Edición Familiar: Cruzando el mar (Beshalaj 5780)

EDICION FAMILIAR: CRUZANDO EL MAR (BESHALAJ 5780)

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Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación que puedes leer aquí.

IDEA CLAVE DE LA SEMANA

Si nos damos cuenta que debemos avanzar, podemos lograr grandes cambios en nuestras vidas.

Los israelitas salieron de Egipto hacia el desierto, finalmente como un pueblo libre. Dios los guió con un pilar de nubes durante el día y un pilar de fuego durante la noche. Se dirigieron hacia el Monte Sinaí pero tomaron el trayecto más largo, dando un rodeo para evitar posibles batallas en su camino. 

El faraón sintió arrepentimiento por haberlos liberado, y los persiguió con su poderoso ejército de muchos hombres, caballos y carrozas. Los israelitas habían llegado al Mar Rojo, sin un lugar donde ponerse a salvo. Entraron en  pánico y clamaron a Dios con desesperación. Moshé los calmó y les prometió que Dios los salvaría. Entonces Dios hizo que el mar se divida en forma milagrosa, formando dos paredes de agua con un camino en el medio.  

Los israelitas caminaron sobre el camino seco. Cuando estaban llegando al otro lado del mar, el ejército egipcio los persiguió a través del mismo sendero, pero las paredes de agua se derrumbaron ahogando a los egipcios. Los israelitas, liderados por Moshé y Miriam, cantaron canciones de alabanza y de gratitud por el milagro que habían presenciado.  Pero sus problemas no habían terminado. La gente necesitaba agua y alimentos y reclamaron a Moshé. Dios les envió ambas cosas: agua surgió de una roca, y maná cayó del cielo. Un nuevo enemigo, los amalekitas, atacó. El ejército israelita venció a los amalekitas con la ayuda de Dios, quien a continuación le dijo a Moshé que escriba el episodio como una recordación

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Cuál es para ti el milagro más impresionante de la parashá de esta semana: las columnas de fuego y nube, la división del mar, el agua de la roca, el maná del cielo o la victoria en la batalla contra Amalek?

Nuestra parashá comienza con una propuesta aparentemente simple:

“Cuando el Faraón dejó salir al pueblo, Dios no los condujo por el camino que atraviesa la tierra de los Filisteos, aun siendo este más corta. Pues Dios dijo, “Si se enfrentan con una guerra, podrían cambiar de idea y volver a Egipto.” Entonces Dios guió al pueblo alrededor del desierto por el camino que va hacia el Mar Rojo. Los israelitas salieron de Egipto preparados para la batalla.” (Éxodo 13:17-18)

Dios no condujo al pueblo por el camino de la costa, que hubiera sido el más directo, porque Él no quería que el pueblo sea atacado por grupos como el ejército hitita. Él sabía que si sentían mucho miedo, pedirían regresar a sus antiguas vidas en Egipto.

Aquí hay algunos puntos confusos. La ruta que tomaron los llevó directamente al Mar Rojo – un camino sin salida aterrorizante. Faraón pronto enviaría su ejército a perseguir a los israelitas, que Dios sabía que pasaría. Y, al final de la parashá, los israelitas enfrentan un ataque de todas maneras – contra su nuevo archienemigo los amalekitas. Entonces, ¿cómo podemos entender el texto que explica el plan de Dios?

Al principio de la parashá, vemos a Dios protegiendo a su pueblo. Hizo poderosos milagros para ellos para mostrarles Su protección. Sabía que no estaban listos para enfrentar un ataque. Pero después de la inolvidable apertura del mar, de salvarlos y destruir al ejército egipcio, sus espíritus estaban más fuertes, y Dios dio un paso atrás. No peleó la batalla contra los amalekitas en lugar de los israelitas; les había dado a los israelitas la fortaleza necesaria para que lo hagan ellos mismos.

Además, una vez que habían cruzado el mar, el pueblo sabía que no había vuelta atrás. Entonces tomaron responsabilidad y se asociaron a Dios para alcanzar su propio destino. Pasaron de ser participantes pasivos a ser participantes activos en su propia historia, porque de ahora en más, solo podrían avanzar en su travesía.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Cómo hizo esta ruta para forzar a los israelitas a hacerse cargo y avanzar?
  2. ¿Qué estaba intentando enseñarles Dios aquí, y cómo sabemos que comprendieron este mensaje?

Al abrir la tarjeta y sentir las palabras en relieve con mis dedos «¡Buena Suerte!», sentí lágrimas brotando. El mensaje escrito a continuación en una letra conocida decía: «Querida Mía, Buena suerte en tu gran día mañana. Estamos tan orgullosos de ti. Vas a estar genial. ¡Adelante! Todo nuestro amor, Mamá y Papá». Lo leí por segunda y tercera vez, una avalancha de cálidos y amorosos recuerdos  me inundaron. Me sentí como si hubiera estado aquí antes. Muchas veces.

La primera vez fue antes de que tuviera recuerdos. Nací 2 semanas después de mi fecha prevista de parto. Mi padre siempre bromea que no quería dejar la comodidad y la seguridad del vientre de mi madre. Pero el doctor y la partera me arrastraron literalmente pateando y gritando, y por supuesto mi madre también.

Tengo claros recuerdos de la próxima vez que me empujaron hacia adelante, contra mi voluntad, hacia un mundo nuevo. Era mi primer día de escuela, y no estaba lista para que mi vida cambiara. «¿Por qué me están haciendo hacer esto?» Recuerdo haber pensado… pero después de unos días, la escuela se sentía casi como un segundo hogar.

La siguiente vez que recuerdo haberme sentido forzada a hacer algo de lo que no estaba seguro, no eran mis padres los que presionaban, sino mi amiga más cercana. El campamento de verano no me atraía, pero Sophie no aceptaría un no como respuesta. «Yo cuidaré de ti», dijo. «¡Y vamos a pasar el mejor tiempo de nuestras vidas!» Y tenía razón, por supuesto.

Pensando en ello ahora, este ha sido un tema recurrente a lo largo de mi vida. Mi discurso de Bat Mitzva frente a cientos de personas… comenzar la escuela secundaria… mi año sabático lejos de casa… la universidad. La lista sigue y sigue. Cada uno más aterrador que el anterior. Cada vez que los que más me amaban, me ayudaban, no sólo con ánimo, sino forzándome a salir fuera de mi zona de confort. Y cada vez crecía un poco más para convertirme en la persona que soy hoy.

Mañana empiezo mi primer trabajo de verdad. Mañana empiezo la vida como adulto. ¡Nunca me ha gustado el cambio, y estoy petrificada! Pero mis padres tienen razón. Yo voy a lograrlo. No más mirar hacia atrás – ¡hacia adelante!

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Qué cosas te han forzado a hacer tus padres o profesores que hoy puedes ver que fueron para tu propio bien? ¿Porque crees que hicieron esto?
  2. ¿Cómo está conectada esta historia con la parashá de esta semana?

Intentemos comprender realmente la decisión de Dios de tomar un camino indirecto para salir de Egipto: “Si se enfrentan a la guerra, quizás cambien de opinión y regresen a Egipto.” Esta decisión parece plantear una serie de preguntas. 

Primero: vemos que la ruta alternativa tomada era potencialmente más traumática. Dios los condujo por fuera, a través del desierto hacia el Mar Rojo. Cuando los israelitas vieron a la distancia los carruajes egipcios en plena persecución, no tenían adonde ir. Estaban aterrados. No se habían salvado del temor de la guerra. Entonces, la primera pregunta es: ¿por qué el Mar Rojo? Vista así, parecería la peor de las rutas posibles.

Segundo: si Dios no quería que los israelitas se enfrentaran a una batalla, porque Él creía que por ello podrían querer retornar a Egipto, ¿por qué salieron jamushim, “armados”, o “listos para la guerra”?

Tercero: Si Dios no quería que los israelitas entraran en guerra, ¿por qué provocó al Faraón para perseguirlos? El texto lo dice explícitamente: “Y Yo endureceré el corazón del Faraón y él los perseguirá.” (Éxodo 14:4)

Cuarto: Dios no quería que los israelitas tuvieran motivo para decir “Volvamos a Egipto.” Sin embargo, en el Mar Rojo le dijeron a Moshé algo bastante parecido: “¿Es que no había tumbas en Egipto que nos trajiste aquí al desierto para morir? ¿Qué nos has hecho al sacarnos de Egipto? ¿No te hemos dicho en Egipto ‘Déjanos tranquilos; déjanos servir a los egipcios’? ¡Hubiera sido mejor para nosotros servir a los egipcios que morir en el desierto!” (Éxodo 14:11-12)               

Quinto: Dios indudablemente quería que los israelitas desarrollaran la confianza en sí mismos que les daría la fortaleza necesaria para luchar las batallas que deberían librar para poder conquistar la Tierra Prometida. ¿Por qué entonces creó las condiciones necesarias para que ellos hicieran lo contrario, dejando todo en manos de Dios?

El milagro que sucedió quedó tan grabado en la mente de los judíos, que recitamos el Canto del Mar a diario en los rezos matutinos. La apertura de las aguas fue, a su manera, el más grande de todos los milagros. Pero no ayudó a crear confianza ni autoafirmación de los judíos. “El Señor luchará por ustedes, sólo deben permanecer quietos.” (Éxodo 14:14)Los egipcios fueron derrotados, no por los israelitas, sino por Dios, y no por una guerra convencional sino por un milagro. ¿Cómo entonces sirvió este encuentro para darles coraje a los israelitas?

Sexto: La parashá finaliza con otra batalla, contra los amalekitas. Pero esta vez no hubo ninguna queja por parte del pueblo, ni temor, ni trauma ni desesperación. Iehoshúa lidera al pueblo en la batalla. Moshé, respaldado por Aarón y Hur, está de pie en la cima de una montaña, sus brazos levantados, y cuando el pueblo mira hacia el Cielo, se inspira, se fortalece y prevalece.

¿Dónde está entonces el temor mencionado en el versículo inicial de la parashá? Enfrentados a los amalekitas, de alguna forma más atemorizantes que los egipcios, los israelitas no dijeron que querían retornar a Egipto. El silencio del pueblo revela el máximo contraste posible frente a las quejas anteriores sobre el agua y los alimentos. Los israelitas revelaron ser buenos guerreros.

Entonces, ¿por qué el cambio súbito entre el comienzo y el final de la parashá? Al principio, Dios es protector y hacedor de milagros. En el cierre, Dios está más oculto. No pelea la batalla contra los amalekitas; les da a los israelitas la fortaleza necesaria para que lo hagan ellos mismos. Al comienzo, los israelitas enfrentados con los egipcios entraron en pánico diciendo que nunca deberían haber salido de Egipto. Al final, contra los amalekitas, luchan y ganan.

¿Qué cambió?

La respuesta, me parece, es que tenemos aquí la primera instancia registrada de lo que sería más adelante una estrategia militar clave. En 1519, un hombre llamado Cortés (el comandante español que lideró la conquista de México) quemó las naves que llevaban a sus hombres. Por lo tanto, sus soldados no tendrían la posibilidad de escapar. Debían vencer o morir. De ahí proviene la frase “quemar las naves.”

A veces es necesario planificar el no retorno, ninguna forma de retirada, ninguna posibilidad de escape inducido por el temor. Es una estrategia extrema, para ser empleada cuando lo que se juega es fundamental, para lo cual se necesitan reservas excepcionales de coraje. Esa es la lógica de los eventos de la parashá de esta semana, que vistos de otra forma son difíciles de entender.

Antes de cruzar el Mar Rojo los israelitas estaban temerosos. Pero una vez que lo hicieron, ya no había posibilidad de retorno. Su capacidad para luchar y vencer a los amalekitas mostró cuán profundamente habían cambiado. Habían quemado las naves y los puentes. Miraban solo hacia adelante, ya que no había retorno. 

Cualquier gran emprendimiento está asociado con el miedo. Muchas veces tenemos miedo al fracaso. En otras, tenemos miedo del éxito. ¿Seremos merecedores de él? ¿Podremos sustentarlo? Ansiamos la seguridad de lo familiar, la vida conocida. Tenemos miedo a lo desconocido, al territorio inexplorado. La travesía misma pone en evidencia nuestra vulnerabilidad. Hemos dejado el hogar; aún no hemos llegado a nuestro destino. El coraje no es audacia. Es, como el título de un libro conocido, sentir temor pero de cualquier forma seguir adelante.

En algunas ocasiones, la única forma de hacer algo es saber que no hay marcha atrás. Eso fue lo que significó el cruce del Mar Rojo para los israelitas, y el motivo por el cual era esencial experimentarlo al comienzo de la travesía. Marcó el punto de no retorno, la línea tras la cual no había retirada posible; el punto crítico en el que sólo era posible marchar hacia adelante.

Yo creo que algunos de los cambios más positivos de nuestras vidas sobrevienen cuando, habiendo aceptado el desafío, cruzamos nuestro propio Mar Rojo sabiendo que no hay marcha atrás. Sólo es posible ir hacia adelante.

Entonces Dios nos da la fuerza para librar nuestras batallas y vencer.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Por qué algunas personas necesitan estar en una situación donde no haya otra opción, para afrontar un desafío que les provoca temor?

“El fracaso es la experiencia suprema de aprendizaje, y las mejores personas, los verdaderos héroes, son aquellos más dispuestos a fracasar… Dios nos levanta cuando nos caemos, nos da esperanza cuando nos desesperamos, y cree en nosotros más que nosotros mismos… Incluso más que la fortaleza para ganar, necesitamos el coraje para intentar, la voluntad para fracasar, la disposición a aprender y la fe para continuar.”

Credo, The Times, 24 de Febrero de 2007

  1. ¿Cuál crees que era el plan de Dios para el paso siguiente al Éxodo en la historia judía?
  2. ¿Por qué crees que los israelitas eran propensos a sentir miedo cuando salieron de Egipto?
  3. ¿Cómo hicieron los israelitas para tener el coraje para batallar con valentía contra Amalek?

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en pocas palabras

  1. Todos estos milagros son impresionantes, y si bien la partición del Mar Rojo es quizás el más notable, los demás no son menos milagrosos. Sin embargo, el extraño aquí es la derrota de Amalek. Los otros son milagros sobrenaturales directamente de Dios. La batalla con Amalek es un milagro natural, y por primera vez, una sociedad entre el pueblo y Dios. Quizás este es el más notable de todos.

LA IDEA CENTRAL

  1. Simplemente no había otra opción que ser valientes y avanzar, y confiar en Dios. No había otras opciones. El ejército egipcio estaba detrás de ellos y acercándose rápidamente, y el Mar Rojo, imposible de atravesar, estaba frente a ellos. Esta fue la travesía educativa en la cual los llevó Dios para aumentar su fe en Él y darles valentía frente a la adversidad.
  2. El mensaje que Dios estaba enviando aquí es que todo crecimiento da miedo. No hay crecimiento en la zona de confort, y ningún confort en la zona de crecimiento. Es natural querer permanecer en un lugar seguro y a salvo y nunca tomar riesgos. Pero entonces no habrá crecimiento ni progreso. Dios estaba enseñando que a veces necesitas ser forzado a sobreponerse al miedo que de otro modo te detendría de intentarlo. El mensaje fue comprendido al final de la parashá, y esto se puede apreciar en la forma en que el ejército israelita peleó contra Amalek sin una palabra de queja o una expresión de miedo.

UNA VEZ SUCEDIÓ…

  1. Es la responsabilidad de un padre y un maestro alentar el crecimiento. Esto a veces significa forzar a un niño a dejar su zona de confort y enfrentar sus miedos. Esto puede ser en la escuela, en un contexto social, o con otros emprendimientos en la vida. Esto puede resultar muy difícil para el niño, pero es por su propio bien y crecimiento (¡y también es difícil para el padre!)
  2. En la parashá Dios actúa como un padre y mentor, forzando a los israelitas a una situación incómoda sin una salida fácil. Sobre el final de la parashá su crecimiento es fácil de identificar.

PENSANDO MÁS PROFUNDAMENTE

  1. Es natural querer permanecer en la zona de confort, en la seguridad de lo familiar y conocido. Es normal querer estar protegido y cuidado. Pero sin ser probado, y sin ser forzado a una situación incómoda, una persona perderá muchas oportunidades de crecimiento al tomar siempre el camino fácil y conocido.

ALREDEDOR DE LA MESA DE SHABAT

  1. La respuesta simple es que Dios planeó llevar al pueblo al Monte Sinaí, entregarles la Torá, y llevarlos a la Tierra Prometida. Pero la agenda de Dios era mucho más compleja que sólo esto. Él deseaba llevar a los israelitas en una travesía, a través de un proceso educativo, construyéndolos como pueblo y enseñándoles los valores centrales del judaísmo. Esto significó insertar estos valores y carácter nacional en el ADN nacional del pueblo. El mensaje contenido en la parashá Beshalaj es un ejemplo de esto. La narrativa se trata tanto sobre el proceso como del destino y el resultado.
  2. Los israelitas todavía mantenían una mentalidad de esclavos. Habían servido a una autoridad hostil por cientos de años, y entonces cuando finalmente obtuvieron su libertad e independencia, fue a través de una evento milagroso en la historia, realizado por un Dios benevolente y omnipotente. El pueblo fue pasivo durante todo este proceso. Aún no tenían las habilidades o pensamiento independiente para enfrentar situaciones desafiantes por sí mismos. Dependían completamente de Dios, y de Moshé, su líder.
  3. A través de un proceso educativo, centrado en las experiencias que vivieron en el desierto, incluyendo las descritas aquí, lentamente fueron ganando la confianza y el coraje para ser independientes y crear una sociedad con Dios. La batalla contra Amalek es un ejemplo de esto. En lugar de quejarse a Dios desde el miedo y la debilidad, se irguieron y marcharon a la batalla, con confianza y fe en Dios. Esta sociedad es un modelo para todas las generaciones posteriores…

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Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación que puedes leer aquí.

Traducción y edición

  • Iair Salem
  • Carlos Gómez
  • Inés Jawetz
  • Abraham Maravankin