Rabino Sacks Ki Tisá 5777 – Shabat: el primer día o el último?

Traductor: Carlos Betesh

Editor: Ben-Tzion Spitz

Shabat: el primer día o el último?  

Ki Tisá – 18 de marzo, 2017 / 20 Adar 5777

Rabino Sacks Ki Tisa 5777 [PDF] 

En el extensísimo y detallado relato de la construcción del tabernáculo, la Torá cuenta la historia dos veces: primero (Ex 25:1-31: 17) como construcción Divina, y luego (cap. 35-40) como emprendimiento humano. En ambos casos la construcción del templo está yuxtapuesta a las leyes de Shabat (31:12; 35: 1-2).

Esto tiene implicancias halájicas y teológicas. Primero, según la tradición judía, la intención de la yuxtaposición es que la reglamentación del Shabat antecede a la construcción del tabernáculo. El séptimo día no sólo es el tiempo en que el trabajo secular finaliza. También es válido para el descanso del más sagrado de los trabajos: el hacer una casa para Dios. En efecto, la tradición oral definió el ‘trabajo’ – melajá, la labor que está prohibida en Shabat – en términos de las treinta y nueve actividades involucradas en la construcción del santuario.

En un nivel más metafísico, el santuario refleja en un espejo- en la contraparte humana a – la creación Divina del universo (para ver el preciso paralelismo lingüístico entre Éxodo y Génesis, ver Convenio y Conversación, Terumá 5763/2003). Así como la creación Divina culmina en Shabat, así también ocurre con la creación humana. La santidad del lugar ocupa un lugar secundario con respecto a la santidad del tiempo (sobre este tema ver el famoso libro de A.J. Heschel, The Sabbath).

Sin embargo hay una marcada diferencia entre el pasaje de la instrucción de Dios para construir el santuario, y la instrucción de Moshé al pueblo. En el primer caso, el precepto del Shabat aparece al final, después de los detalles de la construcción. En el segundo, aparece al principio, antes de los detalles. Por qué?

El Talmud, en el tratado de Shabat (69 b), plantea la siguiente cuestión: qué ocurre si estás lejos de un poblado humano y te olvidas qué día es? Cómo observas el Shabat? El Talmud presenta dos respuestas:

R. Huna dijo: si uno está atravesando un camino o está en el desierto y no sabe cuándo es Shabat, debe contar seis días (desde el momento en que se apercibió de que lo había olvidado) y observar uno. R. Hiya b Rav dijo: debe observar uno, y luego contar seis días de la semana. En qué difieren? Un estudioso sostiene que es como la creación del mundo. El otro, que es como el caso de Adán. 

Desde el punto de vista de Dios, el Shabat es el séptimo día. Para los primeros seres humanos – creados el sexto día – el Shabat era el primero. El debate se refiere a cuál postura debemos adoptar.

Así, en el nivel más simple, entendemos por qué el Shabat viene al final, cuando es Dios el que está hablando del tabernáculo, y por qué aparece al principio, cuando lo hace Moshé, un ser humano. Para Dios el Shabat era el último día; para los seres humanos era el primero. Sin embargo está en juego una cuestión más fundamental.

Cuando se trata de la creación Divina, no hay una brecha entre la intención y la ejecución. Dios habló, y el mundo fue creado. Con respecto a Dios, Isaías dijo:

Yo hice que se supiera cuál era el fin y cuál el principio,

de los tiempos antiguos, qué es lo que vendrá,

y dije: Mi designio perdurará,

y Yo haré todo lo que Yo quiera. (Isaías 46:10)

Dios sabe de antemano cómo resultarán las cosas. Con los seres humanos, es distinto. Frecuentemente no podemos saber cuál será el resultado de lo que se inicia. Un gran novelista puede no saber cómo terminará la historia hasta que la haya terminado de escribir, tampoco un compositor sobre su sinfonía ni un pintor acerca de su obra. La creatividad está colmada de riesgos. La historia humana, mucho más. La ‘ley de consecuencias indeseadas’ nos cuenta que las revoluciones raramente resultan como fueron planeadas. Las políticas diseñadas para ayudar a los pobres pueden tener un efecto opuesto. Hayek acuñó el término ‘engreimiento fatal’ para lo que vio como el casi inevitable fracaso de la ingeniería social – la idea de que se puede planificar el comportamiento humano con anticipación. No se puede.

Una alternativa es dejar que las cosas ocurran como sea. Este tipo de resignación, sin embargo, es dejar de tomar en cuenta totalmente la visión judaica de la historia. Los sabios dijeron: ‘En cualquier circunstancia que te encuentres con la palabra vayehí (y ocurrió) es siempre el preludio a una tragedia’. Cuando las cosas meramente ocurren, raras veces tienen un final feliz.

La otra solución – que yo sepa, exclusiva del judaísmo – es revelar el final desde el principio. Ese es el significado del Shabat. El Shabat no es simplemente un día de descanso. Es la anticipación del ‘final de la historia’, la era mesiánica. En él, recuperamos las armonías perdidas del Jardín del Edén. No nos esforzamos para lograrlo; estamos contentos de ser. No nos está permitido manipular al mundo; en su lugar, lo celebramos como la suprema obra de arte de Dios. No está permitido someter ni dominar a otros seres humanos, ni aún a los animales domésticos. Ricos y pobres viven de la misma forma el Shabat, con la misma equidad y libertad.

Nunca utopía alguna ha sido materializada (la palabra ‘utopía’ significa ‘ningún lugar’) – con una excepción: ‘el mundo que vendrá’. El motivo es lo que ensayamos todas las semanas, un día sobre siete. El Shabat es el ensayo a pleno para una sociedad ideal que aún no ha ocurrido, pero que ocurrirá, porque sabemos hacia dónde apuntamos – porque lo experimentamos al principio.

Ahora comenzamos a percibir plenamente el drama simbólico de la construcción del Tabernáculo. En el desierto, mucho antes de que cruzaran el Jordán y entraran en la tierra prometida, Dios les dijo a los israelitas que crearan un universo en miniatura. Sería un lugar con un orden cuidadosamente calibrado – como es el universo, un lugar con un orden cuidadosamente calibrado. Hoy en día, los científicos lo llaman el ‘principio antrópico’, el descubrimiento de que las leyes de la física y de la química están minuciosamente calibrados para la aparición de la vida (1). De igual forma, el Tabernáculo debía ser exacto en su construcción y dimensiones. La construcción del Tabernáculo era un prototipo simbólico de la construcción de una sociedad. Así como era un hogar  terrenal  para la Divina presencia, así sería la sociedad si los israelitas honraban las leyes de Dios.

El fin último de esta sociedad es la armonía de la existencia que aún no hemos experimentado, viviendo como lo hacemos en un mundo de trabajo y esfuerzo, conflicto y competencia. Sin embargo Dios quiso que supiéramos hacia dónde nos dirigimos, para no perdernos en la ruta del desierto del tiempo. Es por eso que, cuando se llegó a la construcción humana del recinto, el Shabat vino primero, aún cuando en términos globales, el ‘Shabat de la historia’ (la época mesiánica, el mundo que vendrá) venga al final. Dios ‘hizo conocer el final al principio’ – el descanso logrado que sigue al trabajo creativo; la paz que  podrá algún día reemplazar a la lucha – para que sea posible captar una imagen fugaz de la destinación antes de emprender el viaje. Sólo aquellos que conocen hacia donde viajan, llegarán, ya sea que caminen lenta o apresuradamente.

SacksSignature

(1) Ver el libro del astrónomo Real, Sir Martin Rees, Just Six Numbers: the deep forces that shape the universe.

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