Vayeshev 5774 – El Poder de la Alabanza

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

Vayeshev 5774 – El Poder de la Alabanza

Rubén es el líder que pudo haber sido pero que nunca fue. Él era el primogénito de Jacob. Jacob dice de él en su lecho de muerte, “Rubén, tú eres mi primogénito, mi poder, el primer signo de mi fuerza, sobresaliendo en honor, sobresaliendo en poder” (Gen. 49:3). Este es un tributo impresionante, sugiere presencia física y actitud autoritaria.

Más significativamente, en sus primeros años Rubén aparece constantemente como el más moralmente sensible de los hijos de Jacob. Él era el hijo de Leah, y de forma permanente sentía la decepción de su madre por no ser la favorita de Jacob. Aquí está la primera descripción de él como un niño:

Durante la cosecha de trigo, Rubén fue hacia los campos y encontró algunas plantas de mandrágora, las cuáles llevó a su madre Leah. (Gen. 30:14)

Se creía que las mandrágoras eran afrodisíacas. Rubén lo sabía e inmediatamente pensó en su madre. Era un gesto conmovedor pero falló porque se las presentó a Leah en la presencia de Raquel y sin intención causó una discusión entre ellas.

El siguiente episodio en el que vemos a Rubén es mucho más trágico:

Raquel muere y es enterrada en el camino a Efrat (esto es, Belén)….Mientras Israel está viviendo en esa región, Rubén va y duerme (vayishkav) con la concubina de su padre Bilhah…(Gen. 35:22)

Si lo entendemos literalmente esto equivaldría a un pecado mucho más grave. Dormir con la concubina de tu padre no era sólo un crimen sexual, sino un acto de traición imperdonable y deslealtad, como descubrimos después en el Tanaj. Absalón decide rebelarse contra su padre David y reemplazarlo como rey. Ahitophel le da el siguiente consejo:

“Duerme con las concubinas de tu padre aquellas quienes dejó para cuidar el palacio. Entonces todo Israel escuchará que te has hecho aborrecible a tu padre, y las manos de todos sobre ti serán más decididas” (2 Samuel 16:21)

De acuerdo a los sabios (Shabbat 55a-b), el texto sobre Rubén no debe ser entendido literalmente. Después de la muerte de Raquel, Jacob había movido su cama a la tienda de Bilhah, la sierva de Raquel. Esto, sintió Rubén, era una intolerable humillación para su madre. Era duro para Leah sobrellevar el hecho de que Jacob amara más a su hermana. Todo hubiera sido para ella insoportable si ella descubría que Jacob prefería incluso a la sierva de Raquel. Entonces Rubén movió la cama de Jacob de la tienda de Bilhah a la tienda de Leah. El verbo vayishkav debería ser traducido entonces no como “durmió con” sino “cambió los arreglos para dormir.”

En este punto, sin embargo, el texto hace una cosa extraña. Dice “Rubén fue dentro y durmió con (o cambió los arreglos para dormir de) la concubina de su padre Bilhah, e Israel escuchó sobre esto….” Y entonces señala a un corte de párrafo en el medio de la oración. La oración termina: “Jacob tuvo doce hijos”. Esto es muy raro ciertamente. Lo que sugiere es un silencio que se escucha. La comunicación se había roto completamente entre Jacob y Rubén. Si los sabios están en lo correcto en su interpretación, entonces esta es una de las más grandes tragedias en todo el Génesis. Jacob claramente creyó que Rubén había dormido con su concubina Bilhah. Él lo maldijo desde su lecho de muerte:

Inestable como el agua, tú no vas a sobresalir, porque fuiste a la cama de tu padre, hacia mi sillón y lo profanaste. (Gen. 49:4)

Aún así y de acuerdo con los sabios esto no pasó. Si Jacob hubiera tenido la voluntad de hablar con Rubén él hubiera descubierto la verdad, pero Jacob creció en una familia que carecía de una comunicación cándida y abierta (ver Pacto y Conversación Toldot 5774). Aunque por años Rubén fue sospechoso para su padre de un pecado que no había cometido – todo porque él se preocupaba de los sentimientos de su madre.

Lo que nos trae a un tercer episodio. El más trágico de todos. Jacob favorecía a José, hijo de su amada Raquel, y los otros hermanos lo sabían. Cuando Jacob le dio a José signos visibles de favoritismo, el manto ricamente bordado, los hermanos lo resintieron aún más. Cuando José empezó a tener sueños del resto de la familia reverenciándole, la animosidad entre los hermanos alcanzó su punto de ebullición.  Cuando ellos estuvieron lejos del hogar, pastoreando los rebaños, y José apareció en la distancia, su odio los hizo decidir, ahí y entonces, matarlo. Rubén sólo resistió:

Cuando Rubén escuchó esto, el trató de rescatarlo de sus manos. “No tomemos su vida” él dijo. “No derramen sangre. Aviéntelo dentro de esta cisterna aquí en el desierto, pero no le pongan las manos encima”. Rubén dijo esto para rescatarlo de ellos y llevarlo de regreso con su padre. (Gen. 37. 21:22)

El plan de Rubén era simple. Persuadió a sus hermanos que no mataran a José sino que lo dejaran ahí a morir de hambre en un pozo. Su intención era regresar después cuando los hermanos se hubieran ido, y rescatarlo. Cuando el regresó, sin embargo, José ya no estaba ahí. El había sido vendido como esclavo. Rubén estaba devastado.

Tres veces Rubén intentó ayudar pero a pesar de sus mejores intenciones, sus esfuerzos fallaron. Él era responsable por la única pelea registrada entre Leah y Raquel. Su padre erróneamente sospechó de él por un pecado mayor y lo maldijo en su lecho de muerte. El falló en salvar a José. Rubén sabía qué era correcto hacer, pero carecía de alguna manera de la confianza o el coraje para llevarlo a cabo hasta finalizarlo. El debió de haber esperado a dar las mandrágoras a Leah cuando ella estuviera sola. El debió de haber protestado ante su padre sobre los arreglos que le hizo para dormir. El debió de haber llevado a José a salvo y de regreso a casa.

¿Que pasó con Rubén, que lo hace carecer de confianza? La Torah da un toque inconfundible y conmovedor. Escucha a estos versos describiendo el nacimiento de los primeros tres hijos de Leah y Jacob:

Cuando el Señor vio que Leah no era amada, le permitió concebir, pero Raquel seguía sin hijos. Leah quedó encinta y dio a luz a un hijo. Lo llamó Rubén, pues ella dijo “Es porque el Señor ha visto mi miseria. Seguramente mi esposo me amará ahora.” Ella concibió nuevamente, y cuando dio a luz a un hijo ella dijo “Porque el Señor escuchó que yo no soy amada, el me da este hijo también.” Entonces lo llamó Simeón (Gen. 29:32-33).

En ambos casos, fue Leah y no Jacob quien le dio nombre a los niños – y ambos nombres eran un grito a Jacob que la notara y la amara – si no por ella misma al menos porque le había dado hijos. Jacob evidentemente no lo notó.

Rubén se convirtió en lo que se convirtió porque – al menos el texto parece implicarlo – la atención de su padre estaba en cualquier otra parte; él no se preocupaba por Leah o por sus hijos (el texto en sí mismo dice “el Señor vio que Leah no era amada”). Rubén supo esto y sintió intensamente la vergüenza de su madre y la aparente indiferencia de su padre.

Las personas necesitan estímulos si es que ellas van a liderar. Es fascinante contrastar al vacilante Rubén con el confiado, incluso sobre-confiado, José, amado y favorecido por su padre. Si nosotros queremos que nuestros hijos tengan la confianza de actuar cuando una acción es requerida, entonces debemos de empoderarlos, fortalecerlos y alabarlos.

Hay una fascinante Mishnah en la Ética de nuestros Padres (Avot 2:10-11):

Rabban Yochanan ben Zakkai tuvo cinco (preeminentes) discípulos, llamados Rabbi Eliezer ben Hyrcanus, Rabbi Joshua ben Chananya, Rabbi Yose el Sacerdote, Rabbi Shimon ben Netanel, y Rabbi Elazar ben Arakh. El solía contar su alabanza: Eliezer ben Hyrcanus: bien enyesado que nunca pierde una gota. Joshua ben Chananya: feliz aquel que le dio a luz. Yose el Sacerdote: un hombre piadoso. Shimon ben Netanel: un hombre que le teme al pecado. Elazar ben Arakh: una inagotable primavera.

¿Por qué la Mishnah, cuyo objetivo es enseñarnos verdades duraderas, nos da esta aparentemente trivial cuenta de los pupilos de Rabban Yohanan ben Zakkai lo que él solía decirles? La respuesta, creo yo, es que la Mishnah nos quiere decir cómo alabar discípulos, como ser un entrenador, un mentor, un guía: enfocados en la alabanza.

La Mishnah no simplemente dice que Yohanan ben Zakkai decía cosas buenas sobre sus estudiantes. Usa una elocución inusual: “Él solía contar (moneh) sus alabanzas,” queriendo decir, sus comentarios positivos eran precisos y exactamente apuntados. Él le decía a cada uno de sus discípulos cuál era su fuerza específica.

Eliezer ben Hyrcanus tenía una extraordinaria memoria. En un tiempo en el que la ley oral aún no se escribía, él podía recordar las enseñanzas de la tradición mejor que nadie. Elezar ben Arakh era creativo, capaz de encontrar un corriente interminable de interpretaciones frescas. Cuando nosotros seguimos nuestras pasiones y talentos específicos, contribuimos al mundo con lo que sólo nosotros podemos dar. Sin embargo, el hecho de que tengamos un talento excepcional también puede querer decir que tenemos deficiencias conspicuas. Nadie tiene todas las fortalezas. Suficiente es si tenemos una. Pero también debemos saber de qué carecemos.

Eliezer ben Hyrcanus se volvió tan fijado con el pasado que se resistió al cambio incluso cuando fue decidido por la mayoría de sus colegas. Eventualmente él fue ex-comunicado por no aceptar la regla de sus colegas (Baba Metzia 59b).

El destino de Elazar ben Arakh fue aún más triste. Después de la muerte de Yohanan ben Zakkai, él se separó de sus colegas. Ellos se fueron a Yavneh; él se fue a Hamat (Emmaus). Fue un lugar placentero para vivir y fue ahí donde la familia de su esposa vivía. Aparentemente estaba tan confiando con sus talentos intelectuales que creyó que podía mantener su escolaridad por él mismo. Eventualmente olvidó todo lo que había aprendido (Avot de-Rabbi Natan 14:6). El hombre más talentoso entre sus contemporáneos eventualmente murió casi sin hacer ninguna contribución duradera a la tradición.

Hay un delicado balance entre la negligencia que lleva a alguien a carecer de confianza para hacer las acciones necesarias, y la excesiva alabanza o favoritismo que crea una sobre-confianza y la creencia de que eres mejor que los otros. El balance es necesario si nosotros hemos de ser la luz del sol que ayuda a otros a crecer.

 

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