Rabino Sacks Ki tetzé 5777 – Dos tipos de odio

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

Dos tipos de odio

Ki tetzé –  2017 / 5777 

Rabino Sacks Ki Tetze 5777 [PDF]

De cualquier manera que se analice, es una ley extraña, casi incomprensible. He aquí cómo se presenta en la parashá de esta semana:

Recuerda lo que les hicieron los amalekitas en el trayecto de la salida de Egipto. Cuando estaban débiles, agotados, los enfrentaron y atacaron a los que estaban en la retaguardia; no tuvieron temor de Dios. Cuando el Señor vuestro Dios les dé respiro de todos los enemigos que los rodean en la tierra que Él les está otorgando como heredad, borrarán el nombre de Amalek bajo este firmamento. No lo olviden. (Deut. 25: 17-19)

Los israelitas tenían dos enemigos en los días de Moshé: los egipcios y los amalekitas. Los egipcios esclavizaron a los israelitas. Los transformaron en una colonia de trabajo forzoso. Los oprimieron. El Faraón ordenó que ahogaran a todos los varones israelitas recién nacidos. Era un intento de genocidio. Pese a ello, Moshé ordena:

No odien a los egipcios, porque ustedes fueron extranjeros en su tierra. (Deut. 23: 8)

Los amalekitas no hicieron más que atacar a los israelitas una vez, (1) ataque que fue exitosamente rechazado (Ex. 17: 13). Sin embargo Moshé ordena, “Recuerden”,”no olviden.” ”Borren su nombre”. En Éxodo la Torá dice que “Dios estará en guerra con Amalek por todas las generaciones” (Ex. 17: 16) Por qué esa diferencia? Por qué motivo Moshé le dijo a los israelitas de cierta forma que perdonen a los egipcios y no a los amalekitas ?

La respuesta se halla en el corolario de las enseñanzas de la Mishná, Avot (5: 19):

Cuando el amor depende de una causa y dicha causa se pierde, el amor también pasa. Pero si el amor no depende de una causa, en ese caso el amor nunca desaparecerá. Cuál es el ejemplo de amor que depende de una causa? La de Amnon por Tamar. Y cuál es el ejemplo de amor que no depende de una causa? El de David y Jonathan.

            Cuando el amor es condicional, dura lo que la condición dure y no más que eso. Amnon amó, o más bien deseó, a Tamar porque era una relación prohibida. Era su media hermana. Pero una vez poseída, “Entonces Amnón la odió intensamente. En efecto, la odió más de lo que la amó.” (2 Sam. 13: 15). Pero cuando el amor es incondicional e irracional, nunca cesa. Según palabras de Dylan Thomas: “Aunque los amantes se pierdan, el amor no, y la muerte no tendrá dominio.”

Lo mismo es válido para el odio. Cuando es racional, basado en algún temor o desaprobación que – justificado o no – tiene cierta lógica, puede usarse la razón y ser resuelto. Pero el odio incondicional e irracional no es permeable a la razón. No hay nada que se pueda hacer para enfrentarlo y acabar con él. Persiste.

Esa era la diferencia entre los egipcios y los amalekitas. El odio y temor de los egipcios a los israelitas no era irracional. El Faraón le dijo a su pueblo:

“Los israelitas están siendo muy numerosos y fuertes para nosotros. Debemos tratarlos sabiamente. Si no, pueden incrementarse mucho, y si hay guerra, se unirán a nuestros enemigos y lucharán contra nosotros, echándonos de la tierra.” (Ex. 1: 9-10)

            Los egipcios temían a los israelitas porque eran muy numerosos. Era una amenaza potencial para la población nativa. Los historiadores afirman que esto tenía su fundamento. Egipto ya había sufrido las consecuencias de una invasión extranjera, la de los Hyksos, un pueblo asiático con nombres y creencias canaanitas que conquistó el delta del Nilo durante el segundo período intermedio de los faraones de Egipto. Eventualmente fueron expulsados, y todo vestigio de su ocupación, borrada. Pero la memoria persistió, y no era irracional que tuvieran miedo de que el pueblo hebreo pudiera ser  semejante. Temían a los israelitas porque estos eran fuertes.

(Notar la diferencia entre “racional” y “justificado”. El temor de los egipcios en este caso era ciertamente injustificado. Los israelitas no deseaban conquistar Egipto. Por el contrario, hubieran preferido irse. No todas las emociones racionales están justificadas. No es irracional tener miedo de volar después de leer la noticia de un desastre aéreo, aunque estadísticamente sea más peligroso manejar un auto que volar en un avión. El punto es que en principio, una emoción racional, pero injustificada, puede ser resuelta razonando.)

Exactamente lo contrario correspondía a los amalekitas. Ellos atacaron a los israelitas cuando estaban “débiles y agotados”. Se dirigieron a los que “estaban retrasados.” Los que están en la retaguardia y son débiles no constituyen amenaza alguna. Se trata de un odio irracional y sin fundamento.

Con el odio racional es posible razonar. Además ya no había motivo alguno para que los egipcios temieran a los israelitas. Habían partido. Ya no podían ser una amenaza. Pero con el odio irracional es imposible razonar. No tiene causa ni lógica. Por lo tanto puede no desaparecer nunca. El odio irracional es tan duradero y persistente como el amor irracional. El odio simbolizado por Amalek dura “por todas las generaciones.” Lo único que se puede hacer es recordar y no olvidar, estar permanentemente alerta y combatirlo en el momento y en el lugar que aparezca.

Existe tal cosa como la xenofobia racional: el temor y el odio al extranjero, el foráneo, el que nos resulta distinto. En la etapa cazadora- recolectora de la humanidad, era vital distinguir entre los miembros de la propia tribu y los de otra. Se competía por el alimento y el territorio. No era época de liberalismo y tolerancia. Dada la oportunidad, la otra tribu estaría dispuesta a echar o matar.

Los antiguos griegos eran xenófobos, consideraban bárbaros a todos los que no eran griegos. Siguen siendo así muchas poblaciones nativas. Aun pueblos tolerantes como los norteamericanos o los ingleses, desconfiaron históricamente de los inmigrantes, ya fueran judíos, irlandeses, italianos o portorriqueños. Lo que ocurre, sin embargo, es que después de dos o tres generaciones los que llegaron se incluyen culturalmente y se integran. Consideran que contribuyen a la economía nacional y suman riqueza y variedad a la cultura. Cuando el temor a los inmigrantes es racional pero injustificado, eventualmente declina y desaparece.

El antisemitismo es diferente a la xenofobia. Es el ejemplo paradigmático del odio irracional. En la Edad Media se acusaba a los judíos de envenenar los pozos de agua, de diseminar las plagas, y una de las acusaciones más absurdas – el libelo de sangre – era la sospecha del asesinato de niños cristianos para usar la sangre para hacer las matzot de Pesaj. Esto era evidentemente imposible, pero eso no evitó que la gente lo creyera.

El Iluminismo europeo, con su veneración a la ciencia y la razón, suponía el fin de todo ese odio. Pero en su lugar apareció una nueva versión del mismo, el antisemitismo racial. En el siglo XIX se odiaba a los judíos porque eran ricos y porque eran pobres; porque eran comunistas y porque eran capitalistas; porque socialmente se encerraban en sí mismos y porque querían infiltrarse en todas partes; porque eran creyentes de una fe antigua y supersticiosa y porque eran cosmopolitas sin raíces y no creían en nada.

Eso generó un nuevo mito, el de Los Protocolos de los Sabios de Zión, una producción literaria artera creada por los servicios secretos de la Rusia Zarista al final de ese siglo. Sostenía que los judíos detentaban el poder sobre toda Europa – esto en la época de los pogroms rusos de 1881 y las leyes antisemitas de mayo de 1882 que arrojaron a tres millones de judíos pauperizados e indefensos desde Rusia a Occidente.

La situación en que se hallaban los judíos al final de lo que suponía iba a ser el siglo del iluminismo y la emancipación fue expuesta elocuentemente por Theodor Herzl en 1897:

Hemos intentado sinceramente adherir a las comunidades nacionales donde vivimos, pidiendo solamente preservar la fe de nuestros padres. No nos fue permitido. En vano somos patriotas leales, a veces extremadamente leales; en vano hacemos los mismos sacrificios de nuestras vidas y propiedades como nuestros conciudadanos; en vano luchamos por incrementar la fama de nuestros países nativos en el campo de las artes y las ciencias, o en su riqueza por el comercio e intercambio. En nuestras tierras nativas en las que hemos vivido por siglos, todavía nos consideran foráneos, frecuentemente por personas cuyos antepasados aún no existían cuando nuestros lamentos hacía años que eran sentidos en el país… Si nos dejaran en paz…     Pero no creo que nos dejen en paz.

Todo esto fue profundamente chocante para Herzl. No menos chocante ha sido el retorno del antisemitismo a zonas del Medio Oriente e incluso a Europa en la actualidad, siendo aún viva la memoria del Holocausto. Pero la Torá insinúa el por qué. El odio irracional no se extingue.

No toda la hostilidad a los judíos, o a Israel como estado de los judíos, es irracional, y donde no lo es, se puede razonar con él. Pero algo de esto es irracional. Una parte, aún hoy, es una repetición de los mitos del pasado, desde el Libelo de Sangre hasta los Protocolos. Lo único que podemos hacer es recordar y no olvidar, confrontarlos y defendernos de él.

Amalek no muere. Pero tampoco muere el pueblo judío. Atacado tantas veces durante siglos, aún vive, dando testimonio de la victoria del Dios del amor sobre los mitos y la locura del odio.

 

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  1. Naturalmente, Amalek atacó en otras oportunidades, (inclusive, según la tradición, la descripta en Bamidbar 21: 1) pero el decreto contra Amalek fue promulgado después del primer ataque.

 

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