Rabino Sacks Nasó 5776 – La bendición del amor

Traductor: Carlos Betesh, Comunidad Chalom, Buenos Aires

Editor: Ben-Tzion Spitz, Gran Rabino, Uruguay

La bendición del amor

Nasó – 18 de junio, 2016 / 12 Sivan 5776

Rabino Sacks Naso 5776 [PDF] 

 

Con sus 176 versículos, Nasó es la más extensa de las parashiot. Sin embargo, uno de los pasajes más conmovedores, que además es uno de los que más impacto ha producido en el curso de la historia, es realmente muy corto, es conocido por casi todos los judíos, y es la bendición sacerdotal.

El Señor le dijo a Moshé, “Dile a Aaron y a sus hijos: ‘Así bendecirás a los israelitas. Diles a ellos:

Que el Señor te bendiga y te proteja;

Que el Señor ilumine Su rostro hacia ti y te conceda Su  gracia;

               Que el Señor torne Su rostro hacia ti y te conceda la paz.’

Pondrán Mi nombre sobre los hijos de Israel y Yo los bendeciré.”

(Num. 6:23-27)

Este es uno de los más antiguos textos de oración. Fue usado por los sacerdotes en el Templo. Es pronunciado hoy en día por los cohanim en la repetición de la Amidá, en Israel, todos los días, y en la mayoría de los países de la diáspora sólo en las festividades. Es recitado por los padres cuando bendicen a sus hijos los viernes a la noche. Es habitual dedicarlo a los novios en la jupá. Es la más simple y la más hermosa de todas las bendiciones.

También aparece en los textos bíblicos más antiguos que han perdurado hasta el día de hoy. En 1979 el arqueólogo Gabriel Barkay estaba examinando grutas funerarias en Ketef Hinnon, cerca de las murallas de Jerusalem, en el lugar donde actualmente está emplazado el Menahem Begin Heritage Center. Un joven de trece años que lo asistía, descubrió que debajo del piso de una de las grutas había una cámara escondida. En ese lugar encontraron casi mil objetos incluyendo dos pequeños rollos de plata de no más de 2.5 cm de altura.

Eran tan frágiles, que les llevó tres años encontrar la manera de desenrollarlos sin que se desintegren. Los rollos resultaron ser kemayot, amuletos, conteniendo, entre otros textos, las bendiciones sacerdotales. Fueron datados científicamente en el siglo sexto a.e.c., en la época de Jeremías y de los últimos días del Primer Templo, cuatro siglos antes de los más antiguos textos bíblicos conocidos hasta el momento, los Rollos del Mar Muerto. Los amuletos están expuestos en el Museo de Israel, un testimonio de la antigüedad de la conexión de los judíos con su tierra y de la continuidad de la fe judía.

Lo que les otorga a esos versos tanta fuerza es su simplicidad y su belleza. Tienen una sólida estructura rítmica. Cada frase contiene tres, cinco y siete palabras respectivamente. En cada una de ellas, la segunda palabra es “el Señor”. En las tres, la primera parte se refiere a una actividad concerniente a Dios: – “bendiga”, “ilumine Su rostro”, “torne Su rostro”. La segunda parte describe el efecto de la bendición sobre nosotros, dándonos protección, gracia y paz.

En cierta forma también se conectan con la intimidad. El primer versículo, “Que el Señor te bendiga y te proteja”, refiere, como observan los estudiosos, a bendiciones materiales: sustento, salud física y otros. El segundo, “Que el Señor torne Su rostro hacia ti y te agracie” concierne a la bendición moral. Hen, gracia, es lo que mostramos a otras personas y ellos a nosotros. Es interpersonal. Aquí estamos pidiéndole a Dios que nos dé algo de Su gracia a nosotros y  también a otros, para que podamos vivir unidos, sin las envidias y disputas que pueden envenenar las relaciones.

El tercero es el más introspectivo de todos. Hay un hermoso cuento en el que una multitud de personas se congrega en una montaña para observar el paso de una gran nave. Un niño saludaba enérgicamente, y una de las personas presentes le preguntó por qué lo hacía. “Lo hago para que el capitán del barco me vea y me salude a mí”. “Pero”, dijo el hombre,

“el barco está muy lejos y aquí hay mucha gente. Qué te hace pensar que el capitán te podrá ver?” “Porque,” dijo el niño “el capitán es mi papá. Va a estar buscándome entre la multitud.”

Eso es lo que a grandes rasgos quiere decir “Que el Señor torne Su rostro hacia ti”. Hay siete mil millones de personas en la faz de la tierra. Qué somos más que una cara en la multitud, una ola en el océano, un grano de arena en la orilla del mar? El hecho es que somos los hijos de Dios. Él es nuestro padre. Torna su rostro hacia nosotros. Le importa.

El Dios de Abraham no es una fuerza natural ni tampoco la sumatoria de todas las fuerzas de la naturaleza combinadas. Un tsunami no se detiene para preguntar quién será su víctima. No hay nada personal en un terremoto o un tornado. La palabra Elohim significa algo así como  “la fuerza de las fuerzas, la causa de las causas, la totalidad de todas las leyes científicamente descubribles.” Se refiere a todos los aspectos impersonales de Dios. También se refiere al atributo de justicia, ya que la justicia es esencialmente impersonal.

Pero el nombre que llamamos Hashem – el nombre utilizado en las bendiciones sacerdotales y en casi todos los textos de ese tipo – es el de Dios en su relación con nosotros como personas, individuos, cada uno con su particular configuración propia de esperanzas y temores, dones y posibilidades. Hashem es el aspecto de Dios que nos permite usar el nombre “Tú”. Él es el Dios que nos habla y que escucha cuando Le hablamos. Cómo ocurre esto, no lo sabemos, pero que el hecho de que sí ocurre es esencial para la fe judía.

El llamar a Dios Hashem es una confirmación trascendental del significado del esquema de las cosas. Nosotros valemos como individuos porque Dios nos cuida como lo hace un padre con su hijo. Ese es uno de los motivos por los cuales las bendiciones sacerdotales están todas en singular, para enfatizar que Dios nos bendice, no sólo colectivamente sino también individualmente. Como dijeron los sabios, una vida es como el universo.

De ahí el significado de la última bendición. Saber que Dios tornó Su rostro hacia nosotros – que no somos sólo una cara no identificable en la multitud sino que Dios se relaciona con nuestra singularidad e individualidad – es la más profunda y definitiva fuente de paz. La competencia, las disputas, la ilegalidad y la violencia provienen de la necesidad psicológica de demostrar que valemos. Hacemos cosas para comprobar que yo soy más poderoso, más rico o más exitoso que tú. Puedo provocarte temor. Puedo someterte a mi voluntad, transformarte en mi víctima, mi sujeto, mi esclavo. Todas estas cosas demuestran, no la fe, sino un profundo fracaso de la fe.

Fe significa que yo creo que a Dios le importo. Estoy aquí porque Él quiso que estuviera. El alma que Él me dio es puro. Aunque sea como el niño en la montaña que ve pasar la nave, sé que Dios me observa, me contesta cuando yo Lo saludo. Esa es la más profunda fuente de paz interior. No necesitamos comprobación alguna para recibir una bendición de Dios. Todo lo que necesitamos saber es que Su rostro se torna hacia nosotros. Cuando estamos en paz con nosotros mismos, podemos comenzar a estar en paz con el resto del mundo.

Así las bendiciones se vuelven más extensas y profundas: de la bendición externa por los bienes materiales a la bendición impersonal de gracia entre nosotros y los otros, hasta la más íntima de todas, la paz mental que sobreviene cuando sentimos que Dios nos ve, nos oye, y nos sostiene en Sus brazos eternos.

Un detalle adicional de la bendición sacerdotal que es única, es la bendición que los sabios definieron que debían pronunciar los cohanim por la mitzvá: “Bendito eres…que nos has hecho santos con la santidad de Aarón y que nos has ordenado bendecir a Su pueblo Israel con amor.”

Es esta última palabra, be-ahavá, la que es inusual. Parece no tener sentido alguno. Idealmente deberíamos cumplir todas nuestras obligaciones con amor. Pero la ausencia de amor no invalida ningún otro mandamiento. En todo caso, la bendición como mandamiento significa que es una forma de actuar intencionalmente. Hubo una discusión entre los sabios acerca de si las mitzvot debían hacerse con intención (kavaná) o no. Pero con o sin kavaná decir la bendición de antemano revela que tenemos la intención de cumplir con el mandamiento. Pero la intención es una cosa, y la emoción es otra. Seguramente lo importante es que los cohanim reciten la bendición y Dios hará lo demás. Qué diferencia hay si lo hacen con o sin amor?

Los estudiosos discutieron acaloradamente sobre esta pregunta. Algunos dijeron que el hecho de que los cohanim estén frente a la gente es como si fueran querubines en el Tabernáculo, cuyas caras “estaban enfrentadas una con otra” como señal de amor. Otros cambiaron el orden de las palabras. Dijeron que la bendición en realidad significa que “Quien nos ha hecho santos con la santidad de Aarón y que con amor nos ha ordenado bendecir a su pueblo Israel- “Amor” en este caso se refiere al amor de Dios por Israel, no por los cohanim.

Sin embargo a mí me parece que la explicación es esta: la Torá dice explícitamente que aunque los cohanim dicen las palabras, es Dios el que envía la bendición. “Pongan mi nombre sobre los israelitas, y Yo los bendeciré.” Generalmente cuando cumplimos una mitzvá, es que nosotros estamos haciendo algo. Pero cuando los cohanim bendicen a la gente, no están haciendo algo propio. Están actuando como canales a través de los cuales fluyen las bendiciones hacia adentro del mundo y de nuestras vidas. Esto sólo lo hace el amor. Amor significa que no estamos enfocados en nosotros mismos sino en el otro. Amor es abnegación. Y solo la abnegación nos permite ser un canal a través del cual fluye una fuerza más grande que nosotros mismos, el amor que como dijo Dante “mueve el sol y las otras estrellas,” el amor que trae nueva vida al mundo.

Para bendecir, debemos amar, y ser bendecido es saber que estamos siendo amados por Él, que es más vasto que el universo, y que sin embargo torna su rostro hacia nosotros como un padre a su hijo adorado. Saber eso, es encontrar la verdadera paz espiritual.

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