Rabino Sacks Vaetjanán 5775 – Lo Recto y lo Bueno

Traductor: Carlos Betesh, Comunidad Chalom, Buenos Aires

Editor: Ben-Tzion Spitz, Gran Rabino, Uruguay

Lo Recto y lo Bueno

Vaetjanán – 1 de agosto, 2015 / 16 Menajem Av 5775

Rabino Sacks Vaetjanan 5775 [PDF] 

 

Perdido entre los pasajes épicos de Vaetjanán – entre ellos, la Shemá y los Diez Mandamientos – aparece un párrafo breve de grandes implicancias para la moral de la vida judía. He aquí los dos versículos:

Habrás de cumplir diligentemente los mandamientos del Señor tu Dios, Sus testimonios y Sus estatutos que Él te ha ordenado. Y habrás de hacer lo que es recto y bueno a la vista del Señor, para que te vaya bien a ti y que puedas entrar y poseer la buena tierra que el Señor prometió dar a tus padres. (Deut. 6: 17-18)

La dificultad es obvia. El versículo precedente hace referencia a mandatos, testimonios y estatutos. Esto, a simple vista, en lo que concierne a la conducta, es la totalidad del judaísmo. Qué se agrega a lo anterior con la frase «lo recto y lo bueno» que no esté incluido en el versículo anterior?

Según Rashi, se refiere al «compromiso (o sea, no en la insistencia estricta de tus derechos) y a la acción dentro y más allá de la letra de la ley (lifnit mi-shurat ha-din) .» La ley, como fuere, establece un umbral mínimo: esto es lo que debemos hacer. Pero la vida moral aspira a que hagamos más que lo debido.[1] Las personas que más nos impactan por su bondad y rectitud no son las que simplemente cumplen las leyes aplicadas a todo el mundo. Los santos y héroes de la vida moral van más allá, hacen más de lo ordenado, dan un paso más. Eso es lo que entiende Rashi por «lo recto y lo bueno.»

Ramban cita a Rashi y acuerda con él, sin embargo expone algo ligeramente diferente:

En un principio Moshé dijo que debes guardar Sus estatutos, y testimonios que Él te ordenó. Y ahora está diciendo que aun en lo no comandado, debes pensar en hacer lo que es bueno y recto a Sus ojos, puesto que Él ama lo recto y lo bueno.

Éste es un principio fundamental, ya que es imposible que la Torá pueda mencionar todos los aspectos de la conducta del hombre con amigos y con el prójimo, todas sus transacciones, y las ordenanzas de las sociedades y países. Pero como mencionó a alguno de ellos, por ejemplo «No deberás difundir chismes», «No serás vengativo ni guardarás rencor,» «No permanecerás indiferente ante la sangre de tu prójimo», «No insultarás al sordo», «Te pondrás de pie ante el anciano», y así, Él dispuso en forma general que uno debe hacer lo recto y lo que está bien, incluyendo el compromiso y la acción de ir más allá de lo que establece la ley… Así, uno debe comportarse en toda esfera de su actividad hasta merecer ser considerado «bueno y honrado».

Ramban va más allá de Rashi, en el sentido de que lo recto y lo bueno excede lo requerido estrictamente por la ley. Parecería que Ramban dijera que hay aspectos de la vida moral para nada comprendidos dentro del concepto de la ley. Eso es lo que querría decir al expresar que «es imposible que la Torá mencione todos los aspectos de la conducta del hombre con amigos y el prójimo». La ley trata de temas universales, principios que se aplican en todo tiempo y lugar. No asesinarás. No robarás. No mentirás. Sin embargo, hay algunos factores importantes de la vida moral que no son nada universales. Tiene que ver con circunstancias específicas y cómo respondemos a ellas. Qué significa ser un buen marido o buena esposa, un buen padre, un buen maestro, un buen amigo? Qué es ser un gran líder, un seguidor, un miembro del equipo? Cuándo corresponde elogiar y cuando debe decirse «Podrías haberlo hecho mejor»? Hay aspectos de la vida moral que no se pueden reducir a reglas de conducta porque lo que importa no es sólo lo que hacemos sino cómo lo hacemos: con humildad, gentileza, sensibilidad o tacto.

La moralidad es de las personas, y no hay dos personas iguales. Cuando Moshé le pidió a Dios que nombre un sucesor, comenzó con estas palabras, «Señor, Dios de los espíritus de toda carne»[2] Los rabinos comentaron al respecto: Lo que dijo Moshé se debe a que como cada persona es diferente, debía elegir un líder que pudiera relacionarse con cada individuo como individuo, sabiendo que lo que es útil para uno puede ser perjudicial para otro.[3] Esta habilidad para elegir la respuesta justa para la persona justa en el tiempo justo, es una característica no sólo de liderazgo sino de la bondad humana en general.

Rashi comienza el comentario de Bereshit con una pregunta: Si la Torá es un libro de ley, por qué no comienza desde el principio con la primera ley dada al pueblo de Israel en su totalidad, cosa que recién aparece en Éxodo 12? Por qué incluye la narrativa de Adán y Eva, Caín y Abel, los patriarcas, matriarcas y sus hijos? Rashi responde algo que no tiene nada que ver con la moralidad – dice que tiene que ver con el derecho del pueblo judío a su tierra. Pero el Netziv (R. Naftali Zvi Yehuda Berlin) dice que las historias de Génesis están para enseñarnos cuán rectos eran los patriarcas en sus tratativas, aun con personas extranjeras e idólatras. Es por eso, dice, que a Génesis se lo llama «el libro de los rectos».[4]

La moralidad no es solo una serie de reglas, ni aun el elaborado código de los 613 preceptos y sus extensiones rabínicas. Además, se trata de cómo respondemos a la gente como personas. La historia de Adán y Eva en el Paraíso trata en parte de lo que no anduvo bien en la relación cuando el hombre llamó a su esposa Ishá, `mujer´, una descripción de tipo genérico. Recién cuando le dio su nombre propio, Javá, Eva, pudo relacionarse con ella como individuo en su individualidad (la de ella), y solo después Dios «les dio ropajes y cueros para tapar su desnudez».

Ésta es también la diferencia entre el Dios de Aristóteles y el Dios de Abraham. Aristóteles creyó que Dios era solo el de lo universal y no de lo particular. Es el Dios de la ciencia, del Iluminismo, de Spinoza. El Dios de Abraham es el Dios que se relaciona con nuestra singularidad, en lo que nos hace distintos a los demás y a la vez semejantes.

Ésta es finalmente la diferencia entre los dos grandes principios de la ética judaica: la justicia y el amor. La justicia es universal, trata a todo el mundo de la misma manera, débiles y poderosos, sin distinciones de clase o color. Pero el amor es particular. Un padre o madre ama a su hijo o hija por lo que tiene de único/a. Y la vida moral es una combinación de ambos, por lo cual no puede reducirse meramente a leyes universales. Es eso lo que la Torá quiere significar cuando menciona «lo recto y lo bueno» por encima de los mandamientos, estatutos y testimonios.

Un buen maestro sabe qué decirle a un estudiante poco dotado que, con gran esfuerzo, logra más de lo esperado, y a otro brillante que es el mejor del grado, pero cuyos logros están por debajo de su potencial. Un buen empleador sabe cuándo elogiar y cuando criticar. Todos tenemos que saber cuándo insistir en lo justo y cuándo ejercer el perdón. Las personas que han tenido una influencia decisiva en nuestras vidas son las que en casi todos los casos, han comprendido nuestra singularidad. No fuimos, para ellos, una mera cara en la multitud. Es por eso que aun cuando la moralidad implica reglas universales y no puede funcionar sin ellas, también comprende interacciones que no pueden reducirse a reglas.

El Rav Israel de Rhizin le preguntó en una ocasión a un alumno cuántas secciones había en el Shuljan Aruj (código de ley judía). «Cuatro», le contestó. «Qué sabes «- preguntó el Rizhiner – de la quinta sección?» «Pero no hay una quinta sección» dijo el alumno.»Sí que hay» exclamó el Rizhiner. «Dice que siempre trates a una persona como un mensch«(*)

La quinta sección del código legal es la conducta que no puede reducirse a lo legal. Eso es lo que define hacer lo recto y lo bueno.

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(*) persona íntegra (Idisch)

[1] Ver Lon Fuller The Morality of Law Yale University Press, 1969, y del muy reproducido artículo de Aharon Lichtenstein `Hay una ética independiente de la halajá?´

[2] Núm. 27: 16

[3] Sifre Zuta Midrash Tanuma y Rashi a Num. ad loc.

[4] Ha-amek Davar a Génesis, Introducción.

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