Rabino Sacks Koraj 5778 – El primer populista

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

El primer populista

Koraj 5778

Rabino Sacks Koraj 5778 [PDF]

La historia de Koraj tiene mucho para enseñarnos acerca de uno de los fenómenos más inquietantes de nuestro tiempo: el crecimiento del populismo en la política contemporánea. Koraj fue un populista, uno de los primeros que registra la historia – y el populismo ha renacido en el Occidente, como lo hizo en los años 30, poniendo el futuro de la libertad en gran peligro.

El populismo es la política de la ira.(1) Hace su aparición cuando hay un descontento generalizado con los líderes políticos, cuando la gente siente que los que  dirigen las instituciones trabajan más para sus propios intereses que para el público en general; cuando hay una pérdida de confianza masiva y una sensación de quebranto del bien común.

La gente siente que la distribución de los ingresos es injusta: unos pocos ganan desproporcionadamente y los ingresos de la mayoría permanecen estáticos o disminuyen. También hay una sensación de que el país que conocieron les ha sido arrebatado, ya sea por la pérdida de los valores tradicionales o por la inmigración en gran escala.

El descontento toma forma de rechazo a las élites políticas y culturales. Los políticos populistas alegan que ellos, y solo ellos, son la verdadera voz del pueblo. Los demás, los líderes existentes reparten los bienes entre ellos mismos, indiferentes al sufrimiento de las masas. Los populistas agitan el resentimiento contra las instituciones. Fomentan deliberadamente la división y la confrontación. Prometen un liderazgo fuerte que devolverá al pueblo lo que le fue quitado.

En 2017 el apoyo a los partidos populistas europeos estaba en el orden del 35 por ciento, el nivel más alto desde fines de 1930. Los partidos de extrema derecha han ganado más poder en Polonia y Hungría, y avanzado mucho en Austria, Francia y Holanda. En el sur de Europa, en países como España y Grecia, el populismo tiende a identificarse con la izquierda. Pero independientemente de la forma que adquiera, cuando crece el populismo, la tiranía está a la vuelta de la esquina. (2). Los derechos humanos se descartan. El público otorga al líder poderes excepcionales: como fue en 1930 con Franco, Mussolini y Hitler. La gente está dispuesta a sacrificar su libertad en aras de una utopía prometida, y tolerar grandes males contra cualquier chivo expiatorio que el líder decida elegir como culpable de todos los problemas nacionales.

La rebelión de Koraj fue un movimiento populista, y Koraj, un arquetipo de líder populista. Escuchen atentamente lo que dijo de Moshé y Aarón: “Ustedes han ido demasiado lejos! Toda la comunidad es santa, cada uno de sus integrantes, y el Señor está con ellos. Por qué entonces se elevan ustedes por encima de la asamblea del Señor?” (Núm. 16: 3)

Estas son clásicas demandas populistas. Primero, da a entender Koraj que la dirección, (Moshé y Aarón) es corrupta. Moshé es culpable de nepotismo por nombrar a su propio hermano como Sumo Sacerdote. Ha mantenido los cargos del liderazgo en su familia inmediata en vez de compartirlos más ampliamente. Segundo, Koraj se presenta a sí mismo como el elegido del pueblo. Toda la comunidad, dice, es santa. Ustedes, Moshé y Aarón, no tienen nada de especial. Todos hemos visto lo milagros de Dios y hemos oído Su voz. Todos hemos colaborado en construir Su Santuario. Koraj se presenta como demócrata, para poder ser autócrata.

Luego, él y sus compañeros rebeldes deben montar una impresionante campaña de fake news (noticias falsas) – anticipándose a los eventos de nuestro tiempo. Esto lo podemos inferir indirectamente. Cuando Moshé le dice a Dios “No he tomado ni un asno de ellos, ni les he hecho mal alguno” (Núm. 16: 15), está claro que lo han acusado de precisamente eso, aprovecharse del cargo para beneficio propio. Cuando dice “De esta forma sabrán que el Señor me ha enviado a hacer todas estas cosas y que no era idea mía” (Núm. 16: 28) también está claro que ha sido acusado de tomar decisiones propias como si fueran del deseo y la palabra de Dios.

Más flagrante es el reclamo de post-verdad de Datán y Aviram: “No es suficiente que nos has traído fuera de la tierra en la que fluye leche y miel para matarnos en el desierto? Y ahora quieres señorear sobre nosotros!” Este es el discurso más despiadado de toda la Torá. Combina la falsa nostalgia por Egipto (una “tierra en la que fluye leche y miel!”), acusando a Moshé por el informe de los espías, y responsabilizándolo además de aferrarse a su posición de liderazgo por su propio prestigio personal – las tres, mentiras flagrantes.

Ramban estaba indudablemente acertado (3) al decir que ese desafío a Moshé no podría haber sido posible en algún tiempo anterior. Solo después del episodio de los espías, cuando el pueblo se da cuenta de que no podrá entrar en la Tierra Prometida en sus días restantes, podían Koraj y sus múltiples secuaces generar descontento. Sintieron que no tenían nada que perder. El populismo es la política del resentimiento, la decepción y el temor.

Por una vez en la vida, Moshé actuó autocráticamente, poniendo a Dios, de alguna forma, a prueba:

“De esta forma sabrás que el Señor me ha enviado a hacer todos estos hechos; no ha sido por mi propia voluntad. Si estas personas fallecen por muerte natural, o si un destino normal les sucede, entonces el Señor no me ha enviado. Pero si el Señor produce algo nuevo, y la tierra abre su boca y los traga, junto con todos sus bienes, y caen vivos al Sheol, entonces sabrán que estos hombres han despreciado al Señor.”(Núm. 16: 28-30)

Este esfuerzo dramático de resolución de conflicto por medio de la fuerza (en este caso, un milagro) fracasó completamente. La tierra efectivamente se abrió y tragó a Koraj y sus secuaces, pero el pueblo, a pesar de estar aterrorizado, no quedó impresionado. “Al día siguiente, sin embargo, toda la congregación de los israelitas se rebeló contra Moshé y contra Aarón diciendo ‘Has matado al pueblo del Señor’” (Núm. 17: 6). Los judíos siempre se han resistido a líderes autocráticos.

Lo que es aún más impactante es cómo los sabios encuadraron el conflicto: en vez de verlo como un contraste en blanco y negro entre la rebelión y la obediencia, insistieron en la validez del dominio público. Dijeron que lo que estaba mal con Koraj y sus compañeros no es que discutieran con Moshé y Aarón sino que no lo hicieron “por el bien del Cielo.” Las escuelas de Hillel y Shammai, sin embargo, lo hicieron por el bien del Cielo, y de ahí que sus discusiones tenían un valor duradero.(4) El judaísmo, como planteé en Shemot en Convenio y Conversación de este año, es único en el sentido de que virtualmente todos sus textos canónicos son antologías de discusiones.

Lo que interesa en el judaísmo es por qué se llevó a cabo la discusión, y cómo se condujo. Una discusión que no es por el bien del Cielo es por la victoria. Una discusión por el bien del Cielo es por la búsqueda de la verdad. Cuando el objetivo es la victoria, como en el caso de Koraj, ambas partes están disminuidas. Koraj murió, y la autoridad de Moshé quedó dañada. Pero cuando el objetivo es la verdad, ambas partes ganan. Ser derrotado por la verdad es la única derrota que es también una victoria. Como expresó R. Shimon ha-Amsoni: “Así como recibí el premio por la exposición, también recibiré el premio por la retracción.”(5)

.        En su excelente y breve libro What is Populism? Jan-Werner Muller argumenta que el mejor indicador de la política populista es su deslegitimación de las otras voces. Los populistas afirman que “ellos y sólo ellos representan al pueblo.” Cualquiera que no acuerda con ellos es “esencialmente no legítimo.” Una vez en el poder, silencian el disenso. Es por eso que silenciar posturas no populares en los campus universitarios de hoy en la forma de “lugar seguro,” “alerta súbita” y “microagresiones,” es tan peligroso. Cuando muere la libertad académica, a continuación viene la muerte de otras libertades.

De ahí el poder de la defensa del judaísmo en contra del populismo, en su insistencia en la legitimidad de la discusión “por el bien del Cielo.” El judaísmo no silencia el disenso, al contrario, lo dignifica. Eso se institucionalizó en la era bíblica en las palabras de los profetas que hablaban verdades al poder. En la era rabínica estuvo viva la cultura de la discusión en cada página de la Mishná, la Guemará y sus comentarios. En el Estado de Israel contemporáneo la capacidad de argumentar forma parte de la misma textura de la libertad democrática, como el contraste más fuerte posible con muchos otros del Oriente Medio.

Y ahí tenemos la idea transformadora de vida: Si deseas aprender, crecer, perseguir la verdad y encontrar la libertad, busca lugares que aceptan la discusión y respetan posturas disidentes. Aléjate de las personas y partidos políticos que no lo hacen. Aunque dicen ser amigos del pueblo, en realidad son enemigos de la libertad.

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  1. La mejor exposición es la del libro breve de Jan-Werner Muller, What is Populism?, Penguin 2017. Asimismo el importante trabajo, Populism:the phenomenon, Bridgewater Associates, 22 Marzo, 2017.
  2. Ver James Snyder, On Tyranny,: 20 lessons from the 20th century, Bodley Head, 2017.
  3. Ramban, Commentary a Núm. 16:1.
  4. Mishné Avot 5: 20.
  5. Pesajim 22b.

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