Va’etchanan 5774 – El menor de todos los pueblos

jonathan_sacksComentario del Rabino Jonathan Sacks, traducido del ingles por Ana Barrera.

Editor: Marcello Farias

 

Va’etchanan 5774 – El menor de todos los pueblos

Enterrada discretamente en la parsha de esta semana está una pequeña oración con potencial explosivo, causándonos pensar otra vez sobre la naturaleza de la historia judía y de la tarea judía en el presente.

Moisés había recordado a la nueva generación, los hijos de aquellos que dejaron Egipto, de la extraordinaria historia de la que ellos eran herederos:

Pregunten sobre los días pasados, mucho antes de su tiempo, el día que Dios creó a los seres humanos sobre la tierra; pregunten de un extremo de los cielos al otro. ¿Ha sucedido algo tan grande alguna vez, o se ha escuchado sobre algo tan grande? ¿Algún otro pueblo ha escuchado la voz de Dios hablando desde el fuego, como ustedes lo escucharon, y vivieron? ¿Algún otro dios alguna vez intentó tomarse para sí mismo a una nación desde dentro de otra nación, por pruebas, por signos y maravillas, por guerra, por una mano poderosa y un brazo extendido, o por grandes e increíbles obras, como todas las cosas que el Señor su Dios hizo por ustedes en Egipto ante sus ojos?

Los israelitas no habían cruzado aún el Jordán. Ellos no habían empezado aún su vida como nación soberana en su propia tierra. Aún así, Moisés estaba seguro, con una certeza que podía ser sólo profética, que ellos eran un pueblo como ningún otro. Lo que les había pasado era único. Ellos eran y son una nación llamada a la grandeza.

Moisés les recuerda de la gran revelación en el Monte Sinaí. El les recuerda los Diez Mandamientos. El les entrega el más famoso de los resúmenes de la fe judía: “Escucha Israel: El Señor tu Dios es uno”. Emite el más majestuoso de los mandamientos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza”. Dos veces el le dice al pueblo que enseñe estas cosas a sus hijos. El les da su eterna misión como una nación: “Ustedes son el pueblo santo del Señor su Dios. El Señor su Dios los ha elegido de todos los pueblos en la faz de la tierra para ser su pueblo, su atesorada posesión”. (Deut. 7:6)

Entonces Moisés dice:

El Señor no puso su afecto sobre ustedes y los eligió porque ustedes eran más numerosos que otros pueblos, pues son el menor de todos los pueblos. (Deut. 7:7)

¿El menor de todos los pueblos? ¿Qué ha pasado con todas las promesas en Bereshit que los hijos de Abraham serían numerosos, incontables, como las estrellas en el cielo, el polvo en la tierra, y los granos de arena sobre la orilla del mar? ¿Qué pasa sobre la declaración de Moisés al inicio del Devarim: “El Señor tu Dios ha aumentado tus números para que el día de hoy seas tan numeroso como las estrellas en el cielo” (Deut. 1:10)?

La respuesta simple es esta. Los israelitas eran sin duda numerosos comparados con lo que ellos alguna vez fueron. El mismo Moisés lo pone de esta manera en la parsha de la próxima semana: “Tus ancestros quienes fueron hacia Egipto eran setenta en total, y ahora el Señor tu Dios te ha hecho numeroso como las estrellas en el cielo” (Deut. 10:22). Ellos alguna vez fueron una sola familia, Abraham, Sara y sus descendientes, y ahora ellos se habían convertido en una nación de doce tribus.

Pero – y éste es el punto de Moisés aquí – comparado con otras naciones, ellos aún eran pequeños. “Cuando el Señor tu Dios te traiga a la tierra a la que estás entrando para poseer y expulsa de delante de ti a muchas naciones – los hititas, los gergeseos, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos, siete naciones más grandes y fuertes que tu…” (7:11). En otras palabras, no sólo fueron los israelitas más pequeños que los grandes imperios del mundo antiguo. Eran incluso más pequeños que otras naciones de la región. Comparado con sus orígenes ellos habían crecido, pero comparados con sus vecinos, ellos permanecían pequeños.

Moisés les dice lo que esto significa:

Se podrán decir a ustedes mismos, “Estas naciones son más fuertes que nosotros. ¿Cómo podemos expulsarlos?” Pero no les temáis; recuerden lo que el Señor su Dios le hizo a todo Egipto. (Deut. 7:17-18)

Israel sería la más pequeña de las naciones por una razón que va al corazón de su existencia como nación. Ellos demostrarían al mundo que un pueblo no tiene que ser grande para ser grandioso. No hay que ser numeroso para derrotar enemigos. La historia única de Israel nos demostrará que, en las palabras del profeta Zacarías (4:6), “No por fuerza ni poder, pero por Mi espíritu, dice el Señor Todopoderoso”.

En sí mismo, Israel sería testigo de algo más grande que él mismo. Como lo puso Nicolay Berdyayev, filósofo ex-marxista:

Recuerdo cómo la interpretación materialista de la historia, cuando intentaba en mi juventud verificarla aplicándola a los destinos de los pueblos, se rompió en el caso de los judíos, donde el destino se veía absolutamente inexplicable desde el punto de vista materialista….Su sobrevivencia es un fenómeno misterioso y maravilloso demostrando que la vida de su pueblo está gobernada por una predeterminación especial, trascendiendo los procesos de adaptación expuestos por la interpretación materialista de la historia. La sobrevivencia de los judíos, su resistencia a la destrucción, su resistencia bajo condiciones absolutamente peculiares y el fatídico rol que han tenido en la historia: todos esto apunta al peculiar y misteriosos cimientos de su destino. [1]

La declaración de Moisés tiene inmensas implicaciones para la identidad judía. La proposición implícita a través del Pacto y Conversación de este año es que los judíos hemos tenido una influencia fuera de todas proporciones hacia los números porque estamos llamados a ser líderes, a tomar responsabilidad, a contribuir, a hacer la diferencia en las vidas de otros, a llevar la Divina presencia hacia el mundo. Precisamente porque somos pequeños, cada uno está llamado a la grandeza.

S.Y. Agnon, el gran escritor hebreo, compuso una plegaria para acompañar el Kadish de Duelo. El notó que los hijos de Israel siempre han sido menos en número comparado a otras naciones. El entonces dijo que cuando un rey reina sobre una población grande, el no nota cuando uno muere, porque hay otros que toman su lugar. “Pero nuestro Rey, el Rey de Reyes, el Único Santo, Bendito sea Él…nos eligió, y no porque somos una nación grande, sino porque somos una de las naciones más pequeñas. Somos pocos, y debido al amor con el que El nos ama, a cada uno de nosotros, por El, una legión entera. El no tiene muchos reemplazos para nosotros. Si uno de nosotros está perdido, el Cielo no lo permita, entonces las fuerzas del Rey son disminuidas, con las consecuencias que Su reino está debilitado, por ponerlo así. Una de Sus legiones se ha ido y Su grandeza está disminuida. Por esta razón es nuestra costumbre recitar el Kadish cuando muere un judío.” [2]

Margaret Mead dijo alguna vez: “Nunca dudes que un grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar al mundo. De hecho, es lo único que lo ha hecho”. Gandhi dijo: “Un pequeño cuerpo de espíritu determinado por una inextinguible fe en su misión puede alterar el curso de la historia”. Eso debe ser nuestra fe como judíos. Nosotros podemos ser el más pequeño de todos los pueblos pero cuando Dios nos llama, nosotros tenemos la habilidad, probado muchas veces en nuestro pasado, de reparar y transformar al mundo.

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[1] Nicolay Berdyayev, The Meaning of History, Transaction Publishers, 2005, 86.

[2] Citado en Leon Wieseltier, Kaddish,London : Picador, 1998, 22-23.

 

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