Rectitud no es liderazgo (Noaj 5781)

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El elogio otorgado a Noaj no tiene paralelo en todo el Tanaj. Él fue, dice la Torá, “un hombre justo, perfecto en sus generaciones, Noaj caminaba con Dios.” Elogio no dado a Abraham, Moshé, ni a ninguno de los Profetas. El único personaje bíblico que se le acerca en este aspecto es Job, descrito como “recto y sin culpa (tam ve-yashar); él temía a Dios y evitaba el mal” (Job 1:1). De hecho, Noaj es el único personaje del Tanaj merecedor de la mención de “justo” (tzadik).

Y sin embargo el Noaj que vemos al final de su vida no es el mismo que el del principio. Después del Diluvio:

Noaj, hombre de la tierra, procedió a plantar un viñedo. Cuando bebió algo del vino, se emborrachó y quedó tumbado, sin cobertura, dentro de su tienda. Jam, el padre de Canaán, vio a su padre desnudo y se lo dijo a sus dos hermanos que estaban afuera. Pero Shem y Iafet tomaron una túnica, la colocaron sobre sus hombros, caminaron hacia atrás y cubrieron el cuerpo desnudo de su padre. Tornaron sus caras hacia un costado para no ver la desnudez de su padre.

Génesis 9:20-23

El hombre de Dios se ha convertido en un hombre de la tierra. El hombre altivo se ha transformado en un borracho. El hombre vestido de virtud yace ahora desnudo. El hombre que salvó a su familia del Diluvio se ha vuelto tan indigno que dos de sus hijos tienen vergüenza de verlo. Es una historia de declinación. ¿Por qué?

El de Noaj es el clásico caso de alguien que es virtuoso, pero no líder. En una época desastrosa donde todo se ha corrompido, cuando el mundo estaba plagado de violencia, en el que Dios mismo – en una de las frases más estremecedoras de la Torá – dice que “se arrepiente de haber puesto al hombre sobre la tierra, y estaba apenado hasta la médula,”  sólo Noaj justifica la fe de Dios en la humanidad, la fe que lo condujo a crear al hombre en primera instancia. Ese es un logro extraordinario y no hay nada que pueda restarle valor. Noaj es, después de todo, el hombre a través del cual Dios hace un pacto con toda la humanidad. Noaj es a la humanidad lo que Abraham es al pueblo judío.

Noaj fue un hombre bueno en una  época mala. Pero su influencia sobre la vida de sus contemporáneos fue aparentemente inexistente. Esto está implícito en la expresión de Dios: “Solo en ti He encontrado rectitud en toda esta generación» (Génesis 7:1). También está confirmado por el hecho de que solo Noaj y su familia, junto con los animales, fueron salvados. Tiene lógica suponer que estos dos factores – la rectitud de Noaj y su falta de influencia sobre sus contemporáneos – están íntimamente relacionados. Noaj preservó su virtud separándose de su medio. Así es como, en un mundo que había enloquecido, él permaneció cuerdo.

El famoso debate entre los Sabios acerca de que si la frase “perfecto en sus generaciones” (Génesis 6:9)  se trata de un elogio o una crítica, puede tener que ver con esto. Algunos afirmaron que “perfecto en sus generaciones” significa que era perfecto sólo en relación con el bajo nivel reinante en ese entonces. Si hubiera vivido en la generación de Abraham, sostienen, habría sido insignificante. Otros dijeron lo contrario: si en un mundo malvado Noaj era virtuoso, cuánto más grande lo sería en una generación que tuviera  un modelo como Abraham.

La discusión, me parece a mí, es si el aislamiento de Noaj se debía a su carácter o simplemente era la táctica adecuada para ese tiempo y lugar. Si realmente fuera un solitario, no habría ganado mucho por la presencia de un héroe como Abraham. Habría permanecido indiferente a su influencia, fuera buena o mala. Si no hubiera sido solitario por naturaleza sino meramente debido a las circunstancias, en otra época habría buscado otros espíritus afines, resultando más grande aún.

¿Pero qué era exactamente lo que debía hacer Noaj? ¿Cómo podría ser una influencia para el bien en una sociedad inclinada hacia el mal? ¿Debía intentar hablar en una era en la que  nadie quería escuchar? En algunos casos la gente no escucha ni a Dios mismo. Tuvimos un ejemplo de esto solo dos capítulos atrás cuando Dios le advirtió a Caín sobre el peligro de su inclinación violenta hacia Abel – “¿Por qué estás tan furioso? ¿Por qué estás deprimido?…el pecado está agazapado en tu puerta. Te quiere seducir pero tú lo puedes dominar” (Génesis 4:6-7). Pero Caín no escuchó, y en vez asesinó a su hermano. Si Dios habla y la gente no escucha, ¿cómo es posible criticar a Noaj por no haber hablado cuando todas las evidencias indican que hubiera sido en vano?

El Talmud analiza estas cuestiones en un contexto diferente, en otra era sin ley: los años que condujeron a la conquista babilónica y los de la destrucción del Primer Templo, otro periodo sin ley:

R. Aja bar R. Janina dijo: Nunca una palabra favorable salió de la boca del Santo, Bendito Sea, de la cual se retractó por el mal, salvo en el caso siguiente, como está escrito,  “Y el Señor le dijo: Ve al medio de la ciudad, al centro de Jerusalem, y pon una marca sobre la frente de los hombres que se quejan y lloran por todas las abominaciones que allí se están haciendo” (Ezequiel 9:4).

El Santo Bendito Sea, le dijo a Gabriel: Ve y pon una marca con tinta en la frente de los justos, que los ángeles de la destrucción no tengan poder sobre ellos; y marca con sangre la frente de los malvados, que los ángeles de la destrucción tengan poder sobre ellos.” Dijo el Atributo de la Justicia al Santo, Bendito Sea: “¡Soberano del Universo! ¿Cómo se diferencian unos de otros?”

“Estos son completamente justos, mientras que aquellos son completamente malvados.” Y replicó: “¡Soberano del Universo!” dijo la Justicia, “tuvieron el poder de protestar pero no lo hicieron.”

Dijo Dios: “Si lo hubieran hecho no les habrían hecho caso.”

“¡Soberano del Universo!” dijo la Justicia, “Esto Te fue revelado a Ti, ¿pero les fue revelado a ellos?

Shabat 55a

Según este pasaje, hasta los más virtuosos de Jerusalem fueron castigados en el tiempo del Primer Templo por no protestar ante la acción de sus contemporáneos. Dios objeta la postura de la Justicia: ¿Por qué castigarlos por no protestar si estaba claro que de haberlo hecho, no habrían sido escuchados? La Justicia responde: Esto puede estar claro para Ti o para los ángeles, queriendo decir que retrospectivamente estaba claro – pero en ese tiempo ningún ser humano podía estar seguro de que sus palabras no tendrían efecto. La Justicia pregunta: ¿cómo puedes estar seguro de que fracasarás si no lo intentas?

El Talmud nota que Dios concuerda renuentemente con la Justicia. De ahí el poderoso principio: cuando pasan cosas malas en la sociedad, cuando la corrupción, la violencia y la injusticia prevalecen, es nuestro deber registrar una protesta, aun cuando sea probable que no tenga ningún efecto. ¿Por qué? Porque eso es lo que demanda la integridad moral. El silencio puede ser tomado como aceptación. Y además, nunca se puede estar seguro de que nadie escuchará. La moralidad requiere que ignoremos la probabilidad y nos enfoquemos en la posibilidad. Quizás alguien lo note y cambie sus costumbres – y que ese “quizás” es suficiente.

Esta idea no aparece súbitamente por primera vez en el Talmud. Está expresada explícitamente en el libro de Ezequiel. Esto es lo que Dios le dice al Profeta:

“Hijo del hombre, Yo te estoy enviando a los israelitas, una nación rebelde que se ha rebelado contra Mí; ellos y sus antecesores han estado en rebelión ante Mí hasta este mismo día. El pueblo al que te estoy enviando es terco y obstinado. Diles a ellos: ‘Esto es lo que dice el Señor Soberano.’ Y si quieren escuchar o no lo hacen – pues son un pueblo rebelde – sabrán que un Profeta ha estado entre ellos.”

Ezequiel 2:3-5

Dios le está diciendo al Profeta que hable, sin tener en cuenta de si el pueblo lo escuchará o no.

Por lo tanto, una manera de leer la historia de Noaj es como un ejemplo de falta de liderazgo. Noaj era virtuoso, pero no líder. Era un buen hombre que no tuvo influencia alguna sobre su medio. Seguramente existan otras formas de leer esta historia pero a mí me parece que esta es la más directa. Si fuera así, el de Noaj sería el tercer caso de falla en asumir responsabilidades. Como vimos la semana pasada, Adán y Eva fallaron al no responsabilizarse por sus actos (“Yo no fui”). Caín falló en asumir la responsabilidad moral (“¿Acaso soy el guardián de mi hermano?”) Y Noaj falló en la prueba de responsabilidad colectiva.

Esta manera de interpretar la narrativa, si fuera correcta, nos llevaría a una contundente conclusión. Sabemos que el judaísmo implica responsabilidad colectiva ya que enseña Kol Israel arevim ze bazeh («Todo Israel es responsable por el otro”, Shavuot 39a). Pero también podría ser que solo el hecho de ser humano implica una responsabilidad colectiva. No sólo los judíos son responsables por los demás. Lo somos todos, independientemente de la fe o la filiación religiosa. Eso es lo que argumentó Maimónides, aunque Najmánides estuvo en desacuerdo.[1]

Los Jasidim lo plantearon en forma sencilla: Llamaron a Noaj tzadik im peltz, “justo en abrigo de piel.” Esencialmente, hay dos formas de resguardarse del frío nocturno: con un abrigo grueso o encendiendo una fogata. Con el abrigo se calienta uno mismo. Con el fuego entran todos en calor. Se supone que esta última es la preferible.

Noaj era un hombre bueno que no era líder. ¿Estaría él, después del Diluvio, atormentado por la culpa? ¿Habrá pensado en las vidas que habrían podido salvar si hubiera levantado la voz, ya sea con  sus contemporáneos o con Dios? No podemos asegurarlo. El texto lo sugiere, pero no es concluyente.

Parece ser, sin embargo, que la Torá propone un alto nivel de vida moral. No es suficiente ser virtuoso si eso significa dar la espalda a una sociedad culpable de hacer el mal. Debemos asumir. Debemos protestar. Debemos registrar nuestro disenso aun cuando la posibilidad de cambiar opiniones sea pequeña. Eso se debe a que la vida moral es la vida que compartimos con otros. Somos, de alguna forma, responsables de la sociedad de la que formamos parte. No es suficiente ser bueno. Debemos alentar a otros a que lo sean. Hay momentos en los que cada uno de nosotros debe liderar. Si el liderazgo es la solución, ¿cuál es el problema? Sobre este tema, la Torá no puede ser más específica. El problema es el fracaso de la responsabilidad.

[1] Ver Rambam, Mishné Torá, Hiljot Melajim 9:14. Ramban, Comentario a Bereshit 34:13, s.v. ve-rabim.


  1. ¿Consideras a Noaj como “perfecto” por haberse mantenido bien a pesar de sus contemporáneos, o fue solo “virtuoso” en comparación con los que lo rodeaban?
  2. ¿Por qué es tan difícil tomar partido por algo en lo que creemos cuando la respuesta puede ser incierta?
  3. ¿Es posible vivir en un Arca, o en absoluta soledad, y aún ser considerada una  persona moral?

Traductores

Carlos Betesh