Jaie Sarah 5774 – Comenzando el viaje

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

Jaie Sarah 5774 – Comenzando el viaje

Hace un tiempo, un periódico británico, The Times, entrevistó a un prominente miembro de la comunidad judía – llamémoslo el Señor X – en su cumpleaños 92. La entrevista decía, “Casi todas las personas, cuando alcanzan su cumpleaños 92, empiezan a pensar en reducir la velocidad. Usted parece estar acelerando. ¿Por qué es eso?

La respuesta del Señor X fue esta: Cuando llegas a 92, empiezas a ver que la puerta se cierra, y yo tengo mucho que hacer antes que la puerta se cierre, entre más viejo me hago tendré que trabajar más duro”.

Algo como eso es la impresión que tenemos de Abraham en la parsha de esta semana. Sara, su constante compañera a través de sus viajes, ha muerto. Él tiene 137 años. Lo vemos haciendo el duelo de la muerte de Sara, y después él se mueve a la acción.

Él se embarca en una elaborada negociación de comprar un lote de tierra en la que pueda enterrarla. Como deja claro la narrativa, esta no es una tarea sencilla. El confiesa a la gente local, los hititas, que él es “un inmigrante y un residente entre ustedes”, queriendo decir que él sabe que no tiene derecho a comprar tierra. Eso hará tomar una concesión especial de parte de los hititas para que él lo pueda hacer. Los hititas de manera educada pero firme tratan de disuadirlo. Él no tiene necesidad de comprar un lote  de tierra para enterramiento. “Nadie entre nosotros te negará su sitio de sepultura para enterrar a tus muertos”. Él puede enterrar a Sarah en el cementerio de alguien más. Igualmente de manera educada pero no menos insistentemente, Abraham deja claro que está determinado a comprar tierra. En el evento, el paga un precio altamente inflado (400 shekels de plata) para poder comprar la tierra.

La compra de la cueva de Majpela es evidentemente un evento significativo, porque está registrado en gran detalle y con una terminología altamente legal, no solo aquí, pero tres veces de manera subsecuente en el Génesis, cada vez con la misma formalidad. Por ejemplo aquí está Jacob en su lecho de muerte, hablando a sus hijos:

“Entiérrenme con mis padres en la cueva en el campo de Efron el hitita, la cueva en el campo de Majpela, cerca de Mamre en Canaán, que Abraham compró a Efron el hitita junto con el campo como un lugar de entierro.  Ahí Abraham y su esposa Sara fueron enterrados, ahí Isaac y su esposa Rivka fueron enterrados, y ahí yo enterré a Leah. El campo y la cueva en el fueron comprados a los hititas.” (Gen. 49: 29-32)

Algo significante se está insinuando aquí, de otra manera, ¿por qué mencionar, cada vez, exactamente dónde está el campo y a quién se lo compró Abraham?

Inmediatamente después la historia de la compra de tierra, leemos, “Abraham era Viejo, bien avanzado en años,  y Dios había bendecido a Abraham con todo”. Otra vez esto suena como el final de una vida, no un prefacio hacia un nuevo curso de acción, y otra vez nuestra expectativa es confundida. Abraham se lanza hacia a una nueva iniciativa, tiempo para encontrar una esposa idónea para su hijo Isaac, quien ahora tiene al menos 37 años. Abraham no deja nada al azar. Él no habla con Isaac mismo, sino con el sirviente en quien más confiaba, a quien le da instrucciones de ir “a una tierra nativa, a mi lugar de nacimiento,” y encontrar a la mujer apropiada. Él quiere que Isaac tenga una esposa que compartirá su fe y su forma de vida. Abraham no especifica que ella debe venir de su propia familia, sino esto parece ser que es una suposición que flota de fondo.

Como con la compra de este campo, aquí mismo, el curso de eventos se describe con más detalle  que en cualquier otra parte de la Torah. Cada conversación que se intercambia está registrada. El contraste con la historia del sacrificio de Isaac no puede ser más grande. Ahí, casi todo – los pensamientos de Abraham, los sentimientos de Isaac – es dejado sin decir. Aquí, todo se dice. Otra vez, el estilo literario llama nuestra atención al significado de lo que está pasando, sin decirnos exactamente qué es.

La explicación es simple e inesperada. A través de la historia de Abraham y Sara, Dios les había prometido dos cosas: hijos y tierra. La promesa de la tierra (“Levanta, camina en la tierra a través de toda su longitud y anchura porque Yo te la daré”) se repite no menos que siete veces. La promesa de hijos ocurre cuatro veces. Los descendientes de Abraham serán “una gran nación”, tantos como “el polvo de la tierra” y “las estrellas en el cielo”; él será padre no de una nación sino de muchas.

A pesar de esto, cuando Sara muere, Abraham no tiene una sola pulgada de tierra que él pueda llamar propia, y tiene un solo hijo que continuará el pacto, Isaac, actualmente sin casarse. Ninguna promesa ha sido cumplida. Entonces el extraordinario detalle de las dos historias principales en Jaie Sara: la compra de tierra y encontrar esposa para Isaac. Hay un moral aquí, y la Torah reduce la velocidad de la narrativa, para que no perdamos el punto.

Dios promete, pero tenemos que actuar. Dios prometió a Abraham tierra, pero él tenía que comprar el primer campo. Dios prometió a Abraham muchos descendientes, pero Abraham tenía que asegurar que su hijo estuviera casado, y con una mujer que pudiera compartir la vida del pacto, para que Abraham pudiera tener, como decimos hoy, “nietos judíos.”

A pesar de todas las promesas, Dios no lo hace y no lo hará solo. Por el simple acto de la auto-limitación (tzimtzum) a través de la que Él crea el espacio de la libertad humana, Él nos da responsabilidad, y sólo ejercitándola alcanzaremos nuestra estatura completa como seres humanos. Dios salvó a Noé del diluvio, pero Noé tuvo que hacer el arca. Él le dio la tierra de Israel al pueblo de Israel, pero el pueblo tuvo que pelear batallas. Dios nos da fortaleza para actuar, pero nosotros tenemos que cerrar el trato. Lo que cambia al mundo, lo que llena nuestro destino, no es lo que Dios hace por nosotros sino lo que nosotros tenemos que hacer por Dios.

Eso es lo que los líderes entienden que hizo de Abraham el primer líder judío. Los líderes toman la responsabilidad de crear las condiciones a través de las que los propósitos de Dios pueden ser completados. No son pasivos sino activos, incluso en la vejez, como Abraham en la parsha de esta semana. Sin duda en el siguiente capítulo, para nuestra sorpresa, leemos que después de la muerte de Sara, Abraham toma otra esposa y tiene ocho hijos más. Lo que sea que eso nos diga, y aquí hay muchas interpretaciones (la más probable es la que explica cómo Abraham se convirtió en “el padre de muchas naciones”), eso seguramente converge en el punto en el que Abraham se mantuvo joven al igual que Moisés se mantuvo joven, “Su entusiasmo no decayó y su energía natural permaneció imbatible”. Acciones difíciles que requieren energía, nos dan energía. El contraste entre Noé en su vejez y Abraham en su vejez no puede ser más grande.

Quizá aunque el punto más importante es que grandes promesas –tierra, hijos incontables – se hacen realidad a través de pequeños inicios. Los líderes empiezan con una visión de futuro, pero también saben que hay un largo camino entre aquí y allá y que nosotros sólo podemos alcanzarlo una acción a la vez, un día a la vez. No hay atajos milagrosos, y si los hubiera, no ayudarían. Haría logros como en la calabaza de Jonás que creció en la noche, y después murió durante la noche. Abraham adquirió solo un campo, y tenía un solo hijo que continuaría el pacto. Aún así él no se quejó, y murió sereno y satisfecho. Porque él había empezado. Porque él había dejado a las futuras generaciones algo sobre lo cual construir. Todo gran cambio está en el trabajo de más de una generación, y ninguno de nosotros vive para ver el fruto de nuestros esfuerzos.

Los líderes ven el destino, inician el viaje, y dejan atrás a todos aquellos que continuarán con esto. Eso es suficiente para dotar una vida con inmortalidad.

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