Edición Familiar: Una nación de narradores (Ki Tavó 5779)

EDICION FAMILIAR: UNA NACIÓN DE NARRADORES (KI TAVÓ 5779)

Convenio y Conversación: Edición Familiar es una iniciativa nueva y emocionante de La Oficina del Rabino Sacks para 5779. Escrita como un acompañamiento al ensayo semanal Convenio y Conversación del Rabino Sacks, la Edición Familiar tiene como objetivo conectar a los niños mayores y adolescentes con sus ideas y pensamientos sobre la parashá.

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Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación para Ki Tavó 5779 que puedes leer aquí.

Esta semana Moshé concluye su explicación sobre los detalles del pacto, enumerando preceptos sobre traer los primeros frutos al Santuario Central, así como los varios diezmos. Y cierra esta sección con un recordatorio al pueblo de lo que lo que es el Pacto: Una promesa mutua entre el pueblo y Dios. El pueblo está para dar a Dios su completa lealtad. Dios, por su parte, tendrá una especial relación con el pueblo. El texto sigue con la próxima característica de los pactos antiguos: las bendiciones y maldiciones que serán el resultado de la fidelidad (hacia Dios), por un lado, y la infidelidad por el otro. La parashá de Ki Tavó culmina con la siguiente escena: Moshé haciendo un llamado a la presencia de todo el pueblo, al final de su viaje de cuarenta años y con la Tierra Prometida a la vista, para renovar el pacto que sus padres hicieron con Dios en el Monte Sinaí.

Una buena parte de lo que hace Moshé en el libro de Devarim es recontar la historia para la generación siguiente, recordándole qué hizo Dios por sus padres y algunos de los errores que ellos mismos cometieron. Moshé, además de ser un gran libertador, era un narrador supremo. Pero lo que hace en la parashá Ki Tavó va todavía más allá.

Le cuenta al pueblo que cuando entren, conquisten y se establezcan en la tierra, deben llevar los primeros frutos maduros al santuario central, el Templo, como forma de dar gracias a Dios. Una Mishná en Bikurim describe la jubilosa escena del pueblo que converge hacia Jerusalem desde todo el país llevando los primeros frutos con el acompañamiento de música y celebración. Sólo llevar los frutos no era suficiente. Cada persona debía pronunciar una declaración. Esa declaración se convirtió en uno de los pasajes más conocidos de la Torá, porque, aunque originalmente dicho en Shavuot, el festival de los primeros frutos, en los tiempos post-bíblicos se transformó en el elemento central de la Hagadá de la noche de Pesaj:

Mi padre era un arameo errante, y cuando bajó a Egipto vivió allí, siendo escaso en número y transformándose allí en una gran nación, en número y en poder. Pero los egipcios nos maltrataron y nos hicieron sufrir, sometiéndonos a duras tareas. Entonces imploramos al Señor, el Dios de nuestros ancestros, y el Señor oyó nuestra voz y vio nuestra miseria, yugo y opresión. Entonces el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con gran terror y con portentos y maravillas.

Devarim 26: 5-8

Aquí, por primera vez, recontar la historia de la nación se transforma en un deber para todo ciudadano de la nación. En este acto, conocido como vidui bikurim, “la confesión hecha sobre los primeros frutos,” a los judíos se les ordena, en cierta forma, ser una nación de narradores.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. Te gustan las historias? ¿Por qué?
  2. ¿Por qué crees que el judaísmo nos enseña que relatar historias es muy importante?
  3. ¿Cómo asegura el judaísmo que cada judío pueda y cuente la historia de la nación?

Crecí en un mundo muy alejado del mundo del judaísmo. Un mundo de comunismo. No recuerdo cuando papá comenzó a hacer el Seder de Pesaj en la casa. Tal vez sólo cuando fue liberado de prisión, y sin mamá. El sólo hecho de que el Seder se celebrara en la Rusia comunista en los sesentas, fue algo especial, a pesar de que ciertamente había otros varios miles de judíos en todo el país que también mantenían la tradición.

No teníamos una Hagadá, así que papá hacía el Seder de memoria, y su memoria no lo traicionaba. Pero eso no fue, en mi opinión, lo más importante. La singularidad del Seder de mi padre residía en la historia del éxodo de Egipto. Papá comenzaba con la historia de Adam y Java, y terminaba con la historia del renacimiento del pueblo de Israel en la era moderna. En la mesa del Seder lo aprendimos todo. El Seder cumplió su función maravillosamente, como nuestros sabios previeron: «Y se lo dirás a tu hijo.» Esto no fue sólo un dicho vacío. De las cosas que se le dicen al niño, algo de ellas permanecerá. Puedo testificar por mí mismo que crecí como judío gracias a la historia de nuestro éxodo de Egipto.

En el borde de los cielos, Yosef Mendelevich

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Por qué el papá de Yosef empezaba con la historia de Adam y Javá, y terminaba con el moderno Estado de Israel?
  2. ¿Por qué Yosef cree que conserva su identidad judía gracias a la historia de la Hagadá? ¿Dirías lo mismo de tí?

Las grandes preguntas – “¿Quiénes somos?” “¿Por qué estamos aquí?” “¿Cuál es nuestra tarea?” – tienen la mejor respuesta por medio de un cuento. Barbara Hardy lo expresó de esta manera: “Soñamos en narrativa, nuestros ensueños son en narrativa, recordamos, anticipamos, tenemos esperanzas, creencias, dudas, planes, revisiones, críticas, construcciones, chismes, enseñanzas, odio y amor por medio de narrativas.” Esto es fundamental para entender por qué la Torá es la clase de libro que es: no es un tratado teológico o sistema metafísico sino una serie de historias interrelacionadas extendidas a través del tiempo, desde la travesía de Abraham y Sara partiendo de la Mesopotamia hasta Moshé y el deambular de los israelitas por el desierto. El judaísmo es menos sobre la verdad como sistema que sobre la verdad como narrativa. Y nosotros somos parte de esa historia. De eso se trata ser judío. 

El mandamiento de relatar nuestra historia nacional es un desarrollo notable. Yosef Jaim Yerushalmi  nos dice que “Sólo en Israel y en ningún otro lugar, el mandato de recordar es sentido como un imperativo religioso para todo el pueblo.”  El vidui bikurim resume la totalidad de la historia de la nación. En apenas unas frases tenemos “los orígenes patriarcales en la Mesopotamia; la aparición de la nación hebrea en medio de la historia, más que la prehistoria mítica; la esclavitud en Egipto y la liberación ulterior; el momento de clímax de la obtención de la tierra de Israel, y atravesando todo – el reconocimiento de Dios como el Señor de la historia.”

Aquí debemos señalar un matiz importante. El pueblo  judío fue el primero en encontrar a Dios en la historia. Fue el primero en pensar en términos históricos – del tiempo como escenario de cambio en contraposición con el tiempo cíclico en el que las estaciones se suceden, la gente nace y muere, y en realidad nada cambia. El judío fue el primer pueblo en escribir la historia – muchos siglos antes de Herodoto y Tucídides, con frecuencia descritos erróneamente como los primeros historiadores. Pero en hebreo bíblico no existe la palabra que signifique “historia” (la más cercana es divrei hayamim, “crónicas”). En su lugar se usa la raíz zajor, qué significa “memoria.”

Hay una diferencia fundamental entre historia y memoria. La historia es “su narración” el registro de eventos que ocurrieron en algún tiempo a alguien. La memoria es “mi narrativa.” Es el pasado internalizado y convertido en parte de mi identidad. Eso es lo que quiere significar la Mishná en Pesajim cuando dice, “Cada persona debe visualizarse como si él (o ella) hubieran salido de Egipto.” 

A través de Devarim, Moshé advierte al pueblo – no menos de catorce veces – que no olvide. Si olvida el pasado perderá su identidad y sentido de dirección y sobrevendrá el desastre. Aún más, no solo recibe el pueblo el mandato de recordar, sino que se ordena que lo transmita a sus hijos.

Todo este fenómeno representa un formidable conjunto de ideas: acerca de la identidad como materia de memoria colectiva; acerca del ritual de narrar la historia de la nación; y sobre todo acerca del hecho de que cada uno de nosotros es el guardián de esa historia y de esa memoria. No le corresponde solo al líder o a una élite entrenada recordar el pasado, sino a cada uno de nosotros. Este también es un aspecto de la evolución y de la democratización que encontramos a través de todo el judaísmo como modo de vida. Los grandes líderes cuentan la historia del grupo, pero el más grande de ellos, Moshé, le enseñó al grupo a transformarse en una nación de narradores.

Hoy en día todavía puede verse el poder de esta idea. Como señalo en mi libro The Home We Build Together (El hogar que construimos juntos) si visitamos los memoriales presidenciales en Washington, veremos que cada uno de ellos lleva una inscripción tomada de sus  propias palabras: la de Jefferson es ‘Tomamos estas verdades como evidentes…’ la de Roosevelt ‘Lo único que debemos temer es el temor mismo,’ en la alocución de Lincoln en Gettysburg y su segundo discurso inaugural, ‘Con maldad hacia ninguno; con caridad hacia todos…’ Cada memorial cuenta su historia.

Londres no tiene nada equivalente. Tiene muchos memoriales y estatuas, cada uno con una breve inscripción diciendo a quién representa, pero nada de discursos o citas. No hay historia. Aún el memorial de Churchill cuyos discursos rivalizaban con los de Lincoln en cuanto a poder, contiene una sola palabra: Churchill.

Estados Unidos tiene una narrativa nacional porque su sociedad está basada en la idea del pacto. La narrativa es el corazón de la política del pacto porque ubica a la identidad nacional en una serie de eventos históricos. La memoria de esos eventos evoca los valores por los cuales lucharon los que nos antecedieron, y de los cuales nosotros somos los guardianes.

La narrativa del pacto es siempre inclusiva, propiedad de todos los ciudadanos, tanto los recién llegados como los nacidos en el lugar. Les dice a todos, con independencia de clase o credo: esto es lo que  somos nosotros. Crea una sensación de identidad común que trasciende otras identidades. Es por eso, por ejemplo, que Martin Luther King lo pudo utilizar en tal sentido en algunos de sus grandes discursos. Le estaba diciendo a sus compañeros afroamericanos que debían verse como parte igualitaria de la nación. Al mismo tiempo les decía a los blancos norteamericanos que honren el compromiso de la Declaración de la Independencia en la frase que dice que  ‘todos los hombres fueron creados iguales.’

Inglaterra no tiene el mismo tipo de narrativa nacional porque no está basada en un pacto sino en jerarquías y tradición. Inglaterra, escribe Roger Scruton, “no era una nación, un credo o un lenguaje o un estado sino un hogar. Las cosas en el hogar no necesitan explicación. Están ahí porque están ahí.” Históricamente Inglaterra fue una sociedad basada en clases en la cual hubo élites que gobernaban en nombre de la totalidad de la nación.  Estados Unidos, fundada por Puritanos que se veían a sí mismos como un nuevo Israel unidos por un pacto, no era una sociedad con gobernantes y gobernados sino una nación de responsabilidad colectiva. De ahí que la frase central de la política norteamericana, nunca usada en la inglesa, sea: “Nosotros, el pueblo.”

Al convertir a los israelitas en una nación de narradores, Moshé ayudó a transformarlos en un pueblo ligado por la responsabilidad colectiva – de unos con otros, con el pasado y el futuro, y con Dios. Al enmarcar una narrativa a la que las sucesivas generaciones puedan hacer propia y enseñarla a sus hijos, Moshé convirtió a los judíos en una nación de líderes.

A través de la Hagadá más de cien generaciones de judíos han pasado su historia a sus hijos. La palabra Hagadá significa “relatar,” “contar,” «exponer en detalle». Pero está fuertemente relacionada a otra raíz hebrea que significa “enlazar,” “unir,” “conectar”. Al recitar la Hagadá, los judíos les dan a sus hijos una sensación de conexión a otros judíos a lo largo del mundo y al pueblo judío a lo largo del tiempo. La historia los conecta con un pasado y un futuro, una historia y un destino, y los vuelve personajes en su drama. Toda nación jamás conocida por la humanidad se ha unido por haber vivido en el mismo lugar, hablado el mismo idioma y formado parte de la misma cultura. Solamente los judíos, dispersos a través de continentes, hablando distintos idiomas y participando en diferentes culturas, se han unido a través de una narrativa, la narrativa de Pesaj, que relataron de la misma manera en la misma noche. Podemos decir que más que la Hagadá es la historia de un pueblo, los judíos son el pueblo de una historia.

The Jonathan Sacks Haggadah, p.2

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Qué nos da la Hagadá, que otras naciones lo obtienen de una tierra, un lenguaje y una cultura compartidos?
  2. ¿Crees que la Hagadá es todo lo que necesitamos? ¿Qué más podría necesitar el pueblo judío?
  1. ¿Por qué crees que el judaísmo nos enseña que relatar historias es muy importante?
  2. ¿Por qué los buenos líderes cuentan historias?
  3. ¿Cómo asegura el judaísmo que cada judío pueda y cuente la historia de la nación? ¿Por qué?
  4. ¿Cuál es la diferencia entre historia y memoria? ¿Por qué el hebreo bíblico tiene solamente una palabra para memoria?
  5. ¿Cómo son los Estados Unidos más parecidos al pueblo judío que Gran Bretaña?

¿Quieres ganar un Sidur con los rezos diarios semanales de Koren Aviv? Este Sidur ha sido diseñado para ayudar a los jóvenes a explorar su relación con Dios así como los valores, historia y religión de su pueblo. Envía un correo electrónico a: CCFamilyEdition@rabbisacks.org con tu nombre, edad, ciudad y una pregunta u observación sobre la parashá de Convenio y Conversación Edición Familiar. Los participantes deben ser menores de 18 años. Cada mes seleccionaremos dos de las mejores, y ambos recibirán un Sidur dedicado por el Rab Sacks! Gracias a Koren Publishers por la amabilidad de donar estos maravillosos Sidurim.

LA IDEA CENTRAL

  1. A casi todo el mundo le gustan las historias, desde niños muy pequeños hasta los adultos. Las historias que disfrutamos incluyen las que leemos en libros, periódicos y revistas, vemos en películas y en espectáculos, e incluso vemos en las redes sociales. Contamos con historias para entender nuestras propias identidades y el mundo que nos rodea.
  2. Las historias son una forma eficaz de transmitir significado e identidad. La Torá no es un código jurídico seco y exhaustivo o un registro puramente histórico, sino más bien una colección de historias a través de las cuales el pueblo judío entiende su pasado nacional y crea un futuro, una identidad y un sistema moral y espiritual a través del cual interpretar el mundo. Las historias también pueden estar relacionadas en cada etapa del desarrollo, desde el niño más pequeño hasta el adulto más estudioso. Es forma pedagógica más importante para transmitir la identidad y los valores nacionales.
  3. Estos versículos, la forma más sencilla de contar la narrativa judía, se convirtieron en la historia central contada en la noche del Seder de cada año en Pesaj. Todos los judíos se han encontrado en una mesa de un Seder en sus vidas, participando en la narración de esta historia. Esto es para asegurar que la narrativa nacional se transmita a todos los niños judíos. Ello asegura que cada padre judío se convierta en un maestro educador – un contador de historias por excelencia.

UNA VEZ SUCEDIÓ…

  1. El veía la noche del Seder como una oportunidad para extender la historia del Éxodo, e incorporó toda la historia judía, asegurando que su familia recibiera la historia judía entera (no sólo el Éxodo). Para él, eso era de lo que se trataba Pesaj, y en la Rusia comunista, cuando era peligroso y desafiante ser judío, se hacía aún más importante asegurarse de que la historia de nuestra identidad se transmitiera a la siguiente generación.
  2. La Hagadá es la historia de los judíos, y el núcleo central de la noche del Seder es qué significa ser judío. Es una de las razones por las que el pueblo judío ha mantenido su sentido de identidad a lo largo de miles de años de exilio. Yosef se convirtió en un refusenik (con prohibición de emigrar a Israel) y pasó tres años en prisión en Rusia después de convertirse en un judío observante y fuera sorprendido celebrando el Shabat. Eventualmente se le permitió emigrar a Israel y se convirtió en un conocido Rabino. Una discusión sobre esto podría revelar cómo tú y otros encuentran como la noche del Seder impacta en su propia identidad judía.

DEL PENSAMIENTO DEL RABINO SACKS

  1. La palabra Hagadá significa contar. Pero también significa, enlazar, unir o conectar. Otras naciones logran esto a través de estar en una tierra/lugar común, teniendo una lengua y cultura en común. El pueblo judío ha experimentado 2000 años de exilio, lo que ha llevado a la pérdida de estos elementos. La narrativa nacional los ha reemplazado como el factor central que protege la unidad y la sobrevivencia de los judíos.
  2. La Hagadá es el mínimo, y para muchos judíos ha logrado mantenerlos conectados incluso cuando muchos otros aspectos de su estilo de vida están separados del judaísmo. Una educación más amplia y el fortalecimiento de la familia y la comunidad son otros factores que también han logrado la continuidad judía.

ALREDEDOR DE LA MESA DE SHABAT

  1. Vea La Idea Central, respuesta 1. También vea Ocurrió una Vez, respuesta 2 y Del Pensamiento del Rabino Sacks, respuesta 1.
  2. Es responsabilidad del líder de una nación asegurar que la narrativa nacional se transmita a las generaciones futuras. La narrativa nacional protege la identidad y los valores nacionales. Un buen líder se los entrega a la gente a través de volver a narrar  reiteradamente la historia de la nación.
  3. Vea La Idea Central, respuesta 3. 
  4. Historia, es la narrativa que no nos pertenece. Puede ser interesante y valioso aprender de ella, pero no es parte de nuestra propia identidad. La memoria es nuestra propia historia y nuestra propia identidad. Es personal, y es la base de lo que somos, y la identidad nacional que transferimos a la próxima generación. El judaísmo se preocupa de esta transmisión, y por ende da gran importancia a los rituales y a la educación para asegurar que la próxima generación reciba la memoria nacional y con ella su propia identidad.
  5. Estados Unidos tiene una historia nacional porque es una sociedad basada en la idea de un pacto. La narrativa está en el corazón de la política de pactos porque ubica la identidad nacional en un conjunto de acontecimientos históricos. La memoria de esos acontecimientos evoca los valores por los que lucharon los que vinieron antes que nosotros y de los que somos los guardianes. Inglaterra no tiene el mismo tipo de narrativa nacional porque no se basa en el pacto, sino en la jerarquía y la tradición.

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Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación para Ki Tavó 5779 que puedes leer aquí.

Traducción y edición

  • Iair Salem
  • Carlos Gómez
  • Inés Jawetz
  • Abraham Maravankin