Miriam, la amiga de Moshé (Jukat 5781)

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Este es de uno de los grandes misterios de la Torá. Al arribar a Kadesh los israelitas se encuentran sin agua. Se quejan ante Moshé y Aarón. Los dos líderes van a la Tienda de Reunión donde les dice Dios que tomen una vara y le hablen a la roca, con lo cual el agua surgirá.

Luego, el comportamiento de Moshé es extraordinario. Toma la vara. Él y Aarón reúnen al pueblo y Moshé les dice: “Escuchen ahora, rebeldes, ¿sacaremos el agua de esta roca?” Entonces Moshé alzó su brazo y golpeó dos veces la roca con la vara”. (Números 20:10-11)

Esta fue la acción que le  impidió a Moshé y Aarón liderar al pueblo y cruzar el Jordán hacia la Tierra Prometida. “Porque no han tenido suficiente fe en Mí para  santificarme ante los israelitas, ustedes no guiarán a esta comunidad hacia la tierra que Yo les he otorgado”. (Números 20:12)

Los comentaristas están en desacuerdo sobre qué aspecto del comportamiento de Moshé causó la trasgresión: ¿su enojo? ¿El acto de golpear la roca en lugar de hablarle? ¿La implicación de que fueron él y Aarón, y no Dios quienes estaban sacando agua de la roca? Yo señalé en un texto anterior de Convenio y Conversación que Moshé no pecó ni fue castigado. Simplemente, actuó como le había indicado Dios cuarenta años antes cuando le indicó que golpeara la roca. (Éxodo 17:6) Ahí demostró que aunque era el líder adecuado para el pueblo que había sido esclavizado en Egipto, no lo era para los hijos que habían nacido en libertad y que serían los que conquistarían la tierra.

Esta vez, sin embargo, quiero plantear una pregunta distinta. ¿Por qué? ¿Por qué falló Moshé en esta prueba en particular? Después de todo, había estado en una situación similar dos veces antes. Después de atravesar el Mar Rojo el pueblo había transitado durante tres días sin hallar agua. Al tiempo, la encontraron, pero tenía un gusto amargo y el pueblo se quejó. Dios le enseñó a Moshé cómo endulzar el agua.

 (Éxodo 15:22-26)

Al arribar a Refidim, nuevamente les faltó el agua y protestaron. Desesperado, Moshé  le dijo a Dios “¿Qué es lo que debo hacer con esta gente? Están por lapidarme”. Dios pacientemente le enseña a Moshé qué hacer, y el agua fluye de la roca. (Éxodo 17: 1-7)

Moshé, por lo tanto, había resuelto exitosamente dos desafíos similares en el pasado. ¿Por qué en esta tercera ocasión perdió el control emocional? ¿Qué cambió?

La respuesta está explícitamente indicada en el texto, pero expuesta de forma tal  que podemos no percibir su significado. Es la siguiente:

En el primer mes, la totalidad de la comunidad israelita llegó al Desierto de  Zin, y permaneció en Kadesh. Ahí murió Miriam y fue enterrada. (Números 20:1)

Inmediatamente después leemos: “Y ahora no había agua para la comunidad, y el pueblo se reunió para oponerse a Moshé y Aarón”. Un famoso pasaje talmúdico[1]explica que fue por el mérito de Miriam que los israelitas tenían un pozo de agua que milagrosamente los acompañaba en sus travesías.  Cuando Miriam murió, el agua cesó. Esta interpretación señala la secuencia de eventos en forma simple y sobrenatural. Miriam murió. No hubo más agua. De aquí podemos inferir que hubo agua mientras vivía Miriam. Era un milagro por mérito de ella.

Sin embargo, hay otra manera de leer este pasaje en forma natural y psicológica. La conexión entre la muerte de Miriam y los acontecimientos que siguieron tenía menos que ver con el pozo milagroso y más con la respuesta de Moshé a las quejas de los israelitas.

Esta fue la primera prueba que debía enfrentar como líder del pueblo sin la presencia de su hermana. Recordemos qué significaba Miriam para Moshé. Era su hermana mayor. Ella definió su destino cuando él flotaba en el Nilo en una cesta impermeabilizada. Tuvo la presencia de ánimo y la audacia de hablarle a la hija del Faraón para qué él fuera cuidado por una mujer israelita, Iojeved, su madre. Si no hubiera sido por Miriam, Moshé habría crecido sin saber quién era y a qué pueblo pertenecía.

Miriam es una presencia semioculta en gran parte de la narrativa. La vemos liderando a las mujeres en la canción del Mar Rojo, por lo que está claro que tanto ella como Aarón tenían roles de liderazgo. Percibimos cuánto significaba para Moshé cuando, en un oscuro pasaje, tanto ella como Aarón “comienzan a hablar en contra de Moshé a causa de su mujer cushita, ya que Moshé  se había casado con una mujer cushita”. (Números 12:1) No sabemos exactamente cuál fue el tema pero sí sabemos que Miriam fue castigada con la lepra. Aarón se dirige angustiosamente a Moshé y le pide que interceda a su favor, cosa que hace con la simple elocuencia del rezo más breve del que se tenga registro  (cinco palabras en hebreo)  “Por favor Dios, cúrala ahora”. Moshé aún la ama profundamente, aunque ella haya hablado mal de él.

Es recién en esta parashá que comenzamos a percibir todo el alcance de su influencia, y de manera implícita Por primera vez, Moshé enfrenta un desafío sin ella, y por primera vez pierde el control emocional en presencia del pueblo. Este es uno de los efectos del duelo, y los que lo han sufrido afirman que la pérdida de un hermano o hermana es peor que la de un padre o madre. La muerte de un padre es parte del orden natural de la vida. La de un hermano puede ser más inesperada y generar una desorientación más profunda. Y Miriam no era una hermana cualquiera. Moshé le debió a ella toda su relación con su familia natural así como su identidad como hijo de Israel.

Decir que el liderazgo es una actividad solitaria  es un cliché. Pero, al mismo tiempo, ningún líder puede sobrevivir por sí solo. Itró se lo aconsejó  Moshé muchos años antes. Al verlo liderar al pueblo en soledad le dijo “Tú y toda la gente que acude a ti sólo se desgastarán. La tarea es demasiado pesada para ti, no puedes hacerla solo”. (Éxodo 18: 18) El líder necesita tres tipos de soporte: 1. aliados que luchen junto a él; 2. tropas o equipos en quienes pueda delegar y 3. un confidente o confidentes con los que pueda compartir sus dudas y temores, que sean capaces de escuchar sin otro propósito que su presencia de apoyo, que puedan darle el coraje, la confianza y la resiliencia necesaria para seguir adelante.

Al haber  conocido personalmente a muchos líderes en diversas áreas, puedo afirmar con toda certeza que es falso pensar que las personas en posiciones de liderazgo son insensibles. La mayoría de los que he conocido no lo es. Frecuentemente son muy vulnerables. Suelen sufrir intensamente por las dudas e incertidumbres. Saben que muchas veces el líder debe elegir entre dos males, sin saber nunca cómo resultará su decisión. Los líderes pueden ser afectados por las críticas y por la traición de personas que consideraban amigas. Por ser líderes, raras veces muestran esas señales de vulnerabilidad en público. Deben proyectar una certeza y confianza que no sienten.  Ronald Heifetz y Marty Linsky, los expertos en liderazgo de la Universidad de Harvard, tienen razón en afirmar: “La dura realidad es que no es posible experimentar la alegría y la recompensa del liderazgo sin además experimentar  el dolor[2]”.

Los líderes necesitan confidentes, personas que “te digan lo que no quieres oír y que no puedes escuchar de ningún otro, personas en las que puedes confiar sin que tus revelaciones sean expuestas en el ámbito laboral”.  Un confidente se preocupa más por lo que te pasa, que por los temas en cuestión. Te animan  cuando estás triste, y te conducen suavemente a la realidad cuando caes en el peligro del auto elogio o complacencia. Heifetz y Linsky escribieron: “Casi todas las personas que hemos conocido con experiencias complicadas de liderazgo han confiado en un confidente para seguir adelante[3]”.

Maimónides en sus Comentarios a la Mishná considera este como uno de los cuatro tipos de amistad[4].Lo llama la “amistad de confianza” (javer habitajon) y lo describe como la persona en la que “se tiene una confianza absoluta, con la que puede estar completamente abierto y sin reparos,” sin esconder las buenas noticias ni las malas, sabiendo que la otra persona no obtendrá ventaja de las confidencias compartidas, ni las compartirá con otros. 

Una lectura  minuciosa de este famoso episodio en el contexto de la vida temprana de Moshé revela que Miriam era su “amiga de confianza,” su confidente, su fuente de estabilidad emocional, y cuando ya no estuvo, él no pudo resolver la crisis como lo había hecho hasta entonces.

Aquellos que son fuente de fortaleza para los demás también necesitan su propia fuente de fortaleza. La Torá nos relata explícitamente cuán frecuentemente fue Dios la fuente de fortaleza para Moshé. Pero parecería que hasta el mismo Moshé necesitó una amistad humana, que sería Miriam. Al ser  una líder ella misma, también resultó ser la fuente de fortaleza de su hermano.Aun los más grandes no pueden liderar solos.


  1. ¿Cómo priorizas a tus hermanos o hermanas y amigos más cercanos?
  2. ¿Te resulta sorprendente qué, según la experiencia del Rabino Sacks, los líderes sean tan sensibles?
  3. ¿Qué podemos aprender de Miriam?

[1] Taanit 9a.

[2] Ronald Heifetz and Marty Linsky, Leadership on the Line, Boston, Harvard Business School Press, 2002, 227.

[3] Ibid., 200.

[4] Maimónides, Comentario a la Mishná Avot 1:6.


Traductores

Carlos Betesh

Editores

Michelle Lahan