Edición Familiar: El imperativo ecológico (Shoftim 5779)

EDICION FAMILIAR: EL IMPERATIVO ECOLÓGICO (SHOFTIM 5779)

Convenio y Conversación: Edición Familiar es una iniciativa nueva y emocionante de La Oficina del Rabino Sacks para 5779. Escrita como un acompañamiento al ensayo semanal Convenio y Conversación del Rabino Sacks, la Edición Familiar tiene como objetivo conectar a los niños mayores y adolescentes con sus ideas y pensamientos sobre la parashá.

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Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación para Shoftim 5779 que puedes leer aquí.

Habiendo explicado ya muchos de los aspectos de cómo rendir culto en la Tierra Prometida, Moshé ahora comienza a explicar las leyes de la sociedad. Empieza con los roles de las cortes, jueces y oficiales que deben establecerse en cada ciudad. Debe haber una Suprema Corte para tratar casos difíciles. Debe haber tres tipos principales de líderes: un rey, sacerdotes y levitas, y profetas. Se hacen advertencias contra brujerías y maleficios, y contra falsos profetas. Deben establecerse ciudades de refugio como santuarios para aquellos que matan accidentalmente o sin intención. Testigos conspiradores que dan falso testimonio deben ser castigados. Luego, Moshé explica las leyes de la guerra. La parashá concluye con el procedimiento de expiación que debe seguirse en el caso de un asesinato no resuelto.

Mientras discute las leyes de la guerra, Moshé agrega lo que parece un detalle menor acerca de los árboles:

Cuando prepares el sitio prolongado a una ciudad con la intención de capturarla, no destruirás los árboles por medio del hacha porque puedes comer de su fruto. No los cortarás. ¿Acaso los árboles son personas a las que debes sitiar? Sin embargo, puedes talar árboles que sabes que no darán frutos y usarlos para construir rampas para el sitio hasta que caiga la ciudad que está en guerra contigo.

Deuteronomio 20:19-20

Esto puede sonar como un detalle adicional, simple, a las leyes de la guerra, pero de hecho estas palabras forman la base de cómo el judaísmo entiende nuestra responsabilidad con el mundo natural que nos rodea. La Torá da a entender que es inevitable que la guerra sea destructiva. Es por eso que para el judaísmo el valor más elevado es la paz. Sin embargo, existe una diferencia entre la destrucción necesaria y la que no hace falta. Los árboles son fuente de madera para el sitio. Pero algunos árboles, los que dan fruto, son fuente de alimento. Por lo tanto, no los destruyas. No te prives a ti ni a los demás de un recurso productivo. No adoptes la táctica de “tierra arrasada” durante el transcurso del conflicto. Los sabios vieron en este precepto algo más que un aspecto de las leyes de guerra. Lo consideraron como un binyan av, un ejemplo específico de un principio más amplio. La llamaron la regla de bal tashjit, la prohibición de destruir cualquier cosa innecesariamente. Así lo sintetizó Rambam: “Esto no sólo se aplica a los árboles, sino que quien destruye utensilios, vestimenta, edificios, bloquea una fuente de agua, o descarta alimentos en forma destructiva, transgrede la norma de bal tashjit.” Esta es la base halájica de una ética de la responsabilidad ecológica (nuestro rol de cuidar el mundo y el medio ambiente).

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Está el judaísmo en contra de la guerra?
  2. ¿Cuál es el ejemplo específico de bal tashjit (no destruir innecesariamente) que encontramos en esta parashá y cuál es el valor más amplio inherente en esta mitzvá?
  3. ¿Puedes pensar en alguna aplicación de la mitzvá de bal tashjit en el mundo actual?

Había una vez una familia real que vivía en un palacio con maravillosos jardines. En esos jardines vivían miles de diversas y hermosas criaturas. Eran de gran variedad y color, y convirtieron ese lugar en una especie de paraíso que todo el mundo podía disfrutar. Sólo había una cosa en esos jardines que a la familia real no le gustaba: cerca del centro estaban los restos de lo que había sido, hace siglos, un gran árbol, pero ahora estaba marchito, gris y seco.

Esto molestó tanto al Rey que finalmente ordenó que fuera arrancado y reemplazado por una hermosa estatua de piedra de un árbol aún más grande. Un tiempo después, la princesa dijo a sus padres: “Todo el mundo me habla de la famosa belleza de nuestros jardines y de las muchas criaturas que los pueblan. ¡Pero hoy miré a mi alrededor, y no vi nada más que la estatua y algunos pájaros pequeños!”

El Rey y la Reina vieron para su horror que la princesa tenía razón. Habían pasado tantos meses admirando la nueva estatua que no se habían dado cuenta de que apenas habían quedado animales en los jardines. Sin desperdiciar tiempo enviaron por los expertos y asesores de la corte, pero nadie podía explicar lo que había sucedido.

Muchos años más tarde se presentó a la princesa un joven jardinero, con una explicación de lo que había sucedido, y cómo los animales podían ser devueltos. “Es una falta de polillas, Su Majestad. Particularmente sus residuos.” Todos los presentes se rieron de las palabras del jardinero, pero la princesa los detuvo. “Quiero escuchar lo que tienes que decir.” El jardinero continuó, muy en serio, explicando cómo los animales grandes de los jardines se alimentaban principalmente de las aves de colores, que debían su apariencia a su propia comida, compuesta de gusanos resplandecientes, que a su vez se alimentaban de varias especies raras de plantas y flores que crecieron sólo mientras había suficiente fertilización de las polillas para ellos… y las polillas eran a su vez alimento para muchas otras aves, cuyos desechos alentaron el crecimiento de muchas plantas que alimentaban a otros insectos y animales, y que eran vitales para su existencia…

Y el jardinero habría seguido hablando sin pausa si la princesa no hubiera suspirado: “¿Pero a dónde fueron las polillas? ¿Y cómo podemos hacer que vuelvan?” “Bueno, hoy en día todas las polillas y otros animales de su jardín están en el mío. Hace mucho tiempo mi padre recogió el viejo árbol que habías arrancado del medio del jardín, y lo plantó en nuestro jardín. Desde entonces, cada primavera, de ese árbol salen miles y miles de polillas. Con el tiempo, las polillas atrajeron a las aves, y nuevas plantas y crecieron árboles, proporcionando alimento para otros animales que, a su vez, proporcionaron alimento para otros… Y ahora, el lugar antiguo de mi padre está lleno de vida y color. Todo gracias a las polillas del viejo gran árbol. “¡Excelente!”, Exclamó la princesa,  “Ahora podremos recuperar nuestros jardines. Vamos a darnos prisa. Dentro de una semana todo estará listo. Usa a tantos de mis trabajadores como quieras.” “Su Majestad, me temo que eso no puede ser”, dijo el jardinero. “Si le parece, puedo intentar recrear los jardines, pero puede tomar muchos años que el equilibrio natural regrese. Cosas como estas no dependen de cuántas personas trabajen en ellas”. El rostro de la princesa estaba triste y pensativo, entendiendo lo delicado que era el equilibrio de la naturaleza, y lo descuidado que habían sido sus padres para romperlo tan descuidadamente. Pero decidió construir un enorme parque público junto a la tierra del jardinero. Y con la ayuda de su voluntariosa gente, lograron ver el nuevo parque terminado en mucho menos tiempo del que habría tomado para restablecer el equilibrio de la naturaleza en el jardín del palacio.

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Cuál es el mensaje de la historia?
  2. ¿Cómo se conecta este mensaje con la parashá Shoftim?

La tierra no es nuestra. Pertenece a su Creador, a Dios Mismo. Ese es el tema del primer capítulo de la Torá: “En el principio, Dios creó…” Él lo hizo, por lo tanto Él tiene el derecho  de establecer las condiciones bajo las cuales se podemos vivir como Sus huéspedes.

Esta lógica se planteó de inmediato con la historia de los primeros seres humanos. En Génesis 1 Dios le ordena a la humanidad: “Llenen la Tierra y sométanla. Gobiernen a los peces en el mar, a las aves en el cielo y a toda creatura que se mueva sobre la faz de la tierra.” (1:28) Las palabras “someter” y “gobernar” son indicadores de dominación. En el segundo capítulo, sin embargo, el texto emplea términos bastante diferentes. Dios coloca al primer hombre en el Jardín “para servirlo (le’ovdah) y guardarlo (leshomrah)” (2:15). Estos corresponden al lenguaje de la responsabilidad. El primer término, le’ovdah, nos indica que la humanidad no es sólo ama de la naturaleza sino también su servidora. El segundo, leshomrah, es el término utilizado posteriormente en la legislación bíblica para especificar las responsabilidades que debe asumir la persona que guarda algo que no le pertenece.

¿Cómo debemos entender la diferencia entre los dos primeros capítulos de Bereshit? Simplemente: Bereshit 1 nos habla de creación y naturaleza, la realidad expresada por las ciencias naturales. Habla de la humanidad como especie biológica, Homo Sapiens. Los seres humanos tienen el poder de dominar la naturaleza y ejercer el control sobre las fuerzas que modelan el mundo físico. Este es un tema fáctico, no de valor, y ha crecido a través del período de la civilización humana. El ex-presidente de E.E.U.U. John F. Kennedy dijo una vez: “El hombre posee en sus manos mortales el poder de abolir todas las formas de pobreza humana y todas las formas de vida humana.” El poder es moralmente neutral. Puede utilizarse para curar o para herir, para construir o destruir.

Bereshit 2, como contraste, trata de moralidad y responsabilidad. Habla de los límites morales del poder. Todo tiene sus límites. Tenemos el poder, pero no la autorización; la capacidad, pero no el derecho. La tierra no es nuestra. Pertenece a Dios, su Creador. Por lo tanto no somos los dueños de la naturaleza, sino sus custodios. Estamos para servirla y cuidarla.

Esto explica la historia que sigue acerca de Adán, Eva, la serpiente y el fruto prohibido. Qué era el fruto, por qué habló la serpiente y cuál fue la naturaleza del primer pecado – todo esto es secundario. Lo principal es que la Torá está señalando que aún en el Paraíso hay límites. Hay un fruto prohibido.  No podemos hacer todo lo que deseamos.

Pocos principios morales han sido olvidados con más frecuencia y en forma más desastrosa. El registro de la intervención humana en el orden natural está marcado por la devastación y masacre a escala masiva. En el lapso de mil años, los primeros habitantes de América habían recorrido desde el Ártico al norte hasta la Patagonia al sur, haciendo el camino a lo largo de dos continentes, y a su paso, destruyendo la mayor parte de las especies mamíferas existentes, entre ellas el mamut, los mastodontes, tapires, camellos, caballos, leones, chitas y osos.

Un panorama similar puede verse en casi cualquier lugar en el que el ser humano se haya establecido. Ha estado imbuido en forma consistente de su capacidad de “someter” y “gobernar” más que su responsabilidad de “servir” y “cuidar.” Un Midrash lo resume en una forma que resuena profundamente en la conciencia ecológica contemporánea: Cuando Dios creó al hombre, le mostró las formas de la creación y le dijo: “Ve todas Mis obras, cuán hermosas son. Todo esto lo hice Yo. Lo hice para ti. Ten cuidado entonces de no destruir Mi mundo, pues si lo haces, no habrá nadie que repare lo que tú has hecho.” (Kohelet Rabá 7:13)

La responsabilidad ambiental parece ser uno de los principios que fundamenta los tres grandes preceptos del descanso periódico: el Shabat, el año sabático y el año del jubileo. En Shabat todo el trabajo agrícola está prohibido “para que puedan descansar tu buey y tu asno” (Éxodo 23:12). Fija un límite a nuestra intervención en la naturaleza y a la intención de crecimiento económico. Nos recuerda que nosotros somos creaciones, no sólo creadores. Durante seis días la tierra nos es entregada para nosotros y para nuestras labores pero el séptimo día no hacemos ningún “trabajo”. El Shabat es por lo tanto, el recordatorio semanal de la integridad de la naturaleza y de los límites del emprendimiento humano.

Lo que hace el Shabat para humanos y animales, lo hacen el año sabático y el del jubileo para la tierra. La tierra también es merecedora de un descanso periódico. Aquí hay dos preocupaciones. Una es ambiental. Como señaló Maimónides, la tierra explotada en exceso eventualmente se erosiona y pierde fertilidad. A los israelitas les fue ordenado conservar el suelo dándole años de inactividad en forma periódica, evitando producir ganancias a corto plazo a costa de desolación a largo plazo. El segundo, no menos importante, es teológico: “la tierra”, dice Dios, “es Mía; ustedes son extranjeros, residentes temporarios conmigo” (Levítico 25:23). Nosotros somos huéspedes en la tierra.

Otro conjunto de preceptos está dirigido a evitar la intervención excesiva en la naturaleza. La Torá prohíbe la cruza genética del ganado; sembrar la tierra con mezcla de semillas y usar vestimentas con mezcla de lana y lino. Estas reglas se denominan jukim o “estatutos.” El Rabino Samson Rafael Hirsch (Alemania, 1808-1888) en el siglo XIX así como Ramban, seis siglos antes, entendieron los jukim como leyes que respetan la integridad de la naturaleza. Representan el principio de que “la misma consideración que se tiene con una persona se debe tener con cualquier ser inferior, con la tierra que otorga y sostiene todo y con el mundo de las plantas y los animales.” Es una especie de justicia social aplicada al mundo natural: “Piden que consideres toda vida como de propiedad de Dios. No destruyas ninguna; no abuses de ninguna; no derroches ninguna; utiliza todas las cosas sabiamente… Mira a todas las creaturas como servidoras en el ámbito de la creación.” Por lo tanto, no fue por accidente que la ley judía interpretó la prohibición de talar árboles frutales en caso de guerra como una instancia de la prohibición general de la destrucción innecesaria. Y aún en forma más general, contra las acciones que agoten los recursos no renovables de la tierra, dañen el ecosistema o lleven a la extinción de las especies. Si esto es válido para la guerra, cuánto más lo es en tiempos de paz. “La tierra es de Dios y todo lo que está en ella” (Salmos 24:1). Somos sus guardianes, por parte del Creador, por el bien de las generaciones futuras.

La Biblia nos dice muy poco acerca de Abraham como para poder explicar por qué fue elegido para la misión que llevó a cabo. No lo llama justo, como lo hace con Noaj. No lo retrata como un luchador por la justicia, como lo hace con Moshé. El único lugar en que la Biblia explica por qué Abraham fue elegido es en este versículo: “Porque Yo lo he elegido a él, para que él pueda guiar a sus hijos y a su casa después de él, para que sigan los caminos del Señor haciendo lo que es correcto y justo.” Esto nos dice… de qué se trata ser un heredero de Abraham. Significa que somos los guardianes del futuro de nuestros hijos. Debemos asegurarnos que ellos tengan un mundo para heredar. Hoy eso significa sustentabilidad política, económica y ambiental.

The Great Partnership, p. 298-299

PREGUNTAS PARA PENSAR

  1. ¿Por qué fue elegido Abraham para ser el ancestro del pueblo judío?
  2. ¿Cómo interpretas nuestras responsabilidades éticas a la luz de este mensaje?
  1. ¿Está el judaísmo en contra de la guerra?
  2. ¿Puedes pensar en alguna aplicación de la mitzvá de bal tashjit en el mundo actual?
  3. ¿Cuál es el mensaje detrás de las palabras “para servirlo [le’ovdah] y guardarlo [leshomrah] usados en Bereshit 2?
  4. Además de bal tashjit, ¿qué otras mitzvot tienen el valor de responsabilidad ambiental?
  5. ¿Cómo llevarás a la práctica el mensaje de este Convenio y Conversación durante la semana próxima?

¿Quieres ganar un Sidur con los rezos diarios semanales de Koren Aviv? Este Sidur ha sido diseñado para ayudar a los jóvenes a explorar su relación con Dios así como los valores, historia y religión de su pueblo. Envía un correo electrónico a: CCFamilyEdition@rabbisacks.org con tu nombre, edad, ciudad y una pregunta u observación sobre la parashá de Convenio y Conversación Edición Familiar. Los participantes deben ser menores de 18 años. Cada mes seleccionaremos dos de las mejores, y ambos recibirán un Sidur dedicado por el Rab Sacks! Gracias a Koren Publishers por la amabilidad de donar estos maravillosos Sidurim.

LA IDEA CENTRAL

  1. El judaísmo ve a la guerra como un mal necesario, y en circunstancias específicas no solo está permitido, sino que es un imperativo religioso (como por ejemplo una guerra en defensa propia). Es por esto que la Torá presenta leyes relativas a la guerra, para asegurarse que sí y cuando ocurra una guerra, el pueblo judío sepa cómo comportarse en la forma más ética posible. Sin embargo, la paz es el objetivo último, y rezamos por que llegue la era mesiánica en que el mundo existirá en un estado de redención, en un tiempo de paz absoluta.
  2. No destruyas un árbol frutal, ya que este es un recurso para que la humanidad tenga alimento. El valor más amplio aquí es que el mundo es un regalo de Dios. Se permite que los humanos utilicen sus recursos para su propio beneficio, pero solo en forma ética y responsable. En el lenguaje moderno llamaríamos a esto desarrollo sustentable (usar recursos naturales para nuestro beneficio de forma tal que no lo agotemos y sólo a una tasa que les permita regenerarse y mantener su balance natural).
  3. Esto incluye reciclar, ser cuidadosos con el consumo de comida, energía, materiales y agua, limitando el uso de gases de efecto invernadero y encontrando alternativas ecológicas al consumo de combustibles fósiles.

UNA VEZ SUCEDIÓ…

  1. La historia ilustra la importancia de la naturaleza y sus delicados ecosistemas, lo que está conectado a comprender que tenemos una responsabilidad para proteger al mundo, tanto porque es un regalo de Dios, como para asegurar que las futuras generaciones se puedan beneficiar de él. En muchas formas somos como el jardín y sus formas de vida, y cuando algo vital para nuestro medio ambiente se destruye sin razón, las generaciones pueden sufrir.
  2. El mensaje de esta historia es el valor de la responsabilidad ambiental. La mitzvá de bal tashjit también está basada en estos valores.

DEL PENSAMIENTO DEL RABINO SACKS

  1. La única información que tenemos en la Torá de por qué Abraham fue elegido i que él instruirá a sus hijos en los caminos del Señor. Esto significa que orientaría su vida alrededor de sus hijos y sus necesidades, especialmente cuando se trata su educación. Y por lo tanto les enseñará cómo vivir una vida moral.
  2. El Rabino Sacks interpreta esto más allá de la sólo la educación para incluir además la responsabilidad para asegurar que los hijos hereden un mundo en el que valga la pena vivir. Esto incluye la responsabilidad de trabajar por la sustentabilidad política, económica y ambiental de las próximas generaciones.

ALREDEDOR DE LA MESA DE SHABAT

  1. Ver La idea central, respuesta 1.
  2. Ver La idea central, respuesta 3.
  3. El mundo fue creado por Dios, y le pertenece a su Creador. Sin embargo, Él ha permitido su uso para beneficio del a humanidad. Pero sólo en forma responsable, manteniendo la sustentabilidad del medio ambiente. El Rabino Sacks ve este balance en el contraste entre el lenguaje de los primeros dos capítulos de Bereshit. El lenguaje de Bereshit 1 es “someter” y “gobernar” mientras que el lenguaje en Bereshit 2 es “servir” y “guardar”. Alternativamente, algunos interpretan el término le’ovdah como “trabajar la tierra” y ven el balance del desarrollo sustentable en términos de le’ovdah (trabajar) y leshomrah (proteger). De cualquier manera, el desarrollo sustentable a través de la responsabilidad medioambiental es el valor y el mensaje contenidos en los dos primeros capítulos de Bereshit.
  4. Shabat, el año sabático (shemitá), el año de Jubileo (yovel), la prohibición de cruzas entre ganado de distintas especies, plantar un campo con mezcla de semillas y vestir prendas con mezcla de lana y lino.
  5. Además de cambiar comportamientos y hábitos personales, se puede animar a miembros de la familia a adoptar medidas prácticas en su vida para proteger el medio ambiente, o llevar adelante iniciativas en las escuelas o comunidades en general.

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Esta Edición Familiar es una guía al ensayo principal de Convenio y Conversación para Shoftim 5779 que puedes leer aquí.

Traducción y edición

  • Iair Salem
  • Carlos Gómez
  • Inés Jawetz
  • Abraham Maravankin