobre el presidente norteamericano que “no sabe bien quién es, y trata de definirse de acuerdo a cuánto lo aprecian los demás. Eso lo lleva a toda clase de contradicciones, y a la vista de los demás, es una mezcla constante de fortalezas y debilidades.”[4]. 

Los líderes tratan a veces de “mantener unido al equipo” al decirle cosas diferentes a distintas personas, pero a la larga esas contradicciones salen a la luz –especialmente con la transparencia total que imponen los medios actuales– y como resultado, el líder parece no tener integridad. Las personas ya no confían en sus declaraciones. Hay una pérdida de confianza y autoridad que puede llevar mucho tiempo en recomponerse. El líder puede llegar a la conclusión de que su posición es insostenible y puede verse  forzado a dimitir. Pocas cosas hacen que un líder sea más impopular que la búsqueda de la popularidad.

Los grandes líderes tienen el coraje de vivir con la falta de popularidad. Abraham Lincoln fue insultado y ridiculizado durante su mandato. En 1864 el New York Times escribió: “Ha sido denunciado innumerables veces como perjuro, usurpador, tirano, corruptor de la Constitución, destructor de las libertades de su país, un temerario fanático, un frívolo desalmado frente una nación agonizante.”[5]. A Winston Churchill, antes de asumir como Primer Ministro durante la Segunda Guerra Mundial, se lo consideraba un fracasado. Y cuando finalizó la guerra fue derrotado en las elecciones generales. Él mismo señaló que “El éxito se consigue deambulando entre fracaso y fracaso sin perder el entusiasmo…” John F. Kennedy y Martin Luther King fueron asesinados. Cuando Margaret Thatcher falleció, algunas personas salieron a celebrar en las calles.

Yaakov no fue líder; no existía aún nación para liderar. Sin embargo, la Torá se explaya extensamente para darnos una imagen de su lucha por la identidad, que no era solamente la suya. Muchos de nosotros hemos experimentado esta lucha. (La palabra avot utilizada para describir a Abraham, Ytzjak y Yaakov no significa solamente “padres, patriarcas” sino también “arquetipos”). No es fácil superar el deseo de ser otra persona, de desear lo que otros tienen, de ser lo que son. De vez en cuando, la mayoría de nosotros lo sufre. Girard afirma que esa ha sido la principal fuente de conflicto a través de la historia. Puede llevar toda una vida de lucha hasta llegar a la conclusión de saber quién somos y de renunciar al deseo de lo que no somos.

Más que ningún otro personaje en Génesis, Yaakov está rodeado de conflictos: no solo con Esav, sino también con Labán; Rajel y Lea; y con sus hijos, Iosef y sus hermanos. Es como si la Torá nos estuviera diciendo que mientras tengamos algún un conflicto dentro de nosotros, habrá conflicto en nuestro alrededor. Debemos resolver nuestra tensión interna antes de intentar hacerlo para los demás. Debemos tener paz interior antes de estar en paz con el mundo.

Eso es lo que ocurrió en la parashá de esta semana. Después de la lucha con el personaje desconocido, Yaakov experimenta un cambio de personalidad, una transformación. Le devuelve  a Esav la bendición que le sacó. El día anterior le había entregado centenares de cabras, ovejas, carneros, camellos, vacas, toros y asnos. Luego le devuelve la bendición diciendo “Que seas amo sobre tus hermanos, que los hijos de tu hermano se inclinen ante ti.” (Génesis 27:29). Yaakov se inclina siete veces ante Esav. Lo llama “mi señor,” (33:8) y se refiere a sí mismo como “tu servidor.” (33: 5) Utiliza la palabra “bendición,’” aunque este hecho aparece oculto por la traducción. Él le dice “Por favor toma la bendición que ha sido traída a ti.” (33: 11). Como conclusión, los dos hermanos se encuentran, y parten en paz.

Las personas son  conflictivas. Tienen distintos intereses, pasiones, deseos, temperamentos. Aunque no los tuvieran, igual entrarían en conflicto, como todo padre o madre sabe. Los hijos – y no solo ellos – demandan atención, y no se puede ser equitativo con todos todo el tiempo. Manejar los conflictos que afectan a cada grupo humano es trabajo  del líder – y si el líder no está seguro o confiado acerca de su identidad, los conflictos seguirán existiendo. Aun si el líder se ve como pacificador, los conflictos no desaparecerán.

La única respuesta es “conocerse a uno mismo”. Debemos luchar con nosotros mismos, como lo hizo Yaakov en esa noche fatídica, deshacernos de la persona con la que nos comparamos constantemente, aceptar que algunas personas nos querrán por lo que defendemos y otras no, comprender que es mejor lograr el respeto de algunos que la popularidad de todos. Esto puede significar toda una vida de lucha, pero el resultado es una fortaleza inmensa. Nadie es más fuerte que los que saben qué son y quiénes son.

  1. ¿Piensas que la grandeza conduce a momentos de desesperación? ¿o  que los momentos de desesperación conducen a la grandeza?
  2. ¿Cómo podemos adaptar este mensaje a la vida actual?
  3. Entre todas las historias de la Torá, ¿qué es lo particular de la historia de Yaakov?

[1] Bereshit Raba, 77; Rashi a Genesis 32:35; Zohar I, Vaishlaj, 170a.

[2] Rene Girard, La violencia y lo sagrado, Athlone Press, 1988

[3] Shakespeare, “Sonnet 29”. (N. del T.: tomado de la traducción de Shakespeare de Guillermo Ospina)

[4] David Gergen, Eyewitness to Power (New York: Simon & Schuster, 2001), 328.

[5] John Kane, The Politics of Moral Capital, Cambridge University Press, 2001, 71.


Traductores

Carlos Betesh

Editores

Michelle Lahan