Beshalaj 5774 – Mirando hacia arriba

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

Beshalaj 5774 – Mirando hacia arriba

Los israelitas han cruzado el Mar Rojo. Lo imposible ha sucedido. El ejército más poderoso del mundo antiguo – los egipcios con sus carrozas tiradas por caballos – han sido destruidos y ahogados. El pueblo ahora era libre. Pero el alivio fue corto. Casi inmediatamente enfrentaron un ataque de los amalecitas, y ellos tuvieron que pelear una batalla, esta vez aparentemente sin milagros de Dios. Ellos lo hicieron y ganaron. Esta fue un decisivo punto que dio un giro a la historia, no solo para los israelitas sino también para Moisés y su liderazgo del pueblo.

El contraste entre antes y después del Mar Rojo no podía ser más completo. Antes, encarando el acercamiento de los egipcios, Moisés le dice al pueblo: “Quédense quietos y verán la salvación que el Señor les traerá hoy….El Señor peleará por ustedes; ustedes necesitan estar en silencio solamente” (Ex. 14:13). En otras palabras: no hagan nada. Dios lo hará por ustedes. Y Dios lo hizo.

En el caso de los amalecitas, sin embargo, Moisés le dijo a Josué, “Elije hombres para nosotros, y prepara una batalla contra Amalek” (Ex. 17:9). Josué lo hizo y el pueblo libró una guerra. Esta fue la más grande transición de una situación en la que el líder (con la ayuda de Dios) hace por el pueblo, a una en la que el líder empodera al pueblo para que lo haga por sí mismo.

Mientras esto estaba sucediendo, la Torah enfoca nuestra atención en un detalle. Al tiempo que empezaba la batalla Mosiés subió a lo alto de una colina viendo el campo de batalla, con un báculo en su mano:

Mientras Moisés alzaba sus manos hacia arriba, los israelitas prevalecieron, pero cuando el dejaba que sus manos cayeran, los amalecitas prevalecían. Cuando las manos de Moisés se cansaban, tomaron piedras y las pusieron debajo de él, para que pudiera sentarse sobre ellas. Aarón y Hur entonces tomaron sus manos, uno a cada lado, y sus manos permanecieron estables hasta el atardecer. (Ex. 17:11-12).

¿Qué está pasando aquí? El pasaje puede ser leído de dos maneras. El báculo en la mano de Moisés – con el que había hecho los milagros en Egipto y en el mar – puede ser un signo de que la victoria de los israelitas podría ser milagrosa. Alternativamente, puede ser simplemente un recordatorio a los israelitas de que Dios está con ellos, dándoles fuerza.

Muy inusitadamente – desde que la Mishnah en general es un libro de leyes más que comentarios bíblicos – una Mishnah resuelve la pregunta:

¿Fueron las manos de Moisés las que hicieron o rompieron (el curso de) la guerra? En su lugar, el texto implica que cada vez que los israelitas veían hacia arriba y dedicaban sus corazón a su padre en el cielo, ellos prevalecían, pero si lo hacía de otra manera ellos caían (1)

La Mishnah es clara. Ni el báculo ni las manos levantadas de Moisés estaban haciendo un milagro. Ellos simplemente recordaban a los israelitas que miraran hacia el cielo y recordaran que Dios estaba con ellos. Esto les dio la confianza y el coraje para ganar.

Un principio fundamental del liderazgo es enseñado aquí. Un líder debe empoderar al equipo. Él no puede hacer el trabajo por ellos. Ellos deben hacerlo por sí mismos. Pero él debe, al mismo tiempo, darles la absoluta confianza de que ellos pueden hacerlo y ser exitosos. Él es responsable por su estado de ánimo y moral. Durante la batalla él no debe mostrar ninguna señal de debilidad, duda o miedo. Eso no siempre es fácil. Las manos de Moisés “se tornaron débiles”. Todos los líderes tienen sus momentos de agotamiento. En esos momentos el líder necesita apoyo – incluso Moisés necesitaba la ayuda de Aarón y Hur. Aunque al final, sus manos levantadas fueron el signo que los israelitas necesitaban para saber que Dios les estaba dando la fortaleza para prevalecer, y lo hicieron.

En la terminología de hoy en día, un líder necesita inteligencia emocional. Daniel Goleman, mejor conocido por su trabajo en el campo, argumenta que una de las tareas más importantes de un líder es formar y levantar el ánimo del equipo:

Los grandes líderes nos mueven. Ellos inician nuestra pasión e inspiran lo mejor en nosotros. Cuando tratamos de explicar por qué son tan efectivos, hablamos de estrategia, visión e ideas poderosas. Pero la realidad es mucho más primaria: El gran liderazgo trabaja a través de emociones. (2)

Los grupos tienen una temperatura emocional. Como individuos pueden estar felices o tristes, agitados o calmados, temerosos o confiados. Pero cuando ellos están juntos como grupo, un proceso de sintonización – “contagio emocional” – toma lugar, y ellos empiezan a compartir el mismo sentimiento. Los científicos lo han enseñado experimentalmente cómo, en quince minutos de empezar una conversación, dos personas empiezan a converger en los hacedores fisiológicos del estado de ánimo, tal como el ritmo del pulso. “Cuando tres extraños se sientan frente a frente en silencio por un minuto o dos, el que sea más emocionalmente expresivo transmite su estado de ánimo a los otros dos – sin hablar una sola palabra”. (3). La base fisiológico de este proceso, conocido como espejando, ha sido muy estudiado en años recientes, y observado entre primates. Es la base de la empatía, mediante la cual entramos en y compartimos los sentimientos de otras personas.

Esta es la base de uno de los más importantes roles de un líder. Es él o ella quién, más que los otros, determina el estado de ánimo del grupo. Goleman reporta en muchos estudios científicos demostrando cómo los líderes juegan un rol clave en determinar las emociones compartidas por el grupo:

Los líderes típicamente hablaban más que cualquiera, y lo que ellos dijeron era escuchado más cuidadosamente….Pero el impacto sobre emociones va más allá de lo que un líder dice. En estos estudios, incluso cuando los líderes no estaban hablando, ellos eran mirados más cuidadosamente que cualquier otro en ese grupo. Cuando las personas elevan una pregunta al grupo como un todo, mantendrán sus ojos en el líder para ver su respuesta. Desde luego, los miembros del grupo generalmente ven la reacción emocional del líder como la respuesta más válida, y modelan la propia sobre esa reacción – particularmente en una situación ambigua, donde varios miembros reaccionaron de manera diferente. En un sentido, el líder pone el estándar emocional. (4).

Cuando se trata de liderazgo, incluso las señales no verbales son importantes. Los líderes, al menos en público, deben proyectar confianza incluso si por dentro están vacilantes y llenos de dudas. Si revelan públicamente con una palabra o un gesto el miedo que sienten en privado, se arriesgan a desmoralizar al grupo.

No hay ejemplo más poderoso de esto que el episodio en el que el hijo del Rey David Absalom monta un golpe de estado contra su padre, proclamándose a sí mismo rey en lugar de su padre. Las tropas de David sometieron la rebelión, durante la cual Absalom muere, atrapado de los cabellos en un árbol, y apuñalado por Yoab, el comandante en jefe de David.

Cuando David escucha la noticia, se le rompe el corazón. Su hijo pudo haberse rebelado contra él, pero seguía siendo su hijo y está devastado por su muerte, cubriendo su cara y llorando, “¡Oh mi hijo Absalom! ¡Oh Absolom, mi hijo, mi hijo!” La noticia del duelo de David se esparce rápidamente entre el ejército, y ellos también – por contagio emocional – son tomados por el dolor. Yoab mira esto como desastroso. El ejército ha tomado grandes riesgos en pelear por David contra su hijo. Ellos no pueden empezar a lamentar su victoria sin crear confusión y fatalmente minar su moral:

Entonces Yoab fue hacia la casa del rey y dijo, “Hoy tú has humillado a todos tus hombres, quienes han salvado tu vida y las vidas de tus hijos e hijas y las vidas de tus esposas y concubinas. Tú amas a aquellos quienes te odian y odias a aquellos que te aman. Tú has hecho claro el día de hoy que los comandantes y sus hombres no significan nada para ti. Ahora ve afuera y dales coraje a tus hombres. Juro por el Señor que si no vas, ni un solo hombre seguirá contigo para la noche. Esto será peor para ti que todas las calamidades que han venido sobre ti y desde tu juventud hasta ahora.” (2 Samuel 19: 6-8).

David hace como Yoab insiste. Acepta que hay tiempo y lugar para el duelo, pero no ahora, no aquí, y sobre todo, no en público. Ahora es el tiempo de agradecer al ejército por su coraje en defensa del rey.

Un líder debe algunas veces silenciar sus emociones privadas si no quiere desmoralizar a aquellos que lidera. En el caso de la batalla contra Amalek, la primera batalla que los israelitas tuvieron que pelear por ellos mismos, Moisés tuvo un rol vital que realizar. Él tenía que darle al pueblo confianza haciendo que miraran hacia arriba.

En 1875 un arqueólogo amateur, Marcelino de Sautola, empezó a escavar la tierra en una cueva en Altamira cerca de la costa norte de España. Al principio encontró poco que le interesara, pero su curiosidad fue reavivada por una visita a la exhibición de Paris de 1878 donde una colección de implementos, arte y objetos de la era del Hielo estaba en exhibición. Determinado a ver si encontraba reliquias igualmente antiguas, regresó a la cueva en 1879.

Un día llevó a su hija de 9 años, María, con él. Mientras estaba buscando entre los escombros, ella paseó más adentro de la cueva y para su asombro vio algo sobre la pared arriba de ella. “Mira papá, bueyes” dijo. Eran, de hecho, bisontes. Ella había hecho uno de los más grandes descubrimientos de la prehistoria de todos los tiempos. Las magníficas pinturas de la cueva de Altamira, entre 25,000 y 35,000 años de antigüedad, fueron un descubrimiento tan sin precedentes que tomó veintidós años para que su autenticidad fuera aceptada. Por cuatro años Sautoula había estado a unos cuantos pies de un monumental tesoro, pero se lo había perdido por una razón. Se olvidó de mirar hacia arriba.

Uno de los temas recurrentes del Tanaj es la necesidad de mirar hacia arriba. “Levanta tus ojos sobre lo alto, y verás quién ha creado estas cosas”, dice Isaías (Is. 40:26). “He levantado mis ojos hacia las colinas. Desde ahí vendrá mi ayuda” dijo el Rey David en el Salmo 121. En el Deuteronomio Moisés le dice a los Israelitas que la Tierra Prometida no será como la plana planicie del Delta del Nilo donde el agua es mucha y de flujo regular. Será una tierra de colinas y valles, enteramente dependiente de la lluvia impredecible. (Deut. 11: 10-11). Será un paisaje que fuerce a sus habitantes a ver hacia arriba. Eso es lo que Moisés hizo por el pueblo en su primera batalla. Les enseñó a ver hacia arriba.

Ningún logro político, social o moral se logra sin formidables obstáculos. Hay intereses establecidos para ser confrontados, actitudes para cambiar, resistencias para sobrepasar. Los problemas son inmediatos, la última meta a menudo esta frustrantemente muy lejos. Cada misión colectiva es como liderar una nación a través del desierto hacia un destino que siempre está más distante de lo que parece cuando nos fijamos en el mapa.

Mira hacia abajo las dificultades y le podrás dar lugar a la desesperación. La única manera de sostener energías, individual o colectiva, es dar vuelta nuestra mirada hacia el horizonte lejano de la esperanza. El filósofo Ludwig Wittgenstein alguna vez dijo que su objetivo en la filosofía era “enseñarle a la mosca el camino de la botella de moscas”. La mosca está atrapada en la botella. Busca una forma de salir. Repetidamente golpea su cabeza contra el vidrio hasta que al final, exhausto, muere. Aun así la botella ha estado abierta todo el tiempo. Lo único que la mosca olvida hacer es mirar hacia arriba. Así, algunas veces, hacemos nosotros.

Es la tarea de un líder empoderar, pero también es su tarea inspirar. Eso es lo que Moisés hizo cuando, en la cumbre de la colina, viendo por completo al pueblo, levantó sus manos y su báculo hacia el cielo. Cuando el pueblo vio esto, supo que podían prevalecer. “Ni por el ejército, ni por la fuerza, pero por Mi espíritu”, dijo el profeta (Zacarías 4:6). La historia judía es un sostenido set de variaciones de este tema. Un pueblo pequeño que, afrontando la dificultad, al continuar mirando hacia arriba ganará grandes victorias y alcanzará grandes cosas.

SacksSignature

(1) Mishnah Rosh Hashanah 3: 8.

(2) Daniel Goleman, Primal Leadership, Harvard Business Review Press, 2002, 3.

(3) Ibem., 7.

(4) Ibem., 8.

 

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