Rabino Sacks Mishpatim 5775 – Curando al corazón de la oscuridad

Traductor: Ana Barrera

Editor: Marcello Farias

Curando al corazón de la oscuridad

Mishpatim – 2015 / 5775

Rabino Sacks Mishpatim 5775 [PDF] 

Jobbik, también conocido como el Movimiento por una Hungría Mejor, es un partido político ultraconservador húngaro que ha sido descrito como fascista, neo-nazi, racista y antisemita. Ha acusado a los judíos de ser parte de un “cabal de intereses económicos occidentales” pretendiendo controlar el mundo: la difamación también conocida como Los Protocolos de los Sabios de Zion, una ficción creada por miembros del servicio secreto zarista en Paris A finales de la década de 1890 y revelado como falso por The Times en 1921.

En una ocasión el partido Jobbik pidió una lista de todos los judíos en el gobierno húngaro. Perturbadoramente, en las elecciones parlamentarias húngaras de abril de 2014 se aseguró el 20% de los votos, convirtiéndolo en el tercer mayor partido.

Hasta 2012 uno de sus miembros líderes era un político en sus veinte y largos, Csanad Szgedi. Szgedi era una estrella en ascenso en el movimiento, abiertamente se hablaba de él como el futuro líder. Hasta un día en el 2012. Ese fue el día en que Szegedi descubrió que era judío.

Algunos miembros del partido le habrían impedido su progreso y pasaron tiempo investigando sus antecedentes para ver si se podría encontrar algo que lo dañara. Lo que encontraron fue que su abuela materna era una sobreviviente judía de Auschwitz. Su abuelo materno también lo era. La mitad de la familia de Szegedi había sido asesinada durante el Holocausto.

Los oponentes de Szegedi empezaron a esparcir rumores sobre sus antepasados judíos en la internet. Pronto el mismo Szegedi descubrió lo que se estaba diciendo y decidió chequear si los reclamos eran verdaderos. Lo eran. Después de Auschwitz sus abuelos, que alguna vez fueron judíos ortodoxos, decidieron esconder completamente su identidad. Cuando su madre tenía 14 años, su padre le contó el secreto pero le ordenó que no se lo revelara a nadie. Szegedi ahora conocía la verdad sobre sí mismo.

Decidió renunciar al partido y averiguar más sobre el judaísmo. Fue con un rabino local de Jabad, Slomó Köves, quien al principio creyó que estaba bromeando. Sin embargo él arregló para que Szegedi fuera a clases sobre judaísmo y fuera a la sinagoga. Al principio, Szegedi decía, las personas estaban “shockeadas”. Él era tratado por algunos como “un leproso”. Pero él persistió. Al día de hoy va a la sinagoga, respeta Shabat, aprendió hebreo, se llama a si mismo Dovid, y en 2013 se hizo la circuncisión.

Cuando al principió admitió la verdad sobre sus antepasados judíos, uno de sus amigos en el partido Jobbik dijo “Lo mejor sería si te matamos para que puedas ser enterrado como húngaro puro”. Otro le aconsejó que hiciera una disculpa pública. Fue este comentario, dice Szegedi, lo que lo hizo dejar el partido. “Pensé, espera un minuto, ¿se supone que debo pedir perdón por el hecho de que mi familia fue asesinada en Auschwitz?”.

Mientras se iba dando cuenta que él era judío empezó a cambiar su vida, también transformó su entendimiento del mundo. Hoy, el dice, su enfoque como político es defender los derechos humanos para todos. “Soy consciente de mi responsabilidad y sé que tendré que hacerlo bien en el futuro”.

La historia de Szegedi no es solo una curiosidad. Nos lleva al mismo corazón de la extraña tensa naturaleza de nuestra existencia como seres morales.

Lo que nos hace humanos es el hecho de que somos racionales, reflexivos, capaces de pensar las cosas. Sentimos empatía y simpatía, y esto empieza temprano. Incluso los recién nacidos lloran cuando escuchan a otro bebé llorar. Tenemos neuronas espejo en el cerebro que nos hacen contraernos de dolor cuando vemos que alguien más está sufriendo. El Homo sapiens es el animal moral.

Sin embargo mucho de la historia de la humanidad ha sido una historia de violencia, opresión, injusticia, corrupción, agresión y guerra. Tampoco, históricamente, se ha hecho una diferencia significativa si los actores en la historia habían sido bárbaros o ciudadanos de una civilización avanzada.

Los griegos de la antigüedad, maestros de arte, arquitectura, drama, poesía, filosofía y ciencia, se perdieron a sí mismos en la aniquilación de las Guerras del Peloponeso entre Atenas y Esparta en el último cuarto del siglo quinto de Antes de la Era Común. Nunca se recuperaron por completo. Fue el final de la época dorada de Grecia.

A fines de siglo Paris y Viena en los 1890’s fueron los centros líderes de la civilización europea. Sin embargo también fueron los líderes mundiales del antisemitismo, Paris con el Caso Dreyfus, Viena con el alcalde antisemita Karl Lueger, a quien Hitler después citó como su inspiración.

Cuando somos buenos, estamos un poco más bajos que los ángeles. Cuando somos malos, estamos más bajos que las bestias. ¿Qué nos hace morales? ¿Y qué, a pesar de todo, hace a la humanidad capaz de seres tan inhumanos?

Platón pensó que la virtud era el conocimiento. Si nosotros sabemos que algo está mal, nosotros no lo haremos. Aristóteles pensaba que la virtud era el hábito, aprendido en la infancia hasta que se convierte en parte de nuestro carácter.

David Hume y Adam Smith, dos gigantes intelectuales de la Ilustración Escocesa, pensaban que la moralidad viene de la emoción, sentimiento de compañerismo. Immanuel Kant creía que venía de la racionalidad. Un principio moral es uno que estás dispuesto a prescribir para todos. De ahí que, por ejemplo, mentir no puede ser moral porque no deseas que otros te mientan.

Los cuatro puntos de vista tienen algo de verdad para ellos, y podemos encontrar sentimientos similares en la literatura rabínica. En el espíritu de Platón, los sabios hablaron de tinok shenishba, algunos quienes hacen mal porque él o ella no fueron educados para saber lo que está bien (1). Maimónides, como Aristóteles, pensaba que la virtud viene de la práctica repetida. La Halajá crea hábitos del corazón. Los rabinos dijeron que los ángeles de la bondad y la caridad discutieron por la creación del hombre porque naturalmente sentimos por otros, como Hume y Smith argumentaron. El principio de Kant es similar a lo que los sabios llamaron sevara, “razón”.

Pero estas ideas solo sirven para profundizar la cuestión. Si el conocimiento, emoción y razón nos llevan a ser morales, ¿por qué es que los humanos odian, lastiman y asesinan? Una respuesta completa tomaría más de una vida, pero la respuesta corta es simple. Somos animales tribales. Nos formamos como parte de un grupo. La moralidad es causa y consecuencia de este hecho. Hacia las personas con las que estamos o nos sentimos estar relacionadas somos capaces de altruismo. Pero hacia los extraños sentimos miedo, y el miedo es capaz de convertirnos en monstruos.

La moralidad, en la frase de Jonathan Haidt, ata y ciega (2). Nos ata a otros en un vínculo de altruismo recíproco. Pero también nos ciega a la humanidad de aquellos que están fuera de ese vínculo. Une y divide. Divide porque une. La moralidad convierte el “Yo” del interés personal en el “Nosotros” del bien común. Pero el mismo acto de crear un “Nosotros” simultáneamente crea un “Ellos”, las personas que no son como nosotros. Incluso la más universal de las religiones, fundada en los principios de amor y compasión, ha visto a menudo aquellos fuera de la fe como Satan, el infiel, el anticristo, el hijo de la oscuridad, el no redimido. Ellos han cometido actos indecibles de brutalidad en el nombre de Dios.

Ni el conocimiento platónico ni el sentido moral de Adam Smith ni la razón kantiana ha curado el corazón de la oscuridad en la condición humana. Por eso es que hay dos oraciones que resplandecen a través de la parsha de hoy como el sol emergiendo detrás de nubes densas:

No deberán maltratar u oprimir al extraño de ninguna manera. Recuerden que, ustedes mismos fueron alguna vez extraños en la tierra de Egipto. (Ex. 22:21)

No deberán oprimir a los extraños. Ustedes saben lo que se siente ser un extraño, pues alguna vez fueron extraños en la tierra de Egipto. (Ex. 23:9)

Los grandes crímenes de la humanidad han sido cometidos contra el extranjero, el forastero, el no-como-nosotros. Reconocer la humanidad en el extraño ha sido el punto débil histórico de casi todas las culturas. Los griegos veían a los no-griegos como bárbaros. Los alemanes llamaron a los judíos alimañas, piojos, un cáncer en el cuerpo de la nación. En Ruanda, los Hutus llamaban a los Tutsis inyenzi, cucarachas.

Deshumanizar al otro y a todas las fuerzas morales en el mundo no nos salvarán del mal. El conocimiento es silenciado, la emoción anestesiada y la razón pervertida. Los nazis se convencieron a sí mismos (y a otros) que al exterminar a los judíos le estaban haciendo un favor a la raza aria (3). Los bombarderos suicidas están convencidos que están actuando por una Gloria mayor a Dios (4). Hay tal cosa como el mal altruista.

Eso es lo que hace que estos dos mandamientos sean tan significantes. La Torah enfatiza el punto una y otra vez: los rabinos dijeron que el mandamiento de amar al extraño aparece 36 veces en la Torah. La ley judía está ahí confrontando directamente el hecho de que el cuidado al extraño no es algo por lo cual podemos confiar en nuestros recursos morales normales de conocimiento, empatía y racionalidad. Usualmente podemos, pero bajo situaciones de alto estrés, o cuando sentimos a nuestro grupo amenazado, no podemos. La misma inclinación que saca lo mejor en nosotros – nuestra inclinación genética a hacer sacrificios por el bien de parientes y amigos – también puede sacar lo peor de nosotros cuando tememos al extraño. Somos animales tribales y somos fácilmente amenazados por los miembros de otra tribu.

Noten que estos mandamientos son dados poco después del éxodo. Implícitamente en ellos está una idea muy radical sin duda. Cuidar al extraño es el motivo por el que los israelitas experimentaron exilio y esclavitud antes de que pudieran entrar a la Tierra Prometida y construir su propia sociedad y estado. No tendrán éxito en cuidar al extraño, implica Dios, hasta que ustedes mismos sepan en sus propios huesos y tendones lo que se siente ser un extraño. Y no olvidarlo, Yo ya les he ordenado a recordarse ustedes mismos y a sus hijos el sabor de la aflicción y la amargura cada año en Pesaj. Aquellos que olvidan lo que se siente ser un extraño, eventualmente oprimirán extraños, y si los hijos de Abraham oprimen extraños, ¿por qué entonces los hice Mis compañeros en el pacto?

La empatía, la simpatía, el conocimiento y la racionalidad son usualmente suficientes para dejarnos vivir en paz con otros. Pero no en tiempos difíciles. Serbios, croatas y musulmanes vivieron pacíficamente juntos en Bosnia por años. También lo hicieron los Hutus y los Tutsis en Ruanda. El problema surge en los tiempos del cambio y disrupción cuando las personas están ansiosas y asustadas. Por eso es que las defensas excepcionales son necesarias, por lo que la Torah habla de memoria e historia – cosas que van al corazón de nuestra identidad. Tenemos que recordar que alguna vez estuvimos del otro lado de la ecuación. Nosotros fuimos alguna vez extraños: los oprimidos, las víctimas. Recordar el pasado judío nos fuerza a sufrir una inversión de roles. En el medio de la libertad tenemos que recordarnos a nosotros mismos lo que se siente ser un esclavo.

Lo que le pasó a Csanad, ahora Dovid, Szegedi, fue exactamente eso: la inversión de rol. El era un “odiador” que descubrió que pertenecía entre los odiados. Lo que lo curó del antisemitismo fue su inversión de rol descubriendo que él era un judío. Eso, para él, fue un descubrimiento que le cambió la vida. Habiendo vivido y sufrido como extraños, nosotros nos convertimos en el pueblo mandado a cuidar de los extraños.

La mejor manera de curar el antisemitismo es hacer que las personas experimenten lo que se siente ser un judío. La mejor manera de curar la hostilidad de los extraños es recordar que nosotros también, desde la perspectiva de alguien más, somos extraños. La memoria y la inversión de roles son los más poderosos recursos que tenemos para curar la oscuridad que algunas veces puede ocluir el alma humana.

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(1) Ver Shabbat 68b; Maimonides Hilkhot Mamrim. Esto ciertamente aplica a los  principios morales que también puede ser un punto discutible.

(2) Haidt, Jonathan. La mente recta: por qué la gente buena se divide por la política y la religión  – The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion. New York: Pantheon, 2012.

(3) Ver Claudia Koonz, La consciencia nazi – The Nazi Conscience. Cambridge, MA: Belknap, 2003.

(4) Ver Scott Atran, Hablando con el enemigo: la fe, la hermandad y el (des) hacer de los terroristas – Talking to the Enemy: Faith, Brotherhood, and the (un)making of Terrorists. New York: Ecco, 2010. El texto clásico es Eric Hoffer, El verdadero creyente: Pensamientos sobre la naturaleza de los movimientos masivos- The True Believer: Thoughts on the Nature of Mass Movements. New York: Harper and Row, 1951.

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