Rabino Sacks Bamidbar 5777 – La historia siempre repetida

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

La historia siempre repetida

Bamidbar –  2017 / 5777

Rabino Sacks Bamidbar 5777 [PDF]  

Bamidbar retoma la historia en el lugar en que fue dejada, hacia el  final de Shemot. El pueblo se había trasladado desde Egipto al monte Sinaí. Ahí recibieron la Torá. En ese lugar crearon el Becerro de Oro, y fueron perdonados luego del ruego apasionado de Moshé. Ahí construyeron el Mishkan, el Tabernáculo, inaugurado el primero de Nisan, casi un año después del éxodo.

Ahora, un mes más tarde, en el primer día del segundo mes, están listos para comenzar la segunda parte del viaje desde el Sinaí hacia la Tierra Prometida.

Sin embargo, hay una curiosa demora en la narrativa. Pasarán diez capítulos hasta que los israelitas realmente inicien su travesía. (Num. 10: 33). Primero hay un censo. Después, una descripción del ordenamiento de las tribus alrededor del Ohel Moed, la tienda de reunión. A continuación hay una larga descripción de los Levitas, sus familias y sus respectivos roles. Luego vienen las leyes de pureza del campo, la restitución, la sotá, mujer sospechada de adulterio, y el nazirita. Una larga serie de pasajes describe los preparativos para el traslado. Sólo después lo ejecutan. A qué se debe esta larga serie de aparentes disgresiones?

Es fácil pensar que la Torá simplemente describe los eventos en la medida que ocurren, intercalando diversos mandamientos. Según este enfoque, la Torá sería historia más ley. Esto es lo que ocurrió, estas son las reglas que debemos obedecer, y hay una conexión entre ambas, a veces clara (como las leyes acompañadas por el recuerdo de que “ustedes fueron esclavos en Egipto”), y a veces no tanto.

Pero la Torá no es una mera sucesión de eventos históricos. La Torá trata sobre las verdades que emergen a través del tiempo. Esa es una de las grandes diferencias entre el Israel antiguo y la antigua Grecia que buscaba la verdad contemplando la naturaleza y empleando la razón. La primera dio origen a la ciencia, la segunda a la filosofía. El Israel antiguo encontró la verdad en la historia, en los eventos, y en lo que Dios nos dijo que aprendiéramos de ellos. La naturaleza no sabe nada del libre albedrío. Los científicos muchas veces afirman que tal cosa no existe. Pero la humanidad está constituída por su libertad. Somos lo que elegimos ser. Ningún planeta elige acoger la vida. Ningún pez elige ser un héroe. Ningún pavo real elige ser vanidoso. Los seres humanos sí eligen. Y en ese hecho nace el episodio del cual toda la Torá resulta ser un comentario: cómo puede la libertad coexistir con el orden? El drama se desarrolla en la escena de la historia, se extiende en cinco actos, cada uno de ellos con múltiples escenas. La forma básica de la narrativa es  mayormente la misma en los cinco casos. Primero Dios crea el orden. Después la humanidad produce el caos. Luego se suceden terribles consecuencias. Después Dios comienza nuevamente, muy disgustado pero sin perder nunca la fe en la única forma de vida creada a Su imagen, y a la cual le confirió el don singular que hizo a la humanidad a semejanza de lo divino: la libertad misma.

El primer acto se cuenta en Génesis 1-11. Dios crea un universo ordenado y modela a la humanidad del polvo de la tierra al cual le exhala su propio hálito. Pero los seres humanos pecan: primero Adán y Eva, luego Caín y después, la generación del Diluvio. La tierra está colmada de violencia. Dios genera el Diluvio y comienza nuevamente, haciendo un pacto con Noaj. La humanidad peca nuevamente construyendo la Torre de Babel (el primer acto de imperialismo, como expuse en un texto anterior). Entonces Dios empieza otra vez, buscando modelo que muestre al mundo lo que significa vivir con una respuesta fiel a la palabra de Dios. Lo encuentra en Abraham y Sara.

El segundo acto se desarrolla en Génesis 12-50. El nuevo ordenamiento está basado en la familia y la fidelidad, el amor y la confianza. Pero esto también comienza a desplegarse. Hay tensión entre Esav y Yaakov, entre Rajel y Lea, las esposas de Yaakov, y entre sus hijos. Diez de los hijos de Yaakov venderán al undécimo, Yosef, en esclavitud. Esta es una afrenta a la libertad, y sobreviene una catástrofe – no un diluvio sino una hambruna, por la cual la familia de Yosef se exilia en Egipto donde todo el pueblo será esclavizado. Dios está por comenzar nuevamente, pero esta vez no con una familia sino con una nación, que es en lo que se ha transformado la descendencia de Abraham.

El tercer acto es el sujeto del libro de Shemot (Éxodo).  Dios rescata a los israelitas de Egipto como anteriormente lo hizo con Noaj en el Diluvio. Como con Noaj (y con Abraham) Dios hace un pacto, esta vez en el Sinaí, y es mucho más extenso que los precedentes. Es un borrador para el ordenamiento social, para toda una sociedad que se basa en la ley y la justicia. Sin embargo, nuevamente, los humanos generan el caos, construyendo el Becerro de Oro sólo cuarenta días después de la gran revelación. Dios amenaza con una catástrofe, con destruir a toda la nación y comenzar de nuevo con Moshé como había hecho anteriormente con Noaj y con Abraham (Ex. 32: 10). Sólo el ruego apasionado de Moshé evitó que esto sucediera. Dios entonces instituye un nuevo ordenamiento.

El cuarto acto comienza con un desarrollo de este ordenamiento que es más extenso que cualquier otro anterior, que va desde Éxodo 35 y todo el libro de Vaikrá hasta los primeros diez capítulos de Bamidbar. La característica de este nuevo orden es que Dios ya no sólo es el director de la historia y el dador de las leyes, sino que se transforma en Presencia permanente en medio del campamento. De ahí la construcción del Mishkan, que abarca el último tercio de Shemot, con las leyes de pureza y santidad así como las de amor y justicia que constituyen virtualmente la totalidad de Vaikrá. La pureza y la santidad son requeridos por el hecho de que Dios súbitamente se ha acercado. En el Tabernáculo, la presencia Divina tiene un hogar en la Tierra y cualquiera que se aproxime debe ser puro y santo. Ahora los israelitas están listos para entrar en la etapa siguiente de la travesía, pero solo después de una larga introducción.

Ese extenso preámbulo, al comienzo de Bamidbar, trata sobre la creación de un sentido del orden dentro del campamento. De ahí el censo, la ubicación detallada de las tribus, y la larga exposición sobre los Levitas, la tribu que actuó como mediador entre el pueblo y la Divina Presencia. De ahí surgirán también en la parashá de la semana entrante, las tres leyes – restitución, sotá y nazir – dirigidas a las tres fuerzas que siempre hacen peligrar el orden social: el robo, el adulterio y el alcohol. Es como si Dios le estuviera diciendo a los israelitas: de esto se trata el orden. Cada persona tiene un lugar en la familia, en la tribu y en la nación. Cada uno ha sido censado y cada persona cuenta. Preserva y protege este orden, pues sin él no será posible entrar en la tierra, librar batallas ni crear una sociedad justa.

A medida que se desenvuelve Bamidbar, percibimos, trágicamente, que los israelitas se van convirtiendo en el peor enemigo de ellos mismos. Se quejan de la comida. Miriam y Aarón se quejan de Moshé. Luego viene la catástrofe, el episodio de los espías en el cual el pueblo, desmoralizado, revela que aún no está preparado para ser libre. Nuevamente, como en el caso del Becerro, hay caos en el campamento. Otra vez Dios amenaza con destruir la nación y recomenzar con Moshé (Num. 14: 12). Y nuevamente el poderoso ruego de Moshé salva la situación. Dios decide comenzar una vez más, esta vez con una nueva generación y un nuevo líder. El libro de Debarim es el preludio de Moshé al quinto acto, que ocurre en los días de Yehoshua.

La historia judía es extraña. Una y otra vez el pueblo se divide: en los días del Primer Templo cuando el reino estaba dividido en dos, al final del período del Segundo Templo en que estaban presentes grupos y sectas rivales, y en los tiempos modernos, al comienzo del siglo XIX, cuando se fragmentó en seculares y religiosos en el este europeo, y ortodoxos y otros grupos en Occidente. Estas divisiones aún no se han resuelto, y el pueblo judío sigue repitiendo la historia contada cinco veces en la Torá. Dios crea el orden. Los humanos producen el caos. Ocurren cosas malas, y Dios e Israel comienzan de nuevo. No terminará nunca esta historia? De una forma u otra no es coincidencia que Bamidbar generalmente precede a Shavuot, el aniversario de la entrega de la Torá en el Sinaí. Dios nunca se cansa de recordarnos que el desafío humano central de cada era consiste en que pueda coexistir la libertad con el orden. Efectivamente puede, cuando los seres humanos eligen libremente seguir las leyes de Dios, dadas de una forma después del Diluvio y de otra forma después del éxodo, a Israel.

La alternativa, tanto antigua como moderna, es el reinado del poder, en la cual, según Tucídides, los fuertes prevalecerán y los débiles sufrirán como corresponde. Esa no es la libertad como la entiende la Torá, ni es una receta para un mundo de amor y justicia. Cada año, mientras nos preparamos para Shavuot al leer la parashá de Bamidbar, escuchamos el llamado de Dios: acá en la Torá y en las mitzvot está la manera de crear la libertad que honra al orden, y un orden social que honra la libertad humana. No existe otra forma.

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